domingo, 19 de abril de 2026

VIVIMOS ENCADENADOS A LA MEMORIA HISTÓRICA

 




VIVIMOS ENCADENADOS A LA MEMORIA HISTÓRICA

 

Vivimos encadenados al futuro requiebro en la voz.

 

No muere lo desaparecido sin entierro, no.

Grita en la memoria y nos taladra la ausencia

con vocales de mármol la espalda traicionada.

 

Las plegarias prohibidas son migajas de pan

en los bolsillos agujereados del abuelo

y, en el telar de los sueños, la sed del recuerdo

delata el colmillo hambriento de justicia.

 

En invierno, desierta la calle de golfos,

el amanecer despertaba

al jornalero disciplinado en el tajo yunque y ya sin sol

volvía al hogar un dolor de sombra arrugada.

 

En noches de tormenta,

aún escucho arrastrar los huesos descoyuntados,

camino del cementerio, el temblar de las tibias,

las manos descosidas y la hueca calavera

con su despojo de carne pegado en la nuca a la

altura de la apófisis espinosa de la tercera vértebra cervical.

 

La sacramental no tenía techo, una leyenda

en letras cursivas decía:

“enterrar boca arriba”

a los muertos les gusta la lluvia,

el vuelo del vencejo en invierno y las estrellas.

 

Vivimos encadenados al futuro,

eslabones en tobillos y muñecas,

son el peso del miedo a la cuneta, donde docenas

de cadáveres sin ropa, los más recientes aún con ojos,

yacen sin cadenas de humanidad.

 

Carlos Fernández del Ganso

Cuadro de Carlos Fernández del Ganso

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