PALINODIA
¿A qué me trasluces,
tierra, tu verde amable?
¿A qué me acaricias otra
vez, brisa, como antes?
Resuella en todas las
copas…
¿A qué despertáis mi alma?
¿A qué, oh bondadosos,
reanimáis mi pasado? Olvidadme
y dejan en paz las cenizas
de mi
alegría, solo os burláis,
marchaos
de aquí, dioses sin
destino, y floreced
en vuestra juventud sobre
los que envejecen.
Y si os gusta frecuentar a
los mortales,
tenéis de sobra vírgenes
en flor,
y héroes juveniles. Pues la mañana se recrea más bella
en las mejillas de los
bienaventurados,
que en un mirar sombrío; y
suenan más risueños
los cantos de quienes lo
tienen fácil.
Ay, antes corría ligera la
fuente del canto
desde mi pecho, cuando aún
la dicha
del cielo brillaba en mis
ojos.
Perdón, perdón, oh dioses
buenos
oh constantes, y parad un
poco
siquiera porque amáis las
fuentes puras…
Friedrich Hölderlin
Cuadro de Miguel Oscar Menassa









