DOMINGO POR LA TARDE
Domingo por la tarde en la
ciudad inerte.
Me llaman los portales
desdentados,
como boca de vieja
que cantase canciones de
niñez.
Las sombras en la piedra.
Las nubes enganchadas en
la torre,
pinchadas, desangrándose.
Los niños que se aburren,
que se espían en torno de
la fuente,
sin entender por qué
siempre han de inventar
juegos.
Enredado a mis pasos,
el tiempo se demora sin
oficio,
igual que una pelota
desinflada.
De pronto me parece que te
busco
desde otros años y desde
otra luz,
mi ciudad estancada de
domingo,
que voy desentrañando con
paciencia y esfuerzo,
pieza por pieza, la perdida
imagen,
descifrando sus signos.
Me paro unos instantes
trastornada en mitad de la acera,
herida por la aguja
alevosa del futuro,
me tropiezo con alguien
--“¿en qué va usted
pensando?”—
y le pido perdón
atolondradamente,
hombre o mujer, no sé,
llevaba abrigo oscuro.
Tal vez me va siguiendo con
la vista
mientras reemprendo mi
paseo sin rumbo,
mi zigzag indolente de
domingo
por las calles angostas y
sombrías, en espera de nada,
tan solo, en todo caso, de
que la noche borre la ciudad.
Carmen Martín Gaite
Cuadro:"Viste el color" de Miguel O. Menassa

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