AL CIELO
El puro azul ennoblece mi
corazón. Sólo tú, ámbito
altísimo
inaccesible a mis labios,
das paz y calma plenas
al agitado corazón con que
estos años vivo.
Reciente la historia de mi
juventud, alegra todavía
y dolorosa ya, mi sangre
se agita, recorre su cárcel
y roja de oscura
hermosura, asalta el muro
débil del pecho, pidiendo
tu vista,
cielo feliz que en la
mañana rutilas,
que asciendes entero y
majestuoso presides
mi frente clara, donde mis
ojos te besan.
Luego declinas, ¡oh
sereno, oh puro don de la altura!,
cielo intocable que
siempre me pides, sin cansancio, mis besos,
como de cada mortal,
virginal, solicitas.
Sólo por ti mi frente
pervive el sucio embate de la sangre.
Interiormente combatido de
la presencia dolorida y feroz,
recuerdo impío de tanto
amor y de tanta belleza,
una larga espada tendida
como sangre recorre
mis venas, y sólo tú, cielo agreste, intocado,
das calma a este acero sin
tregua que me yergue en el mundo.
Baja, baja dulce para mí y
da paz a mi vida.
Hazte blando a mi frente
como una mano tangible
y oiga yo como un trueno
que sea dulce una voz
que, azul, sin celajes,
clame largamente en mi cabellera.
Hundido en ti, besado del
azul poderoso y materno,
mis labios sumidos en tu
celeste luz apurada
sientan tu roce meridiano,
y mis ojos
ebrios de tu estelar
pensamiento te amen,
mientras así peinado
suavemente por el soplo de los astros,
mis oídos escuchan al único
amor que no muere.
Vicente Aleixandre
Cuadro: "Espacio envuelto" de Miguel O. Menassa

No hay comentarios:
Publicar un comentario