No media más distancia que
un otero
entre la ausencia mía y tu
presencia
y sin embargo, amor, está
mi ausencia
pendiente de tu puerta de
romero.
Como muere, doliéndose, el
cordero
destetado y sin madre ni
asistencia,
así, de esta dulcísima
dolencia,
de no verte estoy viendo
que me muero.
Inútil es mi oreja sin tus
voces,
inútiles mis ojos y mi
pelo
hasta que tu amistad los
coge y toca.
Mi mejilla se mustia
sin tus roces,
mi paz de guerra está, mi
amor de duelo…
¡A tanto obliga un beso de
tu boca!
Miguel Hernández
Cuadro: "Amor a corazón abierto" de Miguel O. Menassa

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