sábado, 11 de marzo de 2017

EL VUELO DE LOS HOMBRES


EL VUELO DE LOS HOMBRES

 

Sobre la piel del cielo, sobre sus
precipicios se remontan los hombres.
¿Quién ha impulsado el vuelo?
Sonoros, derramados en aéreos ejercicios,
raptan la piel del cielo.
Más que el cálido aceite, sí, más que los motores,
el ímpetu mecánico del aparato alado,
cóleras entusiastas, geológicos rencores,
iras les han llevado.
Le han llevado al aire, como un aire rotundo
que desde el corazón resopla un plumaje.
Y ascienden y descienden sobre la piel del mundo
alados de coraje.
En un avance cósmico de llamas y zumbidos
que aeródromos de pueblos emocionados lanzan,
los soldados del aire, veloces, esculpidos,
acerados avanzan.
El azul se enardece y adquiere una alegría
un movimiento, una juventud libre y clara, lo mismo
que si mayo, la claridad del día corriera, resonara.
Los estremecimientos del valor y la altura,
los enardecimientos del azul y el vacío:
el cielo retrocede sintiendo la hermosura como un escalofrío.
Impulsado, asombrado, perseguido,
regresa al aire al torbellino nativo y absorbente,
mientras evolucionan los héroes en su empresa inverosímilmente.
Es el mundo tan breve para un ala atrevida,
para una juventud con la audacia por pluma;
reducido es el cielo, poderosa la vida, domada y con espuma.
El vuelo significa la alegría más alta, la agilidad más viva,
la juventud más firme.
En la pasión del vuelo truena la luz y exalta alas con que batirme.
Hombres que son capaces de volar bajo el suelo, para
quiénes no hay ámbitos ni grandes ni imposibles,
con la mirada tensa, prorrumpen en el vuelo gladiadores, temibles.
Arrebatados, tensos, peligrosos, tajantes, igual que una colmena de soles extendidos, de astros motorizados, de cigarras trémulas, cruzan con sus bramidos.
Ni un paso de planetas, ni un tránsito de toros batiéndose,
volcándose por un desfiladero, darán al universo ni acentos
más sonoros ni resplandor más fiero.
Todos los aviadores tenéis este trabajo:
echar abajo el pájaro fraguador de cadenas,
las ciudades podridas abajo, y más abajo las cárceles, las penas.
En vuestra mano está la libertad del ala, la libertad del mundo,
soldados voladores:
y arrancaréis del cielo la codiciosa mala hierba de otros motores.
El aire no os ofrece ni escudos ni barreras:
el esfuerzo ha de ser todo de vuestro impulso.
Y al polvo entregaréis el vuelo de las fieras abatido, convulso.
Si ardéis, si eso es posible, poseedores del fuego,
no dejaréis ceniza ni rastro, sino gloria.
Espejos sobrehumanos, iluminaréis luego
la creación, la historia.

 
Miguel Hernández

jueves, 9 de marzo de 2017

LOS REFLEJOS INFIELES


LOS REFLEJOS INFIELES

 

Me moldeó muchas caras esta sumisa piel,
adherida en secreto a la palpitación de lo invisible
lo mismo que una gasa que  de pronto revela figuras
emboscadas en la vaga sustancia de los sueños.
Caras como resúmenes de nubes para expresar la intraducible travesía;
mapas insuficientes y confusos donde se hunden los cielos y emergen los abismos.
Unas fueron tan leves que se desgarraron entre los dientes de una sola noche.
Otras se abrieron paso a través de la escarcha, como proas de fuego.
Algunas perduraron talladas por el heroico amor en la memoria del espejo;
algunas se disolvieron entre rotos cristales con las primeras nieves.
Mis caras sucesivas en los escaparates veloces de una historia sin paz y sin costumbres:
un muestrario de nieblas, de terror, de intemperies.
Mis caras más inmóviles surgiendo entre las aguas de un ágata sin fondo que presagia la muerte,
solamente la muerte, apenas el reverso de una sombra estampada en el hueco de la separación.
Ningún signo especial en estas caras que tapizan la ausencia.
Pero a través de todas, como la mancha de ácido que traspasa en el álbum los ambiguos retratos,
se inscribió la señal de una misma condena:
mi vana tentativa por reflejar la cara que se sustrae y que me excede.
El obstinado error frente al modelo.

 

Olga Orozco

 

miércoles, 8 de marzo de 2017

NO BUSQUES, NO


NO BUSQUES, NO

 

Yo te he querido como nunca.
Eras azul como noche que acaba,
eras la impenetrable caparazón del galápago
que se oculta bajo la roca de la amorosa llegada de la luz.
Eras la sombra torpe
que cuaja entre los dedos cuando en tierra dormimos solitarios.

 
De nada serviría besar tu oscura encrucijada de sangre alterna,
donde de pronto el pulso navegaba
y de pronto faltaba como un mar que desprecia a la arena.
La sequedad viviente de unos ojos marchitos,
de los que yo veía a través de las lágrimas,
era una caricia para herir las pupilas,
sin que siquiera el párpado se cerrase en defensa.

 
Cuán amorosa forma
la del suelo las noches del verano
cuando echado en la tierra se acaricia este mundo que rueda,
la sequedad oscura,
la sordera profunda,
la cerrazón a todo,
que transcurre como lo más ajeno a un sollozo.

 
Tú, pobre hombre que duermes
sin notar esa luna trunca
que gemebunda apenas si te roza;
tú, que viajas postrero
con la corteza seca que rueda entre tus brazos,
no beses el silencio sin falla por donde nunca
a la sangre se espía,
por donde será inútil la busca del calor
que por los labios se bebe
y hace fulgir el cuerpo como con una luz azul si la noche es de plomo.

 
No, no busques esa gota pequeñita,
ese mundo reducido o sangre mínima,
esa lágrima que ha latido
y en la que apoyar la mejilla descansa.

 
Vicente Alexandre
De “La destrucción o el amor”

martes, 7 de marzo de 2017

PARA DESTRUIR A LA ENEMIGA


PARA DESTRUIR A LA ENEMIGA

 

Mira a la que avanza desde el fondo del agua borrando el día con sus manos,
aciando en piedra gris lo que tú destinabas a memoria de fuego,
cubriendo de cenizas las más bellas estampas prometidas por las dos caras de los sueños.
Lleva sobre su rostro la señal:
ese color de invierno deslumbrante que nace donde mueres,
esas sombras como grandes alas que barren desde siempre todos los juramentos del amor.

 
Cada noche, a lo lejos, en esa lejanía donde el amante duerme con los ojos abiertos a otro mundo adonde nunca llegas,
ella cambia tu nombre por el ruido más triste de la arena;
tu voz por un sollozo sepultado en el fondo de la canción que nadie ya recuerda;
tu amor, por una estéril ceremonia donde se inmola el crimen y el perdón.
Cada anoche, en el deshabitado lugar adonde vuelves,
ella pone a secar la cifra de tu edad al bajar la marea,
o cose con el hilo de tus días la noche del adiós,
o prepara con el sabor del tiempo más hermoso ese turbio brebaje que paladeas en la
soledad,
ese ardiente veneno que otros llaman nostalgia
y que tan lentamente transforma el corazón en un puñado de semillas amargas.

 
No la dejes pasar.
Apaga su camino con la hoguera del árbol partido por el rayo.
Arroja su reflejo donde corran las aguas para que nunca vuelva.
Sepulta la medida de su sombra debajo de tu casa que por su boca la tierra la reclame.
Nómbrala con el nombre de lo deshabitado.
Nómbrala con el frío y el ardor,
con la cera fundida como una nieve sucia donde cae la forma de su vida,
con las tijeras y el puñal,
con el rastro de la alimaña herida sobre la piedra negra,
con el humo del ascua,
con la fosa del imposible amor abierta al rojo vivo en su costado,
con la palabra de poder
nómbrala y mátala.
Y no olvides sepultar la moneda.
hacia arriba la noche bajo el pesado párpado del invierno más largo.
hacia abajo la efigie y la inscripción:
“Reina de las espadas,
Dama de las desdichas,
Señora de las lágrimas:
en el sitio en que estés con dos ojos te miro,
con tres nudos te ato,
la sangre te bebo
y el corazón te parto”.

 
Si mirar otra vez en el fondo del vaso,
sólo verás ahora una descolorida cicatriz cuyos bordes se cierran donde se unen las aguas,
pero pueden abrirse en otra herida, adonde nadie sabe.
 

Porque ella te fue anunciada en el séptimo día,
--en el día primero de tu culpa--,
y asumiste su nombre con el tuyo,
con los nombres vacíos, con el amor y con el número,
con el mismo collar de sal amarga que anuda la condena a tu garganta.
 

Olga Orozco

 

martes, 28 de febrero de 2017

CONSIDERANDO EN FRÍO IMPARCIALMENTE.....


CONSIDERANDO EN FRÍO IMPARCIALMENTE…



Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...

 

César Vallejo

 

 

domingo, 26 de febrero de 2017

LA POESÍA NO SE ENAMORA NUNCA


LA POESÍA NO SE ENAMORA NUNCA

 
A mis hijos, discípulos y afines.


1


No me hagáis correr vuestras carreras
ni me hagáis volar en vuestros vuelos
ni me hagáis hacer vuestros trabajos
ni, tampoco, amar vuestros amores.

 
Yo, hijos míos, con pasión,
os transporté volando,
siempre, a vuestro lado,
desde los confines quietos de la familia
hasta las puertas en libertad del mundo.

 
Ahora comienza vuestro viaje
y, si os dejo partir sin acompañaros,
es porque yo tengo mi propio viaje.
debo poner, al camino que construí
con mi propia vida y escribiendo,
mi nombre, mi apellido, mis marcas,
mis señas personales, que son la poesía.
 

 

 
2

 
En el camino encontraréis el oro y la pobreza,
los precipicios hondos y las grandes llanuras
habrá en vuestros caminos, no lo dudéis,
emboscadas, traiciones, viles injusticias,
por eso
es conveniente viajar acompañado.

 
Y, cuando consigáis algo de pan, algo de dinero
intentad repartirlo lo mejor posible entre todos.
Alguien que comió
y tiene dinero para el pan de mañana
en algo se sentirá feliz y su trabajo
no será dirigido por el hambre o el odio
sino por el amor o por la libertad.

 
Miguel Óscar Menassa
De “La Maestría y yo”

 

lunes, 20 de febrero de 2017

NO HA LUGAR


NO HA LUGAR

 
Arte de los días arte de las noches
la balanza de las heridas que se llama Perdona
balanza roja sensible al peso de un vuelo de pájaro
cuando las amazonas de cuello de nieve con las manos vacías
empujan sus carros de vapor sobre los prados
veo esa balanza sin cesar enloquecida
veo el ibis de bellos modales
que regresa del estanque atado en mi corazón
las ruedas del sueño encantan a los espléndidos carriles
que se elevan altísimos sobre las conchas de sus vestidos
y el asombro salta de aquí para allá sobre el mar
ve mi querida aurora no olvides nada de mi vida
toma estas rosas que trepan en el pozo de los espejos
toma los latidos de todas las pestañas
toma hasta los hilos que sostienen los pasos de las marionetas
y de las gotas de agua
arte de los días arte de las noches
estoy en  la ventana muy lejos de una ciudad llena de terror
fuera unos hombres con sombrero de copa se persiguen a
intervalos regulares
semejantes a las lluvias que amaba
cuando hacía tan buen tiempo
“La ira de Dios” es el nombre de un cabaret al que entre ayer
está escrito sobre la portada blanca con letras más pálidas
pero las mujeres-marineros que se deslizan detrás de los cristales
son demasiado hermosas para tener miedo
aquí nunca el cuerpo siempre el asesinato sin pruebas
nunca el cielo siempre el silencio
nunca La libertad sino por la libertad.

 
André Breton

domingo, 19 de febrero de 2017

VUELVE EL OTOÑO


VUELVE EL OTOÑO

 
Un enlutado día cae de las campanas
como una temblorosa tela de vaga viuda,
es un color, un sueño
de cerezas hundidas en la tierra,
es una cola de humo que llega sin descanso
a cambiar el color del agua y de los besos.

 
No sé si se me entiende: cuando desde lo alto
se avecina la noche, cuando el solitario poeta
a la ventana oye correr el corcel del otoño
y las hojas del miedo, como lengua de buey
espeso, algo en la duda del cielo y de la atmósfera.

 
Vuelven las cosas a su sitio,
el abogado indispensable, las manos el aceite,
las botellas,
todos los indicios de la vida: las camas, sobre todo,
están llenas de un líquido sangriento,
la gente deposita sus confianzas en sórdidas orejas,
los asesinos bajan escaleras,
pero no es esto, sino el viejo galope,
el caballo del viejo otoño que tiembla y dura.

 
El caballo del viejo otoño tiene la barba roja
y la espuma del miedo le cubre las mejillas
y el aire que le sigue tiene forma de océano
y perfume de vaga podredumbre enterrada.

 
Todos los días baja del cielo un color ceniciento
que las palomas deben repartir por la tierra:
la cuerda que el olvido y las lágrimas tejen,
el tiempo que ha dormido largos años dentro de las campanas,
todo,
los viejos trajes mordidos, las mujeres que ven venir la nieve,
las amapolas negras que nadie puede contemplar sin morir,
todo cae a las manos que levanto
en medio de la lluvia.

 
Pablo Neruda

 

sábado, 18 de febrero de 2017

SALUTACIÓN ANGELICAL


SALUTACIÓN ANGELICAL

 

Eslavo con respecto a la palmera,
alemán de perfil al sol, inglés sin fin,
francés en cita con los caracoles,
italiano ex profeso, escandinavo de aire,
español de pura bestia, tal el cielo
ensartado en la tierra por los vientos
tal el beso del límite en los hombros.

 
Más sólo tu demuestras, descendiendo
o subiendo del pecho, bolchevique,
tus trazos confundibles,
tu gesto marital,
tu cara de padre
tus piernas de amado,
tu cutis por teléfono,
tu alma perpendicular
o la mía,
tus codos de justo
y un pasaporte en blanco en tu sonrisa.

 
Obrando por el hombre, en nuestras pausas,
matando, tú, a los largo de tu muerte
y a lo ancho de un abrazo salubérrimo,
vi  que cuando comías después, tenías gusto,
vi que en tus sustantivos creció yerba.
 

Yo quisiera, por eso,
tu calor doctrinal, frío y en barras,
tu añadida manera de mirarnos
y aquesos tuyos pasos metalúrgicos,
aquesos tuyos pasos de otra vida.

 
Y digo,  bolchevique, tomando esta flaqueza
en su feroz linaje de exhalación terrestre;
hijo natural del bien y del mal
y viviendo tal vez por vanidad, para que digan,
me dan tus simultáneas estaturas mucha pena,
puesto que tú no ignoras en quién se me hace tarde diariamente,
en quién estoy callado y medio tuerto.

 
César vallejo