ETERNO SECRETO
La celeste marca del amor
en un campo desierto
donde hace unos minutos
lucharon dos deseos,
donde todavía por el cielo
un último pájaro se escapa,
caliente pluma que unas
manos han retenido.
Espera, espera siempre.
Todavía llevas
el radiante temblor de una
piel íntima,
de unas celestes manos
mensajeras
que al cabo te enviaron
para que te reflejases en el
corazón vivo,
en ese oscuro hueco sin
latido
del ciego y sordo y triste
que en tierra duerme su opacidad
sin lengua.
Oh tú, tristísimo minuto
en que el ave misteriosa,
la que no sé, la que nadie
sabrá de dónde llega,
se refugia en el pecho de
ese cartón besado,
besado por la luna que
pasa sin sonido,
como un largo vestido o un
perfume invisible.
Ay tú, corazón que no
tiene forme de corazón;
caja mísera, cartón que
sin destino quiere latir mientras
duerme,
mientras el color verde de
los árboles próximos
se estira como ramas enlazándose
sordas.
¡Luna cuajante fría que a
los cuerpos darías calidad de
cristal!
Que a las almas darías
apariencia de besos;
en un bosque de palmas, de
palomas dobladas,
de picos que se traman
como las piedras inmóviles.
¡Luna, luna, sonido, metal
duro o temblor:
ala, pavoroso plumaje que
rozas un oído,
que musitas la dura cerrazón
de los cielos,
mientras mientes un agua
que parece la sangre!.
Vicente Aleixandre
Cuadro: "Una pasión irremediable" de Miguel O. Menassa

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