COMO SI NADA
Perdí los cinco sentidos
y aún no he descubierto el
sexto.
Te volteo, poesía.
No hay que darle tiempo al
tiempo.
Sé que sólo de repente
diré lo que ya sabía,
recordando ese futuro
de la luz antes del
prisma.
Me he mirado en el espejo
y ahora me vuelvo de
espaldas.
Sé que el otro, también
vuelto,
ve agua adentro lo que
calla.
Si yo viera lo que él ve,
no vería lo que veo.
Mi rostro ya me lo sé.
Pero mi espalda es lo
externo.
Dios quiere abrirme los
ojos.
Las estrellas en el cielo
son su anuncio luminoso.
Mas ¡hay tantos! No lo
leo.
En la luna hay cine mudo.
Los niños entran de balde.
Los poetas, como tontos,
lo vemos en la calle.
Abro y cierro los espejos.
Hay algo que no anda bien.
Nada dentro, nada fuera.
Pero hay algo. No sé qué.
El piano le ha mordido
los dedos al pianista
y, enseñándole las teclas,
ríe a mandíbula viva.
Corazón desamparado,
pon marcha atrás tus
bobinas
y recoge, vuelta a vuelta,
tu arrastrada melodía.
Un ángel se asoma y dice:
“¿Es que no ves lo que
pasa?”
Y luego cierra la puerta
como si cerrara un ala.
Gabriel Celaya

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