LA CLARA SOLEDAD
Suenan en aire y en sombra
los árboles, el mar, la
tierra ciega:
suena lo no nombrado,
suena, tiembla.
Suena la sangre buscando
caminos hondos al cuerpo,
suena y busca una palabra
con que nombrar un deseo.
¡Oh, estar solo, ser por
fin
la soledad que se basta,
hombre con limites fijos,
con palabras y no gritos!
Frente a ese mundo
impalpable
de aire y luz, alzo mi cuerpo,
fenómeno que me muestra,
hecho visible, el
misterio.
¡Oh, estar solo, solo y vivo
entre el iris de esos
cambios,
la avidez del aire, el mar
y la noche de ese canto!
Fuera suena, suena el
mundo
y es lo total indistinto,
suena como un corazón
que se ignora a sí mismo.
Gabriel Celaya
Cuadro: "Nunca un amor" de Miguel O Menassa









