A UNA PROMETIDA
Las lágrimas del
encuentro, y del encuentro,
el abrazo, y tus ojos
cuando te besa,
no querría profético
cantarte,
y toda la gracia del
amor mágico.
En verdad, joven
alma, eres bella
también sola, pues se
alegra de sí misma
y florece de tu
propio genio, y del querido
canto del corazón, la
hija de las Musas.
Pero otra cosa es el
presente sagrado,
cuando tu genio se
reconozca en la mirada del reencontrado,
cuando camines a sus
ojos serena,
otra vez envuelta en
una nube de oro.
Entretanto, piensa
que le luce el sol,
que le consuela y
amonesta, cuando duerme en el campo,
la estrella del amor,
y que al cabo el corazón
siempre se reserva
días felices.
Y cuando esté ahí y
las aladas horas del amor
vuelen más y más rápido,
y se aproxime tu boda
y embriagadoras
luzcan ya las
estrellas de la felicidad,
no, amantes, no os
envidio,
inofensivos como la
flor que vive de la luz,
así viven gustosos de
una bella imagen,
soñando, dichosos y
pobres, los poetas.
Friedrich Hölderlin
Cuadro: "Enamoramiento" de Miguel O. Menassa









