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domingo, 16 de marzo de 2025

EL PRIMER CORO DE LA ROCA

 

 


EL PRIMER CORO DE LA ROCA

 

Se cierne el águila en la cumbre del cielo,

el cazador y la jauría cumplen su círculo.

¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!

¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!

¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!

El infinito ciclo de las ideas y de los actos,

infinita invención, experimente infinito,

trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;

conocimiento del habla, pero no del silencio;

conocimiento de las palabras e ignorancia de la palabra.

Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,

toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,

pero la cercanía de la muerte no nos acerca Dios.

¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?

¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?

Los ciclos celestiales en veinte siglos

nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.

 

Thomas Stearns Eliot

Cuadro: "Abrazo del viento" de Miguel Oscar Menassa

lunes, 24 de junio de 2024

RAPSODIA DE UNA NOCHE DE VIENTO

 


RAPSODIA DE UNA NOCHE DE VIENTO

 

Las doce.

A lo largo de los cauces de la calle

sostenidos en síntesis lunar,

susurrando encantamientos lunares,

se disuelven los suelos de la memoria

y todas sus claras relaciones,

sus divisiones y precisiones,

cada farol que dejó atrás

resuena como un tambor fatalista,

y  a través de los espacios de lo oscuro

la medianoche sacude la memoria

como un loco agitando un geranio muerto.

La una y media,

el farol rociaba,

el farol mascullaba,

el farol decía: “Observa a esa mujer

que vacila hacia ti en la luz de la puerta

que se abre hacia ella como una mueca.

Ves que el borde de su vestido

está desgarrado y sucio de arena,

y ves que el rabillo del ojo

se le retuerce como un alfiler torcido”.

La memoria arroja y deja en seco

una multitud de cosas retorcidas;

una rama retorcida en la playa,

devorada, lisa, y pulida

como si el mundo rindiera

el secreto de un esqueleto,

rígido y blanco.

Un muelle roto en el solar de una fábrica,

óxido que se agarra a la forma que la fuerza ha dejado

dura y enroscada y dispuesta a dispararse.

Las dos y media.

El farol dijo:

“Observa al gato que se aplana en el arroyo,

saca la lengua furtiva

y devora un bocado de manteca rancia”.

Así la mano del niño, automática,

salió furtiva y se embolsó un juguete que corría por el muelle.

 

No vi nada tras los ojos de ese niño.

He visto ojos en la calle

tratando de escudriñar a través de postigos con luz,

y un cangrejo una tarde en un charco,

un viejo cangrejo con lapas en la espalda,

agarró el extremo  de un palo que le tendí.

Las tres y media,

el farol espurreaba,

el farol mascullaba en lo oscuro.

El farol canturreaba:

“Observa la luna,

la lune ne garde aucune rancune,

guiña un débil ojo,

sonríe a los rincones.

Alisa el pelo de la hierba.

La luna ha perdido la memoria.

Una desvaída viruela le agrieta la cara,

su mano retuerce una rosa de papel,

que huele a polvo y agua de colonia.

Está sola

con todos los viejos olores nocturnos

que cruzan y cruzan por su cerebro”.

Viene la reminiscencia

de secos geranios sin sol

y polvo en grietas,

olores de castañas en las calles,

olores femeninos en cuartos de ventanas cerradas,

y cigarrillos en pasillos

y olores de cócteles en bares.

El farol dijo:

“Las cuatro.

Aquí está el número en la puerta.

¡Memoria!

 Tienes la llave,

la lamparilla extiende un círculo en la escalera, sube.

La cama está abierta: el cepillo de dientes cuelga en la pared,

deja los zapatos a la puerta, duerme, prepárate para la vida.

“El último retorcimiento del cuchillo”.

 

Thomas S. Elliot

Cuadro: "Recordando el baile de la bella" de Miguel O. Menassa

 

 

 

jueves, 20 de junio de 2024

LOS HOMBRES HUECOS

 


LOS HOMBRES HUECOS

I

Somos los hombres huecos.

Los hombres rellenos de aserrín

Que se apoyan unos contra otros

Con cabezas embutidas de paja¡Sea!

Ásperas nuestras voces, cuando

Susurramos juntos

Quedas, sin sentido

Como viento sobre hierba seca

O el trotar de ratas sobre vidrios rotos

En los sótanos secos

Contornos sin forma, sombras sin color,

Paralizada fuerza, ademán inmóvil;

Aquellos que han cruzado

Con los ojos fijos, al otro Reino de la muerte

Nos recuerdan –si acaso-

No como almas perdidas y violentas

Sino, tan sólo, como hombres huecos,

Hombres rellenos de aserrín.

 

1925

Thomas S. Elliot

Cuadro: "Hasta aquí llegó el hombre" de Miguel O. Menassa

 

sábado, 29 de diciembre de 2018

Poesía en Navidad - Thomas S. Elliot


EL CULTIVO DE LOS ÁRBOLES DE NAVIDAD

Hay muchas actitudes hacia la Navidad,
algunas de las cuales podemos desechar:
la social, la torpe, la abiertamente comercial,
la juerguista (los bares abiertos hasta medianoche)
y la pueril –que no es la del niño
para quien la vela es una estrella y el ángel dorado
que despliega sus alas en la cima del árbol
es no un simple adorno, sino un ángel.
El niño se embelesa ante el Árbol de Navidad:
dejadle conservar ese espíritu de admiración
ante la Fiesta en cuanto evento no aceptado como pretexto;
de modo que el arrebato centelleante, la maravilla
del primer Árbol de Navidad recordado,
de modo que las sorpresas, el deleite en nuevas posesiones
(cada cual con su peculiar y emocionante olor),
la expectativa del ganso o del pavo
y el esperado sobrecogimiento ante su aparición,
de modo que la reverencia y la alegría
no lleguen a olvidarse en la experiencia posterior,
en el aburrido acostumbramiento, la fatiga, el tedio,
la certeza de la muerte, la conciencia del fracaso,
o en la piedad del converso,
que puede estar teñida de arrogancia
desagradable a Dios e irrespetuosa hacia los niños
(y aquí recuerdo también con  gratitud
a santa Lucía, su canción y su corona de fuego):
de modo que antes del fin, la octogésima Navidad
(entendiendo por “octogésima” la última),
los recuerdos acumulados de la emoción anual 
puedan concentrarse en un gran gozo
que será también un gran temor, como en la ocasión
en que el temor desciende a cada alma:
porque el principio nos rememorará el final
y la primera venida, la segunda venida.

Thomas Stearns Elliot


domingo, 27 de enero de 2013

Poema leído en el taller, 20 de enero 2013

Miércoles de Ceniza


I

Porque no tengo esperanza de volver otra vez
porque no tengo esperanza
porque no tengo esperanza de volver
deseando el don de este hombre y la capacidad de aquel
            hombre
ya no me esfuerzo por esforzarme hacia tales cosas
(¿por qué habría de extender sus alas el águila enve-
jecida?)
¿Por qué habría yo de lamentar
el desvanecido poder del reino acostumbrado?

Porque  no tengo esperanza de conocer otra vez
la gloria inválida de la hora positiva
porque no pienso
porque sé que no conoceré
el único verdadero poder transitorio
porque no puedo beber
ahí donde florecen árboles y brotan fuentes, pues ahí
            no ha nada otra vez.

Porque sé que el tiempo es siempre tiempo
y el lugar es siempre y sólo lugar
y lo que es efectivo es sólo efectivo por una vez
y sólo para un lugar
me alegro de que las cosas sean como son y
renuncio al rostro bienaventurado
y renuncio a la voz
porque no puedo tener esperanza de volver otra vez
por consiguiente me alegro, teniendo con construir algo
de que alegrarme
y ruego a Dios que tenga misericordia de nosotros
y ruego que pueda olvidar yo
esos asuntos que discuto demasiado conmigo mismo
explico demasiado
porque no tengo esperanza de volver otra vez
que respondan estas palabras
por lo que se ha hecho, para que no se vuelva a hacer
ojala el juicio sobre nosotros no sea demasiado gravoso.

Porque estas alas ya no son alas para volar
sino simples aspas para batir el aire
el aire que ahora está completamente tenue y seco
más tenue y más seco que la voluntad
enséñanos a que nos importe y a que no nos importe
enséñanos a estar sentados tranquilos.

Ruega por nosotros pecadores ahora y en a hora de
            nuestra muerte.
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra
            muerte.


            II

Señora, tres leopardos blancos estaban sentados al pie de
            un junípero
a la fresca del día, habiéndose nutrido hasta la saciedad
de mis piernas mi corazón mi hígado y los se contenía
en la hueca redondez de mi cráneo. Y Dios dijo
¿Han de vivir esos huesos? ¿han de vivir
esos huesos? Y lo que estaba contenido
en los huesos (que ya estaban secos) dijo gorjeando:
por la bondad de esa Señora
y por su amabilidad, y porque
honra a la Virgen en meditación,
brillamos de claridad. Y yo que estoy aquí desmembrado
ofrezco mis acciones al olvido, y mi amor
a la posteridad del desierto y al fruto de la calabaza.
Es eso lo que recobra

mis tripas las cuerdas de mis ojos y las porciones indi-
            geribles
que rechazan los leopardos. La Señora se ha retirado
con una túnica blanca, a la contemplación, con una túnica
            blanca.
Que la blancura de los huesos ofrezca expiación para el
            olvido.
No hay vida en ellos. Como estoy olvidado
y quería estar olvidado, así querría olvidar
así, devoto, concentrado en propósito. Y Dios dijo
Profetiza al viento, al viento sólo pues sólo
el viento escucha. Y los huesos cantaron gorjeando
con el estribillo de la cigarra, diciendo

Señora de los silencios
tranquila y agitada
desgarrada y enterísima
rosa de la memoria
rosa del olvido
agotada y dadora de vida
acongojada y llena de reposo
la Rosa única
es ahora el Jardín
donde acaban todos los amores
terminan el tormento
del amor insatisfecho
el mayor tormento
del amor satisfecho
fin del viaje
sin fin hacia ningún fin
conclusión de todo lo que
es inconcluible
lenguaje sin palabra y
palabra de ningún lenguaje
gracia a la Madre
por el Jardín
donde acaba todo amor.

Bajo un junípero cantaban los huesos, dispersos y bri
            llantes.
Nos alegra estar dispersos, nos servimos de poco unos
            a otros,
bajo un árbol a la fresca del día, con el consuelo de la
            arena,
olvidándose de ellos mismos y el uno del otro, unidos
en la calma del desierto. Esta es la tierra que os
repartiréis echando a suertes. Y ni división ni unidad
importan. Esta es la tierra. Tenemos nuestra herencia.



            III

En la primera revuelta de la segunda escalera
me volví y vi abajo
la misma forma retorcida en la baranda
bajo el vapor en el aire fétido
luchando con el demonio de las escaleras que revistel
la cara engañosa de esperanza y de desesperación.

En la segunda revuelta de la segunda escalera
les dejé retorciéndose, volviendo abajo:
a no había más caras y la escalera estaba oscura,
húmeda, mellada, como la boca de un viejo babeando,
            ya sin arreglo,
o el dentado gaznate de un tiburón envejecido.

En la primera vuelta de la tercera escalera
había una ventana estriada con panza como de higo
y más allá del espino en flor y una escena pastoril
la figura de anchas espaldas vestida de azul y verde
hechizaba el mayo con una antigua flauta.
Dulce es el pelo al viento, pelo pardo al viento sobre
            La boca,
lila y pelo pardo;
distración, música de la flauta, descansillos y escalones
            De la mente en al tercera escalera,
desvaneciéndose, desvaneciéndose: fuerza más allá de
            esperanza y desesperación
trepando la tercera escalera.

Señor, no soy digno
Señor, no soy digno
            pero di sólo la palabra.

           
            IV

Quién andaba entre lo violeta y lo violeta
quién andaba entre
las diversas filas de variado verde
yendo de blanco y azul,  el color de María,
hablando de cosas triviales
en ignorancia  y en conocimiento del dolor eterno
quién se movía entre los demás mientras caminaban,
quién entonces dio fuerza a las fuentes y refrescó los
            manantiales

Enfrió la roca seca y afirmó la arena
en azul de espuela-de-caballero, azul de color de María,
Sovegna vos.

Aquí están los años que caminan por en medio, llevándose
allá los violines y las flautas, restaurando
a través de una clara nube de lágrimas, los años, res-
            taurando
con nueva estrofa la antigua rima. Redime
el tiempo. Redime
la visión no leída en el sueño superior
mientras enjoyados unicornios pasan tirando del dorado
            coche fúnebre.

La silenciosa hermana velada en blanco y azul
entre los tejos, tras el  dios del jardín,
con su flauta sin aliento, inclinó la cabeza con una señal
            pero no dijo palabra.

Pero la fuente se alzó y el pájaro dejó caer su canto
redime el tiempo, redime el sueño
la prenda de la palabra no oída, no dicha

hasta que el viento sacuda mil susurros del tejo

y después de este nuestro destierro.


            V

Si la palabra perdida se ha perdido, si la palabra gastada
            se ha gastado,
si la palabra no oída, no dicha
no está dicha ni oída,
sigue siendo la palabra no dicha, la palabra no oída,
la Palabra sin palabra, la Palabra dentro
del mundo y para el mundo;
y la luz brilló en la tiniebla y
contra la Palabra el mundo sin acallar aún daba vueltas
en torno al centro de la Palabra silenciosa.

            Oh pueblo mío, qué te he hecho yo.

¿Dónde se encontrará la palabra, dónde resonará
la palabra? No aquí, ahí no hay bastante silencio
no en el mar ni en las islas, no
en tierra firme, en el desierto ni en tierra de lluvia,
para aquellos que caminan en la oscuridad
tanto en el día como en la noche
el tiempo justo y el lugar justo no están aquí
no hay lugar de gracia para los que evitan el rostro
no hay tiempo de alegría para los que caminan entre el
            ruido y niegan la voz.

¿Rogará la velada hermana por
los que caminan en tiniebla, los que te eligieron y se te
            Opusieron,
los desgarrados en el dilema entre estación y estación,
            tiempo y tiempo, entre
hora y hora, palabra y palabra, poder y poder, los que
            esperan
en tiniebla? ¿Rogará le velada hermana
por los niños ante las puertas
que no se quieren marchar y no pueden rezar?
Ruega por los que eligieron y se oponen

            Oh pueblo mío, qué te he hecho yo.

¿Rogará la velada hermana entre los esbeltos
tejos por los que la ofenden
y están aterrados y no pueden rendirse
y afirman ante el mundo y niegan entre las rocas
el desierto en el jardín el jardín en el desierto
de sequía, escupiendo por la boca la reseca semilla de
            manzana?

Oh pueblo mío.


VI

Aunque no tengo esperanza de volver nunca más
aunque no tengo esperanza
aunque no tengo esperanza de volver

oscilando entre el beneficio y la pérdida
en este breve tránsito donde cruzan los sueños
el crepúsculo cruzado de sueños entre nacimiento y agonía
(Me acuso Padre) aunque no deseo desear esas cosas
desde la ancha ventana hacia la orilla de granito
las blancas velas siguen volando al mar, al mar volando
alas sin romper

Y el corazón perdido se pone duro y se alegra
de la lila perdida y las perdidas voces del mar
y el débil espíritu se aviva para rebelarse
por la inclinada vara-de-oro y el perdido olor del mar
se aviva para recobrar
el grito de la codorniz y el chorlito que revolotea
y el ojo ciego crea
las formas vacías entre las puertas de marfil
y el olor renueva el sabor de sal de la tierra arenosa

Este es el tiempo  de tensión entre morir y nacer
el lugar de soledad donde cruzan tres sueños
entre rocas azules
pero cuando las voces sacudidas del tejo se van a la deriva
sacúdase al otro tejo y conteste.
Bienaventurada hermana, madre santa, espíritu de la
            fuente, espíritu del jardín,
no nos consientas que nos burlemos de nosotros mismos
            con falsedades,
enséñanos a que nos importe y a que no nos importe
enséñanos a estar sentados quietos
incluso entre estas rocas,
nuestra paz en Su voluntad
e incluso entre estas rocas
hermana, madre
y espíritu del río, espíritu del mar,
no me consientas quedar separado

y llegue hasta Ti mi clamor.

Poema leído por
Esther Núñez, Maribel Domínguez Duarte y Gloria Gómez