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miércoles, 22 de abril de 2026

HACE SESENTA AÑOS

  


HACE SESENTA AÑOS

 

Largo cuento de mis años,

historia loca de mis días.

Si no lo digo no lo creen

y contada sabe a mentira.

 

Ha sesenta años que en el Valle

“de leche y mieles” se nacía

y una montaña me miraba

y una madre me sonreía.

 

Ha sesenta años, Valle mío,

yo era un vagido que tenía

cabellos de aire, mirada de agua,

y ojos que rutas no sabían.

 

Son sesenta años huidos

y cuento mío se diría

que me dieron gesto y mirada

y un vagido que ni me oían.

 

Y me dieron los elementos

las estaciones y los días.

Hace tanto que… no me acuerdo.

La Madre sí se acordaría.

 

Hace tanto que no recuerdo

y tan poco que bien podría…

Pero si ella me lo contase,

¡la creería, la creería!.

 

Cuenta tú, mi contadora

que dices imaginerías,

lo del bulbo pequeñito,

de la gaviota, la chinchilla.

 

Cuéntalo tú, mejor del Valle

que me besaste el primer día

entregándome al Dios Padre

como a su huerta y a su viña.

 

Si pudieses volver, la Madre

o la Marta que bien mecía,

me contases como una fábula

en cada noche y hasta el día.

 

Pero a los mares que navego

que son mares de extranjería

y a las tierras que me encamino

con cien nombres de lejanía.

 

¿Cómo pueden llegar las dos

madres de nube o de neblina

llamadas con grito vano

y sólo en sueño conocidas?

 

Gabriela Mistral

Cuadro de Miguel Oscar Menassa

domingo, 6 de julio de 2025

LUTO

 


LUTO

 

En solo una noche brotó de mí

subió, creció el árbol de luto,

empujó los huesos, abrió las carnes,

su cogollo llegó a mi cabeza.

Sobre hombros, sobre espaldas,

echó hojazones y ramas,

y en tres días estuve cubierta,

rica en él como de mi sangre.

¿Dónde me palpan ahora?

¿Qué brazo daré que no se luto?

Igual que las humaredas

ya no soy llama ni brasas.

Soy esa espiral y esta liana

y este ruedo de humo denso.

Todavía los que llegan

me dicen mi nombre, me ven la cara;

pero yo que me ahogo me veo

árbol devorado y humoso,

cerrazón de noche, carbón consumado,

enebro denso, ciprés engañoso,

cierto a los ojos, huido en la mano.

En una pura noche se hizo mi luto

en el dédalo de mi cuerpo

y me cubrió este resuello

noche y humo que llaman luto

que me envuelve y que me ciega.

Mi último  árbol no está en la tierra

no es de semilla ni de leño,

no se plantó, no tiene riesgos.

Soy yo misma mi ciprés

mi sombreadura y mi ruedo,

mi sudario sin costuras,

y mi sueño que camina

árbol de humo y con ojos abiertos.

En lo que dura una noche

cayó mi sol, se fue mi día,

y mi carne se hizo humareda

que corta un niño con la mano.

El color se escapó de mis ropas,

el blanco, el azul, se huyeron

y me encontré en la mañana

vuelta un pino de pavesas.

Ven andar un pino de humo,

me oyen hablar detrás de mi humo

y se cansarán de amarme,

de comer y de vivir,

bajo de triángulo oscuro

falaz y crucificado

que no cría más resinas

y raíces no tiene ni brotes.

Un solo color en las estaciones,

un solo costado de humo

y nunca un racimo de pilas

para hacer elfuelo, la cena y la dicha.

 

Gabriela Mistral

Cuadro: "Amor ante la muerte" de Miguel O. Menassa

 

 

viernes, 22 de diciembre de 2023

UNA PALABRA

 

 


UNA PALABRA

 

 

Yo tengo una palabra en la garganta

y no la suelto, y no me libro de ella

aunque me empuja su empellón de sangre.

Si la soltase, quema el pasto vivo,

sangra el cordero, hace caer el pájaro.

 

Tengo que desprenderla de mi lengua,

hallar en agujero de castores

o sepultarla con cal y mortero

porque no guarde como el alma el vuelo.

 

No quiero dar señales de que vivo

mientras que por mi sangre vaya y venga

y suba y  baje por mi loco aliento.

Aunque mi padre Job lo dijo, ardiendo,

no quiero darle, no mi pobre boca

porque no ruede y la hallen las mujeres

que van al río, y se enrede a sus trenzas

o al pobre matorral tuerza y abrase.

 

Yo quiero echarle violentas semillas

que en una noche la cubran y ahoguen,

sin dejar de ella el cisco de una sílaba.

O rompérmela así, como la víbora

que por mitad se parte entre los dientes.

 

Y volver a mi casa, entrar, dormirme,

cortad de ella, rebanada de ella,

y despertar después de dos mil días

recién nacida de sueño y olvido.

 

¡Sin saber ¡ay! que tuve una palabra

de yodo y piedra -alumbre entre los labios

ni poder acordarme de una noche,

de la morada en país extranjero,

de la celada y el rayo a la puerta

y de mi carne marchando sin su alma!

 

Gabriela Mistral

Cuadro: ·Sorpresa de amor" de Miguel Oscar Menassa

martes, 21 de noviembre de 2023

DOS ÁNGELES

 

 

DOS ÁNGELES

 

 

No tengo solo un Ángel

con ala estremecida:

me mecen como al mar

mecen las dos orillas

el Ángel que da el gozo

y el que da la agonía,

el de alas tremolantes

y el de las alas fijas.

 

Yo sé, cuando amanece,

cuál va a regirme el día,

si el de color de llama

o el color de ceniza,

y me les doy como alga

a la ola, contrita.

 

Solo una vez volaron

con las alas unidas:

el día del amor

el de la Epifanía.

 

¡Se juntaron en una

sus alas enemigas

y anudaron el nudo

de la muerte y la vida!

 

Gabriela Mistral

Cuadro: "Amor entre colores" de Miguel Oscar Menassa

 

sábado, 14 de octubre de 2023

LA DESASIDA

 


LA DESASIDA

 

 

En el sueño yo no tenía

padre ni madre, gozos ni duelos,

no era mío ni el tesoro

que he de velar hasta el alba,

edad ni nombre llevaba,

ni mi triunfo ni mi derrota.

 

Mi enemigo podía injuriarme

o negarme Pedro, mi amigo

que de haber ido tan lejos

no me alcanzaban las flechas:

para la mujer dormida

lo mismo daba este mundo

que los otros no nacidos.

 

Donde estuve nada dolía:

estaciones, sol ni lunas,

no punzaban ni la sangre

ni el cardenillo del Tiempo;

ni los altos silos subían

ni rondaba el hambre los silos.

Y yo decía como ebria:

¡Patria mía, Patria, la Patria!

 

Pero un hilo tibio retuve,

--pobre mujer—en la boca,

vilano que iba y venía

por la nonada del soplo,

no más que un hilo de araña

o que un repunte de arenas.

 

Pude no volver ay he vuelto.

De nuevo hay muro a mi espalda,

y he de oír y responder

y, voceando pregones,

ser otra vez buhonera.

 

Tengo mi cubo de piedra

y el puñado de herramientas.

Mi voluntad la recojo

como ropa abandonada,

desperezo mi costumbre

y otra vez retomo el mundo.

 

Pero me iré cualquier día

sin llantos y sin abrazos,

barca que parte de noche

sin que la sigan las otras,

la ojeen los faros rojos

ni se la oigan sus costas.

 

Gabriela Mistral  

 

domingo, 30 de abril de 2023

LA QUE CAMINA

 


LA QUE CAMINA

 

 

Aquel mismo arenal, ella camina

siempre hasta cuando ya duermen los otros;

y aunque para dormir caiga por tierra

ese mismo arenal sueña y camina.

La misma ruta, la que lleva al Este

es la que toma aunque la llama el Norte,

y aunque la luz del sol le da diez rutas

y se las sabe, camina la Única.

Al pie del mismo espino se detiene

y con el ademán mismo lo toma

y lo sujeta porque es su destino.

 

La misma arruga de la tierra ardiente

la conduce, la abrasa y la obedece

y cuando cae de soles rendida

la vuelve a alzar para seguir con ella.

Sea que ella la viva o que la muera

en el ciego arenal que todo pierde,

de cuanto tuvo dado por la suerte

esa sola palabra ha recogido

de ella vive y de la misma muere.

 

Igual palabra, igual, es la que dice

y es todo lo que tuvo y lo que lleva

y por su sola sílaba de fuego

ella puede vivir hasta que quiera.

Otras palabras aprender no quiso

y la que lleva es su propio sustento

a más sola que va más la repite,

pero no se la entienden sus caminos.

 

¿Cómo, si es tan pequeña, la alimenta?

¿Y cómo, si es tan breve, la sostiene,

y cómo, si es la misma, no la rinde,

y adonde va con ella hasta la muerte?

No le den soledad porque la mude,

ni palabra le den, que no responde.

Ninguna más le dieron en naciendo,

y como es su gemela no la deja.

 

¿Por qué la madre no le dio sino ésta?

¿Y por qué cuando queda silenciosa

muda no está, que sigue balbuceándola?

Se va quedando sola como un árbol

o como arroyo de nadie sabido

así marchando entre un fin y un comienzo

y como sin edad o como en sueño.

 

Aquellos que la amaron no la encuentran,

el que la vio se la cuenta por fábula

y su lengua olvidó todos los nombres

y sólo en su oración dice el del Único.

 

Yo que la cuento ignoro su camino

y su semblante de soles quemado,

no sé si la sombrean pino o cedro

ni en qué lengua ella mienta a los extraños.

Tanto quiso olvidar que ya ha olvidado.

Tanto quiso mudar que ya no es ella,

tantos bosques y ríos se ha cruzado

que al mar la llevan ya para perderla,

y cuando me la pienso, yo la tengo,

y le voy sin descanso recitando

la letanía de todos los nombres

que me aprendí, como ella vagabunda;

pero el Ángel oscuro nunca, nunca,

quiso que yo la cruce en los senderos.

 

Y tanto se la ignoran los caminos

que suelo comprender, con largo llanto,

que ya duerme del sueño fabuloso,

mar sin traición y monte sin repecho,

ni dicha ni dolor, no más olvido.

 

Gabriela Mistral

Cuadro: "El confín del tiemp0" de Miguel Oscar Menassa

 

miércoles, 9 de noviembre de 2022

PUERTAS

 


PUERTAS

 

 Entre los gestos del mundo

recibí el que dan las puertas.

En la luz yo las he visto

o selladas o entreabiertas

y volviendo sus espaldas

del color de la vulpeja.

¿Por qué fue que las hicimos

para ser sus prisioneras?

 

Del gran fruto de la casa

son la cáscara avarienta.

El fuego amigo que gozan

a la ruta no lo prestan.

Canto que adentro cantamos

lo sofocan sus maderas

y a su dicha no convidan

como la granada abierta:

¡Sibilas llenas de polvo,

Nunca mozas, nacidas viejas!

 

Parecen tristes moluscos

sin marea y sin arenas.

Parecen, en lo ceñudo,

la nube de la tormenta.

A las sayas verticales

de la Muerte se asemejan

y yo las abro y las paso

como la caña que tiembla.

 

“¡No!”, dicen a las mañanas

aunque las bañen, las tiernas.

Dicen “¡No!” al viento marino

que en su frente palmotea

y al olor de pinos nuevos

que se viene por la sierra.

Y lo mismo que Casandra,

no salvan aunque bien sepan:

porque mi duro destino

él también pasó mi puerta.

 

Cuando golpeo me turban

igual que la vez primera.

El seco dintel da luces

como la espada despierta

y los batientes se avivan

en escapadas gacelas.

Entro como quien levanta

paño de cara encubierta,

sin saber lo que me tiene

mi casa de angosta almendra

y pregunto si me aguarda

mi salvación o mi pérdida.

 

Ya quiero irme y dejar

el sobrehaz de la Tierra,

el horizonte que acaba

como un ciervo, de tristeza,

y las puertas de los hombres

selladas como cisternas.

Por no voltear en la mano

sus llaves de anguilas muertas

y no oírles más el crótalo

que me sigue la carrera.

 

Voy a cruzar sin gemido

la última vez por ellas

y a alejarme tan gloriosa

como la esclava liberta,

siguiendo el cardumen vivo

de mis muertos que me llevan.

No estarán allá rayados

por cubo y cubo de puertas

ni ofendidos por sus muros

como el herido en sus vendas.

 

Vendrán a mí sin embozo,

oreados de luz eterna.

Cantaremos a mitad

de los cielos y la tierra.

Con el canto apasionado

haremos caer las puertas

y saldrán de ellas los hombres

como niños que despiertan

al oír que se descuajan

y que van cayendo muertas.

 

Gabriela Mistral

Cuadro: La puerta del jardín de Claude Monet

domingo, 16 de mayo de 2021

CARICIA


 

CARICIA

 

 

Madre, madre, tú me besas,

pero yo te beso más,

y el enjambre de mis besos

no e deja ni  mirar…

 

Si la abeja se entra al lirio,

no se siente su aletear

Cuando escondes a tu hijito

ni se le oye respirar…

 

Yo te miro, yo te miro

sin cansarme de mirar, 

y qué lindo niño veo

a tus ojos asomar…

 

El estanque copia todo

lo que tú mirando estás;

pero tú en las niñas tienes

a tu hijo y nada más.

 

Los ojitos que me diste

me los tengo de gastar

en seguirte por los valles,

por el cielo y por el mar…

 

Gabriela Mistral

 

viernes, 17 de abril de 2020

BALADA DE LA ESTRELLA



BALADA DE LA ESTRELLA


-Estrella, estoy triste.
Tú dime si otra
como mi alma viste.
-Hay otra más triste.

-Estoy sola, estrella.
Di a mi alma si existe
otra como ella.
-Si, dice la estrella.

-Contempla mi llanto.
Dime si otra lleva
de lágrimas manto.
-En otra hay más llanto.

-Di quién es la triste,
di quién es la sola,
si la conociste.

-Soy yo, la que encanto,
soy yo la que tengo
mi luz hecha llanto.

Gabriela Mistral

lunes, 13 de abril de 2020

LA ESPERA INÚTIL


LA ESPERA INÚTIL


Yo me olvidé que se hizo
ceniza tu pie ligero,
y, como en los buenos tiempos,
salí a encontrarte al sendero.

Pasé valle, llano y río
y el cantar se me hizo triste.
La tarde volcó su vaso
de luz ¡y tú no viniste!

El sol fue desmenuzando
su ardida y muerta amapola;
flecos de niebla temblaron
sobre el campo. ¡Estaba sola!


Al viento otoñal, de un árbol
crujió el blanqueado brazo.
Tuve miedo y te llamé:
“¡Amado, apresura el paso!

Tengo miedo y tengo amor,
¡amado, el paso apresura!”
Iba espesando la noche
y creciendo mi locura.

Me olvidé de que te hicieron
sordo para mi clamor;
me olvidé de tu silencio
y de cárdeno albor;

de tu inerte mano torpe
ya para buscar mi mano;
¡de tus ojos dilatados
del inquirir soberano!

La noche ensanchó su charco
de betún; el agorero
búho con la horrible seda
de su ala rasgó el sendero.

No te volveré a llamar,
que ya no haces tu jornada;
mi desnuda planta sigue,
la tuya está sosegada.

Vano es que acuda a la cita
por los caminos desiertos.
¡No ha de cuajar tu fantasma
Entre mis brazos abiertos!

Gabriela Mistral


sábado, 27 de julio de 2019

TODAS ÍBAMOS A SER REINAS




TODAS ÍBAMOS A SER REINAS

                                               
Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Ifigenia
y Lucila con Soledad.

En el Valle de Elqui, ceñido
de cien montañas o de mas,
que como ofrendas o tributos
arden en rojo y azafrán.

Lo decíamos embriagadas,
y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas
y llegaríamos al mar.

Con las trenzas de los siete años,
y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidos
en la sombra del higueral.

De los cuatro reinos, decíamos,
indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales
alcanzarían hasta el mar.

Cuatro esposos, desposarían,
por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores
como David, rey de Judá.

Y de ser grandes nuestros reinos,
ellos tendrían, sin faltar,
mares verdes, mares de algas,
y el ave loca del faisán.

Y de tener todos los frutos,
árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos
ni morderíamos metal.

Todas íbamos a ser reinas,
y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina
ni en Arauco ni en Copán.

Rosalía besó marino
ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas,
se lo comió la tempestad.

Soledad crió siete hermanos
y su sangre dejó en un pan,
y sus ojos quedaron negros
de no haber visto nunca el mar.

En las viñas de Montegrande,
con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas
y los suyos no mecerá.

Ifigenia cruzó extranjero
en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre,
porque el hombre parece el mar.

Y Lucila, que hablaba a río,
a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura
recibió reino de verdad.

En las nubes contó diez hijos
y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos
y su manto en la tempestad.

Pero en el Valle de Elqui, donde
son cien montañas y son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen catarán:

“En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar”.

Gabriela Mistral


martes, 9 de julio de 2019

YO CANTO LO QUE TÚ AMABAS



YO CANTO LO QUE TU AMABAS


Yo canto lo que tú amabas, vida mía,
por si te acercas y  escuchas, vida mía,
por si te acuerdas del mundo que viviste,
al atardecer yo canto, sombra mía.

Yo no quiero enmudecer, vida mía.
¿Cómo sin mi grito fiel me hallarías?
¿Cuál señal, cuál me declara, vida mía?

Soy la misma que fue tuya, vida mía.
Ni lenta ni trascordada ni perdida.
Acude al anochecer, vida mía;
ven recordando un canto, vida mía,
si la canción reconoces de aprendida
y si mi nombre recuerdas todavía.

Te espero sin plazo ni tiempo.
No temas noche, neblina ni aguacero.
Acude con sendero o sin sendero.
Llámame a donde tu  eres, alma mía,
y marcha recto hacia mí, compañero.


Gabriela Mistral


jueves, 13 de junio de 2019

EL RUEGO


EL RUEGO


Señor, tú sabes cómo, con encendido brío,
por los seres extraños mi palabra te invoca.
Vengo ahora a pedirte por uno que era mío,
mi vaso de frescura, el panal de mi  boca.

Cal de mis huesos, dulce razón de la jornada,
gorjeo de mi oído, ceñidor de mi veste.
Me cuido hasta de aquellos en que no puse nada;
¡no temas ojo torvo ni te pido por éste!

Te digo que era bueno, te digo que tenía
el corazón entero a flor de pecho, que era
suave de índole, franco como la luz del día,
henchido de milagro como la primavera.

Me replicas, severo, que es de plegaria indigno
el que no untó de preces sus dos labios febriles,
y se fue aquella tarde sin esperar tu signo,
trizándose las sienes como vasos sutiles.

Pero yo, mi Señor, te arguyo que he tocado,
de la  misma manera que el nardo de su frente,
todo su corazón dulce y atormentado
¡y tenía la seda del capullo naciente!

¿Qué fue cruel? Olvidas, Señor, que le quería.
Y el sabía suya la entraña que llagaba.
¿Qué enturbió para siempre mis linfas de alegría?
¡No importa! Tú comprende: ¡yo le amaba, le amaba!

Y amar ¡bien sabes de eso! Es amargo ejercicio;
un mantener los párpados de lágrimas mojados,
un refrescar de besos las trenzas del cilicio
conservando, bajo ellas, los ojos extasiados.

El hierro que taladra tiene un gustoso frío,
cuando abre, cual gavillas, las carnes amorosas.
Y la cruz (Tú te acuerdas ¡oh Rey de los judíos!)
se lleva con blandura, como un gajo de rosas.

Aquí me estoy, Señor, con la cara caída
sobre el pecho, parlándote un crepúsculo entero,
o todos los crepúsculos a que alcance la vida,
si ardas en decirme la palabra que espero.

Fatigaré tu oído de preces y sollozos,
lamiendo, lebrel tímido, los bordes de tu manto,
y ni pueden huirme tus ojos amorosos
ni esquivar tu pie el riego caliente de mi llanto.

¡Di el perdón, dilo al fin! Va a esparcir en el viento
la palabra el perfume de cien pomos de olores
al vaciarme: toda agua será deslumbramiento,
el yermo echará flor y el guijarro esplendores.

Se mojarán los ojos oscuros de las fieras,
y, comprendiendo, el monte que de piedra forjaste
llorará por os párpados  blancos de sus neveras;
¡toda la tierra tuya sabrá que perdonaste!

Gabriela Mistral



miércoles, 8 de mayo de 2019

EL AMOR QUE CALLA


EL AMOR QUE CALLA

Si yo  te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amor y mi amor no se confía
a este hablar de los hombre tan oscuro!
Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.
Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que entrar en la muerte!

Gabriela Mistral

lunes, 22 de abril de 2019

CREO EN MI CORAZÓN, RAMO DE AROMAS


CREO EN MI CORAZÓN, RAMO DE AROMAS


Creo en mi corazón, ramo de aromas
que mi Señor como una fronda agita,
perfumando de amor toda la vida
y haciéndola bendita.

Creo en mi corazón, el que no pide
nada porque es capaz del sumo ensueño
y abraza en el ensueño lo creado:
¡inmenso dueño!

Creo en mi corazón, que cuando canta
hunde en el Dios profundo el franco herido,
para subir de la piscina viva
recién nacido.

Creo en mi corazón, el que tremola
porque lo hizo el que turbó los mares,
y en el que da la Vida orquestaciones
como de pleamares.

Creo en mi corazón, el que yo exprimo
para teñir el lienzo de la vida
de rojez o palor y que le ha hecho
veste encendida.

Creo en mi corazón, el que en la siembra
por el surco sin fin fue acrecentado.
Creo en mi corazón, siempre vertido,
pero nunca vaciado.

Creo en mi corazón, en que el gusano
no ha remorder, pues mellará a la muerte;
creo en mi corazón, el reclinado
en el pecho de Dios terrible y fuerte.

Gabriela Mistral