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domingo, 21 de octubre de 2018

LA POETISA DEL PUEBLO



LA POETISA DEL PUEBLO


¿Ya viene, mírala! ¿Quién?
--Ésa que saca las copias.
--Jesús, que mujer tan rara.
--Tienes los ojos de loca.
Diga V., don Marcelino,
¿será verdad que ella sola
hace versos sin maestro?
--¡Qué locura!, no señora;
anoche nos convencimos
de que es mentira, en la boda:
si tiene esa habilidad
¡por qué no le hizo a la novia,
siendo tan amiga suya,
décimas o alguna cosa?
–Una décima, es preciso dije—
el novio está empeñado;
“ustedes se ha engañado
me respondió, no improviso”.
--Siendo la novia su amiga,
vamos, ¿no ha de hacerla usté?—
“Pero por Dios, si no sé,
¿no hasta que yo lo diga?”
La volvimos a rogar,
se levantó hecha una pólvora,
y en fin, de que vio el empeño
se fue huyendo de la boda.
Esos versos los compone
otra cualquiera persona,
y ella luego, por lucirse,
sin duda se los apropia.
--Porque digan que es romántica.
--¡Qué mujer tan mentirosa!
--Dicen que siempre está echando
relaciones ella sola.
--Se enseñará a comediante.
--Ya se ha sentado ¡la mona!
Más valía que aprendiera
a barrer que a decir coplas.
--Vamos a echarla de aquí.
--¿Cómo? – Riéndonos todas.
-- Dile a Paula que se ría.
-- Y tú a Isabel, y tú a Antonia.
Ja ja ja ja ja ja ja.
¡Más fuerte, que no lo nota!
Ja ja ja ja ja ja ja.
Ya mira, ya se incomoda,
ya se levanta y se va…
¡Vaya con Dios la gran loca!

Carolina Coronado




domingo, 8 de septiembre de 2013

Tiempo de estío

Yo Tengo mis Amores en el Mar

¡Hijo del mar, espíritu querido!,
alto ingenio inmortal de la poesía,
escucha desde el mar este gemido
que mi amoroso corazón te envía:
yo te adoro en el mar, y yo he venido
a escuchar en sus hondas tu armonía
y en su brisa tu aliento a respirar,
porque están mis amores en el mar.

Muchas noches al rayo de la luna
te he visto en la mitad del Océano
maldiciendo el rigor de tu fortuna
y mi sombra hacia ti llamando en vano;
y a las olas que van una por una
a estrellarse en el muro gaditano,
les digo que te lleven mi cantar
cuando se tornen con la aurora al mar.

Sobre esa torre que en la noche oscura
brilla como la luz de tu mirada,
muchas veces también subo agitada
a mirar tu bajel desde la altura;
y si está su bandera enarbolada,
mi voz en las borrascas te conjura
para que puedan libres navegar
los amores que tengo en este mar.

Pregúntale a la tórtola africana,
si al cruzar por las costas españolas,
no me encontró llorando esta mañana
al pie de las marinas banderolas;
yo le rogué que fuera por las olas
a buscar a tu nave soberana,
y a decirte, poeta, en su cantar
que tengo mis amores en el mar.

Tú de mi juventud primer suspiro,
la primera ilusión de mis cantares,
el fecundo laurel del Manzanares,
cuyas hojas perfuman mi retiro;
tú cuya imagen en las olas miro,
porque eres hijo de los bellos mares,
escucha, si me puedes escuchar,
el amoroso adiós que doy al mar…

Perdón, amigos, si al sonar mi acento
en el último adiós de despedida,
la mente absorta en su ilusión querida
arrebató mi voz por un momento:
nunca de la amistad el sentimiento
mi agradecido corazón olvida;
pero mirad cuán grande es mi penar
que dejo mis amores en el mar.

Perdón, amigos, si empecé mi canto
a una memoria de eternal consuelo,
y por amante respetad mi duelo
si al recordar su nombre sufro tanto;
y por amante respetad mi llanto
si en esta agitación y este desvelo
al deciros adiós vengo a llorar
¡porque dejo su tumba en ese mar!

Harto dolor aguarda a mi existencia
lejos del mar que mi tristeza calma,
y harta paciencia necesita el alma
para sufrir, amigos, esta ausencia;
pero si logro al fin con la paciencia
de mi martirio conquistar la palma,
yo volveré después de mi penar
a buscar mis amores en el mar.

Más tarde o más temprano mi barquilla
naufragará en la costa gaditana,
y arrojará la mar hasta la orilla
entre la espuma mi reliquia humana;
y esa poetisa, que me nombra hermana,
os dirá con su voz clara y sencilla:
“Aquí vino su sombra a descansar,
porque están sus amores en el mar”.

Carolina Coronado
España   1890-1911