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viernes, 4 de noviembre de 2016

EL REY DE LAS RUINAS


EL REY DE LAS RUINAS

 
Estoy en la miseria, Dios mío qué te importa
ya mi casa es un dulce terraplén de locura
un vuelo de lechuzas un río con el fondo
lacrado en mi semblante… ¡Dios mío qué te importa
mi casa es un relincho de muerto monocromo
cuna de remembranza gran rincón de dolor
allí ya no se duerme si no es para gritar
con una boca hambrienta de espesas esperanzas
flores ayer y hoy sus faldas son escombros
mi rostro de color negro aguanta la puerta
y al fin no sé qué hacer con tanta fotocopia
¡Estoy en la miseria! Se dice la miseria
y nada es la miseria… ¡Dios mío que miseria!
por el resuelto abismo subo las escaleras
del torreón oculto para pedir limosna
entro llamo ay ay ¡Señorito! ¡Ay! ¡Ay!
no puede ser así usted no se parece
¡Aparición! ¿Quién soy? Te pido yo una cama
para abrigar mis labios con un sueño anticuado
no te pongas así no te asustes de mí
¡Ayaymiseñoritoustedyanoeselmismo!
parece usted de veras un cansado harapiento
me da pena su ombligo lleno de soledad
ropa y candela diome y cené con la vieja
con la comadre atónita que mientras como reza.
riendo yo le explico: “Soy el rey de las ruinas”
y ella plasma un quejido: “Que es eso  señorito?”

 
Carlos Edmundo de Ory

domingo, 23 de octubre de 2016

SERENATA


SERENATA

 

Verdad que la mujer tiene siempre deseos
¡Oh rito infranqueable la mujer tiene brazos!
Con frecuencia la miro  deseando comprenderla
cuando zumba el ataúd diurno del amor.

 
La corriente de sed se aplaca en sus dos pechos.
La mujer con su costra de silencio se embarca
en una triste y lenta marejada de olvido
la noche es otra tumba que en su ser se coloca.

 
Con frecuencia la miro con frecuencia la toco
y sus ropas de llanto me despiertan la muerte
y sus ropas de tela y sus telas de almíbar
me despiertan la vida me despiertan y duermen.

 
¡Oh cortina furiosa constante y enemiga!
No puedes ya volar sin un temblor debajo
quiero apretar tus dedos melosos y algo turbios
quiero besar sus besos y quiero estar tus noches.

 
Nos separa una vida de color del desierto
nos espera una historia de sollozos y gozos
ya me ves ya me oyes nos estamos amando
nunca están separados los lejanos lejanos.

 
Los lejanos se encuentran y tus grandes suspiros
lloverán como ampos azules sobre el polvo
odio los besos dados odio el ancla en los cuerpos
porque espero la boca repitiendo tus labios.

 
Pero te veo plena de lujos misteriosos
te cubre a ti una negra y transparente nube
no miras a esta clase de seres mas que lejos
mientras sola debates tu pálida locura.

 
Verdad que la mujer tienen siempre deseos
mentira que me quieres oh reina de la dicha
oh reina de la dicha oh misérrima madre
oh misérrima dicha oh desolado imperio.

 
Carlos Edmundo de Ory