MATINAL
Un hombre; los caminos;
el viento sin sonido del
destino;
y andar libre y ligero
entre tormentas
magnéticas y secas.
Se multiplican, crecen,
y, sucesivos, vienen con
espuma y clamores
confusiones, muchachas,
reposos dulces, largas
cabelleras de llanto que
le envuelven temblando.
Frente a un mundo en
delirio, él se afirma en su paso.
No acaricia, no duda.
Su soledad heroica
no es un irse perdido por
los limbos cantando.
Contempla las montañas en
su fuerza y su calma;
contempla la mañana
pausada y luminosa;
respira, y le parece
que su boca bebe de Dios
directamente.
¡Qué cierto, en su
absoluto
de gloria y resplandor, el
cielo abierto!
¡Qué ciertas, en su calma,
las cosas como son, que
son, y basta!
Gabriel Celaya
Cuadros: "Hay días" de Miguel O. Menassa









