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miércoles, 28 de marzo de 2018

LLEGA EL FINAL - Gloria Gómez




LLEGA EL FINAL


Llega el final,
se abre una puerta diferente 
detrás espera un futuro indefinible a los ojos de la sabiduría,
al sentir el peso de la piel caer sobre sus párpados, 
la mirada se enturbia ante lo grisáceo del porvenir.
Ya no se acuerdan los hornos de aquellas manos
elaborando el pan de la mesa,
ya el humo de la chimenea tiene otro color ante la máquinas
y no recuerda la calidez de las yemas de los dedos
manufacturando el abrigo para el  invierno ante el fogón.

En un instante,
en un desliz de la penumbra,
se borran las madrugadas rechinando en los raíles
cuando unas manos vigorosas arrancaban la entraña del furor,
ese, el que caldea algún palacio del olvido.
En un parpadeo insignificante,
la ceguera se apropia de la razón
y en un sobrecito se guarda la limosna
como galardón a la curvatura de la espalda
cada vez que la siembra lo pedía,
cada vez que el llanto declamaba en la noche
ante el hambre del caminante.

En un simple pestañeo se da la vuelta a la orla
y desparecen los rostros
que cada día enseñaban a sumar no sólo cifras,
sino también algunos besos,
y labios frescos,
y las manos que labrarían el futuro.
Esos rostros, aunque ajados, siguen siendo rostros.

Y los brazos,
esos brazos envolviendo almas a la deriva,
sacando las espinas de un amanecer
enturbiado por melancolías,
esos brazos maternales ante la lágrima tierna,
capaz de iluminar los días apesadumbrados.
Todo se olvida en un febril capricho,
como si la noche nunca rebasara nuestros límites.

Y esos ademanes entonando las calles de la ciudad
cada día caminando a sus moradas,
cada uno con su traje de función correspondiente
engalanando las trincheras de la vida,
poniendo una flor en el jarrón de la mecedora al atardecer,
mientras despiertan la alegría del vecindario.

Al caer la niebla,
pronto se relega la condición
y sólo queda alguna voz sublime
para llorar la pérdida del pudor
y la lejanía de los que partieron a otro continente.
A veces, ni quedan retratos de una infancia,
ni los días señalados en el calendario,
ni el rastro de la efigie, y
ni siquiera la sangre corriendo por otras venas.

Todo se olvida,
sólo la voz, o la palabra escrita puede recordar su andadura,
o los objetos tallados en la repisa,
o el cuadro pintado en la pared,
el vestido entallado con el primer beso;
¡pero aún así no obtienen galardón!!

Algunas voces ya ni siquiera mendigan,
otras han perdido el candor entre las ramas secas,
pero otras gritan, gritan, gritan,
quieren romper las cadenas de la escollera
hasta ablandar las puertas del infierno;
alzan el puño si es preciso,
abanderan una nueva gallardía,
y quieren seguir engalanando las calles,
sólo, sólo piden un mendrugo de pan para el amigo.
Algo que no va a arruinar los blancos manteles.
Y además no quieren pasar la puerta del olvido.
Aún están vivos.

Gloria Gómez Candanedo

domingo, 7 de enero de 2018

BANDERA - Gloria Gómez

BANDERA


Manos enarbolando colores en la madrugada
camino a la labranza, a la ebanistería, a las fábricas,
tras una tableta de dulce, ahuyentando el hambre.
Hay manos que honran la bandera elaborando el pan de la mesa,
la que acompaña el entusiasmo de una palabra
haciendo vibrar las vísceras en la noche
sin distinguir el color de la piel,
la que baila al son del viento que recorre las cumbres
llevando el candor de los afligidos,
percibiendo el furor de la garganta,
calmando la sed fulgente de los pueblos.

El color de la bandera
no distingue el hambre del campesino
del dolor exhausto en los altos campanarios,
sus colores llevan el de la sangre en los hospitales,
el de las lágrimas del destierro,
el verdor de las cumbres,
la limpia mirada, la primera sonrisa,
los amantes bajo la luna,
los sueños de la gente sencilla,
los que cruzan cada día la plaza
volviendo a los brazos de medianoche.
Amo esa bandera,
la que empuña el alma
y sostiene el poema de la pasión.

Más la bandera se decolora,
cuando el vecino elude una palabra,
al instalarse una frontera
en el llano de la escalera,
aparece el extraño en la llanura
y el calor del fogón se apaga.
Ahí el puño se resquebraja,
el cielo olvida su azul,
el monte pierde su verdor, y se abrasa,
las gentes dejan de sonreír
y el hermano desparece en otro continente.

Arrieros somos, compañero, vecino, amante,
el final del camino es común para todos.
Y allí sólo hay una bandera.


Gloria Gómez Candanedo

viernes, 8 de septiembre de 2017

Poemas del Taller - Gloria Gómez


TOTS SOM CIUTADANS DEL MON

Barcelona, agosto 2017



El odio desparramado en los ríos a la luz del día
fluye en las arterias de los tumultos
acechando al viandante, apagando las risas
sucumbiendo al destrozo de la primera sonrisa.

La vida subyugada a creencias de la estepa
ahoga en sangre las dulces mejillas,
como la semilla maligna agolpada en sienes mercantes,
transporta el tedio empuñando duelos al grito desgarrador
sin distinguir colores, ni territorios, ni banderas.
Mala semilla cosechada a los mitos de una historia transgredida
recorre las venas de los viajeros,
clamando el último grito antes de atravesar
los diferentes surcos lanzados en la escollera de viejas lunas.

La boca desencajada,
el desgarro de la garganta declamando a los dioses,
la mirada oblicua ante el horror como la viva imagen
recordando batallas milenarias.
El estruendo de la multitud retumba en altos campanarios.
El hambre de la cruel semilla no conoce decretos y devora sin piedad.

Unos y otros cruzan diferentes continentes
dejando el rastro prendido en encuentros de la trastienda.
Lanzan teas encendidas en cada misterio.
El odio salta de un lado a otro
devastando campos, bosques, señoríos, escuelas,
dejando almas mutiladas,
robando sueños en el parque, 
trazando líneas resquebrajadas en la noche, 
dividiendo pueblos…
se deposita en cuerpos sin mirar horizontes, sin interrogación.

La mirada transgredida hacia lugares inhóspitos
soportando intensidades en cunas desdobladas
a infancias entre furias del horror
despliega la más temible caricatura de la vida.
El odio no conoce el honor ni teme las tinieblas,
ni atiende clemencias, ni soporta desdichas,
esparce el viento huracanado por bulevares,
reventando pólvora tras sus pies.

Va y viene,
salta por encima de las imploraciones;
va y viene,
derriba los diques de la fuerza;
va y viene,
segando la simiente sin distinguir,
envenenando la piel joven,
cegando la pupila del luchador.

Cuidado! No le dejes tocar tu piel,
ni instalarse en tu morada,
no vaya robar el alma del caminante.
Cuidado!! Cuidado!!!

Gloria Gómez Candanedo
Integrante del Taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

miércoles, 31 de mayo de 2017

Poemas del taller - Gloria Gómez


AQUÍ, UNA TARDE


Aquí, una tarde cualquiera, en un invierno cualquiera
arrollando las palabras sobre un frenesí
ahuyentado en sombras.
Aquí, a una hora cualquiera,
no encuentro los versos que acoplan
en tu entraña tanto fulgor atropellado en la cuna.

Una vez más las lágrimas cristalizan la tez
de unos augurios templados en deseos
de salvar lo insalvable.

Aquello que está al otro lado de un espejo
y que no se puede manejar, ni colorear.

Una vez más el despecho tendido en la almohada
se viste de gala entre los cuerpos desasidos
y surge entre jirones de silencio
una lengua voraz
degollando los mástiles de franqueza.

Aquí, una tarde cualquiera devanando los hilos
que enlazan cualquier caricia que se escapa
a nuestros besos.
Y así poner en tus alas el vuelo enloquecido
ante la desnudez de las olas rompiendo una y otra vez
la escollera de la absurda formalidad.

Una vez más, aquí, en esta tarde
devoramos entre besos en el anverso
de inexcusables veleidades.


Gloria Gómez Candanedo

domingo, 2 de abril de 2017

SOY COBARDE


SOY COBARDE

Cuando las heridas yacen en el pecho del niño,
y la luz ciega las mentes obscenas
ante el horror del fuego secando los ríos,
envenenando los campos.

La angustia del llanto puesto en palabras
palabras de súplica
súplica ante un dios, ante Dios
como la única  salida
como el único resquicio,
cuando la inmensidad de la noche
hace creer en El.

Nadie oye el palpitar de la soledad,
nadie escucha los latidos quebrantados,
nadie es capaz de parar la guerra,
ni siquiera cuando un niño
clama a Dios,
con su voz ,
con una voz de dolor,
unos ojos abiertos al peor de los horrores.

Ante la estupefacción inerme
los hombres del podio alzan la vista
a lo inexorable de su garganta
y desde su atalaya no alcanzan a ver la muchedumbre,
sus manos perdidas sin el tacto de una piel
agarran con fuerza la pólvora de sus gemidos
como única caricia entre las sábanas.

Sus llantos ni sofocados, ni conciliados
perduran en aquel cachivache de plomo distanciado
sin poder terminar la batalla.
En aquel cachivache reflejando la insolencia
de besos ausentes al levantamiento
de una mano dura,
aún siguen debatiéndose en el cruel enredo
de las miradas alejadas a su paso
en busca del heno.

No, no pueden parar la guerra
aunque un niño clame a Dios.
Aunque la voz del niño retumbe
en la faz de la tierra
y mueva los latidos de todos los corazones
debatiendo las heridas ante Dios.

Esos hombres siguen en la sombra que les da su propio sol,
acallando temblores de pasiones soslayadas
en la cuna tras la traición,
su mirada traspasa el fulgor de las hogueras
ante la lanza de las vanidades.

No, no pueden parar la guerra.

Gloria Gómez Candanedo
Integrante del Taller de Poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

miércoles, 20 de julio de 2016

Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016


NO SUPE

No supe insistir en la escollera de lo que tu llamabas amor,
no supe divisar frente aquella playa, eso que tu llamabas alegría,
me envolví en sombras negras a pleno sol
mientras tus palabras de tul se pulverizaban tras el regazo de la cuna.

No quise volar entre los púlpitos que acaecían sobre mi almohada
cuando tu mirabas a la contra de mi espalda, dibujando otras manos
deslizándose por los muros de cristal entre los cuerpos inertes
que mutilaban las noches en grescas de catecismos despiadados.

Pronto la desdicha afloró entre las sábanas
y sentí cómo se despedazaba la entraña de mi enojo,
entre la voz efímera nacida en el bosque del embeleco
y el vaivén solapado en vestimentas harapientas
de tu entorno acotado en la madriguera abismada
en rondallas de curias y parias empecinadas.

Pronto supe que el río bajaba seco por mi cuerpo,
que nada volvería a brillar en mi piel, si emanaba de tu hiel
y la mirada clavada en el suelo comenzaba a pedir clemencia
a todo ser que se arrastraba por las cloacas
como si fueran los únicos que me pudieran acariciar.

Pero la inmensidad de la desnudez me golpeaba tan fuerte…!
que tomé la tenacidad que atrincheraba las lianas
y quise lanzar los escombros al abismo
dejando así mi nueva savia a la  luz de los ojos
que iluminan piezas de cámara a mis páginas vacías
detallando enredos entre compases de la tarde.

Gloria Gómez
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares



jueves, 16 de junio de 2016

Poemas de los talleres de poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares


CASTAÑAS ASADAS

Tardes anochecidas en la sombra
seguidas tras aromas otoñales
asoman a la plaza de mi alfombra

paseos tras las  hojas caídas en el asfalto,
resbalan sobre la piel curtida de nuestro sueño,
evocaciones de alma herida sucumben
en almohadas vacías
mirando al frente de panales desiertos.

No volverán a brillar esos ojos escondidos
tras el velo de la luna ciega.
No volverán a sonar campanas de duelo
en mi seno.

Ya no tendré savia para tus besos fríos,
ni querré el roce de tu aspereza,
ni amaré los eslabones que cuelgan
de tu mirada.

Ese olor de otoño calcinado
apagó toda mi dicha.
El recuerdo de aquella niñez leal
hoy se clava como un puñal en el pecho.

Me perdí entre vuelos de tus palabras
pero tenía  las alas rotas
y apenas rozaba socavones
abiertos a mis pies

Ese aroma invadió mi destino
dejándome a oscuras entre tules grises
adheridos a mi piel como una tela de araña.

Ese vaho busca el perfume dañado,
pero se ha evaporado
sin dejar una huella en mi piel


Gloria Gómez Candanedo
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

jueves, 2 de junio de 2016

Poemas leídos en el recital 12 de mayo de 2016 -IES Luis Braille de Coslada


NOS ENCONTRAMOS


Nos volvemos a encontrar mientras la vida pasa por las esquinas
marcando cada vez más las sienes;
ese rincón lo hacemos nuestro,
y entre cantos y versos bailamos a nuestro ritmo
olvidando las lianas arrojadas tras la puerta
de duelos
ante el tiempo;
y sellamos páginas de amor entre las manos,
en un instante que nos arranca el grito de la esperanza.

Brindamos  en la tarde, mirando al poniente lejano
sosteniendo en un haz, el alarido de libertad
emanada de las venas ardientes, lanzando tintes de color
a los días apesadumbrados;
mientras, un nuevo vaivén entre  sombras, florece en el latido
y el destello 
de la noche va pronunciando versos
en la desnudez
contenida en danzas
robadas a los denuedos del destino.

Tu desnudez irradia muecas en la savia vivaz,
y yo envuelvo mis sueños en una estela abierta al sol de medianoche
en la yema de tus dedos.
Y aunque parezca extraño
entre notas perdidas en las corcheas abocadas al recuerdo
atisban danzas
que unen duelos encofrados en la oscuridad
abrigando mis noches de invierno.


Gloria Gómez Candanedo

jueves, 5 de mayo de 2016

Poemas leídos en el recital 3 de abril de 2016 - En abril, poemas mil


UVAS

Aquella tarde no se escuchaba el viento,
asomaban atisbos de luna llena en el páramo,
las uvas aún no habían sido recolectadas
y la sombra de un viejo automóvil dibujaba la fachada
de la casa de barro.

Aquella tarde todos los latidos miraron al cielo
buscando el destello que abriera la zanja del destierro
y así desaparecer tras los campos arados.

Esperábamos la vendimia rodeando la mesa de comensales absurdos,
las miradas cómplices definían la aproximación de la tragedia,
no había palabras, estaban heladas por lo aterido del paisaje
y las manos paralizadas eran incapaces de sostener nuevos racimos.

Lo rudo de la aldea se reflejaba en el atuendo
quisimos huir a ciegas y de repente un nudo ahogaba la garganta
dificultaba la respiración
y la mirada atónita de la madre
delataba el cruel destino de una infancia abocada al sollozo.

El camino se llenó de espinas bajo las ropas de cuarteleros,
escondían las sienes en sombreros alados
y la mirada oscura tras cristales opacos reflectando el sol
no dejaban ver el rostro.

Se divisaba el caserón mugriento en el horizonte,
desconocido a los ojos de la niñez,
se elevaba la torre llorando estelas
sobre la ciudad inclinada a los faros perdidos.

Aquella tarde anunciaba el otoño sin llegar todavía
y la huella en el calendario borraba la sonrisa
pidiendo pan, sólo pan para el abrigo
de los días adosados entre los muros,
en medio del bosque,
mientras se perdían en la vereda
las uvas sin recolectar.

Gloria Gómez Candanedo


miércoles, 2 de marzo de 2016

Poemas leídos en el recital 14 de febrero de 2016 - Los rostros del amor


NUEVA NOCHE VIEJA

El estruendo rompe la línea del tiempo
mientras el murmullo de la muchedumbre
festeja la noche idílica entre campanas.
En la esquina una mano tiembla
buscando un mendrugo de pan entre tanto fulgor.
Un rostro encapuchado deja verter la lágrima de la miseria
entre la multitud.
Las voces a coro levantan un brindis
lanzando destellos de color en la oscura noche,
queriendo verter de nuevo la mirada prestada al amanecer.

Otra vez suena la esperanza entre brazos buscando la caricia.
Otra vez se cuentan los días de invierno, apoyados en la chimenea.
Otra vez las mismas historias se repiten en cada deseo
escrutado en el brillo de unos ojos.

Pero aunque las calles vestidas de luz abracen los recelos,
en algún rincón hay alguien cubierto de harapos
en la sombra ciega de los días sin color.
No le alcanza el tono del aire traspasando la nota de una canción,
ni siente el latido de fuerza que da la  pasión.
Hace tiempo que ya no cuenta los días grises ni los de color,
sólo conoce un solsticio;
la noche perdida en el temblor de amaneceres en el holocausto.

La noche vieja abre una nueva luz a las historias trazadas en los pergaminos del tiempo
como todas las reflejadas en el espejo de la melancolía;
ante la multitud hay ventanas que esconden otros anhelos:
la voz desgarradora del niño pidiendo paz en la letra escrita,
el llanto oculto entre sábanas ante una soledad impertinente,
el recelo de un amor perdido ahogado en el licor de la muerte.

Historias, historias

se repiten las historias cada noche vieja, siempre las mismas,
y siempre la misma ceguera.


Gloria Gómez Candanedo
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

lunes, 25 de enero de 2016

Talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares


LA NIEBLA


Apenas creía en paradigmas del destino
y ya había conocido el rugido del hambre en todas sus notas,
azotaba las fuerzas intrépidas creyendo que me salvaría
de una lejanía absurda en la sombra de poderes extraños.
Fui al otro extremo por saber la diferencia de tales duelos
y conocí más duelos pero de otra estirpe.
Hay otras guerras, lo sé…
pero también otras banderas ondean el aire de tierras extrañas.

Apenas el sudor recorre la piel después de la tormenta,
y otra batalla se presenta en la sombra acuciando miserias
queriendo borrar el brillo conseguido
queriendo olvidar que otros mundos pueden dar el abrigo
que falta en la entraña del verdugo solitario.

Apenas una ronca voz sale de las profundidades
para acallar las míseras melodías que intentas platicar
en un lecho ya fragmentado, ya cristalizado.

Ya no hay juego en tu partida,
ya no hay una sola nota de ensueño en tu mirada.
Se fue con la desfachatez  propinada
en tantas  y tantas escenas de odio a la ventura,
esas, que intentas teñir de ámbar,
como si aún creyera en el arquetipo
del barro en la sombra.

La densa niebla te rodea, ahoga en las esquinas
palabras de humo y sueños de papel.

Gloria Gómez Candanedo

Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares

martes, 22 de diciembre de 2015

Poema leído en el recital "Versos y Besos de Otoño"


TU RECUERDO

Volver de nuevo, a esa sala sombría,
con mirada atenuada hacia el norte;
encontrar la alfombra tendida, vacía de tus pasos;
las tazas abandonadas en la alacena,
el cestillo que guarda los encajes trenzados de una época,
evocando la gracia de tu gesto perdido.

Cada vez que vuelvo, oigo tu voz,
entre visillos pespunteados de coraje
ante el acecho de vilezas encaramadas
en largas pesadumbres.
Aún perdura tu fragancia por los rincones,
llevando mis sentidos
al jardín de arrumacos olvidados.
Los ropajes colgados dibujan tu silueta,
guardando el contoneo de tu talle,
dan la forma de tus brazos,
al son de un traqueteo visceral
en la compostura de un dorado corsé.

Cada amanecer, el canto del gallo,
enerva el aroma de la tahona
de pan  recién hecho.
Cada mayo reverdece el trigal,
recordándome el color de tus ojos,
acercando una siesta de estío
en los dados de una mesa.
Cada gota de lluvia
encamina el otoño de tu sien
alrededor de un asado de castañas.

Todo permanece en el lugar;
el viejo molino, el sauce del estanque,
el río que cruza la ciudad
ensalzando tu gracia
olvidando tu soledad.


Gloria Gómez Candanedo
Integranate de los talleres de poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

sábado, 8 de agosto de 2015

Poemas del recital 12 de julio de 2015


LA NOCHE DE TODOS LOS SANTOS


Nunca supimos encontrar las palabras del adiós,
esas, que romperían las cadenas de los más tupidos abecedarios en  la sombra,
esas, que liberarían la pesada carga atada al cordón,
no supimos tampoco, tiznar de ensueño los días apagados
en la hoja cortada cada noche por el sesgo de la lejanía.

Cada luna, refleja una verruga mas en la distancia de los cuerpos,
y se hace muy difícil abrir los ojos al nuevo día.
Ojala estas páginas tuvieran otro pincel
que llenara de color cada hoja nueva.
Ojalá encontráramos las palabras del adiós

Quizá, habría una sonrisa en la tez desaliñada de los años perdidos.
Quizá, una mueca dulce adornaría la mesa  vacía,
abriría la zanja transparente a la luna de cada noche,
y buscaría el aullido en los bosques
simulando una hecatombe en alcobas clandestinas.

Quizá los retoños mirarían al cielo, buscando la estrella
que adormezca la sien templada, en el dolor de una despedida,
y afanen perlas en la tarde palaciega,
percibiendo aromas de tesón encarnecido
mientras una silueta endeble a la luz,
prefiere el tambaleo a caer en los brazos
del frágil olvido en días de  calendario anochecido.

Las arrugas del tiempo ondearían hendiduras a la superficie
clamando deseos subyugados al recuerdo enmarcado,
en el retrato que preside la  encimera del mueble bar,
al otro lado de cimas enconadas
entre lechos aprisionados en la cinta de tul .

Ojalá, que todos los santos demonios nos devuelvan
las palabras no pronunciadas en la parquedad de la noche;
yo compondré la estrofa calinosa que envuelva una fragancia,
alejándome para siempre del lugar que no reconocí en tu estancia
y no volveré a la efigie de aquel retrato enmarcado;
sendas abiertas afloran bajo mis pies que solo calzan mi huella.



Gloria Gómez Candanedo
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

miércoles, 27 de mayo de 2015

Poemas del recital 17 de abril de 2015



El que no pueda más,  
el que no pueda bajar de los cielos o ascender del abismo,
será el poeta.
Miguel Oscar Menassa

DIME MAR, DE DÓNDE VIENES?


Como una fuerza desconocida
emergiendo del negro océano,
florece entre algas marinas
este ímpetu por despedazar diques
forjados de arcaica compostura.

Como una furia contra duendes imperceptibles,
sube hasta las entrañas una bucólica fogosidad
por romper, por abrir paso entre mares,
para que pueda pasar la luz de una estrella,
perdida entre malezas de hedionda oscuridad.

Este mar que llega a mis costas,
trayendo arrebatos contra mesuras abolidas,
incitando a remar y remar sobre una balsa
porteando versos a los mendigos,
articulando alas a los cautivos.

Este estruendo apoquinado en el silencio
removiendo vísceras infernales,
fluye a la superficie aleteando ramales
entre correligionarios.

Y como una viveza envuelta en sedas
de unas manos incipientes a la pasión,
mi talle cimbrea a pasos acompasados
entre afluentes destinadas a tu mar sereno.

Oh! Mar, de dónde naces?
Quién te ha dado licencia
para alentar entre tus olas mi querencia?

Gloria Gómez Candanedo

miércoles, 11 de febrero de 2015

Poemas del Recital 25 de enero de 2015


FOTOGRAFÍA

Y encontré una fotografía amarilleada por el tiempo
la tez morena se iba ajando tras la estela fugaz del recuerdo,
la hondura de los ojos tenía la expresión volcánica de la tarde sideral
y la huella de una lágrima vertida,
significaba el fuego apagado en la siembra.

Y me miraba la fotografía interrogando cuán lejos estaba entonces
y me transmitía las palabras ahogadas en la garganta durante las noches,
durante semanas, meses y años acodados en la sombra de la distancia
y me revelaba unos dedos acariciando el destino llevado al destierro.

Y pensaba: ¡cuántas veces esa fotografía debía escuchar tus plegarias!
Y cómo tus sollozos iban apagando el brillo del nácar bajo la luna
y sopesaba las tardes tras la cortina del ventanal aullando cielos.
Y me pregunté: por qué un simple retrato podía saber más de mi sangre
que mis propias venas,
si pronunciabas un nombre en penumbras agotadas en las horas vespertinas
y si alguna vez, implorabas la cercanía de una piel acariciando tu mirada.

Me seguía mirando esa profundidad reflejada en  los ojos de la fotografía
y a veces parecía sonreir a la yema de mis dedos,
como queriendo expresar tantos anhelos abocados al recuerdo,
dentro de una maleta  preparada para el viaje que nunca comenzó.

Gloria Gómez Candanedo