FIN DE SEMANA EN EL CAMPO
A los treinta y cinco años
de mi vida,
tan largos, tan cargados,
y a fin de cuentas vanos,
considero el empuje que
llevo ya gastado,
la nada de mi vida, el
asco de mi mismo
que me lleva a volcarme
suciamente hacia fuera,
negociar, cotizar mi
trabajo y mi rabia,
ser cosa entre las cosas
que choca dura y hiere.
Considero mis años,
considero este mar que aquí
brilla tranquilo,
los árboles que aquí
dulcemente se mecen,
el aire que aquí tiembla,
las flores que aquí huelen,
este “aquí” y “ahora mismo”
que me dice inflexible
que yo soy un error y el
mundo es siempre hermoso,
hermoso, sólo hermoso,
tranquilo y bueno, hermoso.
Gabriel Celaya
Cuadro: "Un día de campo" de Francisco de Goya









