LA CASA
Mi casa, las paredes cuya
madera fresca
recién cortada huele aún
destartalada
casa de la frontera, que
crujía
a cada paso, y silbaba con
el viento de guerra
del tiempo austral, haciéndose
elemento
de tempestad, ave
desconocida
bajo cuyas heladas plumas
creció mi canto.
Vi sombras, rostros que
como plantas
en torno a mis raíces
crecieron, deudos
que cantaban tonadas a la
sombra de un árbol
y disparaban entre los
caballos mojados,
mujeres escondidas en la
sombra
que dejaban las torres
masculinas,
galopes ue azotaban la
luz,
enrarecidas
noches de cólera, perros
que ladraban.
Mi padre con el alba
oscura
de la tierra, hacia qué
perdidos archipiélagos
en sus trenes que aullaban
se deslizó?
Más tarde amé el olor del
carbón en el humo,
los aceites, los ejes de
precisión helada,
y el grave tren cruzando
el invierno extendido
sobre la tierra, como una
oruga orgullosas.
De pronto trepidaron las
puertas.
Es mi padre.
Lo rodean los centuriones del
camino:
ferroviarios envueltos en
sus mantas mojadas
el vapor y la lluvia con
ellos revistieron
la casa, el comedor se
llenó de relatos
enronquecidos, los vasos
se vertieron,
y hasta mí, de los seres,
como una separada barrera,
en que vivían los dolores,
llegaron las congojas, las
ceñudas
cicatrices, los hombres
sin dinero,
la garra mineral de la
pobreza.
Pablo Neruda
Cuadro: "La puerta del ayer" de Miguel O.Menassa









