EN ESTAS TARDES PARDAS
En estas tardes pardas,
mientras tardas las horas resbalando
van dejando tras sí huella
de tedio,
el único remedio, ¡triste
estrella!
tan desterrado al verse
es acogerse al golfo del
recuerdo
de lo que nunca fue.
Es soñar un pasado
venturoso,
¡hermoso sueño!
Es con el sueño rehacer la
vida
perdida ya.
Es volver a vivir del
tiempo fuera,
en la esfera bendita
de la infinita libertad,
la de soñar que fue lo que
no fuera.
No, no con Rosa, fue con
Margarita,
y cerrando los ojos, ¡fácil
cosa!
a la verdad,
a la verdad tiránica,
intratable,
cuán dable es construir un
nuevo nido
prendido allá en las nubes
irisadas
que mece el aura de la
eternidad.
¿Fue lo que fue? ¡Quién
sabe…!
La nave surca el infinito
océano,
y en sus cristales,
iguales todos,
no deja trazo de su
errante surco
ni huella en su regazo.
No, no es sino ella,
la nave misma, sí, rápida
o tarda,
la que guarda esas olas
que pasaron,
olas que sólo fueron
sueños del mar.
¿No llevamos en esta nave
acaso
lo que al paso soñamos
y en sueños sólo fue?
De la ilusión al viento va
la vela
y la estela borrándose,
mas las olas, las brisas,
sonrisas de los mares y
los cielos,
de anhelos llenan la
desierta nave
que no sabe do va.
Y en su carrera, corta o
larga,
esos anhelos son su carga:
lo que soñamos es nuestro
tesoro,
nuestro caudal,
el oro de ilusiones que
ganamos,
ricos en sueños,
y dueños solo del ideal.
Recuerda, pues, o sueña tú,
alma mía
-la fantasía es tu
sustancia eterna-,
lo que no fue;
con tus figuraciones hazte
fuerte,
que eso es vivir, y lo demás
es muerte.
Miguel de Unamuno









