domingo, 19 de noviembre de 2017

Y DIOS ME HIZO MUJER - Gioconda Belli


 

Y DIOS ME HIZO MUJER

 

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que  irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

 
Gioconda Belli

 

sábado, 18 de noviembre de 2017

CON EL VIOLÍN ROTO - León Felipe


CON EL VIOLÍN ROTO

 

 

¡Que mal suena este violín!
León Felipe, vas a tener que comprarte
otro violín…
¡A buena hora!... ¡A los ochenta años!
¡No vale la pena!
Con este mismo violín roto
voy a tocar para mi mismo
dentro de unos días  “Las golondrinas”
esa canción ¡tan bonita!
que los mexicanos cantan siempre
a los que se van de viaje
¿Cómo empieza?
¡Adiós!... ¡Adiós!
Cagh, cagh… ¡ay qué ronco estoy!
en verdad que suena muy mal este violín…
pero con él tengo que tocar todavía
unas cuantas canciones
que se me olvidaron en mis Obras completas.
No quiero que se queden perdidas
en el barullo de mis papeles inútiles.
Creo que no os van a gustar
pero no tengo otra cosa…
ni otro violín…
y no puedo marcharme sin tocarlas
precisamente en este mismo viejo y roto violín

 
León Felipe

 

 

 

jueves, 16 de noviembre de 2017

SOBRE LA DENOMINACIÓN DE EMIGRANTES - Bertolt Brecht


SOBRE LA DENOMINACIÓN DE EMIGRANTES

 

Siempre me pareció falso el nombre que nos han dado: emigrantes.
Pero emigración significa éxodo. Y nosotros
no hemos salido voluntariamente
eligiendo otro país. No inmigramos a otro país
para en él establecernos, mejor si es para siempre.
Nosotros hemos huido. Expulsados somos, desterrados.
Y no es hogar, es exilio el país que nos acoge.
Inquietos estamos, si podemos junto a las fronteras,
esperando el día de la vuelta, a cada recién llegado,
febriles, preguntando, no olvidando nada, a nada renunciando,
no perdonando nada de lo que ocurrió, no perdonando.

 
¡Ah, no nos engaña la quietud del Sund! Llegan gritos
hasta nuestros refugios. Nosotros mismos
casi somos como rumores de crímenes que pasaron
la frontera. Cada uno
de los que vamos con los zapatos rotos entre la multitud
la ignominia mostramos que hoy mancha a nuestra tierra.
Pero ninguno de nosotros
se quedará aquí. La última palabra
aún no ha sido dicha.

 
Bertolt Brecht

 

domingo, 12 de noviembre de 2017

ALGO DEBE MORIR CUANDO ALGO NACE... - Tomás Segovia


ALGO DEBE MORIR CUANDO ALGO NACE…

 

Algo debe morir cuando algo nace;
debe ser sofocado, y su sustancia
chupada para ser riego o lactancia
en que otro ser su urgencia satisface.

 
No habrá otra hora pues en que te abrace
mientras muerdo en la cándida abundancia
de tus dos pechos; no habrá ya otra instancia
en que tu cuerpo con mi cuerpo enlace;

 
no penetraré más en la garganta
anfractuosa de tu sexo alpino.
Tú a otra luz amaneces; yo declino.

 
Mi degollado ardor tu altar levanta,
mi reprimida hambre te alimenta,
y el yermo de mi lecho te cimenta.

 
Tomás Segovia

sábado, 11 de noviembre de 2017

LLUVIA - Raúl González Tuñón


 

LLUVIA

 

ENTONCES comprendimos que la lluvia también era hermosa.

Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados.

Otras veces cae con furia y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres.

De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.

Sus tambores acunan nuestras noches y la lectura corre a su lado por los canales del sueño.

Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban.

No habían despertado todavía al amor, no sabían nada de nosotros.

De nuestro gran secreto.

Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.

Acaso los rostros amigos, las fotografías, los paisajes que hemos visto juntos, tantos gestos que hemos entrevisto o sospechado, los ademanes y las palabras de ellos. Todo, todo ha desaparecido y  estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.

Te quiero con toda la ternura de la lluvia.

Te quiero con toda la violencia de la lluvia.

Te quiero con todos los tambores de la lluvia.

Te quiero con todos los violines de la lluvia.

Aún tenemos fuerzas para subir la callejuela empinada. Recién estamos descubriendo los puentes y las casas, las venas y las luces, los barcos y  los horizontes.

Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana; increíble, pero tan real; numerosa, pero tan mía.

Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.

Oh, visitante.

Ya es seguro que ningún desvío nos separará.

Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.

Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos línea del otoño.

Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan

poderosa que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos dos sombras y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión  irremediable.

Oh, visitante.

Estoy lleno de tu vida y de tu muerte. Estoy tocado de tu destino.

Al extremo de que nada te pertenece sino yo. Al extremo de que nada me pertenece sino tú.

Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta, ya al caer sobre los jardines, ya al deslizarse por los muros, ya al reflejar sobre el asfalto las súbitas, las fugitivas luces rojas de los automóviles, ya al inundar los barrios de nuestra solidaridad y de nuestra congoja, los humildes barrios de los trabajadores.

La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste, y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Íntima, recóndita alegría.

Estoy tocado de tu destino.

Oh, lluvia. Oh, generosa.

 

Raúl González Tuñón

 



miércoles, 8 de noviembre de 2017

UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA - Carilda Oliver Labra


UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA

 

Una mujer escribe este poema
donde puede a cualquier hora de un día que no importa
en el siglo de la avitaminosis
y la cosmonáutica
tristeza deseo no sabe qué
esperando la bayoneta o el obús
una mujer escribe este poema
sin atributos
a desvergüenza y dentellada
fogosa inalterable arrepentida pudriéndose
caemos por turno frente a las estrellas
todos tenemos que morir
no hay nada más ilustre que la sangre
una mujer escribe este poema
qué estúpida la línea que divide sol de sombra
el crepúsculo pasa
acumulándose al final de las azoteas
supimos de pronto de una trombosis coronaria
existe soledad
sonó una bomba
vean si me han roto los lentes de contacto
una mujer escribe este poema
separa quince pesos para el alquiler
mi amigo viejo
se desprende del mediodía por la próstata
bailamos
sigue la preparación combativa
no pasarán
una mujer escribe este poema
como quien ha perdido el tiempo para siempre
creo en el corazón de Dense Darval
hemos ganado porque morimos muchas veces
parece que tengo un derrame de sinovia
no hay tiempo para la poesía
de veras que los fríjoles se han demorado en hervir
te juro que mañana presentaré el divorcio
una mujer escribe este poema
cómo hay fantasmas a la siete en mi pecho
entablillé una rama a la areca que está triste
mamá tu no sabes la falta que me haces
si suena la alarma aérea
recojan a los niños que duermen en la cuna
voy a guardar este retrato del Che
como calló el canario traje un tenor a casa
una mujer escribe este poema
cargada de ultimátum
de pólvora
de rimel
verde contemporánea lela
entre el uranio
y
el cobalto
trébol de la esperanza
convaleciente de amor
tramposa hasta el éxtasis
tonta como balada
neurótica metiendo
sueños en una alcancía
ninfa del trauma
novia de los cuchillos
jugando a no perder la luz en el último tute
una mujer escribe este poema.
 

Carilda Oliver Labra
De “Desaparece la memoria”

martes, 7 de noviembre de 2017

LA OBSESIÓN - Dámaso Alonso


LA OBSESIÓN

 

Tú. Siempre tú.
Ahí estás,
moscardón verde,
hocicándome testarudo,
batiendo con zumbido interminable
tus obstinadas alas, tus poderosas alas velludas,
arrinconando esta conciencia, este trozo de conciencia empobrecida,
izándola a empellones tenaces
sobre las crestas últimas, ávidas ya de abismo.

 

 Alguna vez te alejas,
y el alma, súbita, como oprimido muelle que una mano en
el juego un instante relaja,
salta y se aferra al gozo, a la esperanza trémula,
a la luz de Dios, a campo de estío,
a estos amores próximos que, mudos, en torno a mi angustia, me interrogan
con grandes ojos ignorantes.
Pero ya estás ahí, de nuevo,
sordo picón, ariete de la pena,
agrio berbiquí mío, carcoma de mi raíz de hombre.

 
¿Qué piedras, qué murallas
quieres batir en mí,
oh torpe catapulta?

 
Si, ahí estás,
peludo abejarrón.
azorado en el aire,
sacudes como dudosos diedros de penumbra,
alas de pardo luto,
oscilantes, urgentes, implacables al cerco.
rebotado de ti, por el zigzag
de la avidez te enviscas
en tu presa,
hocicándome, entrechocándome siempre.

 
No me sirven mis manos ni mis pies,
que afincaban la tierra, que arredraban el aire,
no me sirven mis ojos, que aprisionaron la hermosura,
no me sirven mis pensamientos, que coronaron mundos a la caza de Dios.

 
Heme aquí, hoy, inválido ante ti,
ante ti,
infame criatura, en tiniebla nacida,
pequeña lanzadera
que tejes ese ondulante paño de la angustia,
que me ahoga
y ya me va a extinguir como se apaga el eco
de un ser con vida en una tumba negra.
 

Duro, hiriente, me golpeas una vez y otra vez,
extremo diamantino
de vengador venablo, de poderosa lanza.

 
¿Quién te arroja o te blande?
¿Qué inmensa voluntad de sombra así se obstina
contra un solo y pequeño (¡y tierno!) punto vivo de los espacios técnicos?
No, ya no más, no más, acaba, acaba,
atizonador de mi delirio,
hurgón de esto que queda de mi rescoldo humano,
menea, menea bien los últimos encendidos carbones,
y salten las altas llamas purísimas, las altas llamas cantoras,
proclamando a los cielos
la gloria, la victoria final
de una razón humana que se extingue.

 
Dámaso Alonso

 

domingo, 5 de noviembre de 2017

ENSEÑA A MORIR ANTES, Y QUE LA MAYOR PARTE DE LA MUERTE...


ENSEÑA A MORIR ANTES, Y QUE LA MAYOR PARTE DE LA MUERTE ES LA VIDA, Y ÉSTA NO SE SIENTE; Y LA MENOR, QUE ES EL ÚLTIMO SUSPIRO, ES LA QUE DA PENA

 

 
Señor don Juan, pues con la fiebre apenas
se caliente la sangre desmayada,
y por la mucha edad, desabrigada
tiembla, no pulsa ente la arteria y venas;

 
pues que de nieve están las cumbres llenas
la boca de los años saqueada,
la vista enferme en noche sepultada,
y las potencias de ejercicio ajenas:

 
salid a recibir la sepultura,
acariciad la tumba y monumento,
que morir vivo es última cordura.

 
La mayor parte de la Muerte, siento
que se pasa en contentos y locura;
y a la menor se guarda el sentimiento.

 
Francisco de Quevedo

sábado, 4 de noviembre de 2017

QUIERO SABER - Vicente Aleixandre


QUIERO SABER

 

 
Dime pronto el secreto de tu existencia;
quiero saber por qué la piedra no es pluma,
ni el corazón un árbol delicado,
ni por qué esa niña que muere entre dos  venas ríos
no se va hacia la mar como todos los buques.

 
Quiero saber si el corazón es una lluvia o margen,
lo que se queda a un lado cuando dos se sonríen,
o es sólo la frontera entre dos manos nuevas
que estrechan una piel caliente que no separa.

 
Flor, risco o duda, o sed o sol o látigo;
el mundo todo es uno, la ribera y el párpado,
ese amarillo pájaro que duerme entre dos labios
cuando el alba penetra con esfuerzo en el día.

 
Quiero saber si un puente es hierro o es anhelo
esa dificultad de unir dos carnes íntimas,
esa separación de los pechos tocados
por una flecha nueva surtida entre lo  verde.

 
Musgo o luna es lo mismo, lo que a nadie sorprende,
esa caricia lenta que de noche a los cuerpos
recorre como pluma o labios que ahora llueven.
Quiero saber si hasta dar en la mar como el  placer cedido.

 
Los gritos son estacas de silbo, son lo hincado,
desesperación viva de ver los brazos cortos
alzados hacia el cielo en súplicas de lunas,
cabezas doloridas que arriba duermen, bogan,
sin respirar aún como láminas turbias.

 
Quiero saber si la noche ve abajo
cuerpos blancos de tela echados sobre la tierra,
rocas falsas, cartones, hilos , piel , agua quieta,
pájaros como láminas aplicadas al suelo,
o rumores de hierro, bosque virgen al hombre.

 
Quiero saber altura, mar vago o infinito;
si el mar es esa oculta duda que me embriaga
cuando el viento traspone crespones transparentes,
sombra, pesos, marfiles, tormentas alargadas,
lo morado cautivo que más allá invisible
se debate, o jauría de dulces asechanzas.

 
Vicente Aleixandre