viernes, 20 de junio de 2014

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


EL NIÑO YUNTERO  

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombros jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

Miguel Hernández
España – 1910-1942
“Viento del pueblo”



Poemas del Recital 6 de junio de 2014


CANTE HONDO

    Yo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta
    a una caliente noche de verano,
el plañir de una copla soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.
    …Y era el Amor, como una roja llama…
--nerviosa mano en la vibrante cuerda
ponía un largo suspirar de estrellas--.
     …Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
El paso largo, torva y esquelética.
--tal cuando yo  era niño la soñaba--.
    Y en la guitarra, resonante y trémula.
La brusca mano, al golpear, fingía
el reposar de un ataúd en tierra.
    Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta


Antonio Machado
España 1875-1939



Poemas del Recital 6 de junio de 2014


LA MADRE

La madre se ha cambiado de ropa.
La falda se ha convertido en pantalón,
los zapatos en botas,
la cartera en mochila.
No canta canciones de cuna,
canta canciones de protesta.
Va despeinada y llorando
un amor que la envuelve y sobrecoge.
No quiere ya sólo a sus hijos,
ni se da sólo a sus hijos.
Lleva prendidas en los pechos
miles de bocas hambrientas.
Es la madre de niños rotos
de muchachitos que juegan trompo en aceras polvosas.
Se ha parido ella misma
sintiéndose –a ratos-
incapaz de soportar tanto amor sobre los hombros,
pensando en el fruto de su carne
-lejano y solo-
llamándola en la noche sin respuesta,
mientras ella responde a otros gritos,
a muchos gritos,
pero siempre pensando en el grito solo de su carne
que es un grito más en ese griterío de pueblo que
la llama
y le arranca hasta sus propios hijos
de los brazos.

Gioconda Belli
Nicaragua 1948

“El ojo de la mujer”

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


EN UNA SOCIEDAD JUSTA, EL TRABAJO ES UN DON


1

Y éste es el verso donde intentaré
dejaros la enseñanza más necesaria:
en una sociedad justa, el trabajo es un don:

Una alegría, un bien, humano propiamente,
con el cual se puede modificar lo natural,
la vida, los enjambres de sueños, el sol.
Con el trabajo
el hombre pudo volar sin alas,
navegar por los mares sin conocer el mar.
Del árbol,
estupefacto de sorpresa ante el hombre,
pudo el trabajo arrancar una silla
y, de la piedra, las señales
que forjan el porvenir del hombre,
su casa,
               sus monumentos,
                                            su propia lápida.



2

Quiero que siempre llevéis a vuestro lado
la gubia, la garlopa, el martillo, la hoz,
esas frases que servirán hasta el final,
para limar las asperezas de la muerte.

Y, si alguien os preguntara para qué tanto,
para qué tanta pasión puesta en el trabajo,
vosotros responderéis, con celeridad;
para nada, trabajamos para vivir la vida,
trabajamos
para que en el humano mundo
haya señas de que nosotros estuvimos,
creando y trabajando,
tal vez, en este mundo,
que hicimos un trabajo para vivir,
para amar,
para congelar la propia mirada de la muerte,
hicimos un trabajo y escribimos un verso.


Miguel Oscar Menassa

Argentina 1940

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


PREGUNTAS DE UN OBRERO A UN MÉDICO

¡Nosotros sabemos lo que nos enferma!
Cuando nos sentimos mal nos enteramos
que eres tú el que nos va a curar.
Durante diez años, nos dicen,
en hermosas escuelas
construidas con dinero del pueblo,
aprendiste a curar, y tu ciencia
te ha costado una fortuna.
Tienes que saber curar.
¿Sabes curar?

En tu consultorio
nos arrancan los harapos
a tú aplicas el oído a nuestros cuerpos desnudos.
Una mirada a los harapos te informaría mejor
sobre la causa de nuestra enfermedad.
La misma causa desgasta nuestros cuerpos y nuestras ropas.

Dices que el dolor en el hombro
proviene de la humedad, de la que
también proviene la mancha que hay en la pared
de nuestra casa.
Dinos entonces:
¿De dónde proviene la humedad?

Exceso de trabajo y falta de comida
nos hacen flacos y débiles.
Tu receta dice:
“Tiene que aumentar de peso”.
Es como decirle al junco
que no debe mojarse.

¿Cuánto tiempo nos dedicas?
Es evidente: la alfombra de tu casa
cuesta tanto como cinco mil consultas.

Probablemente dirás que eres inocente.
La mancha de humedad en la pared de nuestra casa
dice lo mismo.

Bertolt Brecht
Alemania 1898-1956


Poemas del Recital 6 de junio de 2014


A UN RÍO LE LLAMAN CARLOS

(Charles River, Cambridge, Massachusetts)

Yo me senté en la orilla;
quería preguntarte, preguntarme tu secreto;
convencerme de que los ríos resbalan hacia un anhelo y viven;
y que cada uno nace y muere distinto (lo mismo que a ti te llaman Carlos)

Quería preguntarte, mi alma quería preguntarte
por qué anhelas, hacia qué resbalas, para qué vives.
Dímelo, río,
y dime, di, por qué te llaman Carlos.

Ah, loco, yo, loco, quería saber qué eras, quién eras
(género, especie)
y qué eran, qué significaban “fluir”, “fluido”, “fluente”;
qué instante era tu instante
cuál de tus mil reflejos, tu; reflejo absoluto
yo quería indagar el último recinto de tu vida
tu unicidad, esa alma de agua única,
por la que te conocen por Carlos.

Carlos es una tristeza, muy mansa y gris, que fluye
entre edificios nobles, a Minerva sagrados
y entre hangares que anuncios o consignas coronan.
y el río fluye y fluye, indiferente.
a veces, suburbana, verde, una sonrisilla
de hierba se distiende, pegada a la ribera.
Yo me he sentado allí,
sobre la hierba quemada del invierno para pensar por qué los ríos
siempre anhelan futuro, como tú lento y gris.
y para preguntarte por qué te llaman Carlos.

Y tu fluías, fluías, sin cesar, indiferente
y no escuchabas a tu amante extático
que te miraba preguntándote
como miramos a nuestra primera enamorada
para saber si le fluye un alma por los ojos,
y si en su sima el mundo será todo luz blanca
o si acaso su sonreír es sólo eso: una boca amarga que besa.
así te preguntaba: como le preguntamos a Dios en la sombra de los quince años,
entre fiebres oscuras y los días –qué verano—tan lentos.
Yo quería que me revelaras el secreto de la vida
y de tu vida, y por qué te llamaban Carlos.

Yo no sé por qué? Me he puesto tan triste, contemplando
el fluir de este río
un río es agua, lágrimas: más no sé quién las llora.
El río Carlos es una tristeza gris, más no sé quién la llora.
Pero sé que la tristeza es gris y fluye.
Porque sólo  fluye en el mundo la tristeza.
Todo lo que fluye es lágrimas.
Todo lo que fluye es tristeza, y no sabemos de dónde viene la tristeza.
Como yo no sé quién te llora, río Carlos,
como yo no sé por qué eres una tristeza
ni por qué te llaman Carlos.


Era bien de mañana
cuando yo me he sentado a contemplar el misterio fluyente de este río,
y  he pasado muchas horas preguntándome, preguntándote.
Preguntando a este río, gris lo mismo que un dios;
preguntándome, como se le pregunta a un dios triste:
¿qué buscan los ríos?, ¿qué es un río?
Dime, dime qué eres, qué buscas,
río, y por qué te llaman Carlos.

Y ahora me fluye dentro una tristeza,
un río de tristeza gris,
con lentos puentes grises, como estructuras funerales grises.
Tengo frío en el alma y en los pies.
Y el sol se pone.
Ha debido pasar mucho tiempo.
Ha debido pasar el tiempo lento, lento, minutos, siglos, eras.
Ha debido pasar toda la pena del mundo, como un tiempo lentísimo.
Han debido pasar todas las lágrimas del mundo, como un río indiferente.
Ha debido pasar mucho tiempo, amigos míos, mucho tiempo
desde que yo me senté aquí en la orilla, a orillas
de esta tristeza, de este
río al que le llamaban Dámaso, digo Carlos.

Dámaso Alonso

España 1898-1990

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


NO DECÍA PALABRAS

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueño;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
aunque sólo sea una esperanza
porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe

Luis Cernuda

España 1902-1963

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


¡UNO!...

Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias…
Sabe que la lucha es cruel
y es mucha pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina…
Uno va arrastrándose entre espinas,
y en su afán de dar su amor
sufre y se destroza hasta entender
que uno se ha quedao sin corazón…
Precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
o un amor que lo engañó…
¡Vacío ya de amar y de llorar
tanta traición!...

Si yo tuviera el corazón,
el corazón que di…
Si yo pudiera como ayer
querer sin presentir…
Es posible que a tus ojos
que me gritan su cariño
los cerrara con mis besos…
Sin pensar que eran como ésos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir…

Si yo tuviera el corazón…
el mismo que perdí…
Si olvidara a la que ayer
lo destrozó y pudiera amarte…
me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor…

Pero Dios te trajo a mi destino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré cómo quererte…
Déjame que llore
como aquél que sufre en vida
la tortura de llorar su propia muerte…
Pura como sos habrías salvado
mi esperanza con tu amor…
Uno está tan solo en su dolor…
Uno está tan ciego en su penar…
Pero un frío cruel
que es peor que el odio,
punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor,
maldijo para siempre y me robó
toda ilusión…

Enrique Santos Discépolo

Argentina 1901-1951

lunes, 16 de junio de 2014

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


ESTO ES AMOR


"Esto es amor, quien lo probó, lo sabe"
(Lope de Vega
)


La mente se resiste a olvidar las cosas hermosas,
se aferra a ellas y olvida todo lo doloroso,
mágicamente anonadada por la belleza.
No recuerdo discursos contra mis débiles brazos,
guardando la exacta dimensión de tu cintura;
recuerdo la suave, exacta, lúcida transparencia de tus manos,
tus palabras en un papel que encuentro por allí,
la sensación de dulzura en las mañanas.
Lo prosaico se vuelve bello
cuando el amor lo toca con sus alas de Fénix,
ceniza de mi cigarro que es el humo
después de hacer el amor,
o el humo compartido,
quitado suavemente de la boca sin decir nada,
íntimamente conociendo que lo del uno es del otro
cuando dos se pertenecen.
No te entiendo y quisiera odiarte
y quisiera no sentir como ahora
el calor de las lágrimas en mis ojos
por tanto rato ganado al vacío,
al hastío de los días intrascendentes,
vueltos inmortales en el eco de tu risa
y te amo monstruo apocalíptico de la Biblia de mis días
y te lloro con ganas de odiar
todo lo que alguna vez me hizo sentir
flor rara en un paraíso recobrado
donde toda felicidad era posible
y me dueles en el cuerpo sensible y seco de caricias,
abandonado ya meses al sonido de besos
y palabras susurradas o risas a la hora del baño.
Te añoro con furia de cacto en el desierto
y sé que no vendrás
que nunca vendrás
y que si venís seré débil como no debería
y me resisto a crecerme en roca,
en Tarpeya,
en espartana mujer arrojando su amor lisiado para que no viva
y te escondo y te cuido en la oscuridad
y entre las letras negras de mis escritos
volcados como río de lava entre débiles rayas azules de cuaderno
que me recuerdan que la línea es recta
pero que el mundo es curvo
como la pendiente de mis caderas.
Te amo y te lo grito estés donde estés,
sordo como estás
a la única palabra que puede sacarte del infierno
que estás labrando como ciego destructor
de tu íntima y reprimida ternura que yo conozco
y de cuyo conocimiento
ya nunca podrás escapar.
Y sé que mi sed sólo se sacia con tu agua
y que nadie podrá darme de beber
ni amor, ni sexo, ni rama florida
sin que yo le odie por querer parecérsete
y no quiero saber nada de otras voces
aunque me duela querer ternura
y conversación larga y entendida entre dos
porque sólo vos tenés el cifrado secreto
de la clave de mis palabras
y sólo vos pareces tener
el sol, la luna, el universo de mis alegrías
y por eso quisiera odiarte como no lo logro,
como sé que no lo haré
porque me hechizaste con tu mochila de hierbas
y nostalgias y chispa encendida
y largos silencios
y me tenés presa de tus manos mercuriales
y yo me desato en Venus con tormentas de hojarasca
y ramas largas y mojadas como el agua de las cañadas
y el ozono de la tierra que siente venir la lluvia
y sabe que ya no hay nubes,
ni evaporización,
ni ríos,
que el mundo se secó
y que no volverá jamás a llover,
ni habrá ya nieve o frío o paraíso
donde pájaro alguno pueda romper
el silencio del llanto.


Gioconda Belli

viernes, 13 de junio de 2014

Poemas del Recital 6 de junio de 2014

ROMANCE SONÁMBULO


Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda
Verde carne, pelo verde,
Soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
Mi aballo por su casa,
Mi montura por su espejo,
Mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
Desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera mocito,
Este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
Decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
Con las sábanas de Holanda.
¿No ves la herida que tengo
Desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
Lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
Alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
Hasta  las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
Hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
Por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre
dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo, viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas  veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara
Cara fresca, negro pelo,
En esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Federico García Lorca
España 1898 – 1936
“Romancero Gitano”



Poemas del Recital 6 de junio de 2014


EXISTE UN MUTILADO…
                             

         Existe un mutilado, no de un combate sino de un abrazo, no de la guerra sino de la paz. Perdió el rostro en el amor y no en el odio. Lo perdió en el curso normal de la vida y no en un accidente. Lo perdió en el orden de la naturaleza y no en el desorden de los hombres. El coronel Piccot Presidente de “Les Gueules Cassés”, lleva la boca comida por la pólvora de 1914. Este mutilado que conozco, lleva el rostro comido por el aire inmortal e inmemorial.

Rostro muerto sobre el tronco vivo. Rostro yerto y pegado con clavos a la cabeza viva. Este rostro resulta ser el dorso del cráneo, y el cráneo del cráneo. Vi una vez un árbol darme la espalda y vi otra vez un camino que me daba la espalda. Un árbol de espaldas sólo crece en los lugares donde nunca nació ni murió nadie. Un camino de espaldas sólo avanza por los lugares donde ha habido todas las muertes y ningún nacimiento. El mutilado de la paz y del amor, del abrazo y del orden y que lleva el rostro muerto sobre el tronco vivo, nació a la sombra de un árbol de espaldas y su existencia transcurre a los largo de un camino de espaldas.

Como el rostro está yerto y difunto, toda la vida psíquica, toda la expresión animal de este hombre, se refugia, para traducirse  al exterior, en el peludo cráneo, en el tórax y en las extremidades. Los impulsos de sus ser profundo, al salir, retroceden del rostro y la respiración, el olfato, la vista, el oído, la palabra, el resplandor humano de sus ser, funcionan y se expresan por el pecho, por los hombros, por el cabello, por las costillas, por los brazos y las piernas y los pies.

Mutilado del rostro, tapado del rostro, cerrado del rostro, este hombre, no obstante, está entero y nade la hace falta. No tiene ojos y ve y llora. No tiene narices y huele y respira. No tiene oídos y escucha. No tiene boca y habla y sonríe. No tiene frente y piensa y se sume en sí mismo. No tiene mentón y quiere y subsiste. Jesús conocía al mutilado de la función, que tenía ojos y no veía y tenía orejas y no oía. Yo conozco al mutilado del órgano, que ve sin ojos y oye sin orejas.

César Vallejo
Perú 1892 - 1938


Poemas del Recital 6 de junio de 2014


UN RELÁMPAGO,  APENAS

Frente al espejo, yo, la inevitable:
nada que agradecer en los últimos años,
nada, ni siquiera la paz con las señales de los renunciamientos,
con su color inmóvil.
Esta piel no registra tampoco el esplendor del paso de los ángeles,
sino sólo aridez, o apenas la escritura desolada del tiempo.
Esta boca no canta.
Ancha boca sellada por el último beso, por el último adiós,
es una larga estría en un mármol de invierno.
Pero ninguna marca delata los abismos
-ah intolerables vértigos, pesadillas como un túnel sin fin-
bajo el sedoso engaño de la frente que apenas si dibuja unas alas en vuelo.
¿Y qué pretenden ver estos ojos que indagan la distancia
hasta donde comienza la región de las brumas,
ciudades congeladas, catedrales de sal y el oro viejo del sol decapitado?
Estos ojos que vienen de muy lejos saben ver más allá,
hasta donde se quiebran las últimas astillas del reflejo.
Entonces apareces, envuelto por el vaho de la más lejanísima frontera,
y te buscas en mí que casi ya no estoy, o apenas si soy yo,
entera todavía,
y los dos resurgimos como desde un Jordán guardado en la memoria.
Los mismos otra vez, otra vez en cualquier lugar del mundo,
a pesar de la noche acumulada en todos los rincones, los sollozos y el viento.
Pero no; ya no estamos. Fue un temblor, un relámpago, un suspiro, el tiempo del milagro y la caída.
Se destempló el azogue, se agitaron las aguas y te arrastró el oleaje
más allá de la última frontera, hasta detrás del vidrio.
Imposible pasar.
Aquí, frente al espejo, yo, l inevitable;
una imagen en sombras y toda la soledad multiplicada.

Olga Orozco

Argentina 1920-1999

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


LOS CONSEJOS DEL TÍO DÁMASO A LUIS CRISTÓBAL

Haz lo que tengas gana,
Cristobalillo,
lo que te dé la gana,
que es lo sencillo.

Llegaste a un mundo donde
manda la chacha,
mandan los mandamases
y hay poca lacha.

Caso nunca les hagas
a los mayores.
Los consejos de Dámaso
son los mejores.

Tira, mi niño, tira,
si te da gana,
los libros de papito
por la ventana.

Cuélgate de las lámparas y los manteles,
rompe a mamita el vaso
de los claveles.

¿Qué hay pelotón de goma?
Chuta e impacta.
¡Duro con la pintura
llamada abstracta!

Rompe tazas y platos.
¡Viva el jolgorio
y las almas benditas
del purgatorio!

La mejor puntería
te la aconsejo
si es que se pone a tiro
cualquier espejo.

Aún hay más divertido:
coge chinillas,
y con un tiragomas,
¡a las bombillas!

Pero ahora se me ocurre
algo estupendo,
donde papá se encierra
vete corriendo.

¡Macho, cuántos papeles!
Tú, con cerillas,
vas y a papá le quemas
esas cosillas…

¡Verás qué cara pone!
¡Qué gracia tiene!
Anda, sin que te vea,
mira que viene.

Vamos a divertirnos
tú y yo, mi cielo.
Es un asco este mundo:
conviene que lo

pongamos boca abajo.
¡Es tan sencillo!
Vamos a hacer un mundo
nuevo, chiquillo!

Dámaso Alonso

España 1898-1990

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


VOY A ESCRIBIR UN SONETO

A los jóvenes


No os dejéis llevar por palabras huecas de esperanza,
no creáis que lejos encontraréis el pan más tierno,
ni que los que se quedan no saben de artificios;
siempre hay un precio que pagar a la patria confianza.

Que un amanecer diluye los sueños alborotados
y  deja oír el canto y el gorjeo de los gorriones,
haciendo reverencia a nuevos frutos bosquejados,
trenzando estirpes olvidadas en los torreones.

Levantad la mirada con orgullo hacia un esplendor soberano,
tenéis la llave de cualquier horizonte, entre las manos,
y podéis caminar firmes con el semblante limpio.

Mientras, una estrella borrará el enojoso agravio,
y dejaréis de danzar como peonzas grotescas sin rumbos
plantando simientes de innovadoras cadencias en el llano.

Gloria Gómez Candanedo
16 de marzo de 2014


Poemas del recital 6 de junio de 2014


“SOBRE TU PECHO UNAS LETRAS”
Vicente Aleixandre


Sobre tu pecho unas letras
Sobre tus labios
Una fuente interminable de palabras
Trazadas por el deseo
Y unos férreos brazos
Que reman contra el viento
Enarbolando una fresca brisa de libertad.

Sucesivas  noches entretejidas de terciopelo
Crean un universo íntimo e inagotable
Deshaciendo viejos espejismos
Despertando calladas gargantas
Suspendidas en el viento.

La incesante sed alimentada
De pequeños pasos y caricias desprendidas
Moldean potentes alas
Que salvaguardan la búsqueda constante
De un sueño transformando en realidad.

Maribel Domínguez Duarte

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


ROSAS NEGRAS

Rosas negras en el horizonte
tiñen de azul
las corolas pintadas de sangre.
Y en su zozobra se surten de caricias
por un mar de azul infinito.

Un frágil movimiento de espinas danzando
en el vientre de la sal
desentierra piedras calcinadas
que abren la puerta de este abrupto mundo.

Única luz sobre la crisálida noche,
calles de aceras empedradas,
de tímidas palabras
dan paso al nacimiento de un niño
que un día escribirá un poema.

Mes de junio,
pétalos recubiertos de temblorosos anhelos
abordan la sala,
las ilusiones irrumpen entre tinieblas,
este  es el día,
en esta noche,
transforman las rosas negras
su color,
conmemoran la apuesta
y levantan el telón.
La vida nos concede el papel del tiempo,
las lágrimas convirtiéndose en lluvia
nos visten para la fiesta.
Telares de linfa alzan el vuelo
para coronar el descanso infinito.

Rosas negras teñidas de azul
cubren ese mar
que engalana con sus olas
el baile final.

Esther  Núñez Roma