sábado, 2 de marzo de 2019

MENTIRAS OCULTAS - Yosune Castellano Alarcón




MENTIRAS OCULTAS

Oscuras apariencias
disfrazan tu rostro,
vistiendo de noche
tu presencia.

En el filo del amanecer
sentí tus pasos huir,
sueño incumplido
despide el amor.

Oculto en penumbras
brilla tu imagen
sin saber dónde
y cuándo aparecerás.

Detrás, la mentira
descubre tu mirada
cuando escondido,
iluminas el día.

Si tu aroma
se convierte en verdad,
agita tus alas
para desaparecer.

Yosune Castellano Alarcón


viernes, 1 de marzo de 2019

HOJA DE VIDA - Héctor Pérez



HOJA DE VIDA
                             

Arrugo el folio blanco de mi vida
con hojas celestes y puntiagudas
que caen al suelo de la esperanza.

Nacen brotes del silencio en mi mirada,
cuando canto el cantar del trabajo mientras
el alba baña mi cara.

¡Oh hojas de llanto! ¡Oh ramas del deseo!
Marchitad o creced junto al beso del tiempo
pues este no perdona ni con susurros, ni lamentos,
ni con viejos cuentos.

Mientras negocio con el presente,
siento como mueren las lágrimas
celestes en tierra de esperanza,
como hoja de vida.

Héctor Pérez Rivera
Integrante del taller de poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares


UNA SEMILLA PLANTADA EN LA TIERRA - Esther Núñez





UNA SEMILLA PLANTADA EN LA TIERRA


Nos hayamos despojados en la oquedad del mundo,
desamparados en la constelación de las aguas,
cercados por la tiranía del que se sienta a nuestro lado.
Todo se enturbia al contemplar un rostro ensimismado…
en un instante, de la semilla plantad en la tierra
surgen palabras benévolas para extender un aguerrido escrito.
En la batalla del transeúnte por el galope de trenes,
la vida nos concede verbos amables y voces amargas,
caminamos tropezamos
y de nuevo, encontramos el rumbo
para acariciar, besar, dar pinceladas de amor
a aquellos que se hayan en medio de la quebrada huella.
Nos dirige un propósito
y en la meta de la ciudad sumergida
se conquistan tesoros que pulen el hueco de la esencia.
¡Ábrelos con vehemencia
aún en la mirada del ciervo opresor que no cede
en su obstinada saciedad de condena!
si alimentas su cólera, se hará más fuerte, y acotará las horas en el destino que alcanza la infinitud.
Ignora a los que quieren lapidar la cordura de tu lealtad,
descentra el mensaje de la botella
que una vez fue lanzado a un mar de posibilidades,
baja la bandera en la lucha por vencer a la quimera
y pinta de blanco el himno de los miserables.

No escuches esa voz, pues en su débil pasaje,
encontrarás un texto de tinieblas.
Si una triza entorpece tu camino,
concede a la cuna, el verso enamorado
y vence el yugo en tu alcoba.

Tú eres la frontera, la identidad,
la oquedad sepultaba,
la herida de la historia,
los diamantes ensimismados
los besos cautivados,
los abrazos diluyendo una gota de lluvia.

En el alborozo del tiempo,
la semilla plantada en la tierra
crece y crece,
el vástago cantonea al eco del erotismo,
los brotes verdes
pacen por los muertos.

Felizmente, he aquí la sonrisa,
la casa ornada de cofres afables,
las paredes troqueladas por la voracidad de las horas,
el amor en orden de llamada
y el deseo que abraza la morada complaciente
en la coladiza semblanza de tu alma.

Esther Núñez Roma
Integrante del taller de poesía Grupo Cero de Acalá de Henares

miércoles, 27 de febrero de 2019

ROMANCE DE LA PENA NEGRA - Federico García Lorca



ROMANCE DE LA PENA NEGRA
A José Navarro Pardo

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados su pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad, ¿Por quién preguntas
sin compañía y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar
que la pena negra brota
en las tierras de la aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh! Pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota.

Federico García Lorca


martes, 26 de febrero de 2019

FURIAS PARA DANZAR - Gioconda Belli



FURIAS PARA DANZAR


Voy a cantar mi furia iluminada,
desembarazarme de ella
para poderte amar
sin que cada beso
sea mi cuerpo extendido y desnudo
sobre la piedra ritual.

Yo he amado hombres hermosos,
violentos, dulces, tristes y joviales.
En todos he buscado la luna,
los flujos y reflujos, la marea.
Yo he sido un volcán desparpajado
arrojando lava
y una gaviota volando a ras del agua.
Una paloma alimentando sus pichones,
una leona recorriendo majestuosa las selvas.
He ansiado inviernos tormentosos
y los veranos secos en que la piel se parte
con la tierra.
He caminado a lo largo y lo ancho
volado máquinas de todas las especies.
He conocido muertes
y las he amado cubiertas de musgo y lágrimas.

Más heme aquí levantando arenas en castillos de agua.
Heme aquí danzando alocadamente espejos sin imágenes.
Árbol que se sacude enfurecido las flores
para quedarse desnudo y solo en el atardecer.

Esgrimo bandadas de aves migratorias
que buscan perseguirse en el espacio.
Doblo las ramas del mundo enardecido
y te doy a beber sudor de multitudes.

Te desdeño y acaricio los rizos negros
de la cabellera.
Callo o me lanzo a decir encendidos discursos.
Uso hechizos de mujer o fríos razonamientos de sabios.
Agoto municiones en un combate de enemigos invisibles.

Algún día saldrás del laberinto.
Caminarás por jardines pacíficos atado de recuerdos.
Yo rabiaré las noches y el tesoro de mis alondras submarinas
estará sumergido en el valle donde nace el huracán.
Ahora salgo descalza piel
a recorrer avenidas
en la desenfrenada carrera de los venados.

Ya se sosegará mi corazón
tejedor de suerte y telarañas.
Ya me sacudirán terremotos
para crear tenues ciudades
paisajes delineados en la espuma.

Algún día moriré de morirme.
Te dejaré tatuado de ruiseñores.
Creceré enredaderas en torno
a tus noches lejanas.

Las espirales de este tiempo que se esfuma
te traerán en el olor de las azaleas
esta mujer que cantó
contra Penélopes
para un sordo Ulises navegante.

Gioconda Belli


domingo, 24 de febrero de 2019

TRILCE LXII






TRILCE LXII

                           Alfombra
Cuando vayas al cuarto que tú sabes,
entra en él, pero entonces con tiento la mampara
                           que tanto se entreabre
casa bien los cerrojos, para que no puedan
volverse otras espaldas.

                              Corteza
Y cuando salgas, di que no tardarás
a llamar al canal que nos separa:
fuertemente cojido de un canto de tu suerte,
te soy inseparable,
y me arrastras de borde de tu alma.

                             Almohada
Y sólo cuando hayamos muerto ¡quién sabe!
                              Oh no. Quién sabe!
Entonces nos habremos separado.
Mas si, al cambiar el paso, me tocase a mí
la desconocida bandera, te he de esperar allá,
en la confluencia del soplo y el hueso,
como antaño,
como antaño en la esquina de los novios
                             ponientes de la tierra.

Y desde allí te seguiré a lo largo
de otros mundos, y siquiera podrán
servirte mis nos musgosos y arrecidos,
para que en ellos poses las rodillas
en las siete caídas de esta cuesta infinita,
y así te duelan menos

César Vallejo


INCIDENTE DOMÉSTICO - Miguel de Unamuno



INCIDENTE DOMÉSTICO


Traza la niña toscos garrapatos,
de escritura remedo,
me los presenta y dice
con un mohín de inteligente gesto:

“¿Qué dice aquí, papá?

Miro unas líneas que parecen versos.
“¿Aquí?” “Sí, aquí; lo he escrito yo; ¿qué dice?
Porque yo no sé leerlo…”
“¡Aquí no dice nada!”, le contesté al momento.

“¿Nada?”, y se queda un rato pensativa
-o así me lo parece, por lo menos,
pues ¿está en los demás o está en nosotros
eso a que damos en llamar talento?-.

Luego, reflexionando, me decía:
¿Hice bien revelándole el secreto?
-no el suyo ni el de aquellas toscas líneas,
el mío, por supuesto-.

¿Sé yo si alguna musa misteriosa,
un subterráneo genio,
un espíritu errante que a la espera
para encarnar está de humano cuerpo,
no le dictó esas líneas
de enigmáticos versos?

¿Sé yo si son la gráfica envoltura
de un idioma de siglos venideros?
¿Sé yo si dicen algo?
¿He vivido yo acaso de ellas dentro?

No dicen mas los árboles, las nubes,
los pájaros, los ríos, los luceros…
¡No dicen más y nos lo dicen todo!
¿Quién sabe de secretos?

Miguel de Unamuno


sábado, 23 de febrero de 2019

RIMA XI - Rubén Darío





RIMA XI


Voy a confiarte, amada,
uno de los secretos
que más me martirizan. Es el caso
que a las veces mi ceño
tiene en un punto mismo
de cólera y esplín los fruncimientos.
O callo como un mudo
o charlo como un necio,
suplicando el discurso
de burlas, carcajadas y dicterios.
¿Qué me miran? Agravio.
¿Me han hablado? Zahiero.
Medio loco de atar, medio sonámbulo,
con mi poco de cuerdo.
¡Cómo bailan en ronda y remolino,
por las cuatro paredes del cerebro
repicando a compás sus consonantes,
mil endiablados versos
que imitan, en sus cláusulas y ritmos
las músicas macabras de los muertos!
¡Y cómo se atropellan,
para saltar a un tiempo,
las estrofas sombrías,
de vocablos sangrientos,
que me suele enseñar la musa pálida,
la triste musa de los días negros!
Yo soy así ¡Qué se hace! ¡Boberías
de soñador neurótico y enfermo!
¿Quieres saber acaso la causa del misterio?
Una estatua de carne
me envenenó la vida con sus besos.
Y tenía tus labios, lindos, rojos
y tenía tus ojos, grandes, bellos…

Rubén Darío

viernes, 22 de febrero de 2019

PUERTAS ABIERTAS - Gioconda Belli



PUERTAS ABIERTAS


La lluvia, de pronto,
se desgaja del cielo
en un estruendo de invisibles caballos,
apresurados sobre el zinc.
A lo lejos el relámpago restalla su látigo,
pero dentro de la casa el aire es manso,
el acordeón de Piazzola se alza sobre el
mugido de la tormenta.
Recuerdo tantas noches de lluvia como ésta;
el olor de la tierra,
la reverberación húmeda,
mi cuerpo esponjándose,
la lluvia dentro de mí,
las sábanas en las noches mojadas y fieras del invierno.

Será la madurez, pienso,
la que me lleva hacia mi misma;
al placer de la absoluta soledad.
El libro recién terminado sobre la mesa,
el perro durmiendo en el sofá,
mi hija Adriana acurrucada arriba en su sueño tranquilo,
y yo como una isla flotando en la medianoche,
dejando que el mar de la lluvia lama mis costas,
que la brisa se descuelgue por la ventana,
y el agua desaforada me encuentre
con las puertas abiertas.

Gioconda Belli


jueves, 21 de febrero de 2019

PALABRAS PERDIDAS





PALABRAS PERDIDAS
               
 No me quejo de lo terrible que asoma:
este diente que he perdido es una de sus señales
este temporal que ensordece es uno de sus atributos.

No hay nada que hacer,
no acierto con la clave.

Ahora se aproxima una página y me toma de golpe.
Es como un amante súbito que no esperábamos,
que nos posee en el temblor del crepúsculo
sin una sílaba imprudente.
Bajo su magia encuentro a la primera mujer
que seguramente fui.
Estoy muerta, lo sé,
aunque salgo a pasear por la Calzada de Tirry
y me asombro con sus cariátides.

Persigo lo que no existe y conozco de siempre.
Canto a la tempestad, soy su hija, su desmemoriada,
la última
de una raza que no ha de dejar descendientes.

Contraigo cierta mansedumbre cuando me da el sereno
en las noches del mar.
Se me cruza la vista con las flores que invento,
con las nubes,
clavada a este madero que me tomó por náufraga.
Vivo de algún trago de lluvia,
de este poco de hombre,
y siempre tengo miedo de no abrazar a nadie.

Carila Oliver Labra