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sábado, 29 de diciembre de 2018

Poesía en Navidad - Thomas S. Elliot


EL CULTIVO DE LOS ÁRBOLES DE NAVIDAD

Hay muchas actitudes hacia la Navidad,
algunas de las cuales podemos desechar:
la social, la torpe, la abiertamente comercial,
la juerguista (los bares abiertos hasta medianoche)
y la pueril –que no es la del niño
para quien la vela es una estrella y el ángel dorado
que despliega sus alas en la cima del árbol
es no un simple adorno, sino un ángel.
El niño se embelesa ante el Árbol de Navidad:
dejadle conservar ese espíritu de admiración
ante la Fiesta en cuanto evento no aceptado como pretexto;
de modo que el arrebato centelleante, la maravilla
del primer Árbol de Navidad recordado,
de modo que las sorpresas, el deleite en nuevas posesiones
(cada cual con su peculiar y emocionante olor),
la expectativa del ganso o del pavo
y el esperado sobrecogimiento ante su aparición,
de modo que la reverencia y la alegría
no lleguen a olvidarse en la experiencia posterior,
en el aburrido acostumbramiento, la fatiga, el tedio,
la certeza de la muerte, la conciencia del fracaso,
o en la piedad del converso,
que puede estar teñida de arrogancia
desagradable a Dios e irrespetuosa hacia los niños
(y aquí recuerdo también con  gratitud
a santa Lucía, su canción y su corona de fuego):
de modo que antes del fin, la octogésima Navidad
(entendiendo por “octogésima” la última),
los recuerdos acumulados de la emoción anual 
puedan concentrarse en un gran gozo
que será también un gran temor, como en la ocasión
en que el temor desciende a cada alma:
porque el principio nos rememorará el final
y la primera venida, la segunda venida.

Thomas Stearns Elliot


viernes, 28 de diciembre de 2018

Poesía en Navidad - Vinicius de Moraes


NAVIDAD

Para eso fuimos hechos
para recordar y ser recordados
para llorar y hacer llorar
para enterrar a nuestros muertos
por eso tenemos brazos largos para los adioses
manos para tomar lo que fue dado
dedos para cavar la tierra.
Así será nuestra vida:
Una tarde siempre por olvidar
una estrella apagándose en la sombra
un camino entre dos sepulcros—
por eso necesitamos velar
hablar bajo, pisar suave, ver
a la noche dormir en silencio.
No hay mucho que decir:
una canción sobre una cuna
un verso, tal vez, de amor
una oración por quien se va
pero que esa hora no olvide
y por ella nuestros corazones
se dejen, graves y simples.
Pues confiar en el milagro
para participar de la poesía
para ver el rostro de la muerte—
De repente nunca más esperaremos
hoy la noche es joven; de la muerte, apenas
nacemos, inmensamente.

Vinicius de Moraes
Brasil 1913 – 1980


jueves, 27 de diciembre de 2018

Poesía en Navidad - Gloria Fuertes


JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

Jesús, María y José
estaban junto al pesebre.
El niño tenía frío.
María tenía fiebre.

Al Niño Jesús Bendito,
le entretiene un angelito.
Se arremolina la gente,
vienen los Reyes de Oriente.
Se acercan los mensajeros.
El Niño hace pucheros.
No le gusta el oro fino,
prefiere pañal de lino.

Los pastores van en moto,
y se arma un alboroto,
las ovejas asustadas,
corren hacia las majadas.

Los pastores dan al Niño
bollos y queso, y cariño.
José, María, y Jesús,
nos dan vida y nos dan luz.

Gloria Fuertes

miércoles, 26 de diciembre de 2018

ROMANCE DEL ESTABLO DE BELÉN


ROMANCE DEL ESTABLO DE BELÉN

Al llegar la medianoche
y romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo…

y se fueron acercando
y alargaron hasta el Niño
sus cien cuellos, anhelantes
como un bosque sacudido.

Bajó un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos,
como llenos de rocío…

Una oveja  lo frotaba
contra su vellón suavísimo,
y las manos le lamían,
en cuclillas, dos cabritos…

las paredes del establo
se cubrieron sin sentirlo
de faisanes y de ocas
y de gallos y de mirlos.

Los faisanes descendieron
y pasaban sobre el niño
su ancha cola de colores;
y las ocas de anchos picos

arreglábanle las pajas;
y el enjambre de los mirlos
era un vuelo palpitante
sobre el recién nacido…

Y la Virgen entre el bosque
de los cuernos, sin sentido,
agitada iba y venía
sin poder tomar al Niño.

Y José sonriendo iba
acercándose en su auxilio…
¡Y era como un bosque todo
el establo conmovido!

Gabriela Mistral

lunes, 24 de diciembre de 2018

NOCHEBUENA


NOCHEBUENA

Al callar la orquesta, pasean veladas
sombras femeninas bajo los ramajes,
por cuya hojarasca se filtran heladas
quimeras de luna, pálidos celajes.

Hay labios que lloran arias olvidadas,
grandes lirios fingen los ebúrneos trajes.
Charlas y sonrisas en locas bandadas
perfuman de seda los rudos boscajes.

Espero que ría la luz de tu vuelta;
y en la epifanía de tu forma esbelta,
cantará la fiesta en oro mayor.

Balarán mis versos en tu predio entonces,
canturreando en todos sus místicos bronces 
que ha nacido el niño-Jesús de tu amor.

César Vallejo