sábado, 23 de julio de 2016
jueves, 21 de julio de 2016
Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016
MI PRIMER VESTIDO
El
vestido azul
que
un día descubriste
me
embarca a esas jornadas
ataviadas
de infancia.
Mudo
su inocencia súbita
por
alajas de reflexión.
Culto
disimulado de nuevos tesoros
decoran
mi reciente vida.
Eternamente
vestida con algazara
sufro
la manía de las costumbres
sin
apenas verdades.
Cubierta
de ingenuidad
me
desnuda tu picardía.
Dejando
entrever mi pureza virginal
disfrazada
de lujuria terrenal.
Yosune
Castellano Alarcón
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares
miércoles, 20 de julio de 2016
Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016
NO SUPE
No supe insistir en la escollera de lo que tu llamabas amor,
no supe divisar frente aquella playa, eso que tu llamabas alegría,
me envolví en sombras negras a pleno sol
mientras tus palabras de tul se pulverizaban tras el regazo de la cuna.
No quise volar entre los púlpitos que acaecían sobre mi almohada
cuando tu mirabas a la contra de mi espalda, dibujando otras manos
deslizándose por los muros de cristal entre los cuerpos inertes
que mutilaban las noches en grescas de catecismos despiadados.
Pronto la desdicha afloró entre las sábanas
y sentí cómo se despedazaba la entraña de mi enojo,
entre la voz efímera nacida en el bosque del embeleco
y el vaivén solapado en vestimentas harapientas
de tu entorno acotado en la madriguera abismada
en rondallas de curias y parias empecinadas.
Pronto supe que el río bajaba seco por mi cuerpo,
que nada volvería a brillar en mi piel, si emanaba de tu hiel
y la mirada clavada en el suelo comenzaba a pedir clemencia
a todo ser que se arrastraba por las cloacas
como si fueran los únicos que me pudieran acariciar.
Pero la inmensidad de la desnudez me golpeaba tan fuerte…!
que tomé la tenacidad que atrincheraba las lianas
y quise lanzar los escombros al abismo
dejando así mi nueva savia a la luz de los ojos
que iluminan piezas de cámara a mis páginas vacías
detallando enredos entre compases de la tarde.
no supe divisar frente aquella playa, eso que tu llamabas alegría,
me envolví en sombras negras a pleno sol
mientras tus palabras de tul se pulverizaban tras el regazo de la cuna.
No quise volar entre los púlpitos que acaecían sobre mi almohada
cuando tu mirabas a la contra de mi espalda, dibujando otras manos
deslizándose por los muros de cristal entre los cuerpos inertes
que mutilaban las noches en grescas de catecismos despiadados.
Pronto la desdicha afloró entre las sábanas
y sentí cómo se despedazaba la entraña de mi enojo,
entre la voz efímera nacida en el bosque del embeleco
y el vaivén solapado en vestimentas harapientas
de tu entorno acotado en la madriguera abismada
en rondallas de curias y parias empecinadas.
Pronto supe que el río bajaba seco por mi cuerpo,
que nada volvería a brillar en mi piel, si emanaba de tu hiel
y la mirada clavada en el suelo comenzaba a pedir clemencia
a todo ser que se arrastraba por las cloacas
como si fueran los únicos que me pudieran acariciar.
Pero la inmensidad de la desnudez me golpeaba tan fuerte…!
que tomé la tenacidad que atrincheraba las lianas
y quise lanzar los escombros al abismo
dejando así mi nueva savia a la luz de los ojos
que iluminan piezas de cámara a mis páginas vacías
detallando enredos entre compases de la tarde.
Gloria Gómez
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares
martes, 19 de julio de 2016
Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016
ATRAVESANDO LA
FRONTERA
Deshago
lentamente
encorsetados
pasos envueltos en pasado,
sacudo
el hastío prudente de una cadencia sin amanecer.
Y
embriagada por la calidez de una mirada
arrastrada
por el crepitar vivaz de una pasión,
camino
por la cuerda floja de tus devaneos
plena
de goce
buscando
el contorno de tu boca
que
sucumbe a nuestros cuerpos indómitos,
entrelazados
y
al fuerte oleaje de este delirio, ardiente y profundo,
donde
aún permanece el vestigio de placer
de
aquel abrazo prolongado hasta la
alborada
de
aquellas manos perdidas en las caderas
y
de un talle arqueado, enfurecido
deleitándose
en tus brazos
en
tu cálida piel
atravesando
la frontera del deseo voraz,
pertinaz,
implacable
que
repite tu nombre
buscándote,
hasta
encontrarte
hasta
tenerte, de nuevo una y otra vez.
Maribel
Domínguez Duarte
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares
lunes, 18 de julio de 2016
Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016
PALABRAS CRUZADAS EN LA MISMA
SENDA
Poema dedicado a los dirigentes
en el día de las elecciones.
Junio de 2016
Si
los dioses rompen sus alas
confluyendo
en un idéntico destino,
si
el paraíso eterno
alberga
aves del mismo cielo de invierno,
por
qué no conversar…
Con
la ropa del revés
cuando
los amantes afluyen sus besos,
cuando
los nuevos propósitos
festonean
preceptos
con
telas humildes,
que
el despertar de la cigüeña,
irrumpa
en el nido de los dirigentes
y,
que la límpida desnudez
impugne
la existencia de los crímenes.
A
la cita de los míseros huéspedes
patriemos
la nueva morada de la oscura muerte,
que
nuevos reyes abatan con sus hirientes espadas
la
devastación humana,
que
en las catacumbas
se
entierren las palabras cruzadas
en
la misma senda.
Que
el mundo
llore
descalzo
en
el afable regazo
de
una madre que nunca te abandona.
Esther
Núñez Roma
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares.
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares.
viernes, 15 de julio de 2016
¡HOLA, QUE ME LLEVA LA OLA!
¡HOLA, QUE ME LLEVA LA OLA!
¡Hola,
que me lleva la ola,
hola,
que me lleva a la mar!
¡Hola,
que llevar me dejo
sin
orden y sin consejo,
y
que del cielo me alejo
donde
no puedo llegar!
¡Hola,
que me lleva la ola,
hola,
que me lleva a la mar!
Lope de Vega
miércoles, 13 de julio de 2016
Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016
WALKING AROUND
Sucede
que me canso de ser hombre.
Sucede
que entro en las sastrerías y en los
cines
marchito,
impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando
en un agua de origen y ceniza.
El
olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo
quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo
quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni
mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede
que me canso de mis pies y mis uñas
y
mi pelo y mi sombra.
Sucede
que me canso de ser hombre.
Sin
embargo sería delicioso
asustar
a un notario con un lirio cortado
o
dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería
bello
ir
por las calles con un cuchillo verde
y
dando gritos hasta morir de frío.
No
quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante,
extendido, tiritando de sueño,
hacia
abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo
y pensando, comiendo cada día.
No
quiero para mí tantas desgracias.
No
quiero continuar de raíz y de tumba,
de
subterráneo solo, de bodega con muertos,
aterido,
muriéndome de pena.
Por
eso el día lunes arde como el petróleo
cuando
me ve llegar con mi cara de cárcel,
y
aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y
da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y
me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a
hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a
ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a
calles espantosas como grietas.
Hay
pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando
de las puertas de las casas de odio,
hay
dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay
espejos
que
debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay
paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo
paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con
furia, con olvido,
paso,
cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y
patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos,
toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
Pablo Neruda
martes, 12 de julio de 2016
Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016
RECORRIÉNDOTE
Quiero
morder tu carne,
salada
y fuerte,
empezar
por tus brazos hermosos
como
ramas de ceibo,
seguir
por ese pecho con el que sueñan mis sueños
ese
pecho-cueva donde se esconde mi cabeza
hurgando
la ternura,
ese
pecho que suena a tambores y vida continuada.
Quedarme
allí un rato largo
enredando
mis manos
en
ese bosquecito de arbustos que te crece
suave
y negro bajo mi piel desnuda
seguir
después hacia tu ombligo
hacia
ese centro donde te empieza el cosquilleo,
irte
besando, mordiendo,
hasta
llegar allí
a
ese lugarcito
-apretado
y secreto-
que
se alegra ante mi presencia
que
se adelanta a recibirme
y
viene a mí
en
toda su dureza de macho enardecido.
Bajar
luego a tus piernas
firmes
como tus convicciones guerrilleras,
esas
piernas donde tu estatura se asiente
con
las que vienes a mí
con
las que me sostienes,
las
que enredas en la noche entre las mías
blandas
y femeninas.
Besar
tus pies, amor,
que
tanto tienen aún que recorrer sin mí
y
volver a escalarte
hasta
apretar tu boca con la mía,
hasta
llenarme toda de tu saliva y tu aliento
hasta
que entres en mí
con
la fuerza de la marea
y
me invadas con tu ir y venir
de
mar furioso
y
quedemos los dos tendidos y sudados
en
la arena de las sábanas.
Gioconda
Belli
lunes, 11 de julio de 2016
Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016
RECETA DE VARÓN
“No
importa si no es hermoso
-la
fealdad en el hombre puede despertar ciertos atávicos instintos femeninos-
pero
es esencial que el pecho sea acogedor
y
que los brazos ofrezcan la promesa
de
abrazos apretados y tiernos.
Vello
en el cuerpo o no,
es
cuestión de gustos.
Personalmente
los prefiero
tapizados,
con
espacios de sombras oscuras
suaves
al tacto,
y
capaces de llenar el olfato
con
el olor del día a flor de piel.
La
cintura que se defina, por favor;
que
no le sobre, ni le falte,
que
no acuse el descuido del dueño,
mas
que en ciertas épocas permisibles
donde
unas libritas demás,
son
sólo testimonio de amables libaciones.
Las
manos son definitivas:
deben
saber detener la cabeza de la mujer
con
el cielo con que el marinero escatima al viento
la
única lámpara de aceite en medio de la tormenta;
ser
ágiles como pájaros o cabras de monte,
capaces
de la forja del hierro, la lágrima,
de
esculpir los intrincados artesonados del placer.
Las
piernas también son importantes
pero
les perdonamos las torceduras,
lo
tosco, las imperfecciones,
si
al encontrarnos con la boca
vemos
una sonrisa en la que poder confiar
y
unos ojos que nos aseguren la mañana.
La
espalda masculina debe ser extensa
como
una pradera por donde puedan pasear los búfalos
y
los heliotropos,
y
es fundamental que en las caderas
se
alcen dos colinas
inequívocas,
sólidas,
que
se nos queden prendidas en la memoria
cuando
el hombre se vuelva para marcharse,
alejándose
en la noche.
La
voz que resuene con vibraciones de bajo
pero
que sepa modular
la
tensa y dulce melancolía del acordeón,
lamentando
el fin de la luna en la ventana.
El
hombre, al fin,
ese
mítico animal
que
reinventa siglo tras siglo
las
quimeras que pueblan las obsesiones femeninas;
habrá
de conservar,
-perdida
la absoluta hegemonía-
todas
aquellas cosas
galantes,
fuertes, acogedoras,
que,
a pesar de todos los pesares,
lo
mantienen sólidamente anclado,
en
el profundo, incansable mar,
de
las hembras”.
Gioconda
Belli
sábado, 9 de julio de 2016
Poemas leídos en el recital para E-Lectores, 19 de junio de 2016
LA CASA
Temible
y aguardada como la muerte misma
se
levanta la casa.
No
será necesario que llamemos con todas nuestras lágrimas.
Nada.
Ni el sueño, ni siquiera la lámpara.
Porque
día tras día
aquellos
que vivieron en nosotros un llanto contenido hasta palidecer
han
partido
y
su leve ademán ha despertado una edad sepultada,
todo
el amor de las antiguas cosas a las que acaso dimos, sin saberlo,
la
duración exacta de la vida.
Ellos
nos llaman hoy desde su amante sombra,
reclinados
en las altas ventanas
como
en un despertar que sólo aguarda la señal convenida
para
restituir cada mirada a su propio destino;
y
a través de las ramas soñolientas el
primer huésped de la memoria
(nos saluda:
el
pájaro del amanecer que entreabre con su canto las lentísimas puertas
como
a un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.
Ven.
Vamos a recobrar ese paciente impero de la dicha
lo
mismo que a un disperso jardín que el viento recupera.
Contemplemos
aún los claros aposentos,
las
pálidas guirnaldas que mecieron una noche estival
las
aéreas cortinas girando todavía en el halo de la luz como las mariposas de la
lejanía
nuestra
imagen fugaz
detenida
por siempre en los espejos de implacable destierro,
las
flores que murieron por sí solas para rememorar el fulgor inmortal de la
melancolía,
y
también las estatuas que despertó, sin duda a nuestro paso,
ese
rumor tan dulce de la hierba;
y
perfumes, colores y sonidos en que reconocemos un instante del mundo;
y
allá, tan sólo el viento sedoso y envolvente
de
un día sin vivir que abandonamos, dormidos sobre el aire.
Nadie
pudo ver nunca la incesante morada
donde
todo repite nuestros nombres más allá de la tierra.
Más
nosotros sabemos que ella existe, como nosotros mismos,
por
el sólo deseo de volver a vivir, entre el afán del polvo y la tristeza,
aquello
que quisimos.
Nosotros
lo sabemos porque a través del resplandor nocturno
el
porvenir se alzó como una nube del último recinto,
el
oculto, el vedado,
con
nuestra sombra eterna entre la sombra.
Acaso
lo sabían ya nuestros corazones.
Olga
Orozco
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