JURAMENTO DE LA ALEGRÍA
Sobre la roja España blanca y roja,
blanca
y fosforescente,
una historia de polvo se deshoja,
irrumpe un sol unánime, batiente.
Es un pleno de abriles,
una primaveral caballería,
que inunda de galopes los perfiles
de España; es el ejército del sol, de
la alegría.
Desaparece la tristeza, el día
devorador, el marchitado tallo,
cuando, avasalladora llamarada,
galopa la alegría en un caballo
igual que una bandera desbocada.
A su paso se paran los relojes,
las abejas, los niños se alborotan,
los vientres son más fértiles, más
profusas las trojes,
saltan las piedras, los lagartos
trotan.
Se hacen las carreteras de diamantes,
el horizonte lo perturban mieses
y otras visiones relampagueantes,
y se sienten felices los cipreses.
Avanza la alegría derrumbando montañas
y las bocas avanzan como escudos.
Se levanta la risa, se caen las
telarañas
ante el chorro potente de los dientes
desnudos.
La alegría es un huerto del corazón con
mares
que a los hombres invaden de
rugidos,
que a las mujeres muerden de collares
y a la piel de relámpagos transidos.
Alegraos por fin carcomidos,
los desplomados bajo la tristeza:
salid de los vivientes ataúdes,
sacad de entre las piernas la cabeza,
caed en la alegría como grandes
taludes.
Alegres animales,
la cabra, el gamo, el potro, las
yeguadas,
se desposan delante de los hombres
contentos.
Y paren las mujeres lanzando
carcajadas,
desplegando en su carne firmamentos.
Todo son jubilosos juramentos.
Cigarras, viñas, gallos incendiados,
los árboles del ur: naranjos y nopales,
higueras y palmeras y granados,
y encima el mediodía curtiendo
cereales.
Se despedaza el agua en los zarzales:
las lágrimas no arrasan,
no duelen las espinas ni las flechas.
Y se grita ¡salud! A todos los que pasan
con la boca anegada de cosechas.
Tiene el mundo otra cara. Se acerca lo
remoto
en una muchedumbre de bocas y de
brazos.
Se ve la muerte como un mueble roto,
como una blanca silla hecha pedazos.
Salí del llanto, me encontré en España,
en una plaza de hombres de fuego
imperativo.
Supe que la tristeza corrompe,
enturbia, daña…
Me alegré seriamente lo mismo que el
olivo.
Miguel Hernández
Cuadro: "La flor de la alegría" de Miguel Oscar Menassa