jueves, 12 de marzo de 2026

MÁS ALLÁ DE LOS CUERPOS

 


MÁS ALLÁ DE LOS CUERPOS

 

Más allá de los cuerpos es necesario

hacer de la palabra nuestra residencia.

 

Soy un travesti del pensamiento:

Vivo como un hombre cualquiera

pero pienso como una mujer

ambicionando su libertad.

 

Nada podrá detener mi marcha 

hacia los espacios celestes.

 

Vistas de un lado

las cosas me van bien.

Lo que me queda

son miedos tontos:

la casa

la comida de mis hijos.

 

El pasaje dice

poeta hacia el Espacio

y, sin embargo,

mil cadenas de amor

me atan a la Tierra.

 

Padezco un dolor inocente:

Soy el que no quiso morir

y escribo versos.

 

Miguel Oscar Menassa

Cuadro de Miguel O. Menassa

miércoles, 11 de marzo de 2026

ESPERANDO UN MILAGRO

 


ESPERANDO UN MILAGRO

 

Estoy, en verdad, esperando un milagro. Y no sé si algo ocurrirá.

Una vida casi sin misterios, mi vida es la vida de un trabajador.

Espero el medio día y el mediodía llega, y como mi comida cocida

casi sin amor,, con verduras cansadas y carne, tal vez, envenenada.

 

Después me limpio los dientes por consejo de una amante madura

y sin decir palabra, porque el amor se quiebra en el espejo rasgado,

pago en Euros mi pequeña comida y vuelvo, algo sumiso, a trabajar.

En el camino me encuentro de golpe con alguna dicha y la rechazo.

 

La libertad me llama a los gritos, la pobre, alucinada y yo no la oigo.

Escarbo en los bolsillos buscando una moneda para darle a un pobre

y encuentro pequeños pedacitos, trozos de recuerdos, donde el alma

perdida, enamorada de sí misma, no tuvo amor ni odio, ni siquiera pan.

 

No encuentro la moneda y el mendigo se burla de mi mezquindad.

¿No quiere que le preste, doctor, algunos céntimos? Mañana me lo da.

El hombre es delicado, se rompe al caminar, la noche le da miedo y

sin agua y sin comida, el pobre hombre muere igual que un animal.

 

Miguel Oscar Menassa

Del libro: “Al Sur de Europa”

Cuadro de Miguel O. Menassa 

martes, 10 de marzo de 2026

NUNCA COMO ESTOS DÍAS ME HE SENTIDO EXTRANJERO



 NUNCA COMO ESTOS DÍAS ME HE SENTIDO EXTRANJERO

 

Nunca como estos días me he sentido extranjero.

Nunca como estos días tan extraño a mí mismo.

Besé a una mujer creyendo que era una piedra

y una piedra besé creyendo que era amor.

 

Después escribí versos como quejas oscuras,

cuerpos vacíos, sin deseos, almas sin almas.

Estos días vi como el amor cubría el mundo,

con un manto negro de lágrimas y soledad.

 

Nadie podía estar con nadie, estos días,

todos estábamos encadenados al amor.

Ningún hombre deseaba su trabajo,

ninguna mujer vivía para la libertad.

 

Y, sin embargo, nos amábamos todo el día.

Nos mirábamos con ternura y llorábamos,

y nos quedábamos llorando hasta la tarde,

ella se encadenaba y yo no iba a trabajar.

 

A fin de mes, cuando la realidad aprieta,

todos pensábamos muy mal del amor,

pero éramos tan felices de estar juntos

que nos mirábamos con fe y llorábamos.

 

Al día siguiente estábamos destrozados,

a nadie se le podía hablar de ir a trabajar.

Ella se encadenaba, al amor, un siglo más

y yo, me encadenaba a ella, para siempre.

 

Miguel Oscar Menassa

Del libro: “Al sur de Europa”

Cuadro: "Llantos del exilio" de Miguel O. Menassa

sábado, 7 de marzo de 2026

UTILIZO TODO POR LA MITAD

 


UTILIZO TODO POR LA MITAD

 

Utilizo todo por la mitad.

No conozco ninguna máquina totalmente.

No conozco ninguna obra, totalmente.

No conozco ninguna vida, totalmente.

 

Yo, también, me he dejado llevar, muchas veces,

por intuiciones, por grandes titulares de noticias.

 

Hubo cosas que me tocaba vivir,

que nunca quise saber de qué trataban

y hubo comidas exquisitas que nunca probé

y comidas que comía casi todos los días,

que nunca quise saber cómo se hacían

y hubo veces que me la pasaba,

todo el día, cocinando para otros.

 

Cuando me tocaba triunfar, triunfaba a medias

y nunca llegué hasta el fondo de ningún abismo.

 

Nunca dejé amarme hasta el final

y, en cuanto a mí,

yo la amaba locamente pero a ratos.

 

Y hubo círculos que rompían sus límites

y cuadrados que se abrían al mar.

 

Y, a mi, me parecía todo natural pero a medias,

también, dudaba de que pudiera haber

un amor sin barreras, un alma sin palabras.

 

Miguel Oscar Menassa

Del libro: “Al sur de Europa”

Cuadro: "Lentitud" de Miguel O. Menassa

miércoles, 4 de marzo de 2026

ARRÁNCAME LA VISTA, AMADA

 


ARRÁNCAME LA VISTA, AMADA

 

Arráncame la vista, amada, le dije sin mirarla

y ella, acostumbrada a mis palabras, bajó el telón.

Quedamos, al besarnos, de este lado del mundo,

sin ver lo que pasaba, sin mostrar lo que hacíamos.

 

Devuélveme la vista, amada, le dije sin mirarla

y ella, acostumbrada a mis palabras, subió el telón.

Quedamos, al besarnos, de este lado del mundo,

lo vimos y lo mostramos todo, mas todo daba igual.

 

Déjame como estoy, no toques mi delirio.

Algo te doy amándote y nadie se da cuenta.

Algo me guardo para mí del amor peor no siento nada.

No somos náufragos perdidos, aún no hemos partido.

 

Aún, amada, nadie ha llegado al puerto

y al llegar no habrá barca esperándonos.

Sólo la bruma de la orilla espera,

sin novedad, sin mundo, volvemos a la página.

 

Ya fuimos ciegos, ya fuimos videntes,

ya dimos de beber a quien no amaba el agua,

nos sentamos a comer en la mesa de los ayunadores

y una cama vacía de amor la llenamos de lágrimas.

 

Ya fuimos la luz que no se enciende

aunque de golpe aparezca Aladino.

Ya fuimos los condenados de la tierra

y el dolor de quien nada tiene para sí.

 

Somos, ahora, como los árboles perennes

que una vez plantados no dejan de crecer;

más allá de los soles, del viento, de las lluvias,

más allá de los tiempos, del amor, de la muerte.

 

Miguel O. Menassa

Del libro: “Al sur de Europa”

Cuadro: "Más allá de los cuerpos" de Miguel O. Menassa

 

lunes, 2 de marzo de 2026

EL ÚLTIMO RECURSO

 

EL ÚLTIMO RECURSO

 

En los malos momentos, no os pongáis a llorar,

porque os harán callar

con la limosnita de un poco de pan.

 

En los malos momentos, decid que no entendéis.

Y tras escuchar,

decid, porque es verdad, que seguís sin entender.

 

Cuando os digan: “Caridad”, vosotros decid: “Justicia”,

porque pedís lo que es vuestro,

no descanso de conciencia para los que dormitan.

 

Cuando os digan que el problema va a estudiarse,

salid gritando a la calle

las razones que los justos llamarán irracionales.

 

Gabriel Celaya

Cuadro: "Los ojos del tiempo" de Miguel O. Menassa

 

domingo, 1 de marzo de 2026

AYER, AL ANOCHECER

 


AYER, AL ANOCHECER

 

Las sombras descendían, los pájaros callaban,

la luna desplegaba su nacarado olán.

La noche era de oro, los astros nos miraban

y el vento nos traía la esencia del galán.

 

El cielo azul tenía ambiantes de topacio,

la tierra oscura cabello de bálsamo sutil;

tus ojos más destellos que todo aquel espacio,

tu juventud más ámbar que todo aquel abril.

 

Aquella era la hora solemne en que me inspiro,

en que del alma brota el cántico nupcial,

el cántico inefable del beso y del suspiro,

el cántico más dulce, del idilio triunfal.

 

De súbito atraído quizá por una estrella,

volviste al éter puro tu rostro soñador…

Y dije a los luceros: “¡verted el cielo en ella!”

y dije a tus pupilas: “¡verted en mí el amor!”

 

Víctor  Hugo

Cuadro: "Gemidos del viento" de Miguel O. Menassa

jueves, 26 de febrero de 2026

EL ALMA ERA LO MISMO QUE UNA RANITA VERDE

 


EL ALMA ERA LO MISMO QUE UNA RANITA VERDE

 

El alma era lo mismo

que una ramita verde,

largas horas sentadas sobre el borde

de un rumoroso

Misisipí.

Desea el agua, y duda. La desea

porque es el elemento para que fue criada,

pero teme

el bramador empuje del caudal,

y, allá en lo oscuro, aún ignorar querría

aquel inmenso hervor

que la puede apartar (ya sin retorno,

hacia el azar sin nombre)

de la ribera dulce, de su costumbre antigua.

Y duda y duda y duda la pobre rana verde.

 

Y hacia el atardecer,

he aquí que, de pronto,

un estruendo creciente retumba derrumbándose,

y enfurecida salta el agua

sobre sus lindes,

y sube y salta

como si todo el valle fuera

un hontanar hirviente,

y crece y salta

en rompientes enormes,

donde se desmoronan

torres nevadas contra el huracán,

o ascienden, dilatándose

como gigantes flores que se abrieran al viento,

efímeros arcángeles de espuma.

Y sube, y salta, espuma, aire, bramido,

mientras a entrambos lados rueda o huye,

oruga sigilosa o tigre elástico

(fiera, en fin, con la comba del avance)

la lámina de plomo que el ancho valle oprime.

 

Oh, si llevo las casas, si desraigó los troncos,

si casi horadó montes,

nadie pregunta por las ranas verdes…

 

…¡Ay, Dios,

cómo me has arrastrado,

cómo me has desarraigado,

cómo me llevas

en tu invencible frenesí,

cómo me arrebataste

hacia tu amor!

Yo dudaba.

No, no dudo:

dame tu incógnita aventura,

tu inundación, tu océano,

tu final,

la tromba indefinida de tu mente,

dame tu nombre,

en ti.

 

Dámaso Alonso

Cuadro: "El mar verde" de Miguel O. Menassa

martes, 24 de febrero de 2026

COSA

 


COSA

Rompes… el ondear del aire

J.R. Jiménez

 

¡Ay, terca niña!

Le dices que no al viento,

a la niebla y al agua:

rajas el viento,

partes la niebla,

hiendes el agua.

 

Te niegas a la luz profundamente:

la rechazas,

ya teñida de ti: verde, amarilla,

--vencida ya—gris, roja, plata.

 

Y celas de la noche,

la ardua

noche de horror de tus entrañas sordas.

 

Cuando la mano intenta poseerte,

siente la piel tus límites:

la muralla, la cava

de tu enemiga fe, siempre en alerta.

 

Nombre te puse, te marcó mi hierro:

“cáliz”, “brida”, “clavel”, “cenefa”,”pluma”…

(Era tu sombra lo que aprisionaba.)

 

Al interior sentido

convoqué contra ti.

                                   Y, oh burladora,

te deshiciste en forma y en color,

en peso o en fragancia.

¡Nunca tú: tú, caudal, tú, inaprensible!

 

¡Ay, niña terca,

ay, voluntad del ser, presencia hostil,

límite frío a nuestro amor!

                                                 ¡Ay turbia

bestezuela de sombra,

que palpitas ahora entre mis dedos,

que repites ahora entre mis dedos

tu dura negativa de alimaña!

 

Dámaso Alonso

Cuadro: "Aves del paraíso" de Miguel O. Menassa 

miércoles, 18 de febrero de 2026

PREDESTINADOS

 


PREDESTINADOS

 

Es el abismo el que le atrae

desde su fondo más oscuro,

para que deje esta vida tan triste

que él ve cubierta de eterno luto.

 

No bien una sombra se disipa

otras se agranda… se agranda y le envuelve

sin que adivine por qué ha venido,

por qué le busca, ni qué le quiere,

pero le aterra y le acobarda

y a donde va le sigue siempre.

 

Si algún dolor abandona su alma,

otro más vivo y más intenso,

en sus entrañas haciendo el nido

para él inventa nuevos tormentos,

mucho más hondos y más terribles

siempre los últimos que los primeros.

 

Un mal espíritu, algún demonio

de cuantos hay el más cruel

ha presidido su nacimiento

y oculto guía siempre su pie

hacia los bordes de alta sima

a ver si puede verle caer.

 

Vacila su planta ya… y sus ojos

vagos se fijan en lo infinito,

que él cree imagen de la nada;

pero le atrae… le atrae el vacío

en donde flotas, genio invisible,

siempre llamándole hacia el abismo.

 

Y cae al fin… y nadie sabe,

ni nade pregunta por qué ha caído.

 

Rosalía de Castro

Cuadro: "Punto de encuentro" de Miguel O. Menassa