COSA
Rompes… el ondear del aire
J.R. Jiménez
¡Ay, terca niña!
Le dices que no al viento,
a la niebla y al agua:
rajas el viento,
partes la niebla,
hiendes el agua.
Te niegas a la luz
profundamente:
la rechazas,
ya teñida de ti: verde,
amarilla,
--vencida ya—gris, roja,
plata.
Y celas de la noche,
la ardua
noche de horror de tus
entrañas sordas.
Cuando la mano intenta
poseerte,
siente la piel tus límites:
la muralla, la cava
de tu enemiga fe, siempre
en alerta.
Nombre te puse, te marcó
mi hierro:
“cáliz”, “brida”, “clavel”,
“cenefa”,”pluma”…
(Era tu sombra lo que
aprisionaba.)
Al interior sentido
convoqué contra ti.
Y, oh
burladora,
te deshiciste en forma y
en color,
en peso o en fragancia.
¡Nunca tú: tú, caudal, tú,
inaprensible!
¡Ay, niña terca,
ay, voluntad del ser,
presencia hostil,
límite frío a nuestro
amor!
¡Ay turbia
bestezuela de sombra,
que palpitas ahora entre
mis dedos,
que repites ahora entre
mis dedos
tu dura negativa de
alimaña!
Dámaso Alonso
Cuadro: "Aves del paraíso" de Miguel O. Menassa









