miércoles, 4 de marzo de 2026

ARRÁNCAME LA VISTA, AMADA

 


ARRÁNCAME LA VISTA, AMADA

 

Arráncame la vista, amada, le dije sin mirarla

y ella, acostumbrada a mis palabras, bajó el telón.

Quedamos, al besarnos, de este lado del mundo,

sin ver lo que pasaba, sin mostrar lo que hacíamos.

 

Devuélveme la vista, amada, le dije sin mirarla

y ella, acostumbrada a mis palabras, subió el telón.

Quedamos, al besarnos, de este lado del mundo,

lo vimos y lo mostramos todo, mas todo daba igual.

 

Déjame como estoy, no toques mi delirio.

Algo te doy amándote y nadie se da cuenta.

Algo me guardo para mí del amor peor no siento nada.

No somos náufragos perdidos, aún no hemos partido.

 

Aún, amada, nadie ha llegado al puerto

y al llegar no habrá barca esperándonos.

Sólo la bruma de la orilla espera,

sin novedad, sin mundo, volvemos a la página.

 

Ya fuimos ciegos, ya fuimos videntes,

ya dimos de beber a quien no amaba el agua,

nos sentamos a comer en la mesa de los ayunadores

y una cama vacía de amor la llenamos de lágrimas.

 

Ya fuimos la luz que no se enciende

aunque de golpe aparezca Aladino.

Ya fuimos los condenados de la tierra

y el dolor de quien nada tiene para sí.

 

Somos, ahora, como los árboles perennes

que una vez plantados no dejan de crecer;

más allá de los soles, del viento, de las lluvias,

más allá de los tiempos, del amor, de la muerte.

 

Miguel O. Menassa

Del libro: “Al sur de Europa”

Cuadro: "Más allá de los cuerpos" de Miguel O. Menassa

 

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