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jueves, 22 de enero de 2026

TUS CARTAS SON UN VINO

 


TUS CARTAS SON UN VINO

A mi gran Josefina adorada

 

Tus cartas son un vino

que me trastorna y son

el único alimento

para mi corazón.

 

Desde que estoy ausente

no sé sino soñar,

igual que el mar tu cuerpo,

amargo igual que el mar.

 

Tus cartas apaciento

metido en un rincón

y por redil y hierba

les doy mi corazón.

 

Aunque bajo la tierra

mi amante cuerpo esté,

escríbeme, paloma

que yo te escribiré.

 

Cuando me falte sangre

con zumo de clavel,

y encima de mis huesos

de amor cuando papel.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "La sal de la vida" de Miguel O. Menassa

sábado, 17 de enero de 2026

SIGO EN LA SOMBRA, LLENO DE LUZ; ¿EXISTE EL DÍA?

 


SIGO EN LA SOMBRA, LLENO DE LUZ;

¿EXISTE EL DÍA?

 

Sigo en la sombra, lleno de luz; ¿existe el día?

¿Esto es mi tumba o es mi bóveda materna?

Pasa el latido contra mi piel como una fría

losa que germinara caliente, roja, tierna.

 

Es posible que no haya nacido todavía,

o que haya muerto siempre. La sombra me gobierna.

Si esto es vivir, morir no sé yo qué sería,

ni sé lo que persigo con ansia tan eterna.

 

Encadenado a un traje, parece que persigo

desnudarme, librarme de aquello que no puede

ser yo y hace turbia y ausente la mirada.

 

Pero la tela negra, distante, va contigo

sombra con sombra, contra la sombra hasta que ruede

a la desnuda vida creciente de la nada.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "Pentagrama de luz" de Miguel O. Menassa

 

 

viernes, 9 de enero de 2026

NO MEDIA MÁS DISTANCIA QUE UN OTERO...


 NO MEDIA MÁS DISTANCIA QUE UN OTERO…

 

No media más distancia que un otero

entre la ausencia mía y tu presencia

y sin embargo, amor, está mi ausencia

pendiente de tu puerta de romero.

 

Como muere, doliéndose, el cordero

destetado y sin madre ni asistencia,

así, de esta dulcísima dolencia,

de no verte estoy viendo que me muero.

 

Inútil es mi oreja sin tus voces,

inútiles mis ojos y mi pelo

hasta que tu amistad los coge y toca.

 

Mi mejilla se mustia sin  tus roces,

mi paz de guerra está, mi amor de duelo…

¡A tanto obliga un beso de tu boca!

 

Miguel Hernández 

Cuadro: "Amor a corazón abierto" de Miguel O. Menassa


NO ME CONFORMO, NO: ME DESESPERO...

 

 

NO ME CONFORMO, NO: ME DESESPERO…

 

No me conformo, no: me desespero

como si fuera un huracán de lava

en el presidio de una almendra esclava

o en el penal colgante de un jilguero.

 

Besarte fue besar un avispero

que me clava al tormento y me desclava

y cava un hoyo fúnebre y lo cava

dentro del corazón donde me muero.

 

No me conformo, no: ya es tanto y tanto

idolatrar la imagen de tu beso

y perseguir el curso de tu aroma.

 

Un enterrado vivo por el llanto,

una revolución dentro de un hueso,

un rayo soy sujeto a una redoma.  

 

Miguel Hernández

De: “El rayo que no cesa”

Cuadro: "Látigos de piel" de Miguel O. Menassa

 


EL MUNDO ES COMO APARECE...

 


EL MUNDO ES COMO APARECE…

 

El mundo es como aparece

ante mis cinco sentidos,

y ante los tuyos que son

las orillas de los míos.

El mundo de los demás

no es el nuestro: no es el mismo.

Lecho del agua que soy,

tú, los dos, somos el río

donde cuanto más profundo

se ve más despacio y límpido.

Imágenes de la vida:

cada vez las recibimos,

nos reciben entregados

más unidamente a un ritmo.

Pero las cosas se forman

con nuestros propios delirios.

El aire tiene el tamaño

del corazón que respiro

y el sol es como la luz

con que yo le desafío.

Ciegos para los demás,

oscuros, siempre remisos,

miramos siempre hacia adentro,

vemos desde lo más íntimo.

Trabajo y amor me cuesta

conmigo así, ser contigo;

aparecer, como el agua

con la arena, siempre unidos.

Nadie me verá del todo

ni es nadie como lomito.

Somos algo más que vemos,

algo menos que inquirimos.

Algún suceso de todos

pasa desapercibido.

Nadie nos ha visto. A nadie

ciegos de ver, hemos visto.  

 

Miguel Hernández

Cuadro: "El primer día de primavera" de Miguel O. Menassa

 

 

jueves, 11 de diciembre de 2025

JURAMENTO DE LA ALEGRÍA

 

JURAMENTO DE LA ALEGRÍA

 

Sobre la roja España blanca y roja,

blanca  y fosforescente,

una historia de polvo se deshoja,

irrumpe un sol unánime, batiente.

 

Es un pleno de abriles,

una primaveral caballería,

que inunda de galopes los perfiles

de España; es el ejército del sol, de la alegría.

 

Desaparece la tristeza, el día

devorador, el marchitado tallo,

cuando, avasalladora llamarada,

galopa la alegría en un caballo

igual que una bandera desbocada.

 

A su paso se paran los relojes,

las abejas, los niños se alborotan,

los vientres son más fértiles, más profusas las trojes,

saltan las piedras, los lagartos trotan.

 

Se hacen las carreteras de diamantes,

el horizonte lo perturban mieses

y otras visiones relampagueantes,

y se sienten felices los cipreses.

 

Avanza la alegría derrumbando montañas

y las bocas avanzan como escudos.

Se levanta la risa, se caen las telarañas

ante el chorro potente de los dientes desnudos.

 

La alegría es un huerto del corazón con mares

que a los hombres invaden de rugidos, 

que a las mujeres muerden de collares

y a la piel de relámpagos transidos.

 

Alegraos por fin carcomidos,

los desplomados bajo la tristeza:

salid de los vivientes ataúdes,

sacad de entre las piernas la cabeza,

caed en la alegría como grandes taludes.

 

Alegres animales,

la cabra, el gamo, el potro, las yeguadas,

se desposan delante de los hombres contentos.

Y paren las mujeres lanzando carcajadas,

desplegando en su carne firmamentos.

 

Todo son jubilosos juramentos.  

Cigarras, viñas, gallos incendiados,

los árboles del ur: naranjos y nopales,

higueras y palmeras y granados,

y encima el mediodía curtiendo cereales.

 

Se despedaza el agua en los zarzales:

las lágrimas no arrasan,

no duelen las espinas ni las flechas.

Y se grita ¡salud! A todos los que pasan

con la boca anegada de cosechas.

 

Tiene el mundo otra cara. Se acerca lo remoto

en una muchedumbre de bocas y de brazos.

Se ve la muerte como un mueble roto,

como una blanca silla hecha pedazos.

 

Salí del llanto, me encontré en España,

en una plaza de hombres de fuego imperativo.

Supe que la tristeza corrompe, enturbia, daña…

Me alegré seriamente lo mismo que el olivo.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "La flor de la alegría" de Miguel Oscar Menassa

 

 

martes, 9 de diciembre de 2025

EL SUDOR

 


EL SUDOR

 

En el mar halla el agua su paraíso ansiado

y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje.

El sudor es un árbol desbordante y salado,

un voraz oleaje.

 

Llega desde la edad del mundo más remota

a ofrecer a la tierra su copa sacudida,

a sustentar la sed y la sal gota a gota,

a iluminar la vida.

 

Hijo del movimiento, primo del sol, hermano

de la lágrima, deja rodando por las eras,

del abril al octubre, del invierno al verano,

áureas enredaderas.

 

Cuando los campesinos van por la madrugada

a favor de la esteva removiendo el reposo,

se visten una blusa silenciosa y dorada

de sudor silencioso.

 

Vestidura de oro de los trabajadores,

adorno de las manos como de las pupilas.

Por la atmósfera esparce sus fecundos olores

una lluvia de axilas.

 

El sabor de la tierra se enriquece y madura:

caen los copos del llanto laborioso y oliente,

maná de los varones y de la agricultura,

bebida de mi frente.

 

Los que no habéis sudado jamás, los que andáis yertos

en el ocio sin brazos, sin música, sin poros,

no usaréis la corona de los poros abiertos

ni el poder de los toros.

 

Viviréis maloliendo, moriréis apagados:

la encendida hermosura reside en los talones

de los cuerpos que mueven sus miembros trabajados

como constelaciones.

 

Entregad al trabajo, compañeros, las frentes:

que el sudor, con su espada de sabrosos cristales,

con sus lentos diluvios, os hará transparentes,

venturosos, iguales.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "El poeta y el oro" de Miguel Oscar Menassa

viernes, 14 de noviembre de 2025

ETERNA SOMBRA

 


ETERNA SOMBRA

 

Yo que creí que la luz era mía

precipitado en la sombra me veo.

Ascua solar, sideral alegría

ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:

raudo anhelar sin perfil ni penumbra.

Fuera, la luz en la luz sepultada.

Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.

Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles

dentro del aire que no tiene vuelo,

dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.

Dientes sedientos de ser colorados.

Oscuridad del rencor absoluto.

Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.

Ya no es posible lanzarse a la altura.

El corazón quiere ser más de prisa

fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada

hacia la noche siniestra, baldía.

¿Quién es el rayo de sol que la invada?

Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,

el resplandor de los dientes que acechan.

Dientes y puños de todos los lados.

Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.

¡Qué lejanía de opacos latidos!

Soy una cárcel con una ventana

ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha,

por donde va tenebrosa la vida.

Pero hay un rayo de sol en la lucha

que siempre deja la sombra vencida.

 

Miguel Hernández

 Cuadro: "Caravana de luz" de Miguel Oscar Menassa

lunes, 3 de marzo de 2025

ASTROS MOMIFICADOS Y BRAVÍOS...


ASTROS MOMIFICADOS Y BRAVÍOS…

 

Astros momificados y bravíos

sobre cielos de abismos y barrancas

como densas coronas de carlancas

y de erizados pensamientos míos.

 

Bajo la luz mortal de los estíos,

zancas y uñas se os ponen oriblancas,

y os azuzáis las uñas y las zancas

¡en qué airados y eternos desafíos!

 

¡Qué dolor vuestro tacto y vuestra vista!

Intimidáis los ánimos más fuertes,

anatómicas penas vegetales.

 

Todo es peligro de agresiva arista,

sugerencia de huesos y de muertes,

inminencia de hogueras y de males.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "La rueca del destino" de Miguel O. Menassa


 

domingo, 23 de febrero de 2025

POR TU PIE, LA BLANCURA MÁS BAILABLE...

 


POR TU PIE, LA BLANCURA MÁS BAILABLE…

 

Por tu pie, la blancura más bailable,

donde cesa hendéis partes tu hermosura,

una paloma sube a tu cintura,

baja a la tierra un nardo interminable.

 

Con tu pie vas poniendo lo admirable

del nácar en ridícula estrechura,

y adonde va tu pie va la blancura,

perro sembrado de jazmín calzable.

 

A tu pie, tan espuma como playa,

arena y mar, me arrimo y desarrimo

y al redil de su planta entrar procuro.

 

Entro y dejo que el alma se me vaya

por la voz amorosa del racimo:

pisa mi corazón que ya es maduro.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "Recordando el baile de la bella" de Miguel Oscar Menassa

 

jueves, 20 de febrero de 2025

TENGO ESTOS HUESOS HECHOS A LAS PENAS...

 


TENGO ESTOS HUESOS HECHOS A LAS PENAS…

 

Tengo estos huesos hechos a las penas

y a las cavilaciones estas sienes:

pena que vas, cavilación que vienes

como el mar de la playa a las arenas.

 

Como el mar de la playa a las arenas,

voy en este naufragio de vaivenes,

por una noche oscura de satenes

redondas, pobres, tristes y morenas.

 

Nadie me salvará de este naufragio

si no es tu amor, la tabla que procuro,

si no es tu voz, el norte que pretendo.

 

Eludiendo por eso el mal presagio

de que ni en ti siquiera habré seguro,

voy ente pena y pena sonriendo.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "Meterse en el corazón de la ciudad" de Miguel Oscar Menassa

 

jueves, 4 de julio de 2024

CASIDA DEL SEDIENTO

 


CASIDA DEL SEDIENTO

 

Arena del desierto

soy, desierto de sed.

Oasis es tu boca

donde no he de beber.

 

Boca: Oasis abierto

a todas las arenas del desierto.

 

Húmedo punto en medio

de un mundo abrasador

el de tu cuerpo, el tuyo,

que nunca es de los dos.

 

Cuerpo: pozo cerrado

a quien la sed y el sol han calcinado.

 

Miguel Hernández

Caudro: "Último recurso" de Miguel O. Menassa

 

 

sábado, 29 de junio de 2024

ME LLAMO BARRO AUNQUE MIGUEL ME LLAME...

 


ME LLAMO BARRO AUNQUE MIGUEL ME LLAME…

 

Me llamo barro aunque Miguel me llame.

Barro es mi profesión y mi destino

que mancha con su lengua cuanto lame.

Soy un triste instrumento del camino.

Soy lengua dulcemente infame

a los pies que idolatro desplegada.

Como un nocturno buey de agua y barbecho

que quiere ser criatura idolatrada,

embisto a tus zapatos ya sus alrededores,

y hecho de alfombras y de besos hecho

tu talón que me injuria beso y siembro de flores.

 

Coloco relicarios de mi especie

a tu talón mordiente, a tu pisada,

y siempre a tu pisada me adelanto

para que tu impasible pie desprecie

todo el amor que hacia tu pie levanto.

 

Más mojado que el rostro de mi llanto,

cuando el vidrio lanar del hielo bala,

cuando el invierno tu ventana cierra

bajo a tus pies un gavilán de ala,

de ala manchada y corazón de tierra.

Bajo a tus pies un ramo derretido

de humilde miel plateada y sola,

un despreciado corazón caído

en forma de alga y en figura de ola.

 

Barro en vano me invisto de amapola,

barro en vano vertiendo voy mis brazos,

barro en vano te muerdo los talones,

dándote a malheridos aletazos

sapos como convulsos corazones.

 

Apenas si me pisas, si me pones

la imagen de tu huella sobre encima,

se despedaza y rompe la armadura

de arrope bipartido que me ciñe la boca

en carne viva y pura,

pidiéndote a pedazos que la oprima

siempre tu pie de liebre libre y loca.

 

Su taciturna nata se arracima,

los sollozos agitan su arboleda

de lana cerebral bajo tu paso,

y pasas, y se queda

incendiando su cera de invierno ante el ocaso,

mártir, alhaja y pasto de la rueda.

 

Harto de someterse a los puñales

circulantes del carro y la pezuña,

teme del barro un parto de animales

de corrosiva piel y vengativa uña.

 

Teme que el barro crezca en un momento,

teme que crezca y suba y cubra tierna,

tierna y celosamente

tu tobillo de junco, mi tormento,

teme que inunde el nardo de tu pierna

y crezca más y ascienda hasta tu frente.

 

Teme que se levante huracanado

del blando territorio del invierno

y estalle y truene y caiga diluviado

sobre tu sangre duramente tierno.

 

Teme un asalto de ofendida espuma

y teme un amoroso cataclismo.

 

Antes que la sequía lo consuma

el barro ha de volverte de lo mismo.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "Reprodcción automática" de Miguel O. Menassa

sábado, 23 de marzo de 2024

SILENCIO DE METAL TRISTE Y SONORO...

 

SILENCIO DE METAL TRISTE Y SONORO…

 

 

Silencio de metal triste y sonoro,

espadas congregando con amores

en el final de huesos destructores

de la región volcánica del toro.

 

Una humedad de femenino oro

que olió puso en su sangre resplandores,

y refugió un bramido entre las flores

como un huracanado y vasto lloro.

 

De amorosas y cálidas cornadas

cubriendo está los trebolares tiernos

con el dolor de mil enamorados.

 

Bajo su piel las furias refugiadas

son en el nacimiento de sus cuernos

pensamientos de muerte edificados.

 

Miguel Hernández

Cuadro: "Hay que buscarlo" de Miguel O. Menassa

 

 

miércoles, 11 de mayo de 2022

PROFECÍA

 


PROFECÍA

 

Tú no eres tú, mi hermano y campesino:

tú eres nadie y tu ira, facultada

de manejables arcos acerados.

A tu manera faltas sosegada,

a tu amor y destino,

veterana asistencia de los prados.

 

Cornalón por la hoz, áspero sobre

la juventud del vino,

apacientas designios desiguales;

dices a Dios que obre

la creación, del campo solo y mondo,

¡tú!, que has sacado a Dios de los Trigales

candeal y redondo.

 

Pides la expropiación de la sonrisa

y la emancipación de la corriente

--¡lo imposible—del río.

Dejas manca en los árboles la brisa,

el ave sin reposo ni morada,

con el hacha y el brío.

 

Escaso en todo y abundante en nada,

el florido lugar de regadío

se torna de secano.

 

En nombre de la espiga, te conjuro:

¡siembra el pan! Con esmero.

 

Día vendrá un cercano venido

en que revalorices la esperanza,

buscando la alianza

del cielo y no la guerra.

 

¡Tierra! de promisión y de bonanza

volverá a ser la tierra.

 

Miguel Hernández

lunes, 27 de julio de 2020

ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ




ELEGÍA A RAMÓN SIJÉ

En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como del Ramón Sijé,
a quien tanto quería


Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y  estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volvería a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradora.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

(10 de enero de 1936)

Miguel Hernández


sábado, 25 de julio de 2020

DESPUÉS DEL AMOR



DESPUÉS DEL AMOR


No pudimos ser. La tierra
no pudo tanto. No somos
cuanto se propuso el sol
en un anhelo remoto.
Un pie se acerca a lo claro,
en lo oscuro insiste el otro.
Porque el amor no es perpetuo
en nadie, ni en mí tampoco.
El odio aguarda aun instante
dentro del carbón más hondo.
Rojo es el odio y nutrido.
El amor, pálido y solo.
Cansado de odiar, te amo.
Cansado de amar, te odio.

Llueve tiempo, llueve tiempo.
Y un día triste entre todos,
triste por toda la tierra,
triste desde mí hasta el lobo,
dormimos y despertamos
con un tigre entre los ojos.
Piedras, hombres como piedras,
duros y plenos de encono,
chocan en el aire, donde
chocan las piedras de pronto.
Soledades que hoy rechazan
y ayer juntaban sus rostros.
Soledades que  en el beso
guardan el rugido sordo.
Soledades para siempre.
Soledades sin apoyo.

Cuerpos como un mar voraz,
entrechocando, furioso.
Solitariamente atados
por el amor, por el odio.
Por las venas surgen hombres,
cruzan las ciudades, sordos.
En el corazón arraiga
solitariamente todo.
Huellas sin campaña quedan
como en el agua, en el fondo.
Sólo una voz , a lo lejos,
siempre a lo lejos la oigo,
acompaña y hace ir
igual que el cuello a los hombros.
Sólo una voz me arrebata
este armazón espinoso
de vello retrocedido
y erizado que, me pongo.

Los secos vientos no pueden
secar los mares jugosos.
Y el corazón permanece
fresco en su cárcel de agosto,
porque esa voz es el alma
más tierna de los arroyos.
“Mi fiel: me acuerdo de ti
después del sol y del polvo,
antes de la misma luna,
tumba de un sueño amoroso.
Amor: aleja de mi ser
de sus primeros escombros,
y edificándome, dicta
una verdad como un soplo.
Después del amor, la tierra.
Después del la tierra, todo.

Miguel Hernández
Pintura: Pablo Picasso