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viernes, 20 de junio de 2025

NACIMIENTO DEL POEMA

 


NACIMIENTO DEL POEMA

 

Va a nacer el poema en este instante.

Cuando se rompa un círculo y mis dedos

se vuelvan panorámicos y suden.

Cuando el gas encendido de la estufa

dibuje en la cocina un sol extraño,

y el salmón y las ostras modifiquen

la imagen vegetal de la lechuga.

Cuando pliegue los ojos y unas lágrimas

latentes se desprendan de mis párpados.

Cuando el mar se retire de mi alcoba

y alcance a ver las lúnulas del fondo,

tú, que observas el suave movimiento

de mis manos confusas y agitadas

al trazar la semblanza del análisis,

elúdete fugaz por esa cripta

de cisco azul y ruiseñores verdes,

que aun locutorio de agua te conduce.

 

Va a sentirse un estruendo, un estallido,

una luz de potencia sobrehumana,

la furia de un enorme juramento,

cuando escriba al declive de un instante

la sílaba final de este preludio.

 

El poema es así: nace terrible

cuando escindida la palabra muere.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "La perla de la sabiduría" de Miguel O. Menassa

martes, 29 de octubre de 2024

LOS ABISMOS

 


LOS ABISMOS

 

Voy a pesar la sombra en mi balanza.

Es necesario porque yo he vivido

como un titán oscuro y sometido

a un peso agobiador de la Esperanza.

Y voy a calcular a dónde alcanza

mi exploración, lo agudo de mi oído;

mi resistencia, porque aun herido

mi cuerpo aguantador pisa y avanza.

Tengo que conocer mi fortaleza;

las iras de la luz, los mecanismos

de todo lo que acaba y lo que empieza;

lo indestructible de los muertos mismos,

y saber hasta cuándo mi cabeza

puede sufrir los últimos abismos.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "El dolor y la luz" de Miguel Oscar Menassa

 

miércoles, 2 de octubre de 2024

HOMBRE-MADERA

 


HOMBRE-MADERA

 

A cada instante un hombre de madera

en un jardín acuático aparece.

A cada instante un hombre se estremece

cual un árbol anfibio en la ribera.

 

Siempre será saúz aunque pudiera

ser de coral, el hombre que florece

debajo de las aguas y atardece

cual una submarina cordillera.

 

El hombre de madera, el árbol pino,

el árbol araucaria, el hombre encino,

el hombre cedro, el hombre talanquera.

 

Árbol de río, imagen de sus ondas.

Árbol de piel oriundo de sus frondas.

Únicamente el hombre de madera.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "El bosque invertido" de Miguel O. Menassa

miércoles, 20 de diciembre de 2023

VITALIDAD DEL SUEÑO



VITALIDAD DEL SUEÑO

 

 

Esta porción de fragmentaria leña

con su rescoldo mi sosiego alumbra

y su calefacción en la penumbra

de mi descanso material se adueña.

 

Sueño tal vez. Mas no. Mi ser no sueña.

No he soñado jamás. Nada columbra

mi espíritu al soñar ni lo deslumbra

la luz que nada a mi vigor enseña.

 

Yo soy real. Mis manos son reales

cual brutas herramientas vegetales.

Soy un hombre a la vida siempre abierto.

 

Y aun con los ojos frígidos cerrados,

con el poder de los iluminados

por el mundo vital yo soy despierto.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "Sueño estelar" de Miguel Oscar Menassa

martes, 7 de noviembre de 2023

VICTORIA

 


VICTORIA

 

 

Inútil es que los relieves y los cuerpos armónicos batallen:

los sigue su sombra.

Lisiada y saturándose de cal de las paredes

va su sombra.

Quiere imitar el paso simétrico del hombre y cae.

Le falsifica al árbol su arquitectura esbelta y sufre.

Detrás de las formas se arrastra claudicante como las

serpientes.

Conoce la esclavitud y la discordia.

Es la gran humillada, la que vive

de los seres, odiándoles su esencia.

Mas del día en que aguas delatoras

y oscuras dimensiones aparecen,

viste sus pompas mustias, sus mejores y asordinadas sedas,

y con un grito de victoria

hunde los cuerpos en moradas de hosco ciprés inextinguible.

Ella, la que no fue como los árboles;

la que imitó los pasos del hombre por el mundo.


Germán Pardo García

Cuadro: "Amor sin fronteras" de Miguel Oscar Menassa

lunes, 6 de noviembre de 2023

ELEGÍA DEL TACTO

 


ELEGÍA DEL TACTO

 

 

Es el instante en que la sumergida flor del tacto,

con térmicos y largos promontorios,

la flor única,

de pétalos móviles

distribuidos en los dedos,

se inclina suavemente para soñar.

Y sueña.

El tacto

sueña

y con profundidad de terciopelos

a nivel de latentes superficies.

 

Toca las perlas que no hallamos en las bajas mares

del ser líquido.

Sepárase del cuerpo y así la flor del tacto

sostiénese en atmósferas astrales,

y danza

como la luz,

el tacto

danza

en un difuso mundo de sedas y de espinas.

 

La piel tiene ese ambiguo color de la hierba madura

en la sombra.

Las voces del día

duermen,

coronadas de usgos silenciarios.

Tenue respiración impulsa al pecho,

como rosada y tibia nave por mar híbrido.

Los párpados se abren y cierran lentamente

cual valvas de hipnóticas conchas,

y el tacto,

la flor única

y espectral, incolora, alimentada

por honda sangre aérea,

crece.

Y su nocturna hostia multiplica

sobre el tallo de la absoluta calma.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "Fragilidad del viento" de Miguel Oscar Menassa

domingo, 5 de noviembre de 2023

ALTOS NOCTURNOS

 


ALTOS NOCTURNOS

 

 

Hay algo en las penumbras, algo sin voz que intenta

salir de sus abismos sin corazón y hablar.

No es el hombre. En el cuerpo del hombre hay un sonido.

Su voz se escucha siempre desde el silencio hablar.

No es el viento. En los rostros del viento hay un sonido.

Su voz se escucha siempre desde el silencio hablar.

Es algo que no tiene como el hombre sonido.

Algo terrible intenta desde la sombra hablar.

Algo que está más solo que el hombre y no ha podido

desde sus soledades sin corazón hablar.

Se siente el sordo empuje de irresistible fuerza.

De algo que no ha podido desde la sombra hablar.

 

Germán Pardo García

viernes, 18 de agosto de 2023

NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA

 


NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA

 

 

No entres dócilmente en esa noche quieta.

La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;

Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

 

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,

porque sus palabras no ensartaron relámpagos

no entran dócilmente en esa noche quieta.

 

Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo

con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde

rabian, rabian contra la agonía de la luz.

 

Los locos que atraparon y  cantaron al sol en su carrera

y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino

no entras dócilmente en esa noche quieta.

 

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada

deslumbrante

cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como

meteoros

rabian, rabian contra la agonía de la luz.

 

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo

maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia

de tus lágrimas.

No entres dócilmente en esa noche quieta.

Rabia, rabia contra la agonía de la luz.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "Abismo de las horas quietas" de Miguel Oscar Menassa

 

jueves, 17 de agosto de 2023

LA FUERZA QUE POR EL VERDE TALLO IMPULSA A LA FLOR

 


LA FUERZA QUE POR EL VERDE TALLO IMPULSA A LA FLOR

 

 

La fuerza que por el verde tallo impulsa a la flor

impulsa mis verdes años; la que marchita la raíz del árbol

es la que me destruye.

Y yo estoy mudo para decirle a la encorvada rosa

que la misma fiebre invernal dobla mi juventud.

 

La fuerza me impulsa el agua entre las rocas

impulsa mi roja sangre; la que seca los arroyos parlantes

vuelve cera los míos.

Y yo estoy mudo  para contarle a mis venas

como la misma boca bebe del manantial de la montaña.

 

La mano que arremolina el agua del estanque

remueve las arenas; la que amarra las ráfagas del viento

iza mi vela de sudario.

Y yo estoy mudo para decirle al ahorcado

que el barro del verdugo está hecho de mi arcilla.

 

Los labios del tiempo sorben del manantial;

el amor gotea y se acumula, mas la sangre vertida

calmará sus pesares.

Y yo estoy mudo para decirle al viento en la intemperie

cómo ha trazado el tiempo un cielo entre los astros.

 

Y yo estoy mudo para decirle a la tumba de la amada

que en mi sábana avanza encorvado el mismo gusano.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "Buscábamos el sol" de Miguel Oscar Menassa

martes, 25 de julio de 2023

NOCTURNO MENOR

 


NOCTURNO MENOR

 

 

He olvidado. Es verdad. He olvidado con extraño olvido.

Hay hombres que olvidan como lo hacen todos los seres,

y apenas si vuelven los rostros para ver lo que amaron o aman.

En ellos está escrita la palabra nunca,

o siempre,

y ¡adiós! Les gritan desde acantilados tempestuosos.

Atrás sufren habitaciones con efigies que luego se borran.

En las paredes ocultos rastros y en las páginas de los libros

flores que viven existencia de disecada sangre, 

con olor a disueltos jardines y a cutáneos aromas.

Yo nada tengo que olvidar. En mi casa no hay ausentes

que habiten

el cuerpo de las horas.

No hay señales de seres amados y las páginas

de mis libros antiguos carecen de fechas como algunos sepulcros.

Detrás de mí no quedan bosques más hermosos cuando el otoño

con las últimas lluvias del verano los lava.

Cuando yo muera no habrá recuerdos míos custodiándome

ni devolverán las aguas tanta cosa mía hundida.

Aún así olvido. Lo siento mientras escribo este nocturno

como un ciego que pinta con carbón su nombre en las murallas.

Olvido. Es verdad. Olvido extrañamente

y cuando salgo en busca de cuerpos y de formas

para recordarlos,

revivirles

y amarles,

camino entre la sombra y las piedras se vuelven

como algodón negro que se hunde debajo de mis palabras.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "Para seguir viajando" de Miguel Oscar Menassa

lunes, 24 de julio de 2023

DESTRUCCIÓN BAJO EL MAR

 


DESTRUCCIÓN BAJO EL MAR

 

 

Suelo descender a profundidades oceánicas

que en partes todavía sin explorar de mi espíritu existen.

Allí mi atormentado mundo no acaba de formarse

o se desintegró hace mucho y sus ruinas en mi alma se mueven.

 

Son esas partes mudas, desconocidas, de anfibios horizontes

que no se han visto nunca y sin embargo se recuerdan.

Seguido por moluscos y esponjas ambulantes,

quelonios y estrellas de mar, hacia abajo navego.

Glaucos ojos esféricos de asteroide o de atún me contemplan

invadir como huésped intruso.

Más abajo mi alma choca contra arrecifes de oro

que tienen perlas incrustadas y corales crecientes.

 

Mi deseo vital les extiende las manos

y ese núcleo de estrellas encantadas y de oro se rompe.

Arriba en la superficie círculo fugaz de espumas delata

que algo que no fue mío pereció para siempre.

Más abajo encuentro escombros de volúmenes como cúpulas

de una ciudad castigada por el mar. Tal vez la pretérita

ciudad mía,

aquella de las casas purísimas y los altares elevados

al universo: la desaparecida ciudad mía que hoy suplica

desde lo más patético de su estrago sin lágrimas,

aprisionada por fúnebre peso de sal y de exterminio.

Desciendo más y más y descubro en declives

de colores lacustres, más augurio de estrago.

Allí se disolvió un arco iris que ahora tiñe de sangre,

y de azul

y de verde

y de lila,

la concentrada palpitación de aquel submar.

Grupos de figuras vencidas me recuerdan

tantos seres amados. Allí están con las sienes

inundadas, las manos densamente inundadas,

mientras vegetaciones marítimas absorben

la claridad que les subía por las venas hasta el árbol del sueño.

Y bajo más y más hasta los paraísos

amorfos y frustrados de mi ser, y hasta las catacumbas

en donde el grito del sepulcro

no logra evasión.

Y desciendo y desciendo vertical y vertiginoso

hasta lo más profundo mío, allá donde mi esencia

principia a confundirse con el origen de las cosas

increadas o inconclusas.

Declino hasta lo más eterno y profundo mío, allá donde mi cuerpo

ya no me pertenece ni mi alma; al fondo del gran mar

disolvente y licuante

en donde me sumerjo desde hace siglos, desde ayer, desde hoy mismo,

para volver desde hace siglos cada instante a la tierra,

al centro de las formas que me ven regresar de la nada,

deshecha en mil jirones mi escafandra de viento

y con la frente empapada por sudor que todo lo corroe,

semejante al agua con yodo del mar, o a esa otra furia

de ese otro mar que nombro y que golpea como el corazón

de un hombre

contra los acantilados del Tiempo.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "Encima de la balsa" de Miguel Oscar Menassa

domingo, 18 de diciembre de 2022

LOS VENCIDOS

 


LOS VENCIDOS

 

 

Mientras escribo hay un ser próximo

a brotar de la entraña de una joven,

que en el umbral de su combado vientre

la tibia carga natural soporta.

Y tal vez antes que concluya

de anudar los estambres de estos himnos,

ya el nuevo ser humano

tendrá una solidez sobre la tierra.

 

Y en los bosques hay un caimán a punto

de romper las paredes de su cápsula,

para lanzarse rápido a las ondas.

 

Un gorila infantil está trepando

por la primera vez a las estrellas,

y un ruiseñor primaveral florece

sobre la gris elevación del nido.

 

La vida intensa y larga derrotándonos

a nosotros, los tristes, que tenemos

un funeral sentido de las formas.

¡Ahí vienen sus enérgicas legiones

brotando de los sexos,

las aguas legamosas,

las húmedas placentas

y el fondo de las cáscaras!

 

¡Ahí vienen niños, ágiles serpientes,

arañas cazadoras,

enormes elefantes

y negros cuadrumanos,

a poblar los vacíos del sepulcro!

 

¡Alabanza a la vida, derrotándonos

en nuestra oscuridad, a los que somos

arcos de triunfo con banderas rotas,

por donde cruzan rígidas cariátides

entre fantasmas, soledad y ruinas!

 

Yo voy con esos taumaturgos

de pies de bronce y azogadas sienes.

miradme entre los pálidos desfiles

por la Avenida del Silencio

de esa metrópoli sentada

sobre unos azolvados laberintos.

 

¡Alabanza a la vida que nos vence

con sus apariciones fulgurantes

de amarillos leones,

azuladas corvinas

y escarlatas antílopes!

¡Alabanza al poder de sus victorias!

¡A su sangre, licor de sus batallas!

¡A su escudo, baluarte de sus héroes

y a su gloria, diadema de sus muertos!

¡Alabanza a la vida!

¡Alabanza, alabanza!

 

Germán Pardo García

Del libro: “El defensor”

Cuadro de Murillo

jueves, 15 de diciembre de 2022

HOMBRE LLANERO

 


HOMBRE LLANERO

 

 

Yo soy el hombre que un día

miró lucir albas nuevas

en cada nuevo horizonte

que le ofrecía la estepa.

 

El hombre cuyo caballo,

urgido por las espuelas,

no bebió en la misma charca

ni en una misma ribera.

El hombre cuyo caballo

dejaba sobre las piedras,

como una señal de orgullo

sus herraduras violentas.

 

Yo soy el hombre que un día

cruzara por cien aldeas

llevando en el corazón

su rebeldía, a manera

de coraza, y en los labios

alguna copla llanera.

 

El hombre que tras de sí

dejaba raudal estela

de canciones, aprendidas

al río y a la palmera.

 

Yo soy el hombre que un día

dejó correr su tristeza

como los vientos sin rumbo

sobre la pampa desierta.

El hombre cuyas pasiones

galoparon, a manera

de los potros que enloquece

sobre el llano la tormenta.

 

Yo soy el que halara un día

a una mujer tan morena

como avellana del trópico,

y la violara y e diera

un hijo que habrá de estar

como un cachorro en la selva.

Un hijo, cuya mirada

será audaz y cuyas piernas

sujetarán a un caballo

sobre la silla vaquera.

 

Yo soy el que nunca pudo

confiar a una misma estrella

su fortuna, ni sembrar

en una misma ladera

los granos que prometían

la sonora sementera.

 

El hombre que nunca pudo

tener una misma estrella,

ni ante sus pies un camino

de bondad, que le dijera

hacia dónde iban sus pasos

sobre la pampa desierta.

 

Yo soy el hombre que un día

miró lucir albas nuevas

en cada nuevo horizonte

que le ofrecía la estepa,

cuando me vieron pasar

las torres de cien aldeas,

llevando en el corazón

su rebeldía, a manera

de coraza, y en los labios

alguna copla llanera.

 

Germán Pardo García

Del libro: “Voluntad”

Cuadro: "Renuncia" de Miguel Oscar Menassa

 

 

miércoles, 14 de diciembre de 2022

SINCERIDAD

 


SINCERIDAD

 

A ti, mujer de las ductilidades

Y la fidelidad a juramento

De amor en sus carnarias mocedades,

 

Doy este nervurado testamento

De mi ser talador tal como ha sido,

Con su arenalizante sedimento

 

De verbenas que en mí se han consumido,

Por crecer a esta orilla de pantano

Que no declara su color podrido.

 

Pálpame como soy, acre y malsano,

Y olvídame en el vuelo y su calibre

De ala ventera a un sol sin meridiano.

 

No me figures elevante y libre,

Sino anclado a feraz estercolero

Sin conmoción o excelsitud que vibre.

 

En mi desclarecer soy verdadero.

Resisto la amargura y el ultraje

De lo agudo y lo cáustico y rastrero.

 

Tolérame en la ortiga y el brebaje

De agua seca y manzana incomestible.

Compréndeme en el ácido homenaje

 

Que le rindo a lo oscuro y lo terrible,

Y al espanto de verme en un encierro

De tórax opresor y alma vendible.

 

Rastréame en la grava y el destierro,

Y encontrarás mi sombra de colmena

Que oxida azúcar en salino entierro.

 

Tenía que decirte que m pena

No es la mutilación de las criaturas,

Sino el rojo sayal de la gangrena.

 

Ahí debes tocar mis ligaduras

Y la cimentación de mi albedrío,

Que esconde sus inmensas cuarteaduras.

 

No te puedo entregar del cuerpo mío

Otra imagen más alta y transparente.

Soy fiel a los proclive y lo sombrío.

 

Tú que llevas coral sobre la frente,

Tenías que saberlo antes que hollaras

La red de este jardín incandescente

 

Donde un buitre me come las escaras.

Dale a mi encobrecer hondo sentido

Y explora al sur de tus pupilas claras,

Antes de oír mi tempestad sin ruido.

 

Germán Pardo García

Del libro: “Centauro al sol”

Cuadro: "Artesanos del goce" de Miguel Oscar Menassa

martes, 13 de diciembre de 2022

LABIOS NOCTURNOS

 


LABIOS NOCTURNOS

 

 

A estos labios nocturnos escuchadles

más con el corazón y sus sentidos.

Si juntáis el costado a las paredes

comidas por el óxido y la lluvia,

sentiréis un murmullo de colmenas

construyendo panales en la sombra,

o de animal nocturno que taladra

con sus lentos colmillos los tablones,

y alarma a las criaturas del subsuelo.

Es mi boca de bruma, esta cisterna

misteriosa que músicas exhala              

dialogando con ángeles del fondo.

Y esta boca de niebla tiene frías

comisuras que sufren, aguas turbias

tributarias de lívidos canales.

Y besa con rumores de hojarasca,

de viento de la noche cuando quiebra

los débiles espartos y chamizos.

Y  una lengua lunaria que florece

según las estaciones delirantes.

Y esta boca de musgo tiene labios.

Y esos labios cintilan hacia adentro.

 

Germán Pardo García

Del libro: “Labios nocturnos”

Cuadro: "Amores ocultos" de Miguel Oscar Menassa

 

 

jueves, 6 de octubre de 2022

AGRESIÓN DE LOS METALES

 


AGRESIÓN DE LOS METALES

 

 

CONTRA el desierto espíritu del hombre

se alzan los metales agresivos.

 

Estaban como cíclopes enormes

sepultos en los claustros de las minas,

soportando el volumen de la tierra

y la concavidad de la penumbra.

Eran la fragua súbdita del fuego

y el zócalo central de la potencia.

En las grietas volcánicas del mundo,

hendido por violentas claraboyas

y heridas de telúricas batallas,

sentíase latir el movimiento

de su confusa longitud esclava.

Mirábanse sus hombros oprimidos

bajo el peso de sales y de rocas,

y el sólido contacto de sus vértebras

enlazadas por nudos geológicos.

Y ciegos o con ojos entre brumas

de perpendiculares socavones,

se agitaban debajo de los siglos

y al fragor de los grandes terremotos,

como torpes criaturas subterráneas

en busca de la vida vertical.

 

El hombre descendió hasta sus clausuras

a remover basálticos olvidos.

Los sacó de las últimas cisternas

para darles su misma semejanza.

Quiso lavar de sus arterias ocres

el polvo de los pétreos catafalcos

y de las vegetales ligaduras,

para que se mostraran con la fuerza

de las transformaciones primitivas;

con el silencio del abismo abstracto

en la virginidad de las miradas;

 

el azoro del ser que se descubre

desnudo en el temblor de la inocencia,

y la vitalidad de las estirpes

que suben desde el fondo de las formas

al clima de una nueva creación.

 

Y aparecieron en la superficie

con su rudimentaria arquitectura

de bloques equiláteros y masas

que la armonía mineral esculpe.

Surgidos de los cúmulos acuáticos,

manaban de sus filtros arteriales

los zumos de las capas cenagosas.

Con túnica de légamos y riscos,

parecían oscuros caminantes

que vuelven de caóticos desiertos.

Despertaban de sueños sin figuras

soñados en glaciales laberintos,

y de sus cuarteaduras inorgánicas,

punta de móvil claridad salía,

como tallo de luz en las paredes

del cuarzo protector de la esmeralda,

todavía cubierta con la sombra

de las encarnaciones al brotar.

 

TODO el color de la existencia activa

iluminaba sus nocturnos poros.

El azul de las aguas temporales

que el frío acendra en taumaturgos lagos.

Y otro azul diferente que no existe

y a la distancia de las pupilas toca

sin mostrarse jamás, como el misterio

que defiende los ámbitos del Sol.

 

Germán Pardo García

Cuadro: "El sueño dorado" de Miguel Oscar Menassa