martes, 17 de febrero de 2026

MENSAJE

 


MENSAJE

 

   Amigos, no preguntéis a la gozosa mañana

por qué el sol intangible da su fuerza a los hombres.

Bebed su claro don, su lucidez en la sombra,

en los brazos amantes de ese azul inspirado,

y abrid los ojos sobre la belleza del mar, como del amor,

ebrios de luz sobre la hermosa vida,

mientras cantan los pájaros su mensaje infinito

y hay un presentimiento de espuma en vuestras frentes

y un rapto de deseo en los aires dichosos,

que como labios dulces trémulamente asedian.

 

   Vosotros venís de la remota montaña,

quieta montaña de majestad velada,

pero no ignoráis la luz, porque en los ojos nace

cada mañana el mar con su azul intocable,

su inmarcesible brío luminoso y clamante,

palabra entera que un universo grita

mientras besa a la tierra con perdidas espumas.

 

   Recogiendo del aire una voz, un deseo,

un misterio que una mano quizá asiera un día entre un

          vuelo de pájaros,

contempláis el amor, cósmico afán del hombre,

y esa fragante plenitud de la tierra

donde árboles colmados de primavera urgente

dan su luz o sus poemas a unos labios sedientos.

 

   Mirad el vasto coro de las nubes,

alertas sobre el mar,

enardecidas reflejar el mensaje

de un sol de junio que abrasado convoca

a una sangre común con su luz despiadada.

Embebed en vuestra cabellera el rojo ardor de los besos

         inmensos

que se deshacen salpicados de brillos,

y destelle otra vez, y siempre, en vuestros ojos el verde

         piafador de las playas,

donde un galope oculto de mar rompe en espumas.

Besad la arena, acaso eco del sol, caliente a vino, la celeste

         mensaje,

licor de luz que en los labios chorrea

y trastorna en la ebria lucidez a las almas,

veladoras después en la noche de estrellas.

 

   ¡Ah! Amigos, arroja lejos, sin mirar, los artefactos

       tristes,

tristes ropas, palabras, palos ciegos, metales,

y desnudos de majestad y pureza frente al grito del mundo,

lanzad el cuerpo al abismo de la mar, de la luz, de la dicha

          inviolada,

mientras el universo, ascua pura y final, se consume.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Obsservando la experiencia" de Miguel O. Menassa

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