DERIVA
Son poemas, poemas:
Son los entusiasmos que
para bien nos mienten,
los hundimientos siempre
superables,
los errores que quizás no
sean errores.
Es el motor de explosión “hombre”,
los fácil-felizmente
caprichos sucesivos,
la melancolía con demoras
sensuales,
unos versos, restos de
cierta hermosa anchura.
Son los grandes gritos por
pequeñas causas,
una amada, el deseo que al
fin dice su nombre,
y una fecha, un lugar, un
sobresalto,
Dios fotografiado al
magnesio.
El brillante delirio de
una rosa impalpable,
el yo que ahora resulta
que realmente existe,
los mil fuegos cambiantes
de un anhelo sin meta:
Un ala retenida pero que
palpita.
Son las cabezudas
evidencias de un niño
hidrocéfalo y tierno que,
triste sonríe,
las muchachas que muren
porque son impalpables,
las balanzas nocturnas,
casi musicales.
Aquí peticiones de
principio cantan.
Días suman días; yo derivo
versos,
versos engañosos que no
acaban nunca,
versos que quisieran
morderse la cola.
Resbalo en mi mismo
cambiando de nombre,
cambiando de forma,
cambiando el futuro.
Es el amor –se entiende- o
bien – no se entiende-
la libertad abierta: Vivir
de entregarse.
Gabriel Celaya
Cuadro: "Buscábamos el sol" de Miguel O. Menassa









