domingo, 24 de septiembre de 2017

MUJERES EN EL RÍO -Germán Pardo García


 
MUJERES EN EL RÍO

 

Fulgen como panteras excitadas
por el sol; y en los médanos del río
desnudan su bramal cuerpo bravío,
de oscuras cavidades almizcladas.

 
Arrójanse con furia a las heladas
vertientes en un vértigo cabrío,
y el choque hace saltar granicerío
sobre sus cabelleras perturbadas.

 
Escuchase su brusco chapoteo
de yeguas aplacando su deseo.
y cuando al fin, de las fluviales brumas

 
sus ancas brincan al aduar cercano,
despréndese del río ultramontano
denso vapor de fétidas espumas.

 
Germán Pardo García
De “La cruz del sur”

jueves, 21 de septiembre de 2017

UNA ROSA PADECE - Germán Pardo García


 
UNA ROSA PADECE

 

Una rosa padece.
Detrás de un campo de concentración
custodiado por amenazadores perros de batalla,
una rosa padece.

 
Es la tarde. Un crepúsculo lleno de violencia y de pólvora.

 
De la distancia, lejos, allá desde los valles,
una brisa ligera le humedece la túnica.
Por un instante toda su hermosura se afianza
a la vida.
Después vuelve a sufrir como si fuera un hombre
detrás de un campo de concentración,
custodiado por amenazadores perros de batalla.

 
La tarde ya no tiene color, ni luz, ni fuerza.
Con la sombra inminente gigantescos aviones
regresaron como águilas heridas.
Atrás quedó el silencio, nada más que el silencio, solamente el silencio,
turbado a veces por la agonía
desesperada y el nocturno grito.

 
Y en las grandes penumbras
una rosa padece,
detrás de un campo de concentración.
Pudiera ser un hombre y oprimir con las manos
los estambres de acero,
las eléctricas púas.
Proclamar su esperanza
y en la sombra erigirla cual celeste bandera.
Pudiera ser un hombre, pero sólo es un iris vegetal, una rosa
detrás de un campo de concentración,
custodiado por amenazadores perros de batalla.

 
La tiniebla es mas sorda y el dolor más certero.
Ya no existe el crepúsculo de violencia y de pólvora.
Hay una paz inerme donde nada respira.
Una paz semejante a la móvil quietud de las llanuras,
donde un obús sin estallar pudiera
repercutir de pronto y aniquilar el mundo
con la absoluta cólera de su enfrenado trueno.
 

Germán Pardo García
De “Poemas contemporáneos”

 

martes, 19 de septiembre de 2017

HABITACIÓN PARA HOMBRE SOLO - Germán Pardo Garcia


 
HABITACIÓN PARA HOMBRE SOLO

 

No puede ser un  mar. La habitación para hombre solo
no puede ser un mar.
Sin embargo, detrás del cartelillo sucio que pregona
con letras ya lavadas por la lluvia: habitación para hombre solo;
y de las cortinillas pobres
colocadas con aparente felicidad
sobre cristales llenos de polvo
que el hombre solitario nombra la arena de mis playas,
existen pequeñas cosas, oceánicos atributos
que envidiaría el mar.

 
Por ejemplo: hay un faro, es decir, una luz, un candil intermitente.
Le sirve al hombre solo
para proyectar su cuerpo con vigor hacia su  mar, es decir, a la sombra.
Y mesillas de cedro que de pronto se vuelven naves
y se van cuando la habitación para hombre solo
se abre en silencio
lentamente,
como esclusa
de asordinado mecanismo.
Escúchanse entonces súplicas:
¡Adiós!
¡Volved!
¡Llevadme con vosotros!
(De este nocturno puerto enclavado en la sombra,
¡cuántos seres y cosas para siempre se han ido!)
quedan muchos otros objetos que también partirán algún día como barcas.

Por ejemplo: una silla vieja.
El hombre solitario dice
que  es su sitio de comando en su mar, es decir, en la penumbra.
Y un lecho cuyas sábanas serán un día velas.
Un lecho casi siempre solo o con un hombre alli abandonado,
como se ven los náufragos sobre el planchón podrido.
Y muchas otras cosas que pudieran ser marítimas
y ahora están allí por los rincones húmedos,
esperando el instante en que el  capitán, es decir, el huésped
de la habitación para hombre solo,
lance un profundo grito de horror y de fuerza: ¡Partamos!
Y se embarque en la sombra para siempre. ¿Hacia dónde? ¡Al misterio!
 
Germán Pardo García
De “Luceros sin orillas”

 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

RECUERDO EL REMOLINO - Lucía Serrano


RECUERDO EL REMOLINO

 

Entre el ojo y la noche,
         sobre las cumbres pequeñas,
                   en los umbrales de altamar,
allí recuerdo el remolino.
allí donde el lenguaje,
construye amablemente los silencios,
allí donde desvanecen las arenas del desierto,
donde las águilas esperan detrás de las mezquitas,
allí recuerdo el remolino y espero.
Allí donde toda la ola,
lucía iluminada,
y era blanca la espuma,
y feroz el movimiento de las aguas,
allí recuerdo el remolino y pienso,
en las entrañas mojadas de las vírgenes,
en el sudor de la piel azulada,
allí donde las mujeres
lavaban el oro y
                              cuidaban a los niños,
allí bailaban, un paso hacia delante,
y giros alucinados hacia la izquierda,
así llegamos al centro del remolino,
allí las estaciones conocidas, el tiempo.

 
Lucía Serrano

lunes, 11 de septiembre de 2017

NUESTROS CUERPOS - María Chévez


NUESTROS CUERPOS


Transcurren estas horas de mi cuerpo.
Guarda y fascina
en los gestos
un sabor.
Salitre y oro
un azar entre los tonos,
violencia de cyclamen y de vientos
soy en él, juguete del aire
donde construyo mi canto.
Cisne y alondra,
ritmo respiratorio,
cetrina sangre hacia el olvido.
Turbia
no cubro su belleza vegetal, árida.
Inventa grandiosos torbellinos y gira
desviste y encierra
--bestia perfumada entre quimeras—
un saber extraño.
Muere y despierta
espera entre los cedros.
Rumores
brillo
lujuria
bálsamo y sonido.
NUESTROS CUERPOS
extendidos en las zonas infinitas del poema.

María Chévez

De “Poesía cotidiana”

viernes, 8 de septiembre de 2017

Poemas del Taller - Gloria Gómez


TOTS SOM CIUTADANS DEL MON

Barcelona, agosto 2017

 


El odio desparramado en los ríos a la luz del día
fluye en las arterias de los tumultos
acechando al viandante, apagando las risas
sucumbiendo al destrozo de la primera sonrisa.

 
La vida subyugada a creencias de la estepa
ahoga en sangre las dulces mejillas,
como la semilla maligna agolpada en sienes mercantes,
transporta el tedio empuñando duelos al grito desgarrador
sin distinguir colores, ni territorios, ni banderas.
Mala semilla cosechada a los mitos de una historia transgredida
recorre las venas de los viajeros,
clamando el último grito antes de atravesar
los diferentes surcos lanzados en la escollera de viejas lunas.

 
La boca desencajada,
el desgarro de la garganta declamando a los dioses,
la mirada oblicua ante el horror como la viva imagen
recordando batallas milenarias.
El estruendo de la multitud retumba en altos campanarios.
El hambre de la cruel semilla no conoce decretos y devora sin piedad.

 
Unos y otros cruzan diferentes continentes
dejando el rastro prendido en encuentros de la trastienda.
Lanzan teas encendidas en cada misterio.
El odio salta de un lado a otro
devastando campos, bosques, señoríos, escuelas,
dejando almas mutiladas,
robando sueños en el parque, 
trazando líneas resquebrajadas en la noche, 
dividiendo pueblos…
se deposita en cuerpos sin mirar horizontes, sin interrogación.

 
La mirada transgredida hacia lugares inhóspitos
soportando intensidades en cunas desdobladas
a infancias entre furias del horror
despliega la más temible caricatura de la vida.
El odio no conoce el honor ni teme las tinieblas,
ni atiende clemencias, ni soporta desdichas,
esparce el viento huracanado por bulevares,
reventando pólvora tras sus pies.

 
Va y viene,
salta por encima de las imploraciones;
va y viene,
derriba los diques de la fuerza;
va y viene,
segando la simiente sin distinguir,
envenenando la piel joven,
cegando la pupila del luchador.

 
Cuidado! No le dejes tocar tu piel,
ni instalarse en tu morada,
no vaya robar el alma del caminante.
Cuidado!! Cuidado!!!

 
Gloria Gómez Candanedo
Integrante del Taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares
 

miércoles, 23 de agosto de 2017

EL POEMA.... de Pedro Salinas


EL POEMA


Y ahora, aquí está frente a mí.
Tantas luchas que ha costado,
tantos afanes en vela,
tantos bordes de fracaso
junto a este esplendor sereno
ya son nada, se olvidaron.
Él queda, y en él, el mundo,
la rosa, la piedra, el pájaro,
aquéllos , los del principio,
de este final asombrados.
¡Tan claros que se veían,
y aún se podía aclararlos!
Están mejor; una luz
que el sol no sabe, unos rayos
los iluminan, sin noche,
para siempre revelados.
Las claridades de ahora
lucen más que las de mayo.
Si allí estaban, ahora aquí;
a más transparencia alzados.
¡Qué naturales parecen,
qué sencillo el gran milagro!
En esta luz del poema,
todo,
desde el más nocturno beso
al cenital esplendor,
todo está mucho más claro.



Pedro Salinas

jueves, 10 de agosto de 2017

EL POETA..... de Pablo Neruda


EL POETA

 

Antes anduve por la vida, en medio
de un amor doloroso: antes retuve
una pequeña página de cuarzo
clavándome los ojos en la vida.
Compré bondad, estuve en el mercado
de la codicia, respiré las aguas
más sordas de la envidia, la inhumana
hostilidad de máscaras y seres.
Viví  un mundo de ciénaga marina
en que la flor de pronto, la azucena
me devoraba en su temblor de espuma,
donde puse el pie resbaló mi alma
hacia las dentaduras del abismo.
Así nació mi poesía apenas
rescatada de ortigas, empuñada
sobre la soledad como un castigo,
o apartó en el jardín de la impudicia
su más secreta flor hasta enterrarla.
Aislado así como el agua sombría
que vive en sus profundos corredores,
corrí de mano en mano, al aislamiento
de cada ser, al odio cotidiano.
Supe que así vivían, escondiendo
la mitad de los seres, como peces
del más extraño mar, y en las fangosas
inmensidades encontré la muerte.
La muerte abriendo puertas y caminos.
La muerte deslizándose en los muros.

 
Pablo Neruda

lunes, 7 de agosto de 2017

EL POETA... de Federico García Lorca


EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA


Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.


Federico García Lorca