sábado, 26 de septiembre de 2026

BRINDO POR LA REVOLUCIÓN



BRINDO POR LA REVOLUCIÓN

 

Este año quiero comenzar el año

brindando y no escribiendo

como todos los años anteriores.

 

Brindo por la revolución

porque nací en su tiempo

y por ser éste el tiempo de la furia

brindo por el amor a la revolución

y en ese amor

bebo la sangre y, también,

bebo la poesía de la revolución.

 

Levanto mi copa cual estandarte

para brindar por la mujer

porque Ella es de la revolución

su poesía.

 

Brindo por el hombre que no podré ser.

 

Tiro el contenido de mi copa

a la tierra

y brindo con los muertos.

 

En mi copa vacía penetran

los espíritus burlones

y poéticos de la noche,

y yo me los bebo

no sólo para divertirme

sino también,

para brindar contra la muerte.

 

Oscuridad para las luces

que huyen de mi cuerpo

violencia de claveles afiebrados.

 

Me detengo en la mirada de los amigos

para llenar mi copa con este verso.

Arranco de la espesura de la mañana

palpitantes estrofas.

 

Dejo caer sobre mi cuerpo

vertiente iluminada,

licores y sueños.

 

Unto mi cuerpo con babas perfumadas,

pólvoras humedecidas por el llanto,

olores de una revolución asesinada

y brindo por mi Patria.

 

En el intento

de universalizar mi canto

pongo sobre mi cuerpo

las sedas del ocaso

terráqueo sin medida

palabra rota

descuartizado ser

hacia el espacio

brindo por mí.

 

Delicado y fugaz

me parto en tus entrañas,

como el cristal del tiempo

como el cristal que suena

en la garganta cósmica

canción del Universo.

 

Hago de las astillas una flor,

dejo que los más pequeños,

rompan la flor entre sus manos

y arrojen al viento

las partes más bellas de la flor.

 

Caballero de la poesía

monto en pelo

a lo indio

una yegua con alas.

 

Miguel Oscar Menassa

Del libro: “La poesía y yo”

Cuadro: "Hasta aquí llegó el hombre" de Miguel Oscar Menassa


viernes, 25 de septiembre de 2026

DÉJAME ESTA VOZ

 


DEJAME ESTA VOZ

 

Déjame esta voz que tengo,

Lo mismo que a la pampa le dejan

Sus matorrales de deseo,

Sus ríos secos colgando de las piedras.

 

Déjame vivir como acero mohoso,

Sin puño, tirado en las nubes;

No quiero saber de la gloria envidiosa

Con rabo y cuernos de ceniza.

 

Un anillo tuve de luna

Tendida en la noche a comienzos de otoño;

Lo di a un mendigo tan joven

Que sus ojos parecían dos lagos.

 

Me ahogué en fin, amigos;

Ahora duermo donde nunca despierte,

No saber más de mí mismo es algo triste;

Dame la guitarra para guardar las lágrimas.

 

Luis Cernuda

Cuadro: "Rebelión de vocablos" de Miguel O. Menassa 

martes, 22 de septiembre de 2026

DESTIERRO

 


DESTIERRO

 

Ante las puertas bien cerradas,

Sobre un río de olvido, va la canción antigua.

Una luz lejos piensa

Como a través de un cielo.

Todos acaso duermen

Mientras él lleva su destino a solas.

 

Fatiga de estar vivo, de estar muerto,

Con frío en vez de sangre,

Con frío que sonríe insinuando

Por las aceras apagadas.

 

Le abandona la noche y la aurora lo encuentra,

Tras sus huellas la sombra tenazmente.

 

Luis Cernuda

Cuadro: "Poniente" de Miguel O. Menassa 

 

sábado, 19 de septiembre de 2026

HABITACIÓN DE AL LADO

 


HABITACIÓN DE AL LADO

 

A través de una noche en pleno día

Vagamente he conocido a la muerte.

No la acompaña ningún lebrel;

Vive entre los estanques disecados,

Fantasmas grises de piedra nebulosa.

 

¿Por qué soñando al deslizarse con miedo,

Ese miedo imprevisto estremece al durmiente?

Mirad vencido olvido y miedo a tantas sombras blancas

Por las pálidas dunas de la vida,

No redonda ni azul, sino lunática,

Con sus  blancas lagunas, con sus bosques

En donde el cazador si quiere da caza al terciopelo.

 

Pero ningún lebrel acompaña a la muerte.

Ella con gran amor sólo  ama los pájaros,

Pájaros siempre mudos, como lo es el secreto,

Con sus grandes colores formando un torbellino

En torno a la mirada fijamente metálica.

 

Y los durmientes desfilan como nubes

Por un cielo engañoso donde chocan las manos,

Las manos aburridas que cazan terciopelos

     o nubes descuidadas.

 

Sin vida está viviendo solo profundamente.

 

Luis Cernuda 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

INCITACIÓN

 

INCITACIÓN

 

En el muro quedaron los tatuajes del juego

el tiempo me conmina pero no me doblego

siento a pesar de todo frutal desasosiego

y el código de agobios lo dejo para luego

 

antes de que el crepúsculo en noche se convierta

y se duerma la calle y se entorne la puerta

a solas con mi pobre madurez inexperta

quiero que mi demanda se encuentre con tu oferta

 

no es bueno que la astucia me busque a la deriva

como si el amor fuera sólo una tentativa

y ya que ahora asombras a mi alma votiva

confío en que asombrado tu cuerpo me reciba

 

nos consta que el presente es breve y es impuro

pero cuando los torsos celebren su conjuro

y llamen nuestros ojos cual brasas en lo oscuro

sólo entonces sabremos cómo será el futuro

 

aspiro a que tu suerte de nuevo me rescate

del frío y de la sombra     del tedio y el combate

la gloria nos espera sola en su escaparate

mientras tú y yo probamos la sal y el disparate

 

sola en su desafío nos espera la gloria

y con su habilidad veterana y suasoria

entre nosotros borra la línea divisoria

y nuestros pies se buscan para empezar la historia.

 

Mario Benedetti  

Cuadro de Miguel O. Menassa

jueves, 27 de agosto de 2026

SOLO LA MUERTE

 


SOLO LA MUERTE

 

Hay cementerios solos,

tumbas llenas de huesos sin sonido,

el corazón pasando un túnel

oscuro, oscuro, oscuro,

como un naufragio hacia adentro nos morimos,

como ahogarnos en el corazón,

como irnos cayendo desde la piel al alma.

 

Hay cadáveres,

hay pies de pegajosa losa fría,

hay la muerte en los huesos,

como un sonido puro,

como un ladrido sin perro,

saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,

creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

 

Yo veo solo, a veces,

ataúdes a vela

zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,

con panaderos blancos como ángeles,

con niñas pensativas casadas con notarios,

ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,

el río morado,

hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,

hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

 

A lo sonoro llega la muerte

como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,

llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,

llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan

y su vestido suena, callado, como un árbol.

 

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,

pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,

violetas acostumbradas a la tierra,

porque la cara de la muerte es verde,

y la mirada de la muerte es verde,

con la aguda humedad de una hoja de violeta

y su grave color de invierno exasperado.

 

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,

lame el suelo buscando difuntos,

la muerte está en la escoba,

es la lengua de la muerte buscando muertos,

es la aguja de la muerte buscando hilo.

 

La muerte está en los catres:

en los colchones lentos, en las frazadas negras

vive tendida, y de repente sopla:

sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,

y hay camas navegando a un puerto

en donde está esperando, vestida de almirante.

 

Pablo Neruda

Cuadro: "Una muerte simulada" de Miguel O. Menassa


sábado, 22 de agosto de 2026

EL RELOJ CAÍDO EN EL MAR

 


EL RELOJ CAÍDO EN EL MAR

 

Hay tanta luz tan sombría en el espacio

y tantas dimensiones de súbito amarillas,

porque no cae el viento

ni respiran las hojas.

 

Es un día domingo detenido en el mar,

un día como un buque sumergido,

una gota del tiempo que asaltan las escamas

ferozmente vestidas de humedad transparente.

 

Hay meses seriamente acumulados en una vestidura

que queremos oler llorando con los ojos cerrados,

y hay años en un solo ciego signo del agua

depositada y verde,

hay la edad que los dedos ni la luz apresaron,

mucho más estimable que un abanico roto,

mucho más silenciosa que un pie desenterrado,

hay la nupcial edad de los días disueltos

en una triste tumba que los peces recorren.

 

Los pétalos del tiempo caen inmensamente

como vagos paraguas parecidos al cielo,

creciendo en torno, es apenas

una campana nunca vista,

una rosa inundada, un medusa, un largo

latido quebrantado:

pero no es eso, es algo que toca y gasta apenas,

una confusa huella sin sonido ni pájaros,

un desvanecimiento de perfumes y razas.

 

El reloj que en el campo se tendió sobre el musgo

y golpeó una cadera con su eléctrica forma

corre desvencijado y herido bajo el agua temible

que ondula palpitando de corrientes centrales.

 

Pablo Neruda

Cuadro: "El viejo y el mar" de Miguel O. Menassa

lunes, 17 de agosto de 2026

LUNA DE IDILIO



LUNA DE IDILIO

 

La distancia entre el mundo

que atruena con campanas

y el otro mundo / el que solloza apenas

¿será equivalente a la media

entre el excesivo odio amoroso

y el flaco amor odioso?

¿dará lo mismo refugiarse

en el seno aterido de la comunidad

que esconderse en el otro seno el tibio

y tan dulce de la mujer amada?

 

La luna del idilio no se ve

desde los helicópteros

 

en los escasos raptos de sagrada vergüenza

uno quiere cambiar de veras y de sueños

pero en los arrebatos de filtrado orgullo

uno quiere cambiar

sencillamente quiere cambiar el universo

y es justamente entonces cuando el odio no puede

privarse del amor

si me despierto odiando

sé que acabaré amando a la hora del crepúsculo

de lo contrario no podría

sobrevivirme ni sobremorirme

después de todo el odio sólo es limpio

cuando nos deja algún agujerito

para vichar los pechos del amor

 

la luna del idilio no se ve

desde los helicópteros.

 

Mario Benedetti 

Cuadro: "Una pasión irremediable" de Miguel O. Menassa


miércoles, 22 de julio de 2026

LA CASA

 

 


LA CASA

 

Mi casa, las paredes cuya madera fresca

recién cortada huele aún destartalada

casa de la frontera, que crujía

a cada paso, y silbaba con el viento de guerra

del tiempo austral, haciéndose elemento

de tempestad, ave desconocida

bajo cuyas heladas plumas creció mi canto.

Vi sombras, rostros que como plantas

en torno a mis raíces crecieron, deudos

que cantaban tonadas a la sombra de un árbol

y disparaban entre los caballos mojados,

mujeres escondidas en la sombra

que dejaban las torres masculinas,

galopes ue azotaban la luz,

                                                  enrarecidas

noches de cólera, perros que ladraban.

Mi padre con el alba oscura

de la tierra, hacia qué perdidos archipiélagos

en sus trenes que aullaban se deslizó?

Más tarde amé el olor del carbón en el humo,

los aceites, los ejes de precisión helada,

y el grave tren cruzando el invierno extendido

sobre la tierra, como una oruga orgullosas.

De pronto trepidaron las puertas.

                                                              Es mi padre.

Lo rodean los centuriones del camino:

ferroviarios envueltos en sus mantas mojadas

el vapor y la lluvia con ellos revistieron

la casa, el comedor se llenó de relatos

enronquecidos, los vasos se vertieron,

y hasta mí, de los seres, como una separada barrera,

en que vivían los dolores,

llegaron las congojas, las ceñudas

cicatrices, los hombres sin dinero,

la garra mineral de la pobreza.

 

Pablo Neruda

Cuadro: "La puerta del ayer" de Miguel O.Menassa

 

martes, 21 de julio de 2026

HOMBRE QUE MIRA LA TIERRA



HOMBRE QUE MIRA LA TIERRA

 

Cómo querría otra suerte para esta pobre reseca

que lleva todas las artes y los oficios

en cada uno de sus terrones

y ofrece su matriz reveladora

para las semillas que quizá nunca lleguen

 

cómo querría que un desborde caudal

viniera a redimirla

y la empapara con su sol en hervor

o sus lunas ondeadas

y la recorriera palmo a palmo

y la entendiera palma a palma

 

o que descendiera la lluvia inaugurándola

y le dejara cicatrices como zanjones

y un barro oscuro y dulce

con ojos como charcos

 

o que en su biografía

pobre madre reseca

irrumpiera de pronto el pueblo fértil

con azadones y argumentos

y arados y sudor y buenas  nuevas

y las semillas de estreno recogieran

el legado de las viejas raíces

 

cómo querría que se escucharan

su verde gratitud y su orgasmo nutricio

y que el alambrado recogiera sus púas

ya que por fin sería nuestra y una

 

cómo querría esa suerte de tierra

y que vos muchachita

entre brotes o espigas

o aliento vegetal o abejas mensajeras

te extendieras allí

mirando por primera vez las nubes

y yo tapara lentamente el cielo.

 

Mario Benedetti

Cuadro: "Aves del paraíso" de Miguel O. Menassa