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lunes, 11 de mayo de 2026

AL CIELO

 


AL CIELO

 

El puro azul ennoblece mi

corazón. Sólo tú, ámbito altísimo

inaccesible a mis labios, das paz y calma plenas

al agitado corazón con que estos años vivo.

Reciente la historia de mi juventud, alegra todavía

y dolorosa ya, mi sangre se agita, recorre su cárcel

y roja de oscura hermosura, asalta el muro

débil del pecho, pidiendo tu vista,

cielo feliz que en la mañana rutilas,

que asciendes entero y majestuoso presides

mi frente clara, donde mis ojos te besan.

Luego declinas, ¡oh sereno, oh puro don de la altura!,

cielo intocable que siempre me pides, sin cansancio, mis besos,

como de cada mortal, virginal, solicitas.

Sólo por ti mi frente pervive el sucio embate de la sangre.

Interiormente combatido de la presencia dolorida y feroz,

recuerdo impío de tanto amor y de tanta belleza,

una larga espada tendida como sangre recorre

mis  venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,

das calma a este acero sin tregua que me yergue en el mundo.

Baja, baja dulce para mí y da paz a mi vida.

Hazte blando a mi frente como una mano tangible

y oiga yo como un trueno que sea dulce una voz

que, azul, sin celajes, clame largamente en mi cabellera.

Hundido en ti, besado del azul poderoso y materno,

mis labios sumidos en tu celeste luz apurada

sientan tu roce meridiano, y mis ojos

ebrios de tu estelar pensamiento te amen,

mientras así peinado suavemente  por el soplo de los astros,

mis oídos escuchan al único amor que no muere.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Espacio envuelto" de Miguel O. Menassa 

 


jueves, 7 de mayo de 2026

HUMANA VOZ

 


HUMANA VOZ

 

Duele la cicatriz de la luz,

duele en el suelo la misma sombra de los dientes,

duele todo,

hasta el zapato triste que se lo llevó el río.

 

Duelen las plumas del gallo,

de tantos colores

que la frente no sabe qué postura tomar

ante el rojo cruel del poniente.

 

Duele el alma amarilla o una avellana lenta,

la que rodó mejilla abajo cuando estábamos dentro del agua

y las lágrimas no se sentían más que al tacto.

 

Duele la avispa fraudulenta

que a veces bajo la tetilla izquierda

imita un corazón o un latido,

amarilla como el azufre no tocado

o las manos del muerto a quien queríamos.

 

Duele la habitación como la caja del pecho,

donde las palomas blancas como sangre

pasan bajo la piel sin pararse en los labios

a hundirse en las entrañas con sus alas cerradas.

 

Duele el día, la noche,

duele el viento gemido,

duele la ira o espada seca,

aquello que se besa cuando es de noche.

 

Tristeza. Duele el candor, la ciencia,

el hierro, la cintura,

los límites y esos brazos abiertos, horizonte

como corona contra las sienes.

 

Duele el dolor. Te amo.

Duele, duele. Te amo.

Duele la tierra o uña,

espejo en que estas letras se reflejan.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro de Miguel O.Menassa 

martes, 17 de febrero de 2026

MENSAJE

 


MENSAJE

 

   Amigos, no preguntéis a la gozosa mañana

por qué el sol intangible da su fuerza a los hombres.

Bebed su claro don, su lucidez en la sombra,

en los brazos amantes de ese azul inspirado,

y abrid los ojos sobre la belleza del mar, como del amor,

ebrios de luz sobre la hermosa vida,

mientras cantan los pájaros su mensaje infinito

y hay un presentimiento de espuma en vuestras frentes

y un rapto de deseo en los aires dichosos,

que como labios dulces trémulamente asedian.

 

   Vosotros venís de la remota montaña,

quieta montaña de majestad velada,

pero no ignoráis la luz, porque en los ojos nace

cada mañana el mar con su azul intocable,

su inmarcesible brío luminoso y clamante,

palabra entera que un universo grita

mientras besa a la tierra con perdidas espumas.

 

   Recogiendo del aire una voz, un deseo,

un misterio que una mano quizá asiera un día entre un

          vuelo de pájaros,

contempláis el amor, cósmico afán del hombre,

y esa fragante plenitud de la tierra

donde árboles colmados de primavera urgente

dan su luz o sus poemas a unos labios sedientos.

 

   Mirad el vasto coro de las nubes,

alertas sobre el mar,

enardecidas reflejar el mensaje

de un sol de junio que abrasado convoca

a una sangre común con su luz despiadada.

Embebed en vuestra cabellera el rojo ardor de los besos

         inmensos

que se deshacen salpicados de brillos,

y destelle otra vez, y siempre, en vuestros ojos el verde

         piafador de las playas,

donde un galope oculto de mar rompe en espumas.

Besad la arena, acaso eco del sol, caliente a vino, la celeste

         mensaje,

licor de luz que en los labios chorrea

y trastorna en la ebria lucidez a las almas,

veladoras después en la noche de estrellas.

 

   ¡Ah! Amigos, arroja lejos, sin mirar, los artefactos

       tristes,

tristes ropas, palabras, palos ciegos, metales,

y desnudos de majestad y pureza frente al grito del mundo,

lanzad el cuerpo al abismo de la mar, de la luz, de la dicha

          inviolada,

mientras el universo, ascua pura y final, se consume.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Obsservando la experiencia" de Miguel O. Menassa

martes, 3 de febrero de 2026

ETERNO SECRETO

 


ETERNO SECRETO

 

La celeste marca del amor en un campo desierto

donde hace unos minutos lucharon dos deseos,

donde todavía por el cielo un último pájaro se escapa,

caliente pluma que unas manos han retenido.

 

Espera, espera siempre.

Todavía llevas

el radiante temblor de una piel íntima,

de unas celestes manos mensajeras

que al cabo te enviaron para que te reflejases en el

           corazón vivo,

en ese oscuro hueco sin latido

del ciego y sordo y triste que en tierra duerme su opacidad

          sin lengua.

 

Oh tú, tristísimo minuto en que el ave misteriosa,

la que no sé, la que nadie sabrá de dónde llega,

se refugia en el pecho de ese cartón besado, 

besado por la luna que pasa sin sonido,

como un largo vestido o un perfume invisible.

 

Ay tú, corazón que no tiene forme de corazón;

caja mísera, cartón que sin destino quiere latir mientras

          duerme,

mientras el color verde de los árboles próximos

se estira como ramas enlazándose sordas.

 

¡Luna cuajante fría que a los cuerpos darías calidad de

         cristal!

Que a las almas darías apariencia de besos;

en un bosque de palmas, de palomas dobladas,

de picos que se traman como las piedras inmóviles.

 

¡Luna, luna, sonido, metal duro o temblor:

ala, pavoroso plumaje que rozas un oído,

que musitas la dura cerrazón de los cielos,

mientras mientes un agua que parece la sangre!.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Una pasión irremediable" de Miguel O. Menassa

 

 

lunes, 2 de febrero de 2026

PISADA HUMANA

 


PISADA HUMANA

 

Esa huella no es beso.

No es tampoco un gemido, un sollozo, una huida,

un testimonio vivo que alguien deja.

Es la huella de un pie: ¡pisada humana!

El pie o la flor, el pie o la espuma, el pie o la gravitación

         total que pesa y cruje.

Allí en la huella, la suavidad de la planta. Allí la finísima

         estructura calcárea,

la delicadeza del pétalo, los cinco dedos que un momento

        reunidos compusieron la flor, volaron. Ahí se miran.

Allí la rosa carne que tembló en la arena,

pulsó: vibró el mundo; alejóse.

Allí todavía el pie desnudo, impreso como un beso a la

        tierra.

Allí la forma esbelta que se levantó con raíz instantánea

y un momento se abrió en un cuerpo y dio su olor, y se

        desvaneció.

Brilló con flor arriba, con locura suave…

Allí cabeceó, criatura justa que hubo nacido, crecido,

         brillado, desaparecido,

en el momento irrepetible de la pisada.

 

Vicente Aleixandre

domingo, 1 de febrero de 2026

VISIÓN JUVENIL DESDE OTROS AÑOS

 




VISIÓN JUVENIL DESDE OTROS AÑOS

 

Al nacer se prodigan

las palabras que dicen muerte, asombro.

Como entre dos sonidos, hay un beso o un murmullo.

Conocer es reír, y el alba ríe.

 

Ríe, pues la tierra es un pecho que convulsivo late.

Carcajada total que no es son, pero vida,

pero luces que exhala

algo, un pecho: el planeta.

 

Es un cuerpo gozoso.

No importa lo que él lleva,

mas su inmenso latir por el espacio.

Como un niño flotando, como un niño en la

          dicha.

Así el joven miró y vio el mundo, libre.

 

Quizá entre dos besos,

quizá al seno de un beso:

Tal sintió entre dos labios.

Era un fresco reír, de él o del mundo.

 

Pero el mundo perdura,

no entre dos labios sólo: el beso acaba.

Pero el mundo rodando,

libre, sí, es cual un beso,

aun después que aquel muere.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Nuestra juventud" de Miguel O. Menassa

sábado, 31 de enero de 2026

COMO LA MAR, LOS BESOS

 

COMO LA MAR, LOS BESOS

 

No importan los emblemas

ni las vanas palabras ue son un soplo sólo.

Importa el eco de lo que oí y escucho.

Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar

aquí aún te hablo.

 

Eras más consistente

más duradera, o porque te besase,

ni porque en ti asiera firme a la existencia.

Sino porque como la mar

después que arena invade temerosa se ahonda.

En verdes o en espumas la mar, feliz, se aleja.

Como ella fue y volvió tú nunca vuelves.

 

Quizá porque, rodada

sobre playa sin fin, no pude hallarte.

La huella de tu espuma,

cuando el agua se va, queda en los bordes.

 

Solo bordes encuentro. Sólo el filo de voz que en mí

        quedara.

Como un alga tus besos.

Mágicos en la luz, pues muertos tornan.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Celebración en el mar" de Miguel O. Menassa

jueves, 28 de agosto de 2025

LOS POETAS

 


LOS POETAS

 

¿Los poetas, preguntas?

Yo vi una flor quebrada

por la brisa. El clamor

silencioso de pétalos

cayendo arruinados

de sus perfectos sueños.

¡Vasto amor sin delirio

bajo la luz volante,

mientras los ojos miran

un temblor de palomas

que una asunción inscriben!

Yo vi, yo vi otras alas.

Vastas alas dolidas.

Ángeles desterrados

de su celeste origen

en la tierra dormían

su paraíso excelso.

Inmensos sueños duros

todavía vigentes

se adivinaban sólidos

en su frente blanquísima.

¿Quién miró aquellos mundos,

isla feraz de un sueño,

pureza diamantina

donde el amor combate?

¿Quién vio nubes volando, 

brazos largos, las flores,

las caricias, la noche

bajo los pies, la luna

como un seno pulsando?

Ángeles sin descanso

tiñen sus alas lúcidas

de un rubor sin crepúsculo

entre los valles verdes.

Un amor, mediodía,

vertical se desploma

permanente en los hombros

desnudos del amante.

Las muchachas son ríos

felices; sus espumas

-manos continuas- atan

a los cuellos las flores

de una luz suspirada

entre hermosas palabras.

Los besos, los latidos,

las aves silenciosas,

todo está allá, en los senos

secretísimos, duros,

que sorprenden continuos

a unos labios eternos.

¡Qué tierno acento impera

en los bosques sin sombras,

donde las suaves pieles,

la gacela sin nombre,

un venado dulcísimo,

levanta su respuesta

sobre su frente al día!

¡Oh, misterio del aire

que se enreda en los bultos

inexplicablemente,

como espuma sin dueño!

Ángeles misteriosos,

humano ardor, erigen

cúpulas pensativas

sobre las frescas ondas.

Sus alas laboriosas

mueven un viento esquivo,

que abajo roza frentes

amorosas del aire.

Y la tierra sustenta

pies desnudos, columnas

que el amor ensalzara,

templos de dicha fértil,

que la luna revela.

Cuerpos, almas o luces

repentinas, que cantan

cerca del mar, en liras

casi celestes, solas.

¿Quién vio ese mundo sólido,

quién batió con sus plumas

ese viento radiante

que en unos labios muere

dando vida a los hombres?

¿Qué legión misteriosa,

ángeles en destierro

continuamente llega,

invisible a los ojos?

No, no preguntes; calla.

La ciudad, sus espejos,

su voz blanca, su fría

crueldad sin sepulcro,

desconoce esas alas.

Tú preguntas, preguntas…

 

Vicente Aleixandre

Cuadro de Salvador Dalí

 

viernes, 25 de julio de 2025

EL POETA

 


EL POETA

 

Para ti, que conoces cómo la piedra canta,

y cuya delicada pupila sabe ya del peso de una

montaña sobre un ojo dulce,

y cómo el resonante clamor de los bosques se

aduerme suave un día en nuestras venas;  

 

para ti, poeta, que sentiste en tu aliento

la embestida brutal de las aves celestes,

y en cuyas palabras tan pronto vuelan las poderosas

alas de las águilas

como se ve brillar el lomo de los calientes peces

sin sonido:

oye este libro que a tus manos envío

con ademán de selva,

pero donde de repente una gota fresquísima de

rocío brilla sobre una rosa,

o se ve batir el deseo del mundo,

la tristeza que como párpado doloroso

cierra el poniente y oculta el sol como una lágrima

oscurecida,

mientras la inmensa frente fatigada

siente un beso sin luz, un beso largo,

unas palabras mudas que habla el mundo finando.

Sí, poeta: el amor y el dolor son tu reino.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Poeta encandilado" de Miguel O. Menassa

martes, 24 de junio de 2025

LA VERDAD

LA VERDAD

 

¿Qué sonríe en la sombra sin muros que ensordece

mi corazón? ¿Qué soledad levanta

sus torturados brazos sin luna y grita herida

a la noche? ¿Quién canta sordamente en las ramas?

 

Pájaros no: memoria de pájaros. Sois eco,

sólo eco, pluma vil, turbia escoria, muerta materia sorda

aquí en mis manos. Besar una ceniza

no es besar el amor. morder una seca rama

no es poner estos labios brillantes sobre un seno

cuya turgencia tibia dé lumbre a estos marfiles

rutilantes. ¡El sol, el sol deslumbra!

 

Separar un vestido crujiente, resto inútil

de una ciudad. Poner desnudo

el manantial, el cuerpo luminoso, fluyente,

donde sentir la vida ferviente entre los ramos

tropicales, quemantes, que un ecuador empuja.

 

Bebed bebed la rota pasión de un mediodía

que en el cenit revienta sus luces y os abrasa

volcadamente entero, y os funde. ¡Muerte hermosa vital,

ascua del día! ¡Selva virgen que en llamas te destruyes!

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "La cueva del saber" de Miguel Oscar Menassa


viernes, 27 de diciembre de 2024

LA NOCHE

 


LA NOCHE

 

Fresco sonido extinto o sombra, el día me encuentra.

Sí, como muerte, quizá como suspiro,

quizá como un solo corazón que tiene bordes,

acaso como límite de un pecho que respira;

como un agua que rodea suavemente una forma

y convierte a ese cuerpo en estrella en el agua.

Quizá como el viaje de un ser que se siente arrastrado

a la final desembocadura en que a nadie se conoce,

en que la fría sonrisa se hace sólo con los dientes,

más dolorosa cuanto que todavía las manos están tibias.

Sí. Como ser que, vivo, porque vivir es eso,

llega en el aire, en el generoso transporte

que consiste en tenderse en la tierra y esperar,

esperar que la vida sea una fresca rosa.

Sí, como la muerte que renace en el viento.

Vida, vida batiente que con forma de brisa,

con forma de huracán que sale de un aliento,

mece las hojas, mece la dicha o el color de los pétalos,

la fresca flor sensible en que alguien se ha trocado.

Como joven silencio, como verde o laurel;

como la sombra de un tigre hermoso que surte de la selva;

como alegre retención de los rayos del sol en el plano del agua;

como la viva burbuja que un pez dorado inscribe en el azul del cielo.

Como la imposible rama en que una golondrina no detiene su vuelo…

El día me encuentra.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Nocturno del hueco" de Miguel O. Menassa

 

 

sábado, 28 de septiembre de 2024

MUÑECAS



MUÑECAS

 

Un coro de muñecas,

cartón amable para unos labios míos,

cartón de luna o tierra acariciada,

muñecas como liras

a un viento acero que no, apenas si las toca.

 

Muchachas con un pecho

donde élitros de bronce,

diente fortuito y sed bajo lo oscuro,

muerde –escarabajo fino,

lentitud goteada por una piel sedeña.

 

Un coro de muñecas

cantando con los codos,

midiendo dulcemente los extremos,

sentado sobre un niño;

boca, humedad lasciva, casi pólvora,

carne rota en pedazos como herrumbre.

 

Boca, boca de fango,

amor, flor detenida, vida, abierta,

boca, boca, nenúfar,

sangre amarilla o casta por los aires.   

 

Muchachas, delantales,

carne, madera o liquen,

musgo frío del vientre sosegado

respirando ese beso ambiguo o verde.

 

Mar, mar dolorido o cárdeno,

flanco de virgen, duda inanimada.

Gigantes de placer que sin cabeza

soles radiantes sienten sobre el hombro.

 

Vicente Aleixandre

 

 

 


viernes, 22 de septiembre de 2023

EL VIEJO Y EL SOL

 


EL VIEJO Y EL SOL

 

 

Había vivido mucho.

Se apoyaba allí viejo, en un tronco, en un gruesísimo

   tronco, muchas tardes cuando el sol caía.

Yo pasaba por allí a aquellas horas y me detenía a observarle.

Era viejo y tenía la faz arrugada, apagados, más que

   tristes los ojos.

Se apoyaba en el tronco, y el sol se le acercaba primero,

   le mordía suavemente los pies

y allí se quedaba unos momentos como acurrucado.

Después ascendía e iba sumergiéndole, anegándole,

tirando suavemente de él, unificándole en su dulce luz.

¡Oh el viejo vivir, el viejo quedar, como se desleía!

Toda la quemazón, la historia de la tristeza, el resto de

   las arrugas, la miseria de la piel roída,

¡cómo iba lentamente limándose, deshaciéndose!

Como una roca que en el torrente devastados se va

   dulcemente desmoronando,

rindiéndose a un amor sonorísimo,

así, en aquel silencio, el viejo se iba lentamente

   anulando, lentamente entregando.

Y yo veía el poderoso sol lentamente morderle con

   mucho amor y adormirle

para así poco a poco tomarle, para así poquito a poco

   disolverle en su luz,

como una madre que a su niño suavísimamente en su

   seno lo reinstalase.

 

Yo pasaba y lo veía. Pero a veces no veía sino un

   sutilísimo resto. Apenas un levísimo encaje del ser.

Lo que quedaba después que el viejo amoroso, el viejo

   dulce, había pasado ya a ser la luz

y despaciosísimamente era arrastrado en los rayos

   postreros del sol,

como tantas otras invisibles cosas del mundo.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Hojas de otoño" de Miguel Oscar Menassa

 

viernes, 21 de julio de 2023

DESTINO DE LA CARNE

 


DESTINO DE LA CARNE

 

 

No, no es eso. No miro

del otro lado del horizonte un cielo.

No contemplo unos ojos tranquilos, poderosos,

que aquietan a las aguas feroces que aquí braman.

No miro esa cascada de luces que descienden

de una boca hasta un pecho, hasta unas manos blandas,

finitas, que a este mundo contienen, atesoran.

 

Por todas partes v eo cuerpos desnudos, fieles

al cansancio del mundo. Carne fugaz que acaso

nació para ser chispa de luz, para abrasarse

de amor y ser la nada sin memoria, la hermosa redondez de la luz.

Y que aquí está, aquí está, marchitamente eterna,

sucesiva, constante, siempre, siempre cansada.

 

Es inútil que un viento remoto, con forma vegetal, o una lengua,

lama despacio y largo su volumen, lo afile,

lo pula, lo acaricie, lo exalte.

Cuerpos humanos, rocas cansadas, grises bultos

que a la orilla del mar conciencia siempre

tenéis de que la vida no acaba, no, heredándose.

Cuerpos que mañana repetidos, infinitos, rodáis

como una espuma lenta, desengañada, siempre.

¡Siempre carne del hombre, sin luz! 

Siempre rodados desde allá, 

de un océano sin origen que envía ondas, 

ondas, espumas, cuerpos cansados, 

bordes de un mar que no se acaba 

y que siempre jadea en sus orillas.

 

Todos, multiplicados, repetidos, sucesivos, amontonáis la carne,

la vida, sin esperanza, monótonamente iguales bajo los

cielos hoscos que impasibles se heredan.

Sobre ese mar de cuerpos que aquí vierten sin tregua, 

que aquí rompen redondamente y quedan mortales en las playas,

no se ve, no, ese rápido esquife, ágil velero

que con quilla de acero, rasgue, sesgue,

abra sangre de luz y raudo escape

hacia el hondo horizonte, hacia el origen

último de la vida, al confín del océanos eterno

que humanos desparrama

sus grises cuerpos. Hacia la luz, 

hacia esa escala ascendiente de brillos que

de un pecho benigno hacia una boca sube,

hacia unos ojos grandes, totales que contemplan,

hacia unas manos mudas, finitas, que aprisionan,

donde cansados siempre, vitales, aún nacemos.

 

Vicente Aleixandre

jueves, 16 de marzo de 2023

MÁS ALLÁ


 

MÁS ALLÁ

 

 

Más allá de la vida, mi amor, más allá siempre,

ahora ligeros, únicos, sobre un lecho de estrellas,

poblamos a la noche sin límites, vivimos

en muerte, oh hermosa mía, una noche infinita.

 

Sobre un seno azulado reposa blandamente

su testa fatigada del mundo. Siento sólo

tu sangre ya poblada de luces, de miríadas

de astros, y beso el pulso suave del universo y toco

su rostro con el leve fulgor de mi mejilla.

 

Oh triste, oh grave noche completa. Amada, yaces

perfecta y te repaso te ciño. Mundo solo.

Universal vivir de un cuerpo que, hecho luces,

más allá de la vida de un hombre amor permites.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro de Van Gogh

 

 

miércoles, 15 de marzo de 2023

LAS PALABRAS DEL POETA

 


LAS PALABRAS DEL POETA

 

 

Después de las palabras muertas,

e las aun pronunciadas o dichas,

¿qué esperas? Unas hojas volantes,

más papeles dispersos.  ¿Quién sabe? Unas palabras

deshechas, como el eco o la luz que muere allá en gran noche.

 

Todo es noche profunda.

Morir es olvidar unas palabras dichas

en momentos de delicia o de ira, de éxtasis o abandono,

cuando, despierta el alma, por los ojos se asoma

más como la luz que cual sonido experto.

Experto, pues que dispuesto fuese

en virtud de un son sobre página abierta,

apoyado en palabras, o ellas con el sonido calan

el aire y se reposan. No con virtud suprema,

pero sí con un orden, infalible, si quieren.

 

Pues obedientes, ellas, las palabras, se atienen

a su virtud y dóciles

se posan soberanas, bajo la luz se asoman

por una lengua humana que a expresarlas se aplica.

 

Y la mano reduce

su movimiento a hallarlas,

no: a descubrirlas, útil, mientras brillan, revelan,

cuando no, en desengaño, se evaporan.

 

Así, quedadas a las veces, duermen,

residuo al fin de un fuego intacto

que si murió no olvida,

pero débil su memoria dejó, y allí se hallase.

 

Todo es noche profunda.

Morir es olvidar palabras, resortes, vidrio, nubes,

para atenerse a un orden

invisible de día, pero cierto en la noche, en gran abismo.

Allí la tierra, estricta,

no permite otro amor que el centro entero.

Ni otro beso que serle.

Ni otro amor que el amor que, ahogado, irradia.

 

En la noches profundas

correspondencia hallasen

las palabras dejadas o dormidas.

En papeles volantes, ¿quién las sabe u olvida?

Alguna vez, acaso, resonarán, ¿quién sabe?,

en unos pocos corazones fraternos.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "El poeta llega a Madrid"