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domingo, 29 de enero de 2017

CUÉNTAME COMO VIVES


CUÉNTAME CÓMO VIVES

(CÓMO VAS MURIENDO)

 

Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

 
Cuéntame cómo vives.
Ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).
 

Cuéntame cómo mueres.
Nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío ( o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente al vacío.

 
Cuéntame cómo mueres,
como renuncias sabio,
cómo frívolo brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.

 
Gabriel Celaya

jueves, 26 de enero de 2017

UN DÍA ENTRE NOSOTROS


UN DÍA ENTRE NOSOTROS



Yo me siento. Tu te sientes. Nos sentimos,
estamos juntos. Somos
terriblemente dichosos,
como el cielo siempre azul, como el espanto,
como la luz que es la luz,
como es espacio.

Si ahora me preguntaran por qué estoy tan contento,
diría: “Porque soy”.
y al decirme sería un poco menos.
Si tratara de explicarme surgirían como sierpes
desenvueltas y en combate mis ambiguos sentimientos.
Pero soy solo. Sí. Soy. Te creo.

Estas aquí, en mi mismo.
Ni te veo, ni te pienso, ni te beso, ni te sueño.
Sólo estas. Estoy contigo. Yo, a tu lado. Tú conmigo.
Estamos uno en otro, tan reales
que con ser poco, ese poco es ya bastante.
Estamos en lo que somos, de puro simples, totales.

Estamos donde siempre, callados. No hay motivo
razonable para ser tan ferozmente dichosos.
Pero sacan el porrón de vino, las chuletas,
la ensalada, el Cacciotta ricamente podrido,
el jugo de naranja, los cafés, la ginebra.
Estamos juntos y todo nos sabe por eso a fiesta.

Soy feliz ¡tan feliz!
si ahora me levantara saldría por el techo.
Estoy, como se dice vulgarmente, contento.
Vivo, vivo, y contigo
comprendo que vivir es algo muy sencillo.
El corazón ha abierto su mano y yo deliro.

Me dejo estar. Te quiero. Todo es bello.
Irradio una certeza fulminante.
Soy el alguien tremendo que en ti se basta a sí mismo.
Soy mi absoluta presencia (¿qué pasa?)
Que está aquí (¡perdón, nada!).
Soy contigo y tú conmigo, el imán de los prodigios.

¿Quién creería si nos viera que cada día, obtusa,
la desgracia del mundo de fuera nos arrastra?
¡Amor besa mi muerte! ¡Dolor, sé voluptuoso!
¡Oh tú. Necesidad, pon la burla en mis ojos
y en pecho ese ritmo de la paz y la guerra
que son a una el latido fatal de la belleza!

¡Ahora, mi ahora mismo,
sé límpido y valiente, la alegría ganada
a los monstruos informes, y a lo triste sin alma!
¡Oh tú, mi yo más bello, mi más que yo, mi amada,
manténme con tus ojos suspenso, nunca grave,
y sea siempre magia la vida cotidiana!

Gabriel Celaya

lunes, 5 de diciembre de 2016

CUANDO NACE UN HOMBRE


CUANDO NACE UN HOMBRE…

 
Cuando nace un hombre
siempre es amanecer aunque en la alcoba
la noche pinte negros cristales.

 
Cuando nace un hombre
hay un olor a pan recién cocido
por los pasillos de la casa;
en las paredes, los paisajes
huelen a mar y a hierba fresca
y los abuelos del retrato
vuelven la cara y se sonríen.

 
Cuando nace un hombre
todos los muertos de su sangre
llegan a verle y se comprueban
en el contorno de su boca.

 
Cuando nace  un hombre
hay una estrella detenida
al mismo borde del tejado
y en un lejano monte o risco
brota un hilillo de agua nueva.

 
Cuando nace un hombre
todas las madres de este mundo
siente calor en su regazo
y hasta los labios de las vírgenes
llega un sabor a miel y a beso.

 
Cuando nace un hombre
de los varones brotan chispas,
los viejos muchachos atestiguan
el fuego alegre de sus venas.

 
Cuando nace un hombre
todos tenemos un hermano

 
Ángela Figuera Aymerich

 

martes, 22 de noviembre de 2016

AMOR


AMOR

Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.

Esta tarde, -mar, pinares, azul-,
suspendido entre los brazos ligerísimos del aire
y entre los tuyos, dulce, dulce mía,
un ritmo palpitante me cantaba:
es fácil y, a veces, casi alegre.

La brisa unía en un mismo latido
nuestros cuerpos, los árboles, las olas,
y nosotros no éramos distintos
de las nubes, los pájaros, los pinos,
de las plantas azules de agua y aire,
plantas, al fin, nosotros, de callada y dulce carne.

La tierra se extasiaba; ya casi era divina
en las nubes redondas, en la espuma,
en este blanco amor que, radiante, se eleva
al suave empuje de dos cuerpos que se unen en la hierba.

¿Recuerdas, dulce mía, cuando el aire
se llenaba de palomas invisibles,
de una música o brisa que tu aliento
repetía apresurado de secretos?

Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
contigo entre los brazos estoy viendo
caballos que me escapan por un aire lejano,
y estoy, y estamos, tocando con los labios
esas flores azules que nacen de la nada.

Vivir es fácil y, a veces, casi alegre.
al hablar, confundimos; al andar, tropezamos,
al besarnos no existe un solo error posible;
resucitan los cuerpos cantando, y parece
que vamos a cubrirnos de flores diminutas,
de flores blancas, lo mismo que un manzano.

Dulce, dulce mía, ciérrame los ojos,
deja que este aire inunde nuestros cuerpos;
seamos solamente dos árboles temblando
con lo mismo que en ellos ha temblado esta tarde.

Vivir es más que fácil; es alegre.
por caminos difíciles hoy llego
a la simple verdad de que tú vives.
solo quiero el amor, el árbol verde
que se mueve en el aire levemente
mientras nubes blanquísimas escapan
por un cielo que es rosa, que es azul, que es gris y malva,
que es siempre lo infinito y no comprendo,
ni quiero comprender porque esto basta;
¡amor! ¡ amor!, tus brazos y mis brazos
y los brazos ligerísimos del aire que nos lleva,
y una música que flota por encima,
que oímos y no oímos,
que consuela y exalta:
¡amor también volando a los divino!


Gabriel Celaya

jueves, 23 de junio de 2016

TODOS A UNA


TODOS A UNA

Cada vez que muere un hombre,
todos morimos un poco, nos sentimos como un golpe
del corazón revulsivo que se crece ante el peligro
y entre espasmos recompone
la perpetua primavera con sus altas rebeliones.

Somos millones. Formamos
la unidad de la esperanza.
Los sabemos. Y el saberlo
nos hace fuertes; nos salva.

Nos sentimos como un golpe
que sin brotar se ha quedado temblorosamente en vilo.
Nos sentimos si sentirnos,
fabulosamente dulces, dolorosamente ciertos.
Nos sentimos un nosotros. Palpitamos colectivos.

Corazón, corazón,
dulce sol interior,
me iluminas, me envuelves
soy más de lo que soy.

Cada vez que un combatiente
se desangra, con su sangre derramada yo hago versos,
canto y muero en él creciendo,
digo quién soy, quiénes somos, quién en nosotros, invicto,
testimonia lo perpetua, sopla espíritu en  el fuego.

 Yo resucito en los muertos
si los siento en camarada,
y ellos en mi, yo con ellos
permanezco y canto. ¡Canta!

Allá lejos, ¿quién me espera?
aquí al lado, ¿quién me pide simplemente una mirada
tan terrible, tan difícil
como dar cara diciendo que –perdón. No pasa nada?
Mas le miro y en mis ojos devorantes hay mañana.

Nos alzamos uno en otro.
Somos quien somos: varones
tan seguros de si mismos
que renuncian a su nombre.

Cada vez que siento en vivo
mi corazón, me pregunto quién  me exige mas conciencia,
me pregunto quién me llama
o, con alarma, ¿qué pasa?
Mas no pasa, siempre queda y es la unidad que en mi canta.

¿Quién se atreve a condenarnos?
Somos millones, millones.
Somos la luz que se extiende.
¡Miradnos! Somos el hombre.


Gabriel Celaya

miércoles, 20 de abril de 2016

Poemas leídos en el recital 3 de abril de 2016 - En abril, poemas mil

CON EL VIOLÍN ROTO

¡Qué mal suena este violín!
León Felipe, vas a tener que comprarte otro violín…
--¡A buena hora…! ¡A los 80 años!
¡No vale la pena!
Con este mismo violín roto
voy a tocar para mí mismo
dentro de unos días “Las golondrinas”,
esa canción ¡tan bonita!
que los mexicanos cantan siempre
a los que se van de viaje.
¿Cómo empieza?
¡Adiós…! ¡Adiós…!
Cagh, Cagh…, ¡qué ronco estoy!
En verdad que suena muy mal este violín…
Pero con él tengo que tocar todavía
unas cuantas canciones
que seme olvidaron en mis Obras completas.
No quiero que se queden perdidas
en el barullo de mis papeles inútiles.
Creo que no os van a gustar
pero no tengo otra cosa…
ni otro violín…
Y no puedo marcharme sin tocarlas
precisamente en este mismo viejo y roto violín.

León Felipe

“¡Oh, este viejo y roto violín!”

miércoles, 13 de abril de 2016

Poemas leídos en el recital 3 de abril de 2016 - En abril, poemas mil


BALADA DEL NO Y DEL SI


Pensaba, una vez, cuando era inocente
--y lo he sido lo mismo que tú--:
“Acaso un hombre me venga a buscar.”
¡Cuidado con perder el juicio entonces!
y si tiene dinero,
y es bien educado,
y a diario lleva camisa limpia,
si sabe a una señora tratar,
le diré entonces: “No”.
Con la cabeza alta
y sentido común.
Brillará la luna en la noche,
zarpará la barca de la orilla, sí,
pero no hay que dejarle pasar de la raya.
Una no puede dejarse llevar,
hay que ser frías, hay que ser duras de corazón.
¡Cuántas cosas podrían pasar!
pero solo se puede decir “no”.

El primero que vino fue un hombre de Kent
y era como un hombre debe ser.
El segundo tenía en el puerto tres barcos,
y estaba el tercero loco por mí.
Y como tenían dinero
y eran bien educados,
como llevaban a diario camisa limpia,
y sabían a una señora tratar,
les dije a los tres “no”.
Con la cabeza alta
y sentido común.
Y la luna en  la noche brilló
se alejó la barca de la orilla, sí,
pero no les dejé pasar de la raya.
Una no puede dejarse llevar,
hay que ser frías, hay que ser duras de corazón.
¡Cuántas cosas podrían pasar!
pero sólo se puede decir “no”.

Más un día, un hermoso día azul,
vino uno que no me rogó.
Colgó su sombrero en el clavo de mi habitación
y ya no supe lo que hacía.
Y como no tenía dinero,
ni era bien educado,
y no llevaba camisa limpia ni el domingo,
ni sabía a una señora tratar,
a él no le dije “no”.
No tuve la cabeza alta
ni sentido común.
Ah, brilló la luna en la noche,
y la barca atada a la orilla quedó,
pero fue inevitable pasar de la raya.
Si, hay que dejarse llevar simplemente,
no hay que ser frías, no hay que ser duras de corazón.
¡Tantas cosas tenían que pasar!
no se podía ya decir “no”.


Bertolt Brecht

domingo, 3 de mayo de 2015

Poemas del recital 17 de abril de 2015

NO PERDAMOS EL TIEMPO


Si el mar es infinito y tiene redes,
si su música sale de la ola,
si el alba es roja y el ocaso verde,
si la selva es lujuria y la luna caricia,
si la rosa se abre y perfuma la casa,
si  la niña se ríe y perfuma la vida
si el amor va y me besa y me deja temblando.
¿Qué importancia tiene todo esto,
mientras haya en mi barrio una mesa sin patas,
un niño sin zapatos o un contable tosiendo,
un banquete de cáscaras,
un concierto de perros,
una ópera de sarna…
Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vender corazones y escribir el poema
que a todos nos contagie.
Y crear esa frase que abrace todo el mundo;
los poetas debiéramos arrancar las espadas,
inventar más colores y escribir padrenuestros.
ir dejando las risas en la boca del túnel,
no decir lo íntimo, no cantar a la novia,
no escribir unas décimas, no fabricar sonetos.
Debemos, pues debemos, gritar al poderoso
gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo,
dejando de las latas con lo puesto y aullando,
y madres que a sus hijos no peinan a diario,
y padres que madrugan y no van al teatro.
Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso;
cantar al que no canta y ayudarle es lo sano.
Asediar usureros y con rara paciencia convencerle sin asco.
Trillar en la  labranza,  bajar a alguna mina;
ser buzo una semana, visitar los asilos,
las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos,
danzar en las leproserías.
Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos
que al corazón le llega poca sangre.

Gloria Fuertes

De “Antología y poemas del suburbio, 1954”

jueves, 23 de abril de 2015

LLEGÓ LA POESÍA Y ME DIJO


LLEGÓ LA POESÍA Y ME DIJO


Un sí o, bien, un no, me hicieron
abrir nuevos caminos, abandonar caminos.

Hasta que topé, una noche, con la Poesía
me la pasaba volando de un lado para otro
según el capricho de mis tiernas amadas
que del amor, solo sabían hacer el amor.

La Poesía me dijo con solvencia:
Para vivir, un hombre, no necesita volar
menos aún de un lado para otro tras su amada.
un hombre debe tener los pies a la altura de los pies.

El alma al alcance de una breve caricia,
el sol sobre la tierra a la hora del sol,
el cuerpo y la palabra cual ríos disponibles
y a la noche algún sueño, una historia de amor.

Un hombre tiene todas sus esperanzas en el hombre.
Un hombre tiene como bandera la libertad.
Le da agua al sediento y lucha por un trozo de pan
y ama, hace como que ama pero no sabe amar.

Un hombre, dijo la Poesía, con severidad,
un hombre sabe que morirá y no le importa.
Sabe que muere cuando escribe y, sin embargo, escribe.
Sabe que cada amor le mata y, sin embargo, se enamora.

Un hombre, le dije, ambiciona volar
y aunque no pueda no le importa.
Ambiciona volar, ama la ilusión de volar.
Sentir en ese instante que algún día…

Un hombre, Poesía, es capaz de matar,
es capaz de comerse el corazón amado,
quitarse de la boca con asco un beso de amor
y amar, de sus cautivos amantes, el dinero.

También una tarde cualquiera un hombre
se deja acariciar por una brisa, un aire,
un sentimiento lo golpea en el pecho
y el pobre hombre cayendo se enamora.

Y hace como si tuviera sangre en las venas
y salta y corre y se acaricia con frenesí
y quiere entregarse, totalmente, por amor
y, ahí, viene la policía y lo encarcelan.

¿Me sigues, Poesía? Del hombre hablamos.
Es capaz de morir por ideales falsos
capaz de hacer la guerra por casi nada
dejar morir su otra mitad, en silencio.

Se mete en el centro del volcán y lo desafía.
Quiere atravesar los océanos con su cuerpo,
tocar la inmensidad, el cielo con sus versos
agujerear el vientre de la montaña, la piedra.

El hombre quiere llegar con sus latidos
al centro desconocido de la tierra,
a la vida íntima de todos sus amantes,
quiere llegar, al corazón de las cosas.

Y se enamora, Poesía,
y se pudre como una flor al sol
cuando alguien se muere o lo abandona.

Miguel Oscar Menassa.
De “Al sur de Europa”