martes, 12 de diciembre de 2017

EL ALMA - Vicente Aleixandre


EL ALMA

 

El día ha amanecido.
Anoche te he tenido en mis brazos.
Qué misterioso es el color de la carne.
Anoche, más suave que nunca:
carne casi soñada.
Lo mismo que si el alma al fin fuera tangible.
Alma mía, tus bordes,
tu casi luz, tu tibieza conforme…
repasaba tu pecho, tu garganta,
tu cintura: lo terso,
lo misterioso, lo maravillosamente expresado.
Tocaba despacio, despacísimo, lento,
el inoíble rumor del alma pura, del alma manifestada.
Esa noche, abarcable; cada día, cada minuto, abarcable.
El alma con su olor a azucena.
Oh, no: con su sima,
con su irrupción misteriosa de bulto vivo.
El alma por donde navegar no es preciso
porque a mi lado extendida, arribada, se muestra
como una inmensa flor; oh, no: como un cuerpo
maravillosamente investido.

 
Ondas de alma…, alma reconocible.
Mirando, tentando su brillo conforme,
su limitado brillo que mi mano somete,
creo,
creo, amor mío, realidad, mi destino,
alma olorosa, espíritu que se realiza,
maravilloso misterio que lentamente se teje,
hasta hacerse ya como un cuerpo,
comunicación que bajo mis ojos miro formarse,
organizarse,
y conformemente brillar,
trasminar,
trascender,
en su dibujo bellísimo,
en su sola verdad de cuerpo advenido;
oh dulce realidad  que yo aprieto, con mi mano, que por
una manifestada suavidad se desliza.
 

Así, amada mía,
cuando desnuda te rozo,
cuando muy lento, despacísimo, regaladamente te toco.
en la maravillosa noche de nuestro amor.
con luz, para mirarte.
con bella luz porque es para ti.
para engolfarme en mi dicha.
para olerte, adorarte,
para, ceñida, trastornarme con tu emanación.
para amasarte con estos brazos que sin cansancio se ahorman.
Para sentir contra mi pecho todos los brillos,
contagiándome de ti,
que, alma, como una niña sonríes
cuando te digo:”Alma mía…”
 

Vicente Aleixandre

lunes, 11 de diciembre de 2017

EN EL FONDO DEL POZO - Vicente Aleixandre


EN EL FONDO DEL POZO

     Allá en el fondo del pozo donde las florecillas,
donde las lindas margaritas no vacilan,
donde no hay viento o perfume de hombre,
donde jamás el mar impone su amenaza,
allí, allí está quedo ese silencio
hecho como un rumor ahogado con un puño.

    Si una abeja, si un ave voladora,
si ese error que no se espera nunca
se produce,
el frío permanece.
el sueño en vertical hundió la tierra
y ya el aire está libre.

    Acaso una voz, una mano, ya suelta,
un impulso hacia arriba aspira a luna,
a calma, a tibieza, a ese veneno
de una almohada en la boca que se ahoga.

    ¡Pero dormir es tan sereno siempre!
sobre el frío, sobre el hielo, sobre una sombra de mejilla
sobre una palabra yerta y, más, ya ida,
sobre la misma tierra siempre virgen.

      Una tabla en el fondo, oh pozo innúmero,
esa lisura ilustre que comprueba
que una espalda es contacto, es frío seco,
es sueño siempre aunque la frente esté cerrada.

      Pueden pasar ya nubes. Nadie sabe.
Ese clamor…¿Existen las campanas?
Recuerdo que el color blanco o las formas,
recuerdo que los labios, sí, hasta hablaban.

      Era el tiempo caliente. –Luz, inmólame-.
Era entonces cuando el relámpago de pronto
quedaba suspenso hecho de hierro.
Tiempo de los suspiros o de adórame,
cuando nunca las aves perdían plumas.

      Tiempo de suavidad y permanencia;
los galopes no daban en el pecho,
no quedaban los cascos, no eran cera.
Las lágrimas rodaban como besos.
y en el oído el eco era ya sólido.

      Así la eternidad era el minuto.
El tiempo sólo una tremenda mano
sobre el cabello largo detenida.

      Oh sí, en este hondo silencio o humedades,
bajo las siete capas de cielo azul, yo ignoro
la música cuajada en hielo súbito,
la garganta que se derrumba sobre los ojos,
la íntima onda que se anega sobre los labios.

      Dormido como una tela
siente crecer la yerba, el  verde suave
que inútilmente aguarda ser curvado.

      Una mano de acero sobre el césped,
un corazón, un juguete olvidado,
un resorte, una lima, un beso, un vidrio.

      Una flor de metal que así impasible
chupa de tierra un silencio o memoria.

Vicente Aleixandre

De “Espadas como labios”

viernes, 8 de diciembre de 2017

EL AMOR INDECISO - Dulce María Loynaz


EL AMOR INDECISO


Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta…
y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.

Yo le digo al amor: -¿Qué te trae a mi casa?
Y el amor no responde, no saluda, no pasa…

Es un amor pequeño que perdió su camino:
venía ya la noche… y con la noche vino.

¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!...
¿Qué palabra no dice, qué nombre no me nombra?...

¿Qué deja ir o espera? ¿Qué paisaje apretado
se le quedó en el fondo de los ojos cerrado?

Este amor nada dice… este amor nada sabe:
es del color del viento, de la huella que un ave

Deja en el viento… -Amor semi-despierto, tienes
los ojos neblinosos aun de Lázaro… vienes

de una sombra a otra sombra con los pasos trocados
de los ebrios, los locos… ¡Y los resucitados!

Extraño amor sin rumbo que me gana y me pierde,
que huele las naranjas y que las rosas muerde…,

Que todo lo confunde, lo deja… ¡Y no lo deja!
Que esconde estrellas nuevas en la ceniza vieja…

Y no sabe morir ni vivir: y no sabe
que el mañana es tan solo el hoy muerto… el cadáver

futuro de este hoy claro, de esta hora cierta…
un amor indeciso se ha dormido a mi puerta…

Dulce María Loynaz








jueves, 7 de diciembre de 2017

HOMBRE PRESO QUE MIRA A SU HIJO - Mario Benedetti


HOMBRE PRESO QUE MIRA A SU HIJO


Cuando era como vos me enseñaron los viejos
y también las maestras bondadosas y miopes
que libertad o muerte era una redundancia
a quien se le ocurría en un país
donde los presidentes andaban sin capangas.

Que la patria o la tumba era otro pleonasmo
ya que la patria funcionaba bien
en las canchas y en los pastoreos.

Realmente no sabía un corno
pobrecitos creían que libertad
era tan solo una palabra aguda
que muerte era tan solo grave o llana
y cárceles por suerte una palabra esdrújula.

Olvidaban poner el acento en el hombre.

La culpa no era exactamente de ellos
sino de otros más duros y siniestros
y estos sí
cómo nos ensartaron
en la limpia república verbal
cómo idealizaron
la vidurria de vacas y estancieros
y cómo nos vendieron un ejército
que tomaba su mate en los cuarteles.

Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote
de menos.

Por eso es que no puedo despeinarte el jopo
ni ayudarte con la tabla del nueve
ni acribillarte a pelotazos.

Vos ya sabés que tuve que elegir otros juegos
y que los jugué en serio.

Y jugué por ejemplo a los ladrones
y los ladrones eran policías.

Y jugué por ejemplo a la escondida
y si te descubrían te mataban
y jugué a la mancha
y era de sangre.

Botija aunque tengas pocos años
creo que hay que decirte la verdad
para que no la olvides.

Por eso no te oculto que me dieron picana
que casi me revientan los riñones
todas estas llagas, hinchazones y heridas
que tus ojos redondos
miran hipnotizados
son durísimos golpes
son botas en la cara
demasiado dolor para que te lo oculte
demasiado suplicio para que se me borre.

Pero también es bueno que conozcas
que tu viejo calló
o puteó como un loco
que es una linda forma de callar.

Que tu viejo olvidó todos los números
(por eso no  podría ayudarte en las tablas)
y por lo tanto todos los teléfonos.

Y las calles y el color de los ojos
y los cabellos y las cicatrices
y en qué espina
en qué bar
qué parada
qué casa.

Y acordarse de vos
de tu carita
lo ayudaba a callar.

Una cosa es morirse de dolor
y otra cosa es morirse de vergüenza.

Por eso ahora
me podés preguntar
y sobre todo
puedo yo responder.

Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere.

Llora nomás botija
son macanas
que los hombres no lloran
aquí lloramos todos.

Gritamos, berreamos, moqueamos, chillamos, maldecimos
porque es mejor llorar que traicionar
porque es mejor llorar que traicionarse.

Llorá
pero no olvides.

Mario Benedetti



martes, 5 de diciembre de 2017

UTENSILIOS DE TRABAJO - Germán Pardo García


UTENSILIOS DE TRABAJO


Mirad mis utensilios de trabajo.
son humildes: cualquier cosa del suelo.
Carbón para escribir, húmedo velo
de retamas y un poco de cascajo.

Con ellos cumplo mi labro de abajo.
Dura labor, pero mi afán de vuelo
se apoya en estas cúpulas de cielo
convertidas en piedras del atajo.

Volverlas a las nubes es mi culto.
Por ello siempre se me escucha oculto
sacando estrellas de la roca viva.

Cada golpe que doy alza algo inmenso,
dejándome el espíritu suspenso
sobre otra inmensidad definitiva.

Germán Pardo García
De “Osiris preludial”


lunes, 4 de diciembre de 2017

DIÁLOGO EN LA TARDE - Germán Pardo García


DIÁLOGO EN LA TARDE


Señor, usted que pasa por mi puerta
todas las tardes silencioso y triste:
¡dígame qué es la soledad! Escucha
profundamente y lento me responde:
-¡Perdóneme, señor, pero lo ignoro!
vaya usted a ese parque abandonado.
Una mujer se sienta en esa banca
inmensamente sola y dolorida.
¡Pregúnteselo usted, ella lo sabe!
-Sí, conozco ese parque y su tristeza.
Yo mismo le sembré sus araucarias.
-¡Buenas tardes, señora! Y la saludo
prosternando el sombrero humildemente.
¡Dígame qué es la soledad! Presiento
que en ella vive y con temor lo calla.
-¡Señor, lo ignoro! Y a sus ojos secos
no le asoma una lágrima siquiera.
-Pero vaya a esta casa. Y de sus manos
despréndese un papel agonizante.
-El hombre que la habita, así se nombra.
Más vaya pronto porque sus ventanas
ya se van a cerrar. Él se lo dice.
-Y al último reflejo de la tarde
descubro con dolor sin amargura,
mi nombre y señas por su mano escritos.

Germán Pardo García

De “Labios nocturnos”

domingo, 3 de diciembre de 2017

CABALLO DE LOS SUEÑOS - Pablo Neruda


CABALLO DE LOS SUEÑOS


Innecesario, viéndome en los espejos
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.

Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.

Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.

Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.

Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
he oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
sus ojos de eucaliptos roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.

Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.


Pablo Neruda

sábado, 2 de diciembre de 2017

NO CULPES A NADIE - Pablo Neruda


NO CULPES A NADIE


Nunca te quejes de nadie, ni de nada, porque fundamentalmente tú has hecho lo que querías en tu vida. Acepta la dificultad de edificarte a ti mismo y el valor de empezar corrigiéndote. El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte, enfréntala con valor y acéptala. De una manera u otra es el resultado de tus actos y piensa que tú siempre has de ganar.

No te amargues de tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás  justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar.

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado así como la causa de tu futuro será tu presente.

Aprende de los audaces, de los fuertes, de quien no acepta situaciones, de quien vivirá a pesar de todo. Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas, sin eliminarlos, morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande que el más grande de los obstáculos. Mírate en el espejo de ti mismo y serás libre y fuerte y  dejarás de ser un títere de las circunstancias porque tu mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de tu vida, ahora despiértate, lucha, camina, decídete y triunfarás en la vida. Nunca pienses en la suerte, porque la suerte es el pretexto de los fracasados.


Pablo Neruda

jueves, 30 de noviembre de 2017

RECITAL DE POESÍA - KINGSTON PUB - 26 de noviembre de 2017

El mítico Pub Kingston de la calle Santiago de nuestra ciudad, abrió una vez más sus puertas a la Poesía, la pasada tarde del domingo 26 de noviembre.

En una fría tarde otoñal,  los integrantes del Taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares prestaron sus cálidas voces a distintos poetas españoles e internacionales, para deleite del público que asistió al acto en una de las salas del local. Además de diversos poemas de diferentes autores, hubo tiempo para la canción, para el debate y la reflexión de aspectos cotidianos que tienen que ver con aquello que nos dice la Poesía.

martes, 21 de noviembre de 2017

RECITAL DE POESÍA

 
 
 
RECITAL DE POESÍA
 
Los integrantes del
Taller de Poesía Grupo Cero
en Alcalá de Henares,
os invitan participar
en un encuentro poético musical
en el Pub Kingston de Alcalá de Henares.
Será micrófono abierto a todo el público.
 
Se leerán poemas de grandes autores y poemas propios.

domingo, 19 de noviembre de 2017

Y DIOS ME HIZO MUJER - Gioconda Belli


 

Y DIOS ME HIZO MUJER

 

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que  irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

 
Gioconda Belli

 

sábado, 18 de noviembre de 2017

CON EL VIOLÍN ROTO - León Felipe


CON EL VIOLÍN ROTO

 

 

¡Que mal suena este violín!
León Felipe, vas a tener que comprarte
otro violín…
¡A buena hora!... ¡A los ochenta años!
¡No vale la pena!
Con este mismo violín roto
voy a tocar para mi mismo
dentro de unos días  “Las golondrinas”
esa canción ¡tan bonita!
que los mexicanos cantan siempre
a los que se van de viaje
¿Cómo empieza?
¡Adiós!... ¡Adiós!
Cagh, cagh… ¡ay qué ronco estoy!
en verdad que suena muy mal este violín…
pero con él tengo que tocar todavía
unas cuantas canciones
que se me olvidaron en mis Obras completas.
No quiero que se queden perdidas
en el barullo de mis papeles inútiles.
Creo que no os van a gustar
pero no tengo otra cosa…
ni otro violín…
y no puedo marcharme sin tocarlas
precisamente en este mismo viejo y roto violín

 
León Felipe

 

 

 

jueves, 16 de noviembre de 2017

SOBRE LA DENOMINACIÓN DE EMIGRANTES - Bertolt Brecht


SOBRE LA DENOMINACIÓN DE EMIGRANTES

 

Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: emigrantes.
Pero emigración significa éxodo. Y nosotros
no hemos salido voluntariamente
eligiendo otro país. No inmigramos a otro país
para en él establecernos, mejor si es para siempre.
Nosotros hemos huido. Expulsados somos, desterrados.
Y no es hogar, es exilio el país que nos acoge.
Inquietos estamos, si podemos junto a las fronteras,
esperando el día de la vuelta, a cada recién llegado,
febriles, preguntando, no olvidando nada, a nada renunciando,
no perdonando nada de lo que ocurrió, no perdonando.

 
¡Ah, no nos engaña la quietud del Sund! Llegan gritos
hasta nuestros refugios. Nosotros mismos
casi somos como rumores de crímenes que pasaron
la frontera. Cada uno
de los que vamos con los zapatos rotos entre la multitud
la ignominia mostramos que hoy mancha a nuestra tierra.
Pero ninguno de nosotros
se quedará aquí. La última palabra
aún no ha sido dicha.

 
Bertolt Brecht

 

domingo, 12 de noviembre de 2017

ALGO DEBE MORIR CUANDO ALGO NACE... - Tomás Segovia


ALGO DEBE MORIR CUANDO ALGO NACE…


Algo debe morir cuando algo nace;
debe ser sofocado, y su sustancia
chupada para ser riego o lactancia
en que otro ser su urgencia satisface.

No habrá otra hora pues en que te abrace
mientras muerdo en la cándida abundancia
de tus dos pechos; no habrá ya otra instancia
en que tu cuerpo con mi cuerpo enlace;

no penetraré más en la garganta
anfractuosa de tu sexo alpino.
Tú a otra luz amaneces; yo declino.

Mi degollado ardor tu altar levanta,
mi reprimida hambre te alimenta,
y el yermo de mi lecho te cimenta.

Tomás Segovia

sábado, 11 de noviembre de 2017

LLUVIA - Raúl González Tuñón


 

LLUVIA

 

ENTONCES comprendimos que la lluvia también era hermosa.

Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.

Otras veces cae con furia y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.

De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.

Sus tambores acunan nuestras noches y la lectura corre a su lado por los canales del sueño.

Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.

No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.

De nuestro gran secreto.

Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.

Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los ademanes y las palabras de ellos. Todo, todo ha desaparecido y  estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.

Te quiero con toda la ternura de la lluvia.

Te quiero con toda la violencia de la lluvia.

Te quiero con todos los tambores de la lluvia.

Te quiero con todos los violines de la lluvia.

Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada. Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las venas y las luces, los barcos y  los horizontes.

Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.

Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.

Oh, visitante.

Ya es seguro que ningún desvío nos separará.

Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.

Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos línea del otoño.

Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan

poderosa que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos dos sombras y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión  irremediable.

Oh, visitante.

Estoy lleno de tu vida y de tu muerte. Estoy tocado de tu destino.

Al extremo de que nada te pertenece sino yo. Al extremo de que nada me pertenece sino tú.

Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los humildes barrios de los trabajadores.

La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Íntima, recóndita alegría.

Estoy tocado de tu destino.

Oh, lluvia. Oh, generosa.

 

Raúl González Tuñón

 



miércoles, 8 de noviembre de 2017

UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA - Carilda Oliver Labra


UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA

 

Una mujer escribe este poema
donde puede a cualquier hora de un día que no importa
en el siglo de la avitaminosis
y la cosmonáutica
tristeza deseo no sabe qué
esperando la bayoneta o el obús
una mujer escribe este poema
sin atributos
a desvergüenza y dentellada
fogosa inalterable arrepentida pudriéndose
caemos por turno frente a las estrellas
todos tenemos que morir
no hay nada más ilustre que la sangre
una mujer escribe este poema
qué estúpida la línea que divide sol de sombra
el crepúsculo pasa
acumulándose al final de las azoteas
supimos de pronto de una trombosis coronaria
existe soledad
sonó una bomba
vean si me han roto los lentes de contacto
una mujer escribe este poema
separa quince pesos para el alquiler
mi amigo viejo
se desprende del mediodía por la próstata
bailamos
sigue la preparación combativa
no pasarán
una mujer escribe este poema
como quien ha perdido el tiempo para siempre
creo en el corazón de Dense Darval
hemos ganado porque morimos muchas veces
parece que tengo un derrame de sinovia
no hay tiempo para la poesía
de veras que los fríjoles se han demorado en hervir
te juro que mañana presentaré el divorcio
una mujer escribe este poema
cómo hay fantasmas a la siete en mi pecho
entablillé una rama a la areca que está triste
mamá tu no sabes la falta que me haces
si suena la alarma aérea
recojan a los niños que duermen en la cuna
voy a guardar este retrato del Che
como calló el canario traje un tenor a casa
una mujer escribe este poema
cargada de ultimátum
de pólvora
de rimel
verde contemporánea lela
entre el uranio
y
el cobalto
trébol de la esperanza
convaleciente de amor
tramposa hasta el éxtasis
tonta como balada
neurótica metiendo
sueños en una alcancía
ninfa del trauma
novia de los cuchillos
jugando a no perder la luz en el último tute
una mujer escribe este poema.
 

Carilda Oliver Labra
De “Desaparece la memoria”

martes, 7 de noviembre de 2017

LA OBSESIÓN - Dámaso Alonso


LA OBSESIÓN

 

Tú. Siempre tú.
Ahí estás,
moscardón verde,
hocicándome testarudo,
batiendo con zumbido interminable
tus obstinadas alas, tus poderosas alas velludas,
arrinconando esta conciencia, este trozo de conciencia empobrecida,
izándola a empellones tenaces
sobre las crestas últimas, ávidas ya de abismo.

 

 Alguna vez te alejas,
y el alma, súbita, como oprimido muelle que una mano en
el juego un instante relaja,
salta y se aferra al gozo, a la esperanza trémula,
a la luz de Dios, a campo de estío,
a estos amores próximos que, mudos, en torno a mi angustia, me interrogan
con grandes ojos ignorantes.
Pero ya estás ahí, de nuevo,
sordo picón, ariete de la pena,
agrio berbiquí mío, carcoma de mi raíz de hombre.

 
¿Qué piedras, qué murallas
quieres batir en mí,
oh torpe catapulta?

 
Si, ahí estás,
peludo abejarrón.
azorado en el aire,
sacudes como dudosos diedros de penumbra,
alas de pardo luto,
oscilantes, urgentes, implacables al cerco.
rebotado de ti, por el zigzag
de la avidez te enviscas
en tu presa,
hocicándome, entrechocándome siempre.

 
No me sirven mis manos ni mis pies,
que afincaban la tierra, que arredraban el aire,
no me sirven mis ojos, que aprisionaron la hermosura,
no me sirven mis pensamientos, que coronaron mundos a la caza de Dios.

 
Heme aquí, hoy, inválido ante ti,
ante ti,
infame criatura, en tiniebla nacida,
pequeña lanzadera
que tejes ese ondulante paño de la angustia,
que me ahoga
y ya me va a extinguir como se apaga el eco
de un ser con vida en una tumba negra.
 

Duro, hiriente, me golpeas una vez y otra vez,
extremo diamantino
de vengador venablo, de poderosa lanza.

 
¿Quién te arroja o te blande?
¿Qué inmensa voluntad de sombra así se obstina
contra un solo y pequeño (¡y tierno!) punto vivo de los espacios técnicos?
No, ya no más, no más, acaba, acaba,
atizonador de mi delirio,
hurgón de esto que queda de mi rescoldo humano,
menea, menea bien los últimos encendidos carbones,
y salten las altas llamas purísimas, las altas llamas cantoras,
proclamando a los cielos
la gloria, la victoria final
de una razón humana que se extingue.

 
Dámaso Alonso

 

domingo, 5 de noviembre de 2017

ENSEÑA A MORIR ANTES, Y QUE LA MAYOR PARTE DE LA MUERTE...


ENSEÑA A MORIR ANTES, Y QUE LA MAYOR PARTE DE LA MUERTE ES LA VIDA, Y ÉSTA NO SE SIENTE; Y LA MENOR, QUE ES EL ÚLTIMO SUSPIRO, ES LA QUE DA PENA

 

 
Señor don Juan, pues con la fiebre apenas
se caliente la sangre desmayada,
y por la mucha edad, desabrigada
tiembla, no pulsa ente la arteria y venas;

 
pues que de nieve están las cumbres llenas
la boca de los años saqueada,
la vista enferme en noche sepultada,
y las potencias de ejercicio ajenas:

 
salid a recibir la sepultura,
acariciad la tumba y monumento,
que morir vivo es última cordura.

 
La mayor parte de la Muerte, siento
que se pasa en contentos y locura;
y a la menor se guarda el sentimiento.

 
Francisco de Quevedo

sábado, 4 de noviembre de 2017

QUIERO SABER - Vicente Aleixandre


QUIERO SABER

 

 
Dime pronto el secreto de tu existencia;
quiero saber por qué la piedra no es pluma,
ni el corazón un árbol delicado,
ni por qué esa niña que muere entre dos  venas ríos
no se va hacia la mar como todos los buques.

 
Quiero saber si el corazón es una lluvia o margen,
lo que se queda a un lado cuando dos se sonríen,
o es sólo la frontera entre dos manos nuevas
que estrechan una piel caliente que no separa.

 
Flor, risco o duda, o sed o sol o látigo;
el mundo todo es uno, la ribera y el párpado,
ese amarillo pájaro que duerme entre dos labios
cuando el alba penetra con esfuerzo en el día.

 
Quiero saber si un puente es hierro o es anhelo
esa dificultad de unir dos carnes íntimas,
esa separación de los pechos tocados
por una flecha nueva surtida entre lo  verde.

 
Musgo o luna es lo mismo, lo que a nadie sorprende,
esa caricia lenta que de noche a los cuerpos
recorre como pluma o labios que ahora llueven.
Quiero saber si hasta dar en la mar como el  placer cedido.

 
Los gritos son estacas de silbo, son lo hincado,
desesperación viva de ver los brazos cortos
alzados hacia el cielo en súplicas de lunas,
cabezas doloridas que arriba duermen, bogan,
sin respirar aún como láminas turbias.

 
Quiero saber si la noche ve abajo
cuerpos blancos de tela echados sobre la tierra,
rocas falsas, cartones, hilos , piel , agua quieta,
pájaros como láminas aplicadas al suelo,
o rumores de hierro, bosque virgen al hombre.

 
Quiero saber altura, mar vago o infinito;
si el mar es esa oculta duda que me embriaga
cuando el viento traspone crespones transparentes,
sombra, pesos, marfiles, tormentas alargadas,
lo morado cautivo que más allá invisible
se debate, o jauría de dulces asechanzas.

 
Vicente Aleixandre