sábado, 31 de enero de 2015

Poemas del Recital 25 de enero de 2015


LOS HOTELES SECRETOS

El brillo nómade del mundo
como un ascua en el alma una joya del tiempo
se abre tan sólo al paso de ciertos hechos tormentosos
arrastrados por la corriente
hasta las escaleras cortadas por el mar
en ciertos antros de lujuria de bordes sombríos
poblados por estatuas de reyes
casi irreconocibles entre el reverberar de las antorchas cuya
                             luz es la hiedra que cubre los muros
¡Oh corazón corazón orgulloso!
entrégate al fantasma apostado en la puerta

Ahora que tan bien te conozco
sin otra sed que tu memoria
criatura melancólica que tocas mi alma de tan lejos
invoca en las alcobas el éxtasis y el terror
el lento idioma indomable de la pasión por el infierno
y el veneno de la aventura con sus crímenes
¡Oh! invoca una vez más el gran soplo de antaño
en estas cámaras de piedra enlazada a tu amante
y ambos envueltos en la lona de los días perdidos como el
                              muerto en el mar
y prontos a deshacerse en las hogueras instantáneas
sobre lechos de un metal misterioso que brilla en las tinieblas
                              bajo la zarpa de los candelabros
y el coro de pájaros lascivos girando con furia en las habitaciones
                              selladas por el hierro de otras noches

Pues tales antros solemnes cubiertos de flores carnívoras
con mármoles que se pudren a la sombra de cabelleras opulentas
se balancean labrados pomposamente desde el portal hasta
                              la cúpula
como la nave anclada sobre el abismo
agitando con lentitud sus espejos para adormecer a la mujer
desnuda entre los verdugos que incineran el corazón
                             de la noche
y el zaguán donde se cruzan la lluvia y la frustración
los camareros con el rostro podrido por el tufo de las flores
acumuladas en los pasillos infinitos
el rumor de los suspiros sofocados
los besos entretejidos en nácar tristísimo
la hierba sin nombre en que se hunden sus huéspedes
repiten una vez más entre la sombra
la leyenda del amor que nunca muere

Enrique Molina


Poemas del Recital 25 de enero de 2015


SONETOS A MI PADRE


I

Padre entonces que hacías la esperanza
empeñado de hijos, de hipoteca:
resucito tu mano nunca seca
que no supo de piedra ni de lanza.

Te enfermaba el insomnio cuando juez
pues querías salvar tantos ladrones…
¡Que ya siempre te píen los gorriones y
que tengas juguetes una vez!

Ahora invento que duermes y que existe
tu costumbre de beso, tu alto asombro.
Ahora muevo mi vida con escombro;

ahora soy de verdad la niña triste
que no puede apoyarse ya en tu hombro
porque, padre, en enero te moriste.



II

Ha llegado el dolor violentamente
como llega la lluvia tras la aurora;
hoy sonrío de modo diferente:
con lágrima invisible que no llora.

(Y me digo en secreto: quizás pasa
y es injusto que sepa de ese duelo,
y hasta sigo esperando en mi desvelo
por si pide la llave de la casa…)

No lo puedo creer… te necesito,
estas muerto, mi padre, muertecito.
Jaque mate te dieron esta vez;

pero loca, en delirio sobrehumano,
yo levanto tu pieza con la mano
y te pongo a jugar al ajedrez!




III


Me he vestido de blanco, verde, rojo,
porque el luto no rima con amor.
hace tiempo, mi padre, que tu ojo
rechazaba tinieblas y fulgor.

Que no caiga el granizo ni la nieve
en tu tumba inocente y extranjera,
que te cante ala nacer la primavera
y una flor te perfume el día nueve.

Te reservo la gloria de tu cuarto,
un destello feliz de sol, que aparto,
el poquito de tierra en que naciste,

y la toga, los libros, el serrucho.
Ya no basta quererte mucho, mucho;
te moriste mi padre, te moriste.



IV


Tu sillón de dentista… ¿Dónde está?
Tu violín de estudiante… ¿cómo suena?
enterrabas centavos en la arena
y otros nombres ponías a mamá.

Guardo todas tus cartas y retratos.
en mi sueño tu próstata se cura.
Por el fondo del patio y la ternura
me caminan tus últimos zapatos.

Quiero verte salir en un postigo.
Ven, fantasma; ven, ángel oportuno.
Ya no sé lo que hago, lo que digo.

Porque quiero beber el desayuno
con mi padre, mi sabio, mi mendigo,
en Calzada de Tirry ochenta y uno.



Carilda Oliver Labra

viernes, 30 de enero de 2015

Poemas del Recital 25 de enero de 2015


NUBES


Yo pastor de bulevares
desataba los bancos
y sentado en la orilla corriente del paseo
dejaba divagar mis corderos escolares

Todo había cesado.
Mi cuaderno
única fronda del invierno
y el quiosco bien anclado entre la espuma.

Yo pensaba en los lechos sin
rumbo siempre frescos
para fumar mis versos y contar las estrellas

Yo pensaba en mis nubes.

Olas tibias del cielo
que buscan domicilio sin abatir el vuelo

Yo pensaba en los pliegues de las mañanas bellas
planchadas al revés que mi pañuelo

Pero para volar
es menester que el sol pendule
y que gire
en la mano nuestra
esfera familiar.

Todo es  distinto ya.

Mi corazón bailando equivoca a la estrella
y es tal la fiebre y la electricidad
que alumbra incandescente la botella.

Ni la torre silvestre
distribuye los vientos girando lentamente
ni mis manos ordeñan las horas recipientes.

Hay que esperar el desfile
de las borrascas y las profecías.
Hay que esperar que nazca de la luna
el pájaro mesías.

Todo tiene que llegar.

El oleaje del cine es igual que el  mar.
Los días lejanos cruzan por la pantalla.
Banderas nunca vistas perfuman el espacio
y el teléfono trae ecos de batalla.

Las olas dan la vuelta al mundo.
Ya no hay exploradores del polo y del estrecho
y de una enfermedad desconocida
se mueren los turistas
la guía sobre el pecho.

Las olas dan la vuelta al mundo.

Yo me iría con ellas.

Ellas todo lo han visto.
No retornan jamás ni vuelven la cabeza
almohadas desahuciadas y sandalias de Cristo.

Dejadme recostado eternamente.

Yo fumaré mis versos y llevaré mis nubes
por todos los caminos de la tierra y del cielo.
Y cuando vuelva el sol en su caballo blanco
mi lecho equilibrado alzaré al cielo



Gerardo Diego

domingo, 18 de enero de 2015

Invitación recital




El taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares, tiene el placer de invitarles al Recital de Poesía que tendrá lugar el próximo domingo 25 de enero de 2015, en la localidad de Torrejón de Ardoz (Madrid)

miércoles, 7 de enero de 2015

Poemas del recital 15 de diciembre de 2014


LA TIERRA

I

A veces te siento en las entrañas como una dentellada
clamando la suela de mis zapatos por tus hileras;
a veces la lejanía se me clava en las venas
demandando la sonrisa allí nutrida en los recovecos de la infancia;
a veces tiras de mí, tierra mía, como si un desgarro abriera los abismos,
en el tronco de las desdichas.

Aún retumba el silbido de aquel tren que partiera
a tierras lejanas donde el mar rompe estruendos de dolor;
aún relumbra el cielo estrellado de aquella noche
mientras se  perdía entre las hojas de un débil otoño en la llanura.

El canto de las golondrinas se alejaba cuando
las llantas de los raíles rechinaban tras las cumbres;
sabias ellas, no volverían.

Al pasar de los estíos, siento el frescor del alba empuñando hoces
dispersando frutos entre los valles.
Debo volver siempre sobre las huellas
cada solsticio, abriendo espumas entre los ruiseñores.
No puedo olvidar el seno, sin dejar el camino a la intemperie
de muecas trazadas entre zarzamoras.

Agreste como ninguna dejaste en mí el destino,
incrustado en cada hoja de papel escrita entre oropeles
simulados, en la gran ciudad alejada de tu entraña.
Pintoresca en tu paisaje fijaste el eco de una dulzaina
alrededor de comensales intrusos, galardonando mi lecho.

Pero tu olor a verano me invade cada primavera
reclamando el paseo furtivo bajo alamedas discontinuas,
llevando de la mano nuevas voces al canto entre peñas
que elevan salmos a concilios armonizados.


II

Casi no queda nadie, pero tus calles están llenas de vida,
en cada esquina una sonrisa quedó dibujada;
el sauce sigue añorando la voz de la sabiduría,
tus calles siguen habitadas por las huellas de un padre
que negó su creencia tras la barra incendiaria
y una madre hilando encajes de escaparate.

Casi no queda nadie pero tu entraña me declama,
me arranca de la lejanía como un tornado,
me recuerda que otras ramas siguen contoneando
por tus correderas, tras la muralla siempre sublime.
Que el poeta dejó huella imborrable en papiro inagotable
y que su grave voz aún  se oye entre las gentes.

Aunque mis pies caminan por otras orillas
aunque mis manos bordan otros parajes
y trazan líneas en otras cuartillas
soy forastera.
Aunque pasen mil años en otro lugar, mi siembra no fructifica
aunque pinte de colores los días, sigo siendo extraña.

Los ojos de las gentes me miran detallando otra senda
sin tender el brazo, y sin embargo siento tus brazadas
llegar a la puerta,
cada vez que una copla lejana arrancada del eco
empaña el cristal con la escarcha del frío invierno,
olvidando los sueños depositados en la almohada
robada al fuego estelar.

Mis alas, aunque lejanas, siempre llanean
entre fortalezas escudriñadas a la templanza
emanada por la orillas del río en el cruce de caminos
con destino hacia cumbres llorando al mar.

Quizás porque mi retina lo primero que vio
la alameda altiva frente al zaguán marcando pasos de romanza.
Quizás porque el murmullo contra las piedras
agua venida de altas peñas, compusiera  la nota inolvidable.
O quizás porque la luciérnaga alumbraba las noches sin luna
escondida en  los jarales.

No puedo retornar sin haber empuñado un trozo de ti
Que me abrigue el otoño esperanzado tras los días
que retoñan los avellanos de la ladera del monte
y los frutos para el camino;
no puedo alejarme sin haber contemplado una vez más
el rojo poniente apagando las tardes estivales
que en tu faz tienen diferente color.



III

Quise huir en un tiempo de siembra engatusada
y quise cambiar los horizontes maltrechos de un semblante adoquinado
por la furia incorregible de imberbes sucumbiendo en pautas
en pos de charangas al viento clamando la belleza
perdida entre los barrotes de la soledad urdida
en las raíces del ocaso peregrinaje tras sierras empinadas
alejando almas a destierros desatinados.

Pero no puedo congelar la savia de mis venas
ni puedo borrar la efigie dimanada de tus vergeles
en el espejo de cada mañana


Gloria Gómez Candanedo

martes, 6 de enero de 2015

Poemas del recital 15 de diciembre de 2014


TE BUSCO

 

En la insomne noche retorcida

y en la fría oquedad de días anclados

por el eco de una melodía absurda y lastimero,

en esas densas sombras, te busco.

¡Llama incandescente!

¡Inextinguible fulgor!

Te busco como náufrago moribundo

como surco de tierra, sediento;

siendo la tempestad entre tus brazos,

el suave oleaje de tu pecho,

la cálida voz que aturde mis temores

mientras aquellas manos tallaron mi cuerpo…

anhelo infinito.

Alas abiertas  que desembocan en nuevas mañanas

de brisas encendidas y grandes puertas de íntima libertad.

 

Maribel Domínguez Duarte

 

lunes, 5 de enero de 2015

Poemas del recital 15 de diciembre de 2014


NAVIDAD

Una espesa niebla
finge en lo alto de la montaña
mientras los copos de nieve
van cayendo perplejos
anhelando que el abrazo de un niño
descongele la sangre de los ríos.

Una puerta infinita va cubriéndose
hasta quedarse congelada
y la llave que abriría el corazón del mundo
permanece inmóvil de palabras ociosas
que las leyes impiden ni siquiera mendigar.

Por las calles pasean tímidos, abstraídos…
seres indulgentes que quisieran entrar en otra vida
paralizados por una inverosímil saciedad de tristeza
impotentes ante la mirada del ciervo que no escapa de su opresor.

Las luces adornan las casas
de gentes que viven disfrazadas
que proclaman libertad
para aquellos que tan solo se conforman
arropando con ternura los abrazos rotos
y cobijar a los vivos.

Entonces
los muertos que no llorarán jamás
depositan la carta y enuncian un deseo
a sabiendas que se perderá entre
noches eternas de madrugadas,
que los días están encarcelados en una
única identidad
y que el misterio que susurra la espesa
niebla no se cumple jamás.

El anciano abandona su posición de niño
ya no está solo
pues hoy es Navidad.


Esther Núñez Roma

domingo, 4 de enero de 2015

Poemas del recital 15 de diciembre de 2014


RAPOSA

Inglaterra,
eres la vieja raposa avarienta,
que tiene parada la Historia de Occidente hace más de tres
          siglos,
y encadenado a Don Quijote.
Cuando acabe tu vida
 y vengas ante la Historia grande
Donde te aguardo yo,
¿qué  vas a decir?
¿Qué astucia nueva vas a inventar entonces para engendrar a
          Dios?
¡Raposa!
¡Hija de raposos!
Italia es más noble que tú
y Alemania también.
En su rapiña y en sus crímenes
Hay un turbio hálito nietzscheniano de heroísmo, en el que
        no pueden respirar los mercaderes,
un gesto impetuosos y confuso de jugárselo todo a la última
        carta, que no pueden comprender los hombres
        pragmáticos.
Si abriesen sus puertas los vientos del mundo,
si las abriesen de par en par
y pasase por ellas la justicia
y la democracia heroica del hombre,
yo pactaría con las dos para echar sobre tu cara de vieja
          raposa sin dignidad y sin amor,
toda la saliva y todo el excremento del mundo.
¡Vieja raposa avarienta,
has escondido,
soterrado en el corral,
la llave milagrosa que abre la puerta diamantina de la
       Historia!...
¡No sabes nada!
¡No entiendes nada y te metes en todas las casas a cerrar las
         ventanas
y a cegar la luz de las estrellas!
¡Y los hombres te ven y te dejan!
Te dejan porque creen que ya se le han acabado los rayos a
          Júpiter.
Pero las estrellas no duermen.
Tu imperio es sólo una torre artificiosa de ambiciones
         encadenadas, que se la llevará el viento como las
         cuentas vencidas de un avaro monstruoso. A la larga,
         la Historia es mía, porque yo soy el hombre y tú eres
         sólo un trust de mercaderes.
Vieja raposa avarienta,
has amontonado tu rapiña detrás de la puerta, y tus hijos
         ahora no pueden abrirla para que entren los primeros
         rayos de la nueva aurora del mundo.
Vieja raposa avarienta,
eres un gran mercader.
Sabes llevar muy bien
las cuentas de la cocina
y piensas que yo no sé contar.
¡Sí sé contar!
He contado mis muertos.
Los he contado todos,
los he contado uno por uno.
Los he contado en Madrid,
los he contado en Oviedo,
los he contado en Málaga,
los he contado en Guernica,
los he contado en Bilbao…
los he contado en todas las trincheras;
en los hospitales,
en los depósitos de los cementerios,
en las cunetas de las carreteras,
en los escombros de las casas bombardeadas
(resbalando en la sangre,
tanteando en las sombras y en las ruinas.)
Contando muertos este otoño, en el Paseo del Prado, creí
          una noche que caminaba sobre barro, y eran sesos
          humanos que llevé por mucho tiempo pegados a las
          suelas de mis zapatos.
Los he contado en las plazas y en los parques.
 He visto a un niño con la cabeza rota y doblada sobre su
          velocípedo, en una plaza solitaria, cuando todos
          huían a los refugios.
El 18 de noviembre, sólo en un sótano de cadáveres, conté
          trescientos niños muertos.
Los he contado en los carros de las ambulancias,
en los hoteles,
en los  tranvías,
en el Metro,
en las mañanas lívidas,
en las noches negras sin alumbrado y sin estrellas…
Y en tu conciencia todos ¡Raposa!...
y todos te los has cargado a tu cuenta.
¡Ya ves, si sé contar!

Eres la vieja portera del mundo de occidente…
Tienes desde hace mucho tiempo las llaves de todos los
         postigos de Europa
y puedes dejar entrar y salir por ellos a quien se te antoje.
Y ahora por cobardía
por cobardía  y avaricia nada más
porque quieres guardar tu despensa hasta el último día de la
         Historia,
has dejado meterse en mi solar
a los raposos y a los lobos confabulados del mundo
para que se sacien en mi sangre
y no pidan enseguida la tuya.
Pero ya la pedirán,
ya la pedirán las estrellas.

La Historia es larga,
el hombre eterno,
y tú eres sólo la sombra pasajera de la avaricia.

Oye, Raposa:
Yo soy el grito primero, cárdeno y bermejo de las grandes
      auroras de occidente.
Ayer sobre mi sangre mañanera, el mundo burgués edificó
            en América todas sus factorías y mercados.
Sobre mis muertos de hoy, el mundo de mañana levantará la
           Primera Casa del Hombre.

Y yo volveré,
volveré porque aún hay lanzas y hiel sobre la Tierra.
Volveré,
volveré con mi pecho y con la aurora otra vez.

León Felipe
España 1884 – México 1968

De “Llamadme publicano”

viernes, 2 de enero de 2015

Poemas del recital 15 de diciembre de 2014


TESTIGOS PERDIDOS

Óyeme:
Criatura de pasión y abandono con labios de mil noches que
        no quieren morir
Dilapidada entre la esfinge del pan y del agua
De un país lacerado por la memoria
De adiós en adiós de sombra en sombra la ruta se prolonga
        hasta las islas somnolientas de tu cuerpo
Las mejillas doradas y la increíble maleta sobre la tierra
Entre las comisuras del hotel
Tantas frases de pasión y de odio
Y en la playa las pescadoras bajo sus trenzas chorreantes ba-
        ñándose en el amanecer
Con el escalofrío de sus toscas camisas
Una blanca águila de espumas con senos palpitantes para las
        leyendas del viento
En la implacable mutación de mi sangre
Faz intrusa de la bahía espiando dese el balcón nuestros
        amores sobre el petate
Y tú mi ciencia de extravío
Haciendo desaparecer esos personajes de la extrema alegría
       en las ceremonias ambiguas
Que ligan la tierra y el sueño
Los ídolos vagabundos que sustentaron mi fanatismo y mi
        debilidad

        Óyeme:
Perdida hechicera del perfume del viento en la estación in-
        conmensurable
En el perpetuo conflicto
De beso y ausencia de agonía y furor
Más allá de la parálisis en tu cueva de llamas abrías el jardín
        del desayuno entre las sábanas
y el pozo blanco y sin fondo del pan en la espesura matinal
        de los besos
el talud ha desparecido pero en lo profundo de un reino
        sin tregua
yo hubiera querido seguir balbuceando ante los restos de un
        amor devorador
yo con una manzana nefasta y labios de forajido
cada ribera deshaciéndose cada pájaro de paso cada sonrisa
        con la noche cada objeto en pleno vuelo
instalados como el infierno en una belleza insalvable

        Óyeme:
Gran sombrero de paja en llamas del pequeño vendedor de
        mangos en la escollera
Mercaderías fáusticas altares de la costa
Con fuego y polvo han sido creados estos huacos de imáge
        nes obscenas que sellan vínculos meteóricos
la ciega dulzura de estar vivo en un circo de formas feroces
modificadas a cada latido mientras camino a lo largo de
        los médanos con el pecho constelado por un oro demo-
        níaco
Ese irrisorio antro de cinc de la Aduana deja pasar sin em
        bargo tanta miseria
Tanta mirada ausente
Para esas almas de escándalo que desarraigan, a sus hombres
        con magias confusas
Mordiendo sus lenguas
Con apariciones de voz negra que hablan un idioma encarni
        Zado y húmedo de equinoccio

        Óyeme:
Sexo azul de mujer cuando impones tu autoridad y tu fuerza
        en cualquier límite de estrellas
Entre los movimientos del verano y las sorpresas de una tierra
        que entrega sus secretos
A la luz del delirio
Oh amante desconocida apostada en los más altos vientos a
        mi espera
hacia la irrealidad y la decrepitud
Pero aún prisionera de estos veloces vuelos de alcatraces

Vosotros sois testigos –mujer de antaño virando hacia
        otras dichas
Paisajes tatuados sosías sin identificación ni esperanza
        inventario de viejos sortilegios de mi vida –de que algo
        inmenso y devastador
Como una lámpara que se desborda
Como el diálogo de un dios con el huésped de un burdel del
        olvido
Sobrepasaba instante por instante mi ser oscuro
El terror
El ansioso torbellino de venas de un hombre desconcer-
        tado  por la presión de su aliento.

Enrique Molina
Argentina 1910-1997
De “Unas oscuras alas de mujer”


Poemas del recital 15 de diciembre de 2014


SED DE TI

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
Sed de metal ardiente, sed de raíces ávidas….

Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder  cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.
El alma está incendiada de estas brasas que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.

Pablo Neruda
Chile 1904-1973