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jueves, 28 de abril de 2016
viernes, 21 de agosto de 2015
TIERRA Y LUNA
TIERRA
Y LUNA
Me
quedo con el transparente
que
come los huevos de la golondrina.
Me
quedo con el niño desnudo
que
pisotean los borrachos de Brooklyn.
Con
las criaturas muchas que pasan bajo los arcos.
Con
el arroyo de venas ansioso de abrir sus manecillas.
Tierra
tan sólo. Tierra.
Tierra
para los manteles estremecidos,
para
la pupila viciosa de nube,
para
las heridas recientes y el húmedo pensamiento.
Tierra
para todo lo que huye de la
Tierra
No
es la ceniza en vilo de las cosas quemadas,
ni
los muertos que mueven sus lenguas bajo los árboles.
Es
la tierra desnuda que bala por el cielo
Y
deja atrás los grupos ligeros de
ballenas.
Es
la Tierra
alegrísima, imperturbable nadadora,
la
que yo encuentro en el niño y en las noches que pasan los areos.
Viva
Tierra de mi pulso y del baile de los helechos
que
deja a veces por el aire un duro perfil de Faraón.
Me
quedo con la mujer fría donde requeman los musgos inocentes.
Me
quedo con los borrachos de Brooklyn
que
pisan al niño desnudo.
Me
quedo con los signos desgarrados
de
la lenta comida de los osos.
Pero
entonces bajo la luna despeñada por las escaleras
poniendo
las ciudades de hule celeste y talco sensitivo,
llenando
de pies de mármol la llanura sin recodos
y
olvidando, bajo las sillas diminutas carcajadas de algodón.
¡Oh
Diana, Diana!, Diana vacía,
convexa
resonancia donde la abeja se vuelve loca.
Mi
amor es paso, tránsito, larga muerte gustada,
nunca
la piel ilesa de tu desnudo nido.
Es
Tierra ¡Dios mío! Tierra lo que vengo buscando.
Embozo
de horizonte, latido y sepultura.
Es
dolor que se acaba y amor que se consume.
Torre
de sangre abierta con las manos quemadas.
Pero
la luna subía y bajaba las escaleras.
Repartiendo
lentejas desangradas en los ojos,
dando
escobazos de plata a los niños de los muelles
y
borrando mi apariencia por el término del aire.
Federico
García Lorca
jueves, 20 de agosto de 2015
LLUVIA
LLUVIA
La lluvia
tiene un vago secreto de ternura,
algo de
soñolencia resignada y amable,
una música
humilde se despierta con ella
que hace
vibrar el alma dormida en el paisaje.
Es un besar
azul que recibe la Tierra ,
el mito
primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto
ya frío de cielo y tierra viejos
con una
mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora
del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge
de espíritu santo de los mares.
La que
derrama vida sobre las sementeras
y en el alma
tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia
terrible de una vida perdida,
el fatal
sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión
inquieta de un mañana imposible
con la
inquietud cercana del color de la carne.
El amor se
despierta en el gris de su ritmo,
nuestro
cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro
optimismo se convierte en tristeza
al
contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las
gotas: ojo de infinito que miran
al infinito
blanco que les sirvió de madres.
Cada gota de
lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan
divinas heridas de diamante.
Son poetas
del agua que han visto y que meditan
lo que la
muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia
silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa
y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena
y pacífica que eres la verdadera,
la que
llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia
franciscana que llevas a tus gotas
almas de
fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre
los campos desciendes lentamente
las rosas de
mi pecho con tus sonidos abres.
El canto
primitivo que dices al silencio
y la
historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta
llorando mi corazón desierto
en un negro
y profundo pentagrama sin clave.
Mi alma
tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza
resignada de cosa irrealizable,
tengo en el
horizonte un lucero encendido
y el corazón
me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles
aman
y eres sobre
el piano dulzura emocionante;
das al alma
las mismas nieblas y resonancias
que pones en
el alma dormida del paisaje!
Federico
García Lorca
miércoles, 19 de agosto de 2015
EL LÁPIZ EN LAS MANOS
EL LÁPIZ EN LAS MANOS
Un lápiz agitándose en mis dedos
con un impulso vegetal que canta.
Dibujando en la sien de los turpiales
una lira con tímpanos y labios.
Escribiendo la fábula de un hombre
devorado por flores gigantescas
al sur de las vertientes amazónicas,
o el himno de unas vírgenes cobrizas
bañándose desnudas en los lagos,
y una serpiente de ojos masculinos
desde frondas sexuales acechándolas.
¡Qué fragor tropical en la madera
de este lápiz surgido de unos bosques,
donde plantas y pájaros se pudren!
¡Qué estruendo de anegantes cataratas
que en llanuras hidrópicas se pierden!
¡Qué estallido de rayos y qué luchas
subterráneas de bestias atacándose!
¡Todo aquí reprimido en la columna
de este lápiz dorado que en mis dedos
es fósforo y astilla de carbunclos!
¡Cantad, oh frágil leño que contienes
la densidad original del llanto!
¡Cantad, oh lanza mía en los combates contra
con un impulso vegetal que canta.
Dibujando en la sien de los turpiales
una lira con tímpanos y labios.
Escribiendo la fábula de un hombre
devorado por flores gigantescas
al sur de las vertientes amazónicas,
o el himno de unas vírgenes cobrizas
bañándose desnudas en los lagos,
y una serpiente de ojos masculinos
desde frondas sexuales acechándolas.
¡Qué fragor tropical en la madera
de este lápiz surgido de unos bosques,
donde plantas y pájaros se pudren!
¡Qué estruendo de anegantes cataratas
que en llanuras hidrópicas se pierden!
¡Qué estallido de rayos y qué luchas
subterráneas de bestias atacándose!
¡Todo aquí reprimido en la columna
de este lápiz dorado que en mis dedos
es fósforo y astilla de carbunclos!
¡Cantad, oh frágil leño que contienes
la densidad original del llanto!
¡Cantad, oh lanza mía en los combates contra
la pudrición y la amargura! Oh! Flecha que
disparo con el ímpetu al director de mis tendones!
¡Oh cincel con que labro la escalera
sumergida que baja a los infiernos!
¡Oh escoplo cenital con que amenaza
mi espíritu bramante de soberbia,
cada vez que el martirio de la noche
con paredes y lápidas me oprime!
sumergida que baja a los infiernos!
¡Oh escoplo cenital con que amenaza
mi espíritu bramante de soberbia,
cada vez que el martirio de la noche
con paredes y lápidas me oprime!
Germán
Pardo García
martes, 18 de agosto de 2015
Poema publicado en la Revista nº 1 - Balcones de Poesía y Luna
LA POESÍA ES UN ATENTADO CELESTE
Yo estoy ausente, pero en el fondo de esta ausencia
hay la espera de mí mismo.
Y esta espera es otro modo de presencia
la espera de mi retorno
yo estoy en otros objetos
ando en viaje dando un poco de mi vida
a ciertos árboles y a ciertas piedras
que me han esperado muchos años.
Se cansaron de esperarme y se sentaron.
Yo no estoy y estoy
estoy ausente y estoy presente en estado de espera
ellos querrían mi lenguaje para expresarse
y yo querría el de ellos para expresarlos
he aquí el equívoco, el atroz equívoco.
Angustioso lamentable
me voy adentrando en estas plantas
voy dejando mis ropas
se me van cayendo las carnes
y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas.
Me estoy haciendo árbol. Cuántas veces
me he ido convirtiendo en otras cosas…
es doloroso y lleno de ternura.
Podría dar un grito pero se espantaría la
transubstanciación. Hay que guardar silencio. Esperar en silencio.
Vicente Huidobro
domingo, 16 de agosto de 2015
UNIDAD EN ELLA
UNIDAD EN ELLA
Cuerpo feliz
que fluye entre mis manos,
rostro amado
donde contemplo el mundo,
donde
graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la
región donde nada se olvida.
Tu forma
externa, diamante o rubí duro,
brillo de un
sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me
convoca con su música íntima,
con esa
indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque
me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero
vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío,
sino el caliente aliento
que si me
acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que
mire, teñido del amor,
enrojecido el
rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire
el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y
renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o
la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú,
tu sangre, esa lava rugiente
que regando
encerrada bellos miembros extremos
siente así los
hermosos límites de la vida.
Este beso en
tus labios como una lenta espina,
como un mar
que voló hecho un espejo,
como el brillo
de un ala,
es todavía
unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de
la luz vengadora,
luz o espada
mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca
podrá destruir la unidad de este mundo.
Vicente
Aleixandre
viernes, 14 de agosto de 2015
ARTE POÉTICA
ARTE POÉTICA
Poesía, lo sé, mientras te escribo,
dejo de vivir.
Entrego, mansamente, mis ilusiones,
mis pobres pecados proletarios,
mis vicios burgueses y, aún,
antes de penetrar tu cuerpo,
--tapiz enamorado—
abandono mi forma de vivir,
miserias,
locuras,
hondas pasiones negras,
mi manera de ser.
Vacío de mis cosas,
abanderado de la nada,
transparente de tanta soledad,
invisible y abierto,
permeables a los misterios de su
voz,
intento,
rasgo sonoro sobre la piel del mundo
la piel de la muerte
la
piel de todas las cosas.
Poesía, sobre tu piel, rasgos
sonoros,
esquirlas apasionadas,
imborrables astillas de mi nombre
Miguel Oscar
Menassa
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