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lunes, 15 de abril de 2019

VEINTE AÑOS - Ángela Figuera Aymerich


VEINTE AÑOS

A mi hijo

Muchachos, torres, álamos rectamente creciendo,
cuajando reciamente, modelándose firmes;
rompiendo las cortezas, desclavando ventanas.
Muchachos, hijos míos, a vuestro veinte años,
yo vieja, yo cansada, yo madre, me dirijo.

Al fin, tengo que hablaros, muchachos, hijos todos
nacidos de mi entraña,
nacidos en el fuego y en la sangre y la pólvora
una noche sin sueño cuando mi hijo nacía.
Nacía con vosotros,
lloraba con vosotros un proféticos llanto
sobre  una tierra triste ya cebada de lágrimas;
caía con vosotros en medio de la herida
de España, en los escombros de sus bellas ciudades,
para dormir un sueño de metralla sin pájaros
en una frágil cuna que cercaban las hienas.

Hoy he de hablaros, hijos, porque tenéis veinte años,
la frente ya muy lejos del suelo, el pulso ardiente,
los ojos y los sueños poblados de muchachas,
y las mejillas ásperas y  los pies decididos.
(Yo sola sé, no importa, que aún queda  una blandura,
un dulce olor de madre que os ciñe la garganta.
Pero qué bellas manos, tan de hombre ya, tan hechas
tan ávidas, tan duras. Y  tan nuevas y limpias).

No puedo esperar más. Porque ya es hora
de que sepáis. Y yo voy a morirme,
voy a morirme cualquier día.
De aquello (y de callarlo) y de esto (y de decirlo)
y de mi corazón atragantado
a fuerza de penosas digestiones,
tabletas de aspirina y cocacola,
aire acondicionado por las calles,
hambre en la tierra y Dios en las alturas.

Podéis creer que lo he pensado mucho,
que lo he llorado mucho antes de hablaros.
Han sido largos años de morderse
los puños y la lengua, mucho tiempo
de comulgar con ruedas de molino,
de comulgar con ruedas de poesía
a diario y a sabiendas. Tantas penas,
tantas jornadas fueron necesarias
acumulando sangre gota a gota,
para lograr exacta la medida
de un hombre y ve colmada su estatura.
Ya estáis aquí. Mirándoos, amanece
sobre las aguas del dolor antiguo.

No, no os diré de aquello: (la ignominia,
la destrucción, la muerte), cuando observo
el puro resplandor de vuestras manos.
No, no os diré del odio y la venganza.
De cada niño muerto aquella noche
no renació ningún fusil con ojos.

Salieron vuestras manos, esas manos
con uñas y con palmas tan viriles.
Ponedlas a la obra. Alegremente.
Tomad en ellas pronto la herramienta,
que es mucha la labro y es vuestra hora.
Las manos de los jóvenes del mundo
están alzando a pulso las montañas.
Uníos. Trabajad hombro con hombro.
Mirad hacia delante. Haced camino.
Las sendas enlodadas ya no sirven.
Dejad que las podridas estructuras
se caigan sobre el débil y el cobarde.
Muera el chacal, la zorra, el cuervo, el buitre,
si os salen al encuentro y os detienen.
Arrinconad banderas desteñidas,
los libros de Historia apolillados,
las bellas etiquetas de colores
de tantos analgésicos. Quitaos
el plomo que os cayó sobre las cejas.

Dejadlo todo atrás. Para nosotros
quedó la infamia, el látigo el grillete.
Nosotros ya secamos nuestras venas,
quemamos nuestros pies y nuestras manos
y hay demasiada hiel en nuestras bocas.

Vosotros, no. Vosotros, adelante.
Tenéis la mano a punto y la esperanza.
Inaugurad el tiempo de la viña,
del pan y de la miel y la paloma.

Pronto: sumad esfuerzos al esfuerzo,
vida a la vida. Fecundad la tierra,
andad el mar, volad sobre la nueve.
Pasad sobre las ruinas. Olvidadnos
si, muertos, enterramos nuestros muertos.
Sed sanos, libres, justos y tenaces.
Labrad, edificad, haced España.
España en paz y en gracia de trabajo.
España a hechura y semejanza vuestra,
nacida limpia, madurada al viento,
muchachos, hijos míos, ya tan hombres,
los que cumplís veinte años este día.


Angela Figuera Aymerich

martes, 12 de marzo de 2019

CANTO RABIOSO DE AMOR A ESPAÑA EN SU BELLEZA - Ángela Figuera Aymerich

CANTO RABIOSO DE AMOR A ESPAÑA EN SU BELLEZA.

Con los ojos cerrados,
Con los puños cerrados, con la boca
Cerrada, España, canto tu belleza.
Y con la pluma ardiendo y con la pluma
loca de amor rabioso canto y firmo.

Belleza sobre ti y en tus entrañas
de miel y de granito, y en tu cielo,
y en tus encadenadas cordilleras
y en tus encadenados hombres, canto.

De siglo en siglo en olas y torrentes
de barro ibero, en sucesivas olas
de tierras y metales agregados,
de frutos madurados poco a poco
bajo tu fiero sol, me vienes madre

me viene tu belleza tierna y dura,
tu corazón rodando enamora
hasta embestirme, hasta llenarme toda,
hasta romperme el miedo y la corteza.

De siglo en siglo con tus ríos dulces,
puertos alegres, míticas ciudades,
piedras labradas, torreones, claustros,
palacios, catedrales y conventos,
pueblos de tierra, cementerios míseros,
huertos, jardines, patios y zaguanes,
cristos sangrientos, sonrosadas Vírgenes,
lanzas y escudos, cálices y códices;
de siglo en siglo con cincel y gubia,
con mística y ascética y pinceles,
con el arado, el yunque y el martillo,
la pluma y los telares, me has llegado.
De sueño en sueño con palmeras y agua,
con limoneros, nardos y arrayanes,
vino y almendra, música y aceite;
de mar a mar, al remo y a la vela,
con sal y caracolas, con pescados,
playas doradas, ásperos cantiles;
de tierra en tierra, con praderas húmedas,
sierras nevadas, florecidos valles,
pardas llanuras, parameras ásperas,
cierzos helados, delicadas brisas
oliendo a los tomillos de tu aliento,
de siglo en siglo me has llegado, España.

Tú me has parido y hecho y traspasado
de dicha y dolor hasta los huesos
con tu belleza que se clava y ciñe
como un silicio rojo en mi cintura
y hace subir mi sangre a borbotones
entre garganta y verso para ahogarme
de amor rabioso de vergüenza sorda,
de amor, de amor, de amor, de amor rabioso.

Porque eres bella España y agonizas
bajo mis pies, herida en tus cimientos.
Porque te veo andando entre zarzales
por todos los caminos rezagada
con una cruz al cuello y otra al hombro,
durmiendo en las cunetas de la gloria
para soñar perdidas carabelas
con ojos anegados de ceniza.
Porque te veo escuálida y desnuda,
comiendo el pan moreno de tu vientre,
bebiéndote el gazpacho de tu sangre,
desposeída de oros y de espadas,
borracha en copas, vapuleadas en bastos,
por todos malcomprada y mal vendida,
pordioseando impúdica en la puerta
de la opulenta Catedral del Mundo.
Porque te veo presa entre cadenas,
viuda, asesina y mártir de tus hijos,
a mil años y un día condenada.

Porque eres bella, España, y te me mueres,
porque eres mía, España, y no e absuelvo
del mal de España, canto tu belleza
y fecho y firmo a corazón parado,
boca cerrada y apretados puños,
clavándome la lengua entre los dientes,
porque no quiero blasfemar tu nombre.

Ángela Figuera Aymerich

sábado, 9 de marzo de 2019

CANCIÓN DEL PAN ROBADO - Ángela Figuera Aymerich


CANCIÓN DEL PAN ROBADO


Hermano de la hoz y de la trilla,
hermano del molino atareado,
hermano con el pecho enrojecido
por el calor del horno, dime, hermano,
¿dónde está el pan que hiciste con fatiga?
¿En dónde esta mi pan, que no lo alcanzo?
El pan que hiciste, para todos era.
Igual que tú lo haces, me lo gano.
Con sangre, con sudor y  golpe a golpe,
partiéndome los huesos a destajo.
¿Por qué no está en mi casa? ¿Es el camino
tan largo de la espiga hasta mis labios?
Mis hijos piden pan y no lo tienen.
¿Dónde va el pan bien hecho y bien ganado?

Hermano nuestro de la mina
y del taller y del andamio,
hermano de los olivares
y de las redes del pescado,
el pan que cuecen nuestros hornos
para vosotros lo amasamos
pero, del trigo hasta la boca,
¡cuántos ladrones acechando!
Está el hocico de la hiena,
están las garras del milano,
están los buitres con su pico,
miles de dientes afilados.

Pongámonos mucho más cerca,
hagamos nudo con las manos;
hombro con hombro, pecho a pecho,
los corazones apretados.
Un solo cuerpo a la tarea,
un solo afán, un solo brazo.
Todas las frentes un sudor
y una canción para alegrarlo.
Entre hombre y hombre ni un resquicio
para el cuchillo mas delgado.
Nadie podrá romper el nudo,
poner cadenas en los brazos.
No nos podrá morder el lobo.
No nos podrá partir el rayo.

El pan que salga de los hornos,
pan bien cocido y bien ganado,
será el pan nuestro de cada día,
ni discutido ni menguado
.

Ángela Figuera Aymerich