LA MUERTE POR LA PATRIA
Tú llegas, oh batalla, y
ya descienden los jóvenes
a oleadas desde sus
colinas al valle
donde bullen insolentes
los degolladores
seguros de su arte y sus
brazos, pero aún más segura
se precipita sobre ellos
el alma de los jóvenes,
pues los justos atacan y,
como si fueran magos,
sus cantos patrióticos
paralizan las rodillas de
los infames.
¡Hacedme sitio en las
filas,
para que no perezca un día
de muerte vil!
Me disgusta morir inútilmente,
en cambio
me place caer en la colina
del sacrificio
por la patria, y verter la
sangre del corazón
por la patria, ¡y qué
pronto será! Acudo
a vosotros, queridos, que
me enseñasteis
a vivir y morir, ¡ahora
bajo con vosotros!
¡Qué de veces ansié veros
a la luz del día
héroes y poetas de la
antigüedad!
Ahora acoged benévolos al
extranjero
insignificante y reine aquí
abajo la fraternidad.
Ya bajan heraldos de la
victoria; ¡la batalla
es nuestra! Vive en lo
alto, oh patria,
¡y no cuentes los muertos!
Por ti,
oh amada, no ha caído ni
uno de más.
Friedrich Hölderlin
Cuadro: "Llantos del exilio 2" de Miguel O. Menassa









