domingo, 2 de abril de 2017

SOY COBARDE


SOY COBARDE

 
Cuando las heridas yacen en el pecho del niño,
y la luz ciega las mentes obscenas
ante el horror del fuego secando los ríos,
envenenando los campos.

 
La angustia del llanto puesto en palabras
palabras de súplica
súplica ante un dios, ante Dios
como la única  salida
como el único resquicio,
cuando la inmensidad de la noche
hace creer en El.

 
Nadie oye el palpitar de la soledad,
nadie escucha los latidos quebrantados,
nadie es capaz de parar la guerra,
ni siquiera cuando un niño
clama a Dios,
con su voz ,
con una voz de dolor,
unos ojos abiertos al peor de los horrores.

 
Ante la estupefacción inerme
los hombres del podio alzan la vista
a lo inexorable de su garganta
y desde su atalaya no alcanzan a ver la muchedumbre,
sus manos perdidas sin el tacto de una piel
agarran con fuerza la pólvora de sus gemidos
como única caricia entre las sábanas.

 
Sus llantos ni sofocados, ni conciliados
perduran en aquel cachivache de plomo distanciado
sin poder terminar la batalla.
En aquel cachivache reflejando la insolencia
de besos ausentes al levantamiento
de una mano dura,
aún siguen debatiéndose en el cruel enredo
de las miradas alejadas a su paso
en busca del heno.

 
No, no pueden parar la guerra
aunque un niño clame a Dios.
Aunque la voz del niño retumbe
en la faz de la tierra
y mueva los latidos de todos los corazones
debatiendo las heridas ante Dios.

 
Esos hombres siguen en la sombra que les da su propio sol,
acallando temblores de pasiones soslayadas
en la cuna tras la traición,
su mirada traspasa el fulgor de las hogueras
ante la lanza de las vanidades.

 
No, no pueden parar la guerra.

 
Gloria Gómez Candanedo
Integrante del Taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

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