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miércoles, 7 de mayo de 2025

CANSANCIO

 




CANSANCIO

 

 

CANSADO

¡Si!

Cansado

de usar un solo brazo,

dos labios,

veinte dedos,

no sé cuántas palabras,

no sé cuántos recuerdos,

grisáceos,

fragmentarios.

 

Cansado,

muy cansado, de este frío esqueleto,

tan púdico, tan casto,

que cuando se desnude

no sabré si es el mismo

que usé mientras vivía.

 

Cansado.

¡Sí!

Cansado por carecer de antenas,

de un ojo en cada omóplato

y de una cola auténtica,

alegre,

desatada,

y no este rabo hipócrita,

degenerado,

enano.

 

Cansado,

sobre todo,

de estar siempre conmigo,

de hallarme cada día,

cuando termina el sueño,

allí, donde me encuentre,

con las mismas narices

y con las mismas piernas;

como si no deseara

esperar la rompiente con un cutis de playa,

ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,

acariciar la tierra con un vientre de oruga,

y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

 

Oliverio Girondo

Cuadro: "Sin descansar" de Miguel Oscar Menassa

 

 

viernes, 10 de noviembre de 2023

ESPANTAPÁJAROS

 


ESPANTAPÁJAROS

 

 

Llorar a lágrima viva. Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.

 

Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salarnos, a nado de nuestro llanto.

 

Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.

 

Llorar como un cacuy, como un cocodrilo… si es verdad que los cacuies y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.

 

Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.

 

Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria, ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

 

Oliverio Girondo

Cuadro: "¡Cuidado! ¡Cuidado! de Miguel Oscar Menassa

 

lunes, 30 de octubre de 2023

RATA - SIRENA - FÁUSTICA

 


RATA – SIRENA – FÁUSTICA

 

 

¿Te molesta que roa tu techo,

tu silencio?

 

Pero dime

-si puedes-

¿qué haces,

allí,

sentado,

entre seres ficticios

que en vez de carne y hueso

tienen letras,

acentos,

consonantes,

vocales?

 

¿Te halaga,

te divierte

que te miren,

se acerquen,

y den vueltas y vueltas

antes de permitirles

echarse,

como un perro,

en tus páginas yertas?

 

Podrá tu pasatiempo ser harto inofensivo;

pero alguien que posee los dientes más prolijos,

más agrios que los míos,

al elegir la víscera que ha de roerte un día

-si es que ya no se aloja en una de tus venas-,

toma estéril y absurdo

ese fútil designio de escamotear la vida.

 

Allí están las ventanas

que te dan un pretexto

para abrir bien los brazos.

 

Asómate al marítimo

bullicio de las calles.

 

¿No oyes una sirena que llama desde el puerto?

 

Oliverio Girondo

viernes, 27 de octubre de 2023

LOS AMANTES



 

LOS AMANTES

 

 

¿Quién los ve andar por la ciudad

si todos están ciegos?

Ellos se toman de la mano: algo habla

entre sus dedos, lenguas dulces

lamen la húmeda palma, corren por las falanges,

y arriba está la noche llena de ojos.

 

Son los amantes, su isla flota a la deriva

hacia muertes de césped, hacia puertos

que se abren entre sábanas.

Todo se desordena a través de ellos,

todo encuentra su cifra escamoteada;

pero ellos ni siquiera saben

que mientras ruedan en su amarga arena

hay una pausa en la obra que juega.

 

Amanece en los carros de basura,

empiezan a salir los ciegos,

el ministerio abre sus puertas.

Los amantes rendidos se miran y se tocan

una vez más antes de oler el día.

 

Ya están vestidos, ya se van por la calle.

Y es sólo entonces

cuando están muertos, cuando están vestidos,

que la ciudad los recupera hipócrita

y les impone los deberes cotidianos.

 

Oliverio Girondo

Cuadro: "Remolino de amor" de Miguel Oscar Menassa

 

miércoles, 25 de octubre de 2023

PARA LLORAR

 

PARA LLORAR

 

 

Es para llorar que buscamos nuestros ojos

para sostener nuestras lágrimas allá arriba

en sus sobres nutridos de nuestros fantasmas.

 

Es para llorar que apuntamos los fusiles sobre el día

y sobre nuestra memoria de carne.

Es para llorar que apreciamos nuestros huesos y a la muerte

sentada junto a la novia.

Escondemos nuestra voz de todas las noches

porque acarreamos la desgracia

escondemos nuestras miradas ajo las alas de las piedras

respiramos más suavemente que el cielo en el molino

tenemos miedo.

 

Nuestro cuerpo cruje en el silencio

como el esqueleto en el aniversario de su muerte.

Es para llorar que buscamos palabras en el corazón

en el fondo del viento que hincha nuestro pecho

en el milagro del viento lleno de nuestras palabras.

 

La muerte está atornillada a la vida.

Los astros se alejan en el infinito y los barcos en el mar

Las voces se alejan en el aire vuelto hacia la nada

Los rostros se alejan entre los pinos de la memoria

y cuando el vacío está vacío bajo el aspecto irreparable

el viento abre los ojos de los ciegos.

Es para llorar para llorar.

 

Nadie comprende nuestros signos y gestos de largas raíces

Nadie comprende la paloma encerrada en nuestras palabras

Paloma de nube y de noche

De nube en nube y de noche en noche

Esperamos en la puerta el regreso de un suspiro

Miramos ese hueco en el aire en que se mueven los que aún

no han nacido.       

 

Ese hueco en que quedaron las miradas de los ciegos

estatuarios.

Es para poder llorar es para poder llorar

porque las lágrimas deben llover sobre las mejillas de la

tarde.

 

Es para llorar que la vida es tan corta.

Es para llorar que la vida es tan larga.

 

El alma salta de nuestro cuerpo

Bebemos en la fuente que hace ver los ojos ausentes.

 

La noche llega con sus corderos y sus selvas intraducibles

La noche llega a paso de montaña

sobre el piano donde el árbol brota

con sus mercancías y sus signos amargos

con sus misterios que quisiera enterrar en el cielo.

La ciudad  cae en el saco de la noche

desvestida de gloria y de prodigios

El mar abre y cierra su puerta

Es para llorar para llorar

porque nuestras lágrimas no deben separarse

del buen camino.

 

Es para llorar que buscamos la cuna de la luz

y la cabellera ardiente de la dicha

Es la noche de la nadadora que sabe transformarse en

fantasma.

Es para llorar que abandonamos los campos de las simientes

en donde el árbol viejo canta baja la tempestad como la

estatua del mañana.

 

Es para llorar que abrimos la mente a los climas de

impaciencia

y que no apagamos el fuego del cerebro.

 

Es para llorar que la muerte es tan rápida.

Es para llorar que la muerte es tan lenta.

 

Oliverio Girondo

Cuadro: "Último recurso" de Miguel Oscar Menassa

sábado, 8 de julio de 2023

VUELO SIN ORILLAS

 


VUELO SIN ORILLAS

 

 

ABANDONÉ las sombras,

las espesas paredes,

los ruidos familiares,

la amistad de los libros,

el tabaco, las plumas,

los secos cielorrasos;

para salir volando,

desesperadamente.

 

Abajo: en la penumbra,

las amargas cornisas,

las calles desoladas,

los faroles sonámbulos,

las muertas chimeneas,

los rumores cansados;

pero seguí volando,

desesperadamente.

 

Ya todo era silencio,

simuladas catástrofes,

grandes charcos de sombra,

aguaceros, relámpagos,

vagabundos islotes

de inestables riberas;

pero seguí volando,

desesperadamente.

 

Un resplandor desnudo,

una luz calcinante,

se interpuso en mi ruta

me fascinó de muerte,

pero logré evadirme

de su letal influjo,

para seguir volando,

desesperadamente.

 

Todavía el destino

de mundos fenecidos,

desorientó mi vuelo

-de sideral constancia-

con sus vanas parábolas

y sus aureolas falsas;

pero seguí volando,

desesperadamente.

 

Me oprimía lo fluido,

la limpidez maciza,

el vacío escarchado,

la inaudible distancia,

lo oquedad insonora,

el reposo asfixiante;

pero seguí volando

desesperadamente.

 

Ya no existía nada,

la nada estaba ausente;

ni oscuridad, ni lumbre,

-ni unas manos celestes-

ni vida, ni destino,

ni misterio, ni muerte:

pero seguía volando

desesperadamente.

 

Oliverio Girondo

Cuadro: "Celebración en el mar" de Miguel Oscar Menassa

martes, 28 de marzo de 2023

CALLE DE LAS SIERPES

 


CALLE DE LAS SIERPES

A D. Ramón de la Serna

 

Una corriente de brazos y de espaldas

nos encauza

y nos hace desembocar

bajo los abanicos,

las pipas,

los anteojos enormes

colgados en medio de la calle;

únicos testimonios de una raza

desaparecida de gigantes.

 

Sentados al borde de las sillas,

cual si fueran a dar un brinco

y ponerse a bailar,

los parroquianos de los cafés

aplauden la actividad del camarero,

mientras los limpiabotas les lustran los zapatos

hasta que pueda leerse

el anuncio de la corrida del domingo.

 

Con sus caras de mascarón de proa,

el habano hace las veces de bauprés,

los hacendados penetran

en los despachos de bebidas,

a muletear los argumentos

como si entraran a matar;

y acodados en los mostradores,

que simulan barreras,

brindan a la concurrencia

el miura disecado que asoma la cabeza en la pared.

 

Ceñidos en sus capas, como toreros,

los curas entran en las peluquerías

a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez,

y cuando salen a la calle

ya tienen una barba de tres días.

 

En los invernáculos edificados por los círculos,

la pereza se da como en ninguna parte

y los socios la ingieren

con churros o con horchata,

para encallar en los sillones

sus abulias y sus laxitudes de fantoches.

 

Cada doscientos cuarenta y siete hombres,

trescientos doce curar y doscientos noventa y tres soldados,

para una mujer.

 

Oliverio Girando

Argentina 1891

Cuadro: "Animales lejanos" de Miguel O. Menassa

 

viernes, 31 de enero de 2020

CANSADO


CANSADO


Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo brazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras
no sé cuantos recuerdos,
grisáceos, fragmentarios.
Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabrá si es el mismo
que usé mientras vivía.
Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.
Cansado, s
obre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

Oliverio Girondo


domingo, 7 de julio de 2019

CONFIDENCIA PROSAICA - Oliverio Girondo



CONFIDENCIA PROSAICA


Yo también
¡Sí! Yo tengo
-¿por qué no confesarlo?-
un pequeño fantasma,
un duende de familia.

No vaya a suponerse que mi pequeño duende
sea un fantasma hierático,
espectral,
de castillo;
uno de esos fantasmas que arrastran el espanto
entre viejas panoplias
y gritos coagulados,
o delatan incestos
dentro de una armadura,
cuando el silencio calza las funerarias mallas
con que a Hamlet le place pasearse entre las tumbas.

Mi fantasma es doméstico,
rectado,
apacible.

Jamás le he sorprendido actitudes de almena,
ni lo he visto hospedarse
en la caja de un péndulo,
para que sus entrañas se pueblen de latidos.

Cotidiano,
tranquilo,
modesto,
de bolsillo,
mi pequeño fantasma
no ahuyenta los retratos,
ni adopta almas de piedra
o heráldicas posturas.

Tal cual es,
sin embargo,
engalana mis noches
y es el único lujo de mis horas vacías.

Ya sé que con frecuencia revuelve mis papeles,
esconde alguna carta,
empaña mis anteojos,
me humilla al obligarme
a buscar los gemelos debajo de la cómoda,
me esconde la boquilla;
pero es él quien mitiga la fiebre del insomnio,
quien impide que pierdan el compás las canillas,
quien oprime las llagas de las puertas pintadas
y conforta el silencio,
la soledad,
el frío,
al pasear por los cuartos
su corpórea presencia de fantasma benigno,
de duende que vigila
las sombras
y los ruidos.

Oliverio Girondo


sábado, 28 de octubre de 2017

LO QUE ESPERAMOS - Oliverio Girondo


 

LO QUE ESPERAMOS

 

Tardará, tardará.

 
Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinados,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

 
Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
ni idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad,
de bosta.

 
Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

 
Y entonces…
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomas el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.

 
Oliverio Girondo