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martes, 11 de julio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" . Poema publicado en la revista nº 117


 

EL VERDADERO VIAJE

 

 

¡Cuidado! ¡Cuidado!
estamos a punto de naufragar.

 
Os habéis creído,
que en transatlántico poderoso
navegábamos
y sin embargo os digo:
mi vida
es una pequeña balsa enamorada.

 
Veo surgir entre las sombras
una luz que nadie apagará.
formada de versos y perfumes
como vientos insondables
como una catarata de carne
abandonada
que por fin
encuentra su reinado.

 
Reinado de nubes
de antiguas fragancias
y de fragancias inconcebibles.
Pequeñas balsas enamoradas
siempre a punto de naufragar.

 
Por ahora
toda pasión será remar
hasta alcanzar el poema
en ese movimiento.
Remad hasta quedar sin fuerzas y, ahí
comprenderéis el motivo de mi pasión.

 
Iremos por los más bellos ríos
y con el tiempo
nos animaremos a los grandes océanos
a la belleza de las borrascas en el mar
y siempre iremos temerosos de desaparecer,
pequeños, en esa inmensidad que nos rodea.

 
Saber nadar o ser grandiosos
no servirá de nada
para llegar
tendremos que mantener
la balsa a flote
y nosotros mantenernos
encima de la balsa.
Eso
todo el misterio.

 
Un día la balsa se partirá
en mil fragmentos
y cada uno
tendrá que aprender
a sostenerse en pequeños maderos.

 
Si es posible el poema es posible la vida.

 
Remad
agonizad remando
hasta sentir que solo
es imposible.
Quedad sin fuerzas.
Mirad cómo otros reman
y yo mismo remo
con las manos
ensangrentadas por el esfuerzo
sin descansar
hasta encontrar en ese movimiento
el poema.

 
Y cada uno tendrá su pequeña balsa
enamorada.
Dueño de su vida y de su muerte
puede tenderse en la balsa
para siempre
no remar más
y dejar que las aguas
lo lleven por doquier.

 
Y algún otro remando
desesperadamente
al verlo
escribirá un poema.

 
Remar en cualquier dirección tampoco sirve.

 
La tierra que promete
la poesía
siempre es la misma.
Se llega  o no se llega.
Ella necesita reyes
centauros
sólo se deja sembrar
por revolucionarios y fanáticos
por hombres que en su tierra
construyen su casa y su familia
sus grandes ilusiones.

 
El que repita lo hecho jamás la encontrará.

 
Remad
para llegar a esa tierra
como nadie ha remado
y os serán ofrecidos
a vuestra llegada
manjares que no fueron
ofrecidos a nadie.

 
Y en las noches de desilusión
cuando nada es posible
en esa oscuridad
pedid a los mayores
que os cuenten
de los grandes navegantes
sus antiguas hazañas
en pequeños barquitos de papel.

 
Cada trecho recorrido
tendrá sus peligros.
Nada será fácil para el poeta.
 

Vendrá el amor y habrá que enamorarse
 
hasta sentir que la carne
temblando es un poema.
Y así llegará
la inolvidable noche
donde por un instante
esa pasión será la poesía.

 
Frente a la duda no dejar de remar.
 

Tomar en nuestros brazos,
fortalecidos como garras
por la crueldad del ejercicio,
a la persona amada
y seguir remando
si es necesario con los dientes.
Con el tiempo ella, también,
hará ejercicio con nosotros.

 
Después de a dos, de a tres,
de a todos,
rota la inmensidad de lo único
vendrá la muerte.
Y no valdrá ninguna valentía
porque ella se jacta
de haber matado
a todos los valientes
en el primer encuentro.
Y tampoco valdrá ninguna cobardía
porque ella mata todo lo que huye.

 
Para encontrarse con la muerte
se necesita
haber aprendido algo del amor:
Ni huir. Ni arremeter contra nada.
Aprender a conversar tranquilamente
eso enseña el amor..

 
Cuando ella se acerque
y venga por nosotros
con su mirada inmensa
como ella misma es inmensa,
dejarla acercar
hasta que escuche
nuestra respiración
entrecortada por el encuentro.
Y ella enternecida
como es su costumbre
nos tenderá la mano
para que acompañemos
a vuestra majestad
al inmutable
reino del silencio.

 
Ahí
cuando entregarse
es lo más fácil
mirarla
en los ojos
la inmensidad
que le pertenece
y decirle entre dientes:
Amada muerte
mi enamorada
escribiré tu nombre
en todas las paredes
besaré
sin temor tus labios
como nunca
ningún hombre lo ha hecho
y te amaré verás
entre la sangre,
en las grandes catástrofes
y también te amaré
cuando un blanco capullo
reine en tu corazón.

 
La gran emoción
que recorre su manto negro
por encontrarse en un poema
hace de la muerte una mujer.
Ella también terminará remando
tranquilamente hasta la orilla
y compartirá mi pan y mis amores
y volará por las noches
para cobijar en  su seno,
a los que ya dejaron de remar
y volverá
para encontrarse conmigo
y contarme sus hazañas.

 
Como si cada vez
fuera la primera
volveré a respirar
como respiran los atletas
y por haberlo aprendido de ella
la miraré enternecido y le diré:

 
Mi muerte enamorada
y ella
será feliz.

 
Después hay que seguir remando.

 
Ya nos preguntarán
y nosotros diremos:
hemos estado con el amor
y hemos estado, también,
con la muerte.
Al principio no nos creerán
dirán que para el hombre
es imposible.
Nos pedirán pruebas,
nosotros les mostraremos
como si fuera el cielo
algunos poemas
y conseguiremos con ese gesto
que llegue hasta nosotros
el tiempo de la burla.

 
Grandes embarcaciones que nada buscan
porque creen tener
pasarán una y otra vez a nuestro lado
tratando de hundir con sus juegos
nuestra pequeña balsa enamorada.

 
Nos llamarán
desde sus lujosas embarcaciones,
con los nombres
con los que se nombran los desperdicios.
Poetas. Locos. Asesinos.
Y en la algarabía estúpida de sus juegos
todo será posible.
Nos tirarán algunas piedras
y se dirán
nada los ofende y enfurecidos,
nos gritarán:
Pelead ¡cobardes! Defendeos.

 
Y después de mil veces y otras mil
con los ojos desorbitados
por el cansancio
y también por la sorpresa de ver
nuestra pequeña balsa enamorada
siguiendo su camino
y nosotros, tranquilamente,
sobre ella remando.

 
Después de haber atravesado
ilesos el camino de la burla
vendrá os aseguro
el tiempo del oro.

 
Aburridos de sus propias risas
querrán jugar a nuestro juego.
¿Cuánto cuesta esa madera
 a punto de pudrirse
que usáis de embarcación?
Y ¿cuánto vuestra vida?
¿Cuánto esas viejas cartas
de navegación
y cuánto esos poemas?

 
Cuestan, señor,
lo que cuesta a un hombre,
dejar de pertenecerse
y entregarse al poema.

 
¿Cuánto dinero cuesta eso?

 
Todo y ninguno
tal vez su propia vida.

 
¿Cuánto dinero cuesta
mi vida entonces?

 
Todo y ninguno.
Su vida son palabras
como todas las vidas
y eso, tengo entendido,
vale nada.

 
Y ¿cuánto dinero cuesta pensar así?

 
Todo y ninguno.
Más bien hay que sumergirse
remar y no esperar nada.
Eso cuesta.
Sumergirse y no esperar nada
en las tinieblas,
hacia otra oscuridad mayor
el poema.

 
Una vez enamorados
el amor y la muerte
y rechazados el oro
y la burla por impuros
vendrá y de ninguna parte
porque ella
vivió siempre en nosotros
la locura.

 
El peor de todos los estrechos.
surge imprevista,
por ser ley de su destino
la sorpresa
y no viene por ninguna pelea
porque trae el deseo
de trabar amistad con el poeta.
 
Y cuando llega
nos dice entre susurros
que su mundo
y el mundo de la poesía
son el mismo mundo.
 

Frente a la duda hay que seguir remando.

 
Informe se deja  moldear
por nuestras palabras
y al tiempo ella también
tiene su grandeza.

 
Yo soy del amor, nos dice,
ese desenfreno
y la pasión
eterna de la muerte.
Tengo por costumbre
despreciar el oro
y sin embargo
las ansias por matar
que generan sus leyes
están intoxicadas de locura.

 
Ahí, ella y la poesía se parecen.

 
A instantes de juntarse
en nuestra mirada,
como si fuesen una sola cosa
la poesía, vieja loba de mar,
rema un trecho con nosotros
para mostrarnos
que la locura desde que llegó
permanece en el mismo rincón
de la pequeña balsa,
sin remar
recordando todo el tiempo
su pasado.

 
Contentos
de  haber comprendido
la diferencia
encerramos a la locura
en un poema
y seguimos remando
hasta que un día
convencidos de su torpeza
para la navegación
se la entregamos
al amor y a la muerte
para que la locura
aprenda a volar.

 

 
Miguel Oscar Menassa
“La poesía y yo”

 

sábado, 8 de julio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" - poema del taller Sandra Marie Steele Pastor


RELIGIÓN

 

Desde los vientos celestes un águila se acerca a la cuna de los profetas,
sus alas esquivan esferas mortíferas,
sus ojos se llenan de un profundo turquesa y arenas mágicas.
Aterriza, y su presencia es bienvenida,
entonces el mensajero ofrece su perfecta vista a los ciegos de odio y venganza.
El toque de un ángel abre sus almas como las tierras,
y más ángeles bendicen los hermanos de sangre y espíritu.

 
Sandra Marie Steele Pastor

jueves, 6 de julio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" - Poema del taller Esther Núñez Roma


 

RECORRIDO EN UN TREN DE UN SOLO TRAYECTO

 

 

Recorremos el tiempo a ras de su envoltorio,
en un tiempo que pasa fugaz
reflejado en un espejo
y en uno de sus extremos
se vierte la faz de la muerte.

 
Atrás permanecen inmóviles
como ratas en su cloaca
la corteza de los días.
Las travesías sepultadas en el salitre
como esencia de caracola,
desnudan el linaje
que la rosa clava
con sus espinas
en este mundo.

 
Es el penúltimo funeral del día,
los galos de la incertidumbre
reflejan en los raíles del trayecto
rostros de viajeros de espuma,
y el humo de tempestades
hiende el ígneo sudario de lino.

 
En las travesía de agrietados leones
que con sus uñas apuntalan
los cadáveres deshilachados
la tajante tristeza de las colinas,
torna en una sombra a lo desconocido.

 
La galerna del pájaro hace eco
con la voz del silencio,
el destino de la paloma mensajera
evoca en la cóncava vertiente una fugaz tempestad.
Los manantiales sumergidos en el lodo de la tristeza,
en campos anegados de cenizas
bañan por el horror de la intolerancia…
estragos de una guerra entre dos mundos.

 
El fuego crepitante en la alameda,
chirriante como la aguja del reloj de huesos calcinados,
como la sal enterrada,
como una estela de acomodados carriles
en la inmundicia de la sagaz estirpe,
pasa por ciudades de día de noche
empapadas de atardeceres
donde los molinos de viento, con sus astas despojadas
despiden al último viajero.

 
Esther Núñez Roma
Integrante del Taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

miércoles, 5 de julio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" - Poema del taller Maribel Domínguez Duarte


NO PUDE


No pude permanecer en los desvanes solitarios
construyendo la propia desdicha
estancada en una inacción de latidos
sepultados en la soledad de tu ausencia.

No pude olvidar aquellas miradas ondulantes
que como un  suave oleaje
compusieron las miles de caricias
que siguen anhelando tus labios sobre mi piel sedienta.

Y volvimos
volvimos a variar la frontera de aquello que creía inmutable.
Una tormenta de remolinos dibujó el azar marcado
en la encrucijada del deseo
conducida a las tardes voraces
en las que el firme arpegio de tus dedos
descifra mi intimidad
engalanando la desnudez
sobrevolada por vientos cálidos que giran
sacudiendo el oxidado azogue
que pesaba sobre mi piel.


Maribel Domínguez Duarte
Integrante del Taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

martes, 4 de julio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" - Poema del taller, Yosune Castellano Alarcón


ADIÓS

Hoy te ví vestido de noche
envuelto en recuerdos
sonriendo al mañana
desde el sosiego.

Sentí tus manos
mirando pasar los días
diciendo sin opinar
que llegó el fin.

Oí el silencio
de tu boca seca
huyendo de la fatiga
de tus piernas frías.

Tu rostro apagado
desprende satisfacción
e ilusiones cumplidas
en el seno de la despedida.

Bajo la cerrazón
late tu ausencia
condena terrestre
abandonada a la soledad.

Yosune Castellano Alarcón
Integrante del Taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

domingo, 2 de julio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" - poema publicado en la nº 133


VA DE CAPA CAÍDA

 
El que no lleva encima simpatía
es que lleva debajo media muerte.
Va de muerte caída por la vida.
El que no tiene risa que ponerse
es el peor mendigo de la esquina.
Es el pobre más pobre,
más sin suerte,
el que tiene camisa
y no sonrisa
que ponerse.

 
Gloria Fuertes

sábado, 1 de julio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" - poema publicado en la nº 123


LA MALA SUERTE

 

 
Alguien marcó en mis manos,
tal vez hasta en la sombra de mis manos,
el signo avieso de los elegidos por los sicarios de la
desventura.
Su tienda es mi morada.
Envuelta estoy en la sombría lona de unas alas que caen y
que caen
llevando la distancia dondequiera que vaya,
sin acertar jamás con ningún paraíso a la medida de mis
tentaciones,
con ningún episodio que se asemeje a mi aventura.
Nada. Antros donde no cabe ni siquiera el perfume de la
perduración,
encierros atestados de mariposas negras, de cuervos y de
anguilas,
agujeros por los que se evapora la luz del universo.
Faltan siempre peldaños para llegar y siempre sobran
emboscadas y ausencias.
No, no es un guante de seda este destino.
No se adapta al relieve de mis huesos ni a la temperatura
de mi piel,
y nada valen trampas ni exorcismos,
ni las maquinaciones del azar ni las jugadas del empeño.
No hay apuesta posible para mí.
Mi lugar está enfrente del sol que se desvía o de la isla que se
aleja.
¿No huye acaso el piso con mis precarios bienes?
¿No se transforma en lobo cualquier puerta?
¿No vuelan en bandadas azules mis amigos y se trueca en
carbón el oro que yo toco?
¿Qué más puedo esperar que estos prodigios?
Cuando arrojo mis redes no recojo más que vasijas rotas,
perros muertos, asombrosos desechos,
igual que el pobrecito pescador al comenzar la noche
fantástica del cuento.
Pero no hay desenlace con aplausos y palmas para mí.
¿No era heroico perder? ¿No era intenso el peligro? ¿No era
bella la arena?
Entre mi amado y yo siempre hubo una espada;
justo en medio de la pasión el filo helado, el fulgor venenoso
que anunciaba traiciones y alumbraba la herida en el final de
la novela.
Arena, sólo arena, en el fondo de todos los ojos que me
vieron.
¿Y ahora con qué lagrimas sazonaré mi sal,
con qué fuego de fiebres consteladas encenderé mi vino?
Si el bien perdido es lo ganado, mis posesiones son
incalculables.
Pero cada posible desdicha es como un vértigo,
una provocación que la insaciable realidad acepta,
más tarde o más temprano.
Más tarde o más temprano,
estoy aquí para que mi temor se cumpla.
 

Olga Orozco

 

viernes, 30 de junio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 noches" - poema publicado en la nº 31


LOS DOS ÁNGELES


Ángel de luz, ardiendo,
¡oh ven!, y con tu espada
incendia los abismos donde yace
mi subterráneo ángel de las nieblas.
¡Oh espadazo en las sombras!
Chispas múltiples,
clavándose en mi cuerpo,
en mis alas sin plumas,
en lo que nadie ve,
vida.
Me estás quemando vivo.
Vuela ya de mí, oscuro
Luzbel de las canteras sin auroras,
de los pozos sin sueño,
ya carbón de espíritu,
sol, luna.
Me duelen los cabellos
y las ansias. ¡Oh, quémame!
¡Quémalo, ángel de luz, custodio mío,
tú que andabas llorando por las nubes,
tú, sin mí, tú, por mí,
ángel frío de polvo, ya sin gloria,
volcado en las tinieblas!
¡Quémalo, ángel de luz,
quémame y huye!


Rafael Alberti

miércoles, 28 de junio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" - poema publicado en la nº 140


SOY EL DESTINO


Sí, te he querido como nunca.

¿Por qué besar tus labios, si se sabe que la muerte esta próxima,
si se sabe que amar es sólo olvidar la vida,
cerrar los ojos a lo oscuro presente
para abrirlos a los radiantes límites de un cuerpo?

Yo no quiero leer en los libros una verdad que poco a poco
sube como un agua,
renuncio a ese espejo que dondequiera las montañas ofrecen,
pelada roca donde se refleja mi frente
cruzada por unos pájaros cuyo sentido ignoro.

No quiero asomarme a los ríos donde los peces colorados
con el rubor de vivir,
embisten a las orillas límites de su anhelo,
ríos de los que unas voces inefables se alzan,
signos que no comprendo echado entre los juncos.

No quiero, no; renuncio a tragar ese polvo, esa tierra
dolorosa, esa arena mordida,
esa seguridad de vivir con que la carne comulga
cuando comprende que el mundo y este cuerpo
ruedan como ese signo que el celeste ojo no entiende.

No quiero no, clamar, alzar la lengua,
proyectarla como esa piedra que se estrella en la frente,
que quiebra los cristales de esos inmensos cielos
tras los que nadie escucha el rumor de la vida.


Quiero vivir, vivir como la hierba dura,
como el cierzo o la nieve, como el carbón vigilante,
como el futuro de un niño que todavía no nace,
como el contacto de los amantes cuando la luna los ignora.


Soy la música que bajo tantos cabellos
hace el mundo en su vuelo misterioso,
pájaro de inocencia que con sangre en las alas
va a morir en un pecho oprimido.

Soy el destino que convoca a todos los que aman,
mar único al que vendrán todos los radios amantes
que buscan a su centro, rizados por el círculo
que gira como la rosa rumorosa y total.

Soy el caballo que enciende su crin contra el pelado viento,
soy el león torturado por su propia melena,
la gacela que teme al río indiferente,
el avasallador tigre que despuebla la selva,
el diminuto escarabajo que también brilla en el día.

Nadie puede ignorar la presencia del que vive,
del que en pie en medio de las flechas gritadas,
muestra su pecho transparente que no impide mirar,
que nunca será cristal a pesar de su claridad,
porque si acercáis vuestras manos, podréis sentir la sangre.

Vicente Aleixandre

LA CASA



LA CASA


La casa está gris, cerrada,
como una muerta esperando
que el féretro sea blando.
La casa está mal usada
por la tristeza y el tedio.
Las tardes dan cenicientas
sobre sus persianas lentas.
Crece el polvo; hay un asedio
de olvido por las ventanas.
La casa quiere manzanas...:
sólo vive por los gatos
que en las sábanas vacías
forman con cuatro alegrías
dolorosos garabatos.


Junto al baño se detiene
el talco: atónito y mudo
al ver que no me desnudo.
En el aire se va y viene
olor a duelo y a hombre...
Los cactus y las arañas
hacen uniones extrañas.
El lecho busca mi nombre
dicho por la voz aquella
-voz entre humo y estrella
Cuando mordía lo triste
que llevo siempre en la boca...


La sala está como loca.
El patio apenas existe.


No importan esos papeles
que ensucian cariño y sueño;
no importa ese desconsuelo
de los cortinajes fieles.
No importa la última carta
no recogida, la puerta
sorda como una flor yerta;
no importa el sol que se aparta
del jesucristo y la copa,
ni los espejos con hambre
de copiar una ilusión.
No importa que no haya ropa;
yo he colgado en el alambre
a mi propio corazón...

Y allí me quedo y la cuido
de huracanes y dolores:
sueño que le planto flores,
que el cielo vive encendido
sobre su techo pequeño...
Y sueño que Dios promete
regalarme este juguete
para soñar lo que sueño.
Y cuando sueño se alegra
mi pena espumosa y negra
y un pájaro la traspasa.
¡Qué miedo más malo el miedo
de que el Azar con su dedo
me borre toda la casa...!

Carilda Oliver Labra

lunes, 26 de junio de 2017

ES INFINITA ESTA RIQUEZA ABANDONADA


Esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas
                                                               [remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos de
                                                                    [cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío
no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada.


Edgar Bayley

sábado, 24 de junio de 2017

Homenaje a la revista "Las 2001 Noches" - poema publicado en la nº 152


IMPOSIBLE


Imposible saber cuándo ese rincón de mi alma se
ha dormido
y cuándo volverá otra vez a tomar parte en más fiestas
íntimas
o si ese trozo se fue para siempre
o bien si fue robado y se encuentra íntegro en otro

imposible saber si el árbol primitivo adentro de tu ser
siente todavía el viento milenario
si tú recuerdas el canto de la madre cuaternaria
y los grandes gritos de tu rapto
y la voz sollozante del océano que acababa de abrir
los ojos
y agitaba las manos y lloraba en su cuna

para vivir no necesitamos tantos horizontes
las cabezas de amapola que hemos comido sufren
por nosotros
mi almendro habla por una parte de mí mismo
yo estoy cerca y estoy lejos

tengo centenares de épocas en mi breve tiempo
tengo miles de lenguas en mi ser profundo
cataclismos de la tierra accidentes de planetas
y algunas estrellas de luto
¿Recuerdas cuando eras un sonido entre los árboles
Y cuando eras un pequeño rayo vertiginoso?

Ahora tenemos la memoria demasiado cargada
las flores de nuestras orejas palidecen
a veces veo reflejos de plumas en mi pecho
no mires con tantos fantasmas
quiero dormir quiero oír otra vez las voces perdidas
como los cometas que han pasado a otros sistemas

¿En dónde estábamos? ¿En qué luz en qué silencio?
¿En dónde estaremos?
tantas cosas tantas cosas tantas cosas


Yo soplo para apagar tus ojos
¿Recuerdas cuando eras un suspiro entre dos ramas?


Vicente Huidobro