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miércoles, 26 de marzo de 2025

JACTANCIA DE QUIETUD

 

JACTANCIA DE QUIETUD

 

Escrituras de luz embisten la sombra, más prodigiosas que meteoros.

La alta ciudad inconocible arrecia sobre el campo.

Seguro de mi vida y de mi muerte, miro los ambiciosos y quisiera entenderlos.

Su día es ávido como el lazo en el aire.

Su noche es tregua de la ira en el hierro, pronto en acometer.

Hablan de humanidad.

Mi humanidad está en sentir que somos voces de una misma penuria.

Hablan de patria.

Mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada,

la oración evidente del sauzal en los atardeceres.

El tiempo está viviéndome.

Más silencioso que mi sombra, cruzo el tropel de su levantada codicia.

Ellos son imprescindibles, únicos, merecedores del mañana.

Mi nombre es alguien y cualquiera.

Paro con lentitud, como quien viene de tan lejos que no espera llegar.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: "De antiguas fragancias" de Miguel O. Menassa

 

 

domingo, 12 de noviembre de 2023

EL AMENAZADO

 


EL AMENAZADO

 

 

Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.

La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.

¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,

la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares

y sus espadas,

la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,

los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se

levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.

Ya los ejércitos me cercan, las hordas.

(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto).

El nombre de una mujer me delata.

Me duele una mujer en todo el cuerpo.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: "La cárcel de los días por pasar" de Miguel Oscar Menassa

 

jueves, 28 de septiembre de 2023

POEMA DE LOS DONES

 

 


POEMA DE LOS DONES

 

 

Nadie rebaje a lágrima o reproche

esta declaración de la maestría

de Dios, que con magnífica ironía

me dio a la vez los libros y la noche.

 

De esta ciudad de libros hizo dueños

a unos ojos sin luz, que sólo pueden

leer en las bibliotecas de los sueños

los insensatos párrafos que ceden

 

las albas a su afán. En vano el día

les prodiga sus libros infinitos,

arduos como los arduos manuscritos

que perecieron en Alejandría.

 

De hambre y de sed (narra una historia griega)

muere un rey entre fuentes y jardines;

yo fatigo sin rumbo los confines

de esta alta y honda biblioteca ciega.

 

Enciclopedias, atlas, el Oriente

y el Occidente, siglos, dinastías,

símbolos, cosmos y cosmogonías

brindan los muros, pero inútilmente.

 

Lento en mi sombra, la penumbra hueca

exploro con el báculo indeciso,

yo, que me figuraba el Paraíso

bajo la especie de una biblioteca.

 

Algo, que ciertamente no se nombra

con la palabra azar, rige estas cosas;

otro ya recibió en otras borrosas

tardes los muchos libros y la sombra.

 

Al errar por las lentas galerías

suelo sentir con vago horror sagrado

que soy el otro, el muerto, que habrá dado

los mismos pasos en los mismos días.

 

¿Cuál de los dos escribe este poema

de un yo plural y de una sola sombra?

¿Qué importa la palabra que me nombre

si es indiviso y uno el anatema?

 

Groussac o Borges, miro este querido

mundo que se deforma y que se apaga

en una pálida ceniza vaga

que se parece al sueño y al olvido.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: "Y sin embargo os digo" de Miguel Oscar Menassa

jueves, 14 de septiembre de 2023

UN SÁBADO

 


UN SÁBADO

 

 

Un hombre ciego en una casa hueca

fatiga ciertos limitados rumbos

y toca las paredes que se alargan

y el cristal de las puertas interiores

y los ásperos lomos de los libros

vedados a su amor y la apagada

platería que fue de los mayores

y los grifos del agua y las molduras

y unas vagas monedas y la llave.

Está solo y no hay nadie en el espejo.

Ir y venir. La mano roza el borde

del primer anaquel. Sin proponérselo,

se ha tendido en la cama solitaria

y siente que los actos que ejecuta

interminablemente en su crepúsculo

obedecen a un juego que no entiende

y que dirige un dios indescifrable.

En voz alta repite y cadenciosa

fragmentos de los clásicos y ensaya

variaciones de verbos y de epítetos

y bien o mal escribe este poema.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: "El primer día de la primavera" de Miguel Oscar Menassa

lunes, 4 de septiembre de 2023

AQUÉL

 


AQUÉL

 

 

Oh días consagrados al inútil

empeño de olvidar la biografía

de un poeta menor del hemisferio

austral, a quien los hados o los astros

dieron un cuerpo que no deja un hijo

y la ceguera, que es penumbra y cárcel,

y la vejez, aurora de la muerte,

y la fama, que no merece nadie,

y el hábito de urdir endecasílabos

y el viejo amor de las enciclopedias

y de los finos mapas caligráficos

y del tenue marfil y una incurable

nostalgia del latín y fragmentarias

memorias de Edimburgo y de Ginebra

y el olvido de fechas y de nombres

y el culto del Oriente, que los pueblos

del misceláneo Oriente no comparten,

y vísperas de trémula esperanza

y el abuso de la etimología

y el hierro de las sílabas sajonas

y la luna, que siempre nos sorprende,

y esa mala costumbre, Buenos Aires,

y el sabor de las uvas y del agua

y del cacao, dulzura mexicana,

y unas monedas y un reloj de arena

y que una tarde, iguala tantas otras,

se resigna a estos versos.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: "Con el tiempo" de Miguel Oscar Menassa

 

 

miércoles, 15 de febrero de 2023

LA SUMA

 


LA SUMA

 

 

Ante la cal de una pared que nada

nos veda imaginar como infinita

un hombre se ha sentado y premedita

trazar con rigurosa pincelada

en la blanca pared el mundo entero:

puertas, balanzas, tártaros, jacintos,

ángeles, bibliotecas, laberintos,

anclas, Uxmal, el infinito, el cero.

Puebla de formas la pared. La suerte,

que de curiosos dones no es avara,

le permite dar fin a su porfía.

En el preciso instante de la muerte

descubre que esa vasta algarabía

de líneas es la imagen de su cara.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: "Animales lejanos" de Miguel O. Menassa

viernes, 3 de febrero de 2023

FINAL DE AÑO

 


FINAL DE AÑO

 

 

Ni el pormenor simbólico

de reemplazar un tres por un dos

ni esa metáfora baldía

que convoca un lapso que muere y otro que surge

ni el cumplimiento de un proceso astronómico

aturden y socavan

la altiplanicie de esta noche

y nos obligan a esperar

las doce irreparables campanadas.

La causa verdadera

es la sospecha general y borrosa

del enigma del Tiempo;

es el asombro ante el milagro

de que a despecho de infinitos azares,

de que a despecho de que somos

las gotas del río de Heráclito,

perdure algo en nosotros:

inmóvil,

algo que no encontró lo que buscaba.

 

Jorge Luis Borges

domingo, 22 de enero de 2023

LA MONEDA DE HIERRO

 


LA MONEDA DE HIERRO

 

 

Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos

las dos contrarias caras que serán la respuesta

de la terca demanda que nadie no se ha hecho:

¿Por qué precisa un hombre que una mujer lo quiera?

Miremos. En el orbe superior se entretejen

el firmamento cuádruple  que sostiene el diluvio

y las inalterables estrellas planetarias.

Adán, el joven padre, y el joven Paraíso.

La tarde y la mañana. Dios en cada criatura.

En ese laberinto puro está tu reflejo.

Arrojemos de nuevo la moneda de hierro

que es también un espejo mágico. Su reverso

es nadie y nada y sombra y ceguera. Eso eres.

De hierro las dos caras labran un solo eco.

Tus manos y tu lengua son testigos infieles.

Dios es el inasible centro de la sortija.

No exalta n condena. Obra mejor: olvida.

Maculado de infamia ¿por qué no han de quererte?

En la sombra del  oto buscamos nuestra

sombra;

en el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: "Encuentro" de Miguel Oscar Menassa

 

 

domingo, 2 de octubre de 2022

LA LUNA

 


LA LUNA

 

 Cuenta la historia que en aquel pasado

tiempo en que sucedieron tantas cosas

reales, imaginarias y dudosas,

un hombre concibió el desmesurado

proyecto de cifrar el universo

en un libro y con ímpetu infinito

erigió el alto y arduo manuscrito

y limó y declamó el último verso.

 

Gracias iba a rendir a la fortuna

cuando al alzar los ojos vio un bruñido

disco en el aire y comprendió, aturdido,

que se había olvidado de la luna.

 

La historia que he narrado aunque fingida,

bien puede figurar el maleficio

de cuantos ejercemos el oficio

de cambiar en palabras nuestra vida.

 

Siempre se pierde lo esencial. Es una

Ley de toda palabra sobre el numen.

No la sabrá eludir este resumen

de mi largo comercio con la luna.

 

No sé dónde la ví por primera,

si en el cielo anterior de la doctrina

del griego o en la tarde que declina

sobre el patio del pozo y de la higuera.

 

Según se sabe, esta mudable vida

puede, entre tantas cosas, ser muy bella

y hubo así alguna tarde en que con ella

te miramos, oh luna compartida.

 

Más que las lunas de las noches puedo

recordar las del verso: la hechizada

dragon moon que da horror a la balada

y la luna sangrienta de Quevedo.

 

De otra luna de sangre y de escarlata

habló Juan en su libro de feroces

prodigios y de júbilos atroces;

otras más claras lunas hay de plata.

 

Pitágoras con sangre (narra una

tradición) escribía en un espejo

y los hombre leían el reflejo

en aquel otro espejo que es la luna.

 

De hierro hay una selva donde mora

el alto lobo cuya extraña suerte

es derribar la luna y darle muerte

cuando enrojezca el mar la última aurora.

 

(Esto el Norte profético lo sabe

y tan bien que ese día los abiertos

mares del mundo infestará la nave

que se hace con las uñas de los muertos.)

 

Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna

quiso que yo también fuera poeta,

me impuse, como todos, la secreta

obligación de definir la luna.

 

Con una suerte de estudiosa pena

agotaba modestas variaciones,

bajo el vivo temor de que Lugones

ya hubiera usado el ámbar o la arena,

 

de lejano marfil, de humo, de fría

nieve fueron las lunas que alumbraron

versos que ciertamente no lograron

el arduo honor de la tipografía.

 

Pensaba que el poeta es aquel hombre

que, como el rojo Adán del Paraíso,

impone a cada cosa su preciso

y verdadero y no sabido nombre,

 

Ariosto me enseñó que en la dudosa

luna moran los sueños, lo inasible,

el tiempo que se pierde, lo posible

o lo imposible, que es la misma cosa.

 

De la Diana triforme Apolodoro

me dejo divisar la sombra mágica;

Hugo me dio una hoz que era de oro,

y un irlandés, su negra luna trágica.

 

Y, mientras yo sondeaba aquella mina

de las lunas de la mitología,

ahí estaba, a la vuelta de la esquina,

la luna celestial de cada día.

 

Sé que entre todas las palabras, una

hay para recordarla o figurarla.

El secreto, a mi ver, está en usarla

con humildad. Es la palabra luna.

 

Ya no me atrevo a macular su pura

aparición con una imagen vana;

la veo indescifrable y cotidiana

y más allá de mi literatura.

 

Sé que la luna o la palabra luna

es una letra que fue creada para

la compleja escritura de esa rara

cosa que somos, numerosa y una.

 

Es uno de los símbolos que al hombre

de el hado o el azar para que un día

de exaltación gloriosa o de agonía

pueda escribir su verdadero nombre.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: "Amanecer" de Claude Monet

domingo, 7 de agosto de 2022

AL HIJO

 


AL HIJO

 

 

No soy yo quien te engendra. Son los muertos.

Son mi padre, su padre y sus mayores;

son los que un largo dédalo de amores

trazaron desde adán y los desiertos

de Caín y de Abel, en una aurora

tan antigua que ya es mitología,

y llegan, sangre y médula, a este día

del porvenir, en que te engendro ahora.

Siento su multitud. Somos nosotros

y, entre nosotros, tú y los venideros

hijos que has de engendrar. Los postrimeros

y los del rojo adán. Soy esos otros,

también. La eternidad está en las cosas

del tiempo, que son formas presurosas.

 

Jorge Luis Borges

Cuadro: Joaquín Sorolla

 

jueves, 4 de agosto de 2022

A QUIEN YA NO ES JOVEN

 


A QUIEN YA NO ES JOVEN

 

“La espada morirá como el racimo.

El cristal no es más frágil que la roca.

Las cosas son su porvenir de polvo…”

 

Ya puedes ver el trágico escenario

y cada cosa en el lugar debido;

la espada y la ceniza para Dios

y la moneda para Belisario.

 

¿A qué sigues buscando en el brumoso

bronce de los hexámetros la guerra

si están aquí los siete pies de la tierra,

la brusca sangre y el abierto foso?

 

Aquí te acecha el insondable espejo

que soñara y olvidará el reflejo

de tus postrimerías y agonías.

 

Ya te cerca lo último. Es la casa

donde tu lenta y breve tarde pasa

y la calle que ves todos los días.

 

Jorge Luis Borges

 

 

 

jueves, 25 de julio de 2019

DESPUÉS DE UN TIEMPO - Jorge Luis Borges



DESPUÉS DE UN TIEMPO


Después de un tiempo,
uno aprende la sutil diferencia
entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y uno aprende que el amor
no significa acostarse
y una compañía no significa seguridad
y uno empieza a aprender.
Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas
y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos
y uno aprende a construir
todos sus caminos en el hoy,
porque el terreno de mañana
es demasiado inseguro para planes…
y los futuros tienen una forma de
caerse en la mitad.
Y después de un tiempo
uno aprende que si es demasiado,
hasta el calorcito del sol quema.
Así que uno planta su propio jardín
y decora su propia alma, en lugar
de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar,
que uno realmente es fuerte,
que uno realmente vale,
y uno aprende y aprende…
y con cada día uno aprende.

Jorge Luis Borges



miércoles, 1 de mayo de 2019

AJEDREZ - Jorge Luis Borges



AJEDREZ


I
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.


II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su  batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y  agonía?

Jorge Luis Borges


martes, 9 de agosto de 2016

ARTE POÉTICA - JORGE LUIS BORGES

ARTE POÉTICA

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentas que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.


Jorge Luis Borges