ODA A UN CINE DE PUEBLO
Amor mío,
vamos
al cine del pueblecito.
La noche transparente
gira
como un molino
mudo, elaborando
estrellas.
Tú y yo entramos
al cine
del pueblo, lleno de niños
y aroma de manzanas.
Son las antiguas cintas,
los
sueños ya gastados.
La pantalla ya tiene
color de piedra o lluvias,
La bella prisionera
del villano
tiene ojos de laguna
y voz de cisne,
corren
los más vertiginosos
caballos
de la tierra.
Los vaqueros
perforan
con sus tiros
la peligrosa luna
de Arizona.
Con el alma
en un hilo
atravesamos
estos
ciclones
de violencia,
la formidable
lucha
de los espadachines en la
torre,
certeros como avispas,
la avalancha emplumada
de los indios
abriendo su abanico en la
pradera.
Muchos
de los muchachos
del pueblo
se han dormido
fatigados del día en la
farmacia,
cansados de fregar en las
cocinas.
Nosotros
no, amor mío.
No vamos a perdernos
este sueño
tampoco:
mientras
estemos
vivos
haremos nuestra
toda
la vida verdadera
pero también
los sueños:
todos
los sueños
soñaremos.
Pablo Neruda
Cuadro: "Una orquesta en tu voz" de Miguel O. Menassa

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