jueves, 21 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


MI PRIMER VESTIDO

El vestido azul
que un día descubriste
me embarca a esas jornadas
ataviadas de infancia.

Mudo su inocencia súbita
por alajas de reflexión.
Culto disimulado de nuevos tesoros
decoran mi reciente vida.

Eternamente vestida con algazara
sufro la manía de las costumbres
sin apenas verdades.

Cubierta de ingenuidad
me desnuda tu picardía.
Dejando entrever mi pureza virginal
disfrazada de lujuria terrenal.


Yosune Castellano Alarcón
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares

miércoles, 20 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


NO SUPE

No supe insistir en la escollera de lo que tu llamabas amor,
no supe divisar frente aquella playa, eso que tu llamabas alegría,
me envolví en sombras negras a pleno sol
mientras tus palabras de tul se pulverizaban tras el regazo de la cuna.

No quise volar entre los púlpitos que acaecían sobre mi almohada
cuando tu mirabas a la contra de mi espalda, dibujando otras manos
deslizándose por los muros de cristal entre los cuerpos inertes
que mutilaban las noches en grescas de catecismos despiadados.

Pronto la desdicha afloró entre las sábanas
y sentí cómo se despedazaba la entraña de mi enojo,
entre la voz efímera nacida en el bosque del embeleco
y el vaivén solapado en vestimentas harapientas
de tu entorno acotado en la madriguera abismada
en rondallas de curias y parias empecinadas.

Pronto supe que el río bajaba seco por mi cuerpo,
que nada volvería a brillar en mi piel, si emanaba de tu hiel
y la mirada clavada en el suelo comenzaba a pedir clemencia
a todo ser que se arrastraba por las cloacas
como si fueran los únicos que me pudieran acariciar.

Pero la inmensidad de la desnudez me golpeaba tan fuerte…!
que tomé la tenacidad que atrincheraba las lianas
y quise lanzar los escombros al abismo
dejando así mi nueva savia a la  luz de los ojos
que iluminan piezas de cámara a mis páginas vacías
detallando enredos entre compases de la tarde.

Gloria Gómez
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares



martes, 19 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


ATRAVESANDO LA FRONTERA

Deshago lentamente
encorsetados pasos envueltos en pasado,
sacudo el hastío prudente de una cadencia sin amanecer.

Y embriagada por la calidez de una mirada
arrastrada por el crepitar vivaz de una pasión,
camino por la cuerda floja de tus devaneos
plena de goce
buscando el contorno de tu boca
que sucumbe a nuestros cuerpos indómitos,
entrelazados
y al fuerte oleaje de este delirio, ardiente y profundo,
donde aún permanece el vestigio de placer
de aquel abrazo prolongado hasta  la alborada
de aquellas manos perdidas en las caderas
y de un talle arqueado, enfurecido
deleitándose en tus brazos
en tu cálida piel
atravesando la frontera del deseo voraz,
pertinaz, implacable
que repite tu nombre
buscándote,
hasta encontrarte
hasta tenerte, de nuevo una y otra vez.


Maribel Domínguez Duarte
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares

lunes, 18 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016

PALABRAS CRUZADAS EN LA MISMA SENDA

Poema dedicado a los dirigentes
en el día de las elecciones.
Junio de 2016

Si los dioses rompen sus alas
confluyendo en un idéntico destino,
si el paraíso eterno
alberga aves del mismo cielo de invierno,
por qué no conversar…

Con la ropa del revés
cuando los amantes afluyen sus besos,
cuando los nuevos propósitos
festonean preceptos
con telas humildes,
que el despertar de la cigüeña,
irrumpa en el nido de los dirigentes
y, que la límpida desnudez
impugne la existencia de los crímenes.

A la cita de los míseros huéspedes
patriemos la nueva morada de la oscura muerte,
que nuevos reyes abatan con sus hirientes espadas
la devastación humana,
que en las catacumbas
se entierren las palabras cruzadas
en la misma senda.

Que el mundo
llore descalzo
en el afable regazo
de una madre que nunca te abandona.


Esther Núñez Roma
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares.

viernes, 15 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016

¡HOLA, QUE ME LLEVA LA OLA!

¡Hola, que me lleva la ola,
hola, que me lleva a la mar!

¡Hola, que llevar me dejo
sin orden y sin consejo,
y que del cielo me alejo
donde no puedo llegar!

¡Hola, que me lleva la ola,
hola, que me lleva a la mar!


 Lope de Vega

miércoles, 13 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


WALKING AROUND

Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías  y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas de odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.


Pablo Neruda

martes, 12 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


RECORRIÉNDOTE

Quiero morder tu carne,
salada y fuerte,
empezar por tus brazos hermosos
como ramas de ceibo,
seguir por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando la ternura,
ese pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme allí un rato largo
enredando mis manos
en ese bosquecito de arbustos que te crece
suave y negro bajo mi piel desnuda
seguir después hacia tu ombligo
hacia ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte besando, mordiendo,
hasta llegar allí
a ese lugarcito
-apretado y secreto-
que se alegra ante mi presencia
que se adelanta a recibirme
y viene a mí
en toda su dureza de macho enardecido.
Bajar luego a tus piernas
firmes como tus convicciones guerrilleras,
esas piernas donde tu estatura se asiente
con las que vienes a mí
con las que me sostienes,
las que enredas en la noche entre las mías
blandas y femeninas.
Besar tus pies, amor,
que tanto tienen aún que recorrer sin mí
y volver a escalarte
hasta apretar tu boca con la mía,
hasta llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta que entres en mí
con la fuerza de la marea
y me invadas con tu ir y venir
de mar furioso
y quedemos los dos tendidos y sudados
en la arena de las sábanas.


Gioconda Belli

lunes, 11 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


RECETA DE VARÓN

“No importa si no es hermoso
-la fealdad en el hombre puede despertar ciertos atávicos instintos femeninos-
pero es esencial que el pecho sea acogedor
y que los brazos ofrezcan la promesa
de abrazos apretados y tiernos.

Vello en el cuerpo o no,
es cuestión de gustos.
Personalmente los prefiero
tapizados,
con espacios de sombras oscuras
suaves al tacto,
y capaces de llenar el olfato
con el olor del día a flor de piel.

La cintura que se defina, por favor;
que no le sobre, ni le falte,
que no acuse el descuido del dueño,
mas que en ciertas épocas permisibles
donde unas libritas demás,
son sólo testimonio de amables libaciones.

Las manos son definitivas:
deben saber detener la cabeza de la mujer
con el cielo con que el marinero escatima al viento
la única lámpara de aceite en medio de la tormenta;
ser ágiles como pájaros o cabras de monte,
capaces de la forja del hierro, la lágrima,
de esculpir los intrincados artesonados del placer.

Las piernas también son importantes
pero les perdonamos las torceduras,
lo tosco, las imperfecciones,
si al encontrarnos con la  boca
vemos una sonrisa en la que poder confiar
y unos ojos que nos aseguren la mañana.

La espalda masculina debe ser extensa
como una pradera por donde puedan pasear los búfalos
y los heliotropos,
y es fundamental que en las caderas
se alcen dos colinas
inequívocas, sólidas,
que se nos queden prendidas en la memoria
cuando el hombre se vuelva para marcharse,
alejándose en la noche.

La voz que resuene con vibraciones de bajo
pero que sepa modular
la tensa y dulce melancolía del acordeón,
lamentando el fin de la luna en la ventana.

El hombre, al fin,
ese mítico animal
que reinventa siglo tras siglo
las quimeras que pueblan las obsesiones femeninas;
habrá de conservar,
-perdida la absoluta hegemonía-
todas aquellas cosas
galantes, fuertes, acogedoras,
que, a pesar de todos los pesares,
lo mantienen sólidamente anclado,
en el profundo, incansable mar,
de las hembras”.


Gioconda Belli

sábado, 9 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


LA CASA

Temible y aguardada como la muerte misma
se levanta la casa.
No será necesario que llamemos con todas nuestras lágrimas.
Nada. Ni el sueño, ni siquiera la lámpara.

Porque día tras día
aquellos que vivieron en nosotros un llanto contenido hasta palidecer
han partido
y su leve ademán ha despertado una edad sepultada,
todo el amor de las antiguas cosas a las que acaso dimos, sin saberlo,
la duración exacta de la vida.

Ellos nos llaman hoy desde su amante sombra,
reclinados en las altas ventanas
como en un despertar que sólo aguarda la señal convenida
para restituir cada mirada a su propio destino;
y  a través de las ramas soñolientas el primer huésped de la memoria
                                                                     (nos saluda:
el pájaro del amanecer que entreabre con su canto las lentísimas puertas
como a un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.

Ven. Vamos a recobrar ese paciente impero de la dicha
lo mismo que a un disperso jardín que el viento recupera.
Contemplemos aún los claros aposentos,
las pálidas guirnaldas que mecieron una noche estival
las aéreas cortinas girando todavía en el halo de la luz como las mariposas de la lejanía
nuestra imagen fugaz
detenida por siempre en los espejos de implacable destierro,
las flores que murieron por sí solas para rememorar el fulgor inmortal de la melancolía,
y también las estatuas que despertó, sin duda a nuestro paso,
ese rumor tan dulce de la hierba;
y perfumes, colores y sonidos en que reconocemos un instante del mundo;
y allá, tan sólo el viento sedoso y envolvente
de un día sin vivir que abandonamos, dormidos sobre el aire.

Nadie pudo ver nunca la incesante morada
donde todo repite nuestros nombres más allá de la tierra.
Más nosotros sabemos que ella existe, como nosotros mismos,
por el sólo deseo de volver a vivir, entre el afán del polvo y la tristeza,
aquello que quisimos.
Nosotros lo sabemos porque a través del resplandor nocturno
el porvenir se alzó como una nube del último recinto,
el oculto, el vedado,
con nuestra sombra eterna entre la sombra.

Acaso lo sabían ya nuestros corazones.


Olga Orozco

viernes, 8 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


LA CASA

Allá estarán las cosas todavía,
a punto de no ser, contradiciéndose.
En el hastío de las escaleras
y en la resignación de las paredes
aún seguirá creciendo aquella sombra
con su sed de presagios inminentes.

 Aquella sombra, ay, aquella sombra
fría como la sal y como el verde.
Su perfume inquietante, su leyenda
de confidencias y de pareceres
caía en el ramaje de mis hombros
con la perseverancia de la nieve.

Yo nunca tuve edad. Por eso entonces
crecí en la medida de mi muerte
ante la certidumbre del dolor
y la presencia de lo inexistente
y esa frialdad de las antiguas voces
sólo atentas a sus atardeceres.

Dejadme que imagine: allí quedaron
los guantes amarillos del jinete,
el crucifijo, las lamentaciones,
la ácida vigilia de la fiebre.
(Consternación que pudo perpetuarse
en el mundo asombrado de mi frente.)

Yo sé que quise huir de los espejos
deshabitados insistentemente,
de la cal angustiosa, de la fecha,
de la persecución de los caireles,
de sombras que llovían por los muros
lentas como la miel, y amargamente.

Es verdad que nací para estar triste
junto a cualquier ventana, cuando llueve.
Pero eso sí: guardadme mi silencio,
aquél tan habituado a mis papeles,
desordenado como las estrellas,
amigo de mi voz, sencillamente.

 No me llevéis a las habitaciones
donde sollozan doloridos seres,
en donde no podría habitar nunca
el aire que respiran los juguetes.
Porque no quiero ver anochecida
mi propensión a los amaneceres.

María Elena Walsh


jueves, 7 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


EL ARRANTZALE  (1)

La mar es la mar: la mar
que multiplica por cero
un ingenuo dar y dar.

--Y tú, pescador, ¿adónde,
dí, adónde tan terco vas?
--voy adelante y navego.
Voy sin pensar a algo más,
porque si vengo con menos
en casa no comerán.
Voy a ver qué es lo que pasa,
a ver, si no, quién me da.

La mar inhumana crece.
La mar es sólo la mar.
¡Ay, pescador, mal podrás!

--Que a mí no me coma el hambre;
que me coma antes el mar.
Y así voy con mi pesquero,
tan-tarantán-tarantán.
El corazón contra todo;
lo que falta, por demás;
el valor, porque he apostado;
por ley, la necesidad.

¡Ay, pescador, que la mar
ni comprende ni perdona!
¡Ay, pescador, mira el mar!

--Si puede ser, que así sea,
y si no, ¡qué más me da!
soy pescador, y soy vasco,
buscador del más acá.
Otros fueron con sus ojos
azules de más allá.
Yo, como soy de bajura,
me atengo a lo que me dan.

Pescador, mira que el mar
te amenaza con sus ojos
grises y fijos de imán.

--¿A cuánto pagan el kilo?
Me vendo por lo que dan.
Yo, ni recojo mi cesto,
ni ¡sardiña freskuá!
Doy por bueno lo que ofrecen;
y un chiquito, y a cantar,
aunque luego piense a solas
lo que ustedes no me oirán.

La mar, la mar, siempre el mar,
como el perdón sin perdones,
y el aguantar, y aceptar.

Que salió y que se quedó.
Que se fue y que no volvió.
Que la mar gruesa mugía.
Que en lo pequeño lloró
una mujer que invocaba
el amor que no volvió:
una mujer que se alzaba
contra el mar y la razón.

La mar es una igualdad.
La mar es como la muerte
que anula para dar paz.

La mar es la mar; la mar.
La mar es solo la mar.
--Pescador, no sueñes más,
que sus ojos miran fijos
y enloquecen con su imán.
Pescador, tú bien dijiste,
mirando la inmensidad:
“¿Por qué lloran las mujeres?
Hay que aguantar y aceptar.”

Gabriel Celaya


miércoles, 6 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


ELEGÍA

Esos cuerpos que alguna vez latieron en mis brazos
cuando el sol era un lento reverbero en su piel,
cuando sus cabelleras se volcaban como oleadas de fiebre y de nostalgia,
ahora perduran sólo como una vibración
o una angustia indeleble en el fondo del alma
mientras va la gaviota por las playas.
relucen ya tan lejos llenos de tentaciones desesperadas,
se irisan en la espuma del mar,
llaman con el recuerdo de su piel y su aliento
y vuelven a hechizarnos como lagos dormidos
o tibias sombras prisioneras de la tierra.

Fueron cuanto tuvimos de más ardiente y hondo
-los dones más intensos de este mundo-,
arrasaron al corazón con las más altas llamas
hasta dejarnos en un ciego abandono
a orillas de su huella de brasas invisibles.

Cuerpos enamorados que una vez fueron míos,
palpitando con sus tiernas reverberaciones,
con la inolvidable tersura de sus espaldas
y sus bocas ansiosas, sus muslos de esplendor y mediodía.

Así abrieron de par en par el mundo,
llamaron a la tormenta y al relámpago, se deslizaron
por todos los rituales de la pasión,
y fueron arrastrados por la vorágine de los días
hasta perderse silenciosamente
como todos los dones más altos de esta vida
en el voraz horizonte donde nos extraviamos como niños errantes,
como todas las dádivas para siempre fugaces
que el azar y el destino nos dieron un instante.


Enrique Molina

martes, 5 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


CUENTO

Yo era débil,
rubia, poetisa, bien casada.
Tenía deudas
y una salud de panetela blanca.
Hicimos una casa pobremente,
muchas ventanas:
para enseñar nuestro besos a las nubes,
para que el sol entrara.

La casa era tan bella
que tú nunca dormías.
Ya no eras abogado ni poliomielítico
ni nada.
Nunca dije:
¿cuándo vas a poner esa demanda?
porque yo tampoco
cocinaba.

Fueron días
como no quedan otros en las ramas.
Yo me empeñaba en sembrar algo en el patio:
tus gatos lo orinaban,
pero era tan feliz que no podía
decir malas palabras.
Ay, una tarde…
(Septiembre tomó parte en la desgracia),
ay, una tarde
(Dios estaría sacando crucigramas);
ay, una tarde
pusiste tantas piedras en mi saya
que desde entonces
ando inventándome la cara.
El cuchillo
tenía la forma de tu alma;
yo quería ser otra, hablar de las estrellas…
(sobraron noche y cama).
Yo me empeñaba en sembrar algo en tu pecho:
tus gatos lo orinaban,
y era tan infeliz que no podía
decir buenas palabras.

Tarde de otoño.
miré las sábanas amargas,
el jarro de la leche,
las cortinas,
y el crepúsculo me convirtió en su mancha.
(Yo era un clavel podrido de repente,
un canario botado).
Con empujones que lo gris me daba,
entre temblores,
volví a la falda
de mi madre.

Pasaron tantas cosas
mientras yo me bebía la soledad a cucharadas…

Un viernes
-un viernes en que tu olvido me enterraba-
llegué a la esquina
de la casa.
Estaba allí como una tumba diferente,
se veía otra luz por las ventanas.
Tuve miedo de odiar…
(Ya era hasta mala).

Pasaron tantas cosas;
el tiempo fue cosiendo mi mirada.

Ahora no pueden asustarme con los truenos
porque la luz me alza.
Ahora no pueden confundirme con un libro.
Soy la palabra recobrada.
¡Ríanse,
agujas que en mi carne se desmandan;
ríanse,
arañas que me tejen la mortaja;
ríanse,
que a mí, también, carajo, me da gracia!


Carilda Oliver Labra

lunes, 4 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


INSTANTE

Lentamente, en la paz otoñal se desliza
un pálido fantasma con blancura de flor;
el viento, suspirando los ecos del dolor,
se quiebra al resonar enfermo de una risa.

La hoja desprendida del árbol centenario
cruje como un misterio en la sombra dormida,
y se escucha el pisar doliente de la vida,
y la fuga del tiempo hacia el fúnebre osario.

Nace la eternidad al morir de las horas;
el silencio se cierra egoísta y secreto,
ahogando con sus velos al fantasma que llora.

En la quietud hostil hay un grave concierto;
la campana del mundo tenuemente desflora
la agonía sin fin de ese algo que ha muerto.

Ernestina de Champourcin


viernes, 1 de julio de 2016

30 AÑOS TRABAJANDO DE MÉDICO

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TREINTA AÑOS TRABAJANDO DE MÉDICO
La formación de cada profesional es una tarea grupal y en cada caso, singular su aprendizaje. Los padres desean para sus hijos el mejor futuro posible, los míos también tuvieron algunos sueños. La familia, el barrio, los profesores, los médicos, los poetas, los deportistas…todos colaboran en el grupal proceso de la educación y cada sujeto decide, inconscientemente, su oficio y profesión. La familia te permite discernir ley de autoridad y sumar al trabajo el estudio. Años más tarde aprendí a sumar después de la división; desde la lectura y la escritura aprendí a escuchar, hablar con otro humano. Y aprendí a comprar primero para vender después y el que compra primero vende dos veces y el que regala bien vende si el que lo compra lo entiende. Hubo disciplina en mi formación.  
El uno de julio de 1986 realizaba mi primer acto médico en una clínica privada de Alcalá de Henares. Una epistaxis hablaba sobre el rostro de una mujer, custodiada por dos familiares, sin otro destino que ser escuchada en la urgencia de su angustia. En cuatro años atendí todo tipo de patologías, sin embargo destacaba como especialista en salud mental. Tuve jefes, compañeros, libros, interlocutores, hospitales, sesiones clínicas, revisiones bibliográficas y maestros tuve que permitieron mí crecimiento. Simultáneamente trabajaba y me formaba entre los mejores.
Con humilde alegría, reconozco hoy (uno de julio de 2016), sentir una inmensa satisfacción por trabajar en el tratamiento de enfermedades, en la producción de salud y continuar siendo reconocido (remunerado) por mis colegas y pacientes. Los viajes y congresos internacionales han dejado huella escrita en diferentes idiomas. Hoy, con internet, es sencillo que te visiten en diferentes idiomas, más complejo resulta leer y escribir para argumentar con criterio lo investigado.
Investigué con minuciosidad los tratados del dolor y la angustia, el odio del silencio y la mezquina culpa, los textos de la locura, la farmacopea del perdón y la moral imposible del olvido. Descubrí la importancia de la anestesia y los analgésicos, el interés de los ansiolíticos y los neurolépticos, las diferentes generaciones de antidepresivos y otras cosas peores conocí del litio y la terapia electroconvulsiva. Las paredes de los nosocomios, las rejas de la cárcel, los hospicios de la reclusión y la bondad de los jardines visité y atendí en diferentes culturas.
En todos los lugares, los pacientes sueñan, eso lo leí en la Interpretación de los sueños, no lo aprendí en familia, ni en la Universidad, ni en la Iglesia de mi barrio, ni en el campo de fútbol donde gozaba. Fue una mujer la que puso en mis manos un libro de Sigmund Freud: “El chiste y su relación con el inconsciente”. Leer a Freud para un estudiante de medicina es un derecho del que nadie debe privarse. Después no pude dejar de amar a las mujeres y estudiar psicoanálisis.  
Y con el Psicoanálisis aprendí a trabajar de médico y con Psicoanálisis aprendí del amor las vocales de mi nombre propio. Y acompañé la locura vestido de fantasma por los corredores de palacio, en las salas de los hospitales y tras las rejas de la exclusión y la moral, obtuve el permiso para tratar, recetar y afirmar lo que era, locura, demencia o normalidad. Sin embargo en los años de universidad y hospitales y bibliotecas no escuché una sola interpretación sobre el Deseo del Médico.
Tuve fortuna. Recién licenciado, me llegó desde el Colegio de Médicos de Madrid, una información de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero. Y una primera interpretación me produjo el deseo de mejorar mi sexualidad de hombre, continuar estudiando y trabajar de psicoanalista sin dejar de ser médico. Después vino el deseo por escribir y pintar y actuar y conocer otras herramientas para vivir.
Mucho he trabajado, estudiado y algo me he divertido. Obtengo un plus goce, una alegría serena al ubicarme frente a un lienzo y, ya sé que no dibujo como Dalí ni pinto como Matisse pero El columpio de Fragonard, atrapé sin saber, y Mujer con Sombrero enmarqué en mi casa y una Jirafa ardiendo preside mi despacho y sin premura me atrevo con Klimt, Picasso…y La ignorancia musical, en pasión se transformó, hoy te puedo bailar una jota con castañuelas, palmear jondo el flamenco o cantar una copla, al piano, a mi manera. Y, tal vez, porque lo aprendí a hombros de mi padre, no me puedo olvidar del fútbol, que representa un campo de investigación grupal donde se muestra que el deporte, como el arte, genera humanidad. Y no te exagero un ápice, recibí un premio del público como actor en un corto y algún autógrafo firmé y participé en películas. El cine te enseña a rejuvenecer y a mentir de verdad frente a la doble carencia constitutiva: la imagen y la palabra.   
Treinta años colegiado en Madrid, es una seña en mi ciudad natal, un destino compartido con la ciudad complutense en la que resido. Nunca pude abandonar la capital y dije no a otras propuestas laborales en otras ciudades y continentes, tal vez, porque la sede de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero, se afincó en Madrid, tal vez porque mis amores son tan internacionales como la poesía de mis seres queridos.
En treinta años de trabajo ininterrumpido, me hice millonario en relaciones sociales, y a mis 58 cumpleaños acudieron amigos médicos, músicos, poetas, actores, periodistas, traductores, profesores, pintores, deportistas, quirománticos, magos y algo de locura porque es imposible no invitarla a cantar en el actual mundo en que vivimos. No supe congeniar con los políticos y viudas millonarias no conocí.
Enterré seres queridos, colaboré en que nacieran niños, cultivé flores, ideales y sepulté algún hueso en el jardín del pasado para colaborar con mis tuétanos en la simiente de la historia.
Al cumplir treinta años trabajando en mi consulta, los libros publicados, los pedidos internacionales y mis relaciones sociales, me hacen sentir mesura y templanza para trabajar otros veinte años más, llegar con ello al oro y después evaluar.
Gracias a los que hacen posible seguir deseando salud, educación y cultura para todos.

Dr. Carlos Fernández