viernes, 13 de junio de 2014

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


ROSAS NEGRAS

Rosas negras en el horizonte
tiñen de azul
las corolas pintadas de sangre.
Y en su zozobra se surten de caricias
por un mar de azul infinito.

Un frágil movimiento de espinas danzando
en el vientre de la sal
desentierra piedras calcinadas
que abren la puerta de este abrupto mundo.

Única luz sobre la crisálida noche,
calles de aceras empedradas,
de tímidas palabras
dan paso al nacimiento de un niño
que un día escribirá un poema.

Mes de junio,
pétalos recubiertos de temblorosos anhelos
abordan la sala,
las ilusiones irrumpen entre tinieblas,
este  es el día,
en esta noche,
transforman las rosas negras
su color,
conmemoran la apuesta
y levantan el telón.
La vida nos concede el papel del tiempo,
las lágrimas convirtiéndose en lluvia
nos visten para la fiesta.
Telares de linfa alzan el vuelo
para coronar el descanso infinito.

Rosas negras teñidas de azul
cubren ese mar
que engalana con sus olas
el baile final.

Esther  Núñez Roma

DE AQUÍ NO SE VA NADIE


DE AQUÍ NO SE VA NADIE

De aquí no se va nadie.
Niel místico ni el suicida.
Y es inútil,
inútil toda huida.

León Felipe

De aquí no se va nadie. Ni tú ni yo tampoco.
De aquí nadie nos mueve. Ésta es nuestra condena.
Ha echado ya raíces cuanto tocas y toco
y hasta el aire, tan leve, nos pone una cadena.

Es una ilusión vana escapar a otra vida.
Ni los muertos se van: son plomo oscuro
y cal bajo la tierra y una invisible herida,
un invisible hueco que dejan en el muro.

Somos los habitantes sin regreso
de una ciudad sitiada y en acoso.
De aquí no se va nadie. Todo el peso
de los siglos nos lastra. Somos su oscuro poso.

El amor es un círculo cerrado.
Si nos precipitamos en su sima
del amor no nos saca ya ni todo lo odiado.
No hay que esperar que el odio nos redima.

Somos dos desertores atrapados, cogidos
huyendo, casi en la frontera.
Nunca hemos sido, nunca, perseguidos
ni nadie nos impide ir hacia fuera.

¿Por qué estamos entonces prisioneros de nuevo
si nada nos retiene ni nadie nos vigila?
¿Por qué tú no te atreves, por qué yo no me atrevo,
por qué no nos salimos de la fila?

A lo mejor estamos ahora muertos
--tal vez aquel abrazo fue la muerte--.
Acaso porque estamos con los ojos abiertos
del todo, puedes verme, puedo verte.
Aunque se alce esta losa no salimos.
Estamos enterrados. Eso es todo.
De aquel agua de amor no somos más que limos,
no somos de aquel agua más que lodo.

Leopoldo de Luis
España 1918-2005

jueves, 12 de junio de 2014

Poemas del Recital 6 de Junio de 2014


Danza de la Muerte

El Mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo viene del África a New York!

Se fueron los árboles de la pimienta,
los pequeños botones de fósforo.
Se fueron los camellos de carne desgarrada
y los valles de luz que el cisne levantaba con el pico.

Era el momento de las cosas secas,
de la espiga en el ojo y el gato laminado,
del óxido de hierro de los grandes puentes
y el definitivo silencio del corcho.

Era la gran reunión de los animales muertos,
traspasados por las espadas de la luz;
la alegría eterna del hipopótamo con las pezuñas de ceniza
y de la gacela con una siempreviva en la garganta.

En la marchita soledad sin honda
el abollado mascarón danzaba.
Medio lado del mundo era de arena,
mercurio y sol dormido el otro medio.

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Arena, caimán y miedo sobre Nueva York!

        *

Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vacío
donde sonaban las voces de los que mueren bajo el guano.
Un cielo mondado y puro, idéntico a sí mismo,
con el bozo y lirio agudo de sus montañas invisibles,

acabó con los más leves tallitos del canto
y se fue al diluvio empaquetado de la savia,
a través del descanso de los últimos desfiles,
levantando con el rabo pedazos de espejo.

Cuando el chino lloraba en el tejado
sin encontrar el desnudo de su mujer
y el director del banco observaba el manómetro
que mide el cruel silencio de la moneda,
el mascarón llegaba al Wall Street.

No es extraño para la danza
este columbario que pone los ojos amarillos.
De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres. 
El ímpetu primitivo baila con el ímpetu mecánico,
ignorantes en su frenesí de la luz original.
Porque si la rueda olvida su fórmula,
ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos;
y si una llama quema los helados proyectos,
el cielo tendrá que huir ante el tumulto de las ventanas.
No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo.
El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números,
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados
que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces,
¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Qué ola de fango y luciérnaga sobre Nueva York!

        *

Yo estaba en la terraza luchando con la luna.
Enjambres de ventanas acribillaban un muslo de la noche.
En mis ojos bebían las dulces vacas de los cielos.
Y las brisas de largos remos
golpeaban los cenicientos cristales de Broadway.

La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro
para fingir una muerta semilla de manzana.
El aire de la llanura, empujado por los pastores,
temblaba con un miedo de molusco sin concha.

Pero no son los muertos los que bailan,
estoy seguro.
Los muertos están embebidos, devorando sus propias manos.
Son los otros los que bailan con el mascarón y su vihuela;
son los otros, los borrachos de plata, los hombres fríos,
los que crecen en el cruce de los muslos y llamas duras,
los que buscan la lombriz en el paisaje de las escaleras,
los que beben en el banco lágrimas de niña muerta
o los que comen por las esquinas diminutas pirámides del alba.

¡Que no baile el Papa!
¡No, que no baile el Papa!
Ni el Rey,
ni el millonario de dientes azules,
ni las bailarinas secas de las catedrales,
ni construcciones, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas.
Sólo este mascarón,
este mascarón de vieja escarlatina,
¡sólo este mascarón!
Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será una pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!

Federico García Lorca, diciembre de 1929
España 1898-1936
“Poeta en New York”



Poemas del Recital 6 de junio de 2014


LA MATERIA NO PESA

La materia no pesa.
Ni tu cuerpo ni el mío,
juntos, se sienten nunca
servidumbre, sí alas.
Los besos que me das
son siempre redenciones:
tú besas hacia arriba,
librando algo de mí,
que aún estaba sujeto
en los fondos oscuros.
Lo salvas, lo miramos
para ver cómo asciende,
volando, por tu impulso,
hacia su paraíso
donde ya nos espera.
No, tu carne no oprime
ni la tierra que pisas
ni mi cuerpo que estrechas.
Cuando me abrazas, siento
que tuve contra el pecho
un palpitar sin tacto,
cerquísima, de estrella,
que viene de otra vida.
El mundo material
nace cuando te marchas.
Y siento sobre el alma
esa opresión enorme
de sombras que dejaste,
de palabras,
sin labios,
escritas en papeles.
Devuelto ya a la ley
del metal, de la roca,
de la carne. Tu forma
corporal,
tu dulce peso rosa,
es lo que me volvía
el mundo más ingrávido.
Pero lo insoportable,
lo que me está agobiando,
llamándome a la tierra,
sin ti que me defiendas,
es la distancia, es
el hueco de tu cuerpo.

Si, tú nunca, tú nunca;
tu memoria es materia

Pedro Salinas
España 1891-1951
“La voz a  ti debida”

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


POEMA Nº 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “la noche está estrellada,
Y tiritan, azules, los astros, a los lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A los lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acertarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voaz buscaba el viento para tocar su oido.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor,  y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el último dolor que ella me causa,
Y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


Pablo Neruda
Chile 1904-1973
“Veinte poemas de amor”

miércoles, 11 de junio de 2014

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


ELEGÍA POR MERCEDES

Se llamaba Mercedes. Y era buena.
Dicen que todo el mundo la quería.
Con su sonrisa ajena
una estatua de niebla parecía.

Se llamaba Mercedes. Y no existe
sin su sol un capullo de alegría.
Señor: ¡claro que es triste
este tanto quererla todavía…!

Pero nunca sabré dejarla sola:
aquí bajo la luz sigo con ella,
me saluda la piel en cada ola
y se asoma a mirarme en toda estrella.

Hasta el llanto que baja a mis mejillas
es casi necesario.
Tú sabes: he crecido en sus rodillas,
y también me enseñó el abecedario.

Lo que duele quizás en esta aurora,
lo que sangra mi voz, lo que me aterra,
es esto de sentir que a cada hora
se está volviendo un poco más de tierra.

La recuerdo dormida en su sillón
el último verano;
todavía tenía corazón,
a veces suspiraba con la mano.

Su mirada venía desde el mar,
y no sé, a cada rato,
miraba como mira el azahar:
con un poco de miedo y de recato.

Se llamaba Mercedes. Y era pura
como el blanco cansado de su pelo.
Andará con su dulzura,
saliéndose del cielo…

Aquí está su reloj, está su armario,
su vestido de lana para el frío;
aquí sobra un dedal, sobra un rosario.
El tercer cuarto está vacío.


Carilda Oliver Labra

Poemas del Recital 6 de junio de 2014

LABRADOR

Labrador,
Ya eres más de la tierra que del pueblo.
Cuando pasas, tu espalda huele a campo.
ya barruntas la lluvia y te esponjas,
ya eres casi de barro.
De tanto arar, ya tienes dos raíces
debajo de tus pies heridos y anchos.
Madrugas, labrador, y dejas tierra
de huella sobre el sitio de tu cama,
a tu mujer le duele la cintura
por la tierra que dejas derramada.
Labrador, tienes tierra en los oídos,
entre las uñas tierra, en las entrañas;
labrador tienes chepa bajo el hombro
y es tierra acumulada,
te vas hacia la tierra siendo tierra
los terrores te tiran de la barba.
Ya no quiere que siembres y te vayas,
que el hijo te releve en la tarea;
ya estás mimetizado con la parva,
estás hecho ya polvo con el polvo
de la trilla y la tralla.
te has ganado la tierra con la tierra
no quiere verte viejo en la labranza,
te abre los brazos bella por el surco
échate en ella, labrador, descansa.

Gloria Fuertes


martes, 10 de junio de 2014

Poemas del Recital 6 de junio de 2014

CARA O CRUZ

Filósofos, para alumbrarnos, nosotros los poetas
quemamos hace tiempo
el azúcar de las viejas canciones con un poco de ron.
Y aún andamos colgados de la sombra.
Oíd,
gritan desde la torre sin vanos de la frente:
¿Quién soy yo?
¿He escapado de un sueño
o navego hacia un sueño?
¿Huí de la casa del Rey
o busco la casa del Rey?
¿Soy príncipe esperado
o príncipe muerto?
¿Se enrolla
o desenrolla el film?
Este túnel
¿me trae o me lleva?
¿Me aguardan los gusanos
o los ángeles?
¿Oísteis?
Es la nueva canción,
y la vieja canción…
¡nuestra pobre canción!
¿quién soy soy?...
Mi vida está en el aire dando vueltas.

¡Miradla, filósofos, como una moneda que decide!
¿Cara o cruz?...

¡Cruz!
Perdí… filósofos, perdí.

Yo no soy nadie.
Un hombre con un grito de estopa en la garganta
y una gota de asfalto en la retina.
Yo no soy nadie.
Y no obstante, estas manos, mis antenas de hormiga, han
ayudado
a clavar la lanza en el costado del mundo y detrás de
la lupa de la luna hay un ojo que me ve como a un microbio
royendo el corazón de la Tierra.
Tengo ya cien mil años y hasta ahora no he encontrado otro
mástil de más duste que el silencio y la sombra donde colgar mi
orgullo;
tengo ya cien mil años y mi nombre en el cielo se escribe con
lápiz.
El agua, por ejemplo, es más noble que yo.
Por eso las estrellas se duermen en el mar
y mi frente romántica es áspera y opaca.
Detrás de mi frente –filósofos, escuchad esto bien-,
detrás de mi frente hay un viejo dragón:
el sapo negro que saltó de la primera charca del mundo
y está aquí, aquí, aquí…
agazapado en mis sesos,
sin dejarme ver el Amor y la Justicia.
Yo no soy nadie, nadie.
Un hombre con un grito de estopa en la garganta
y una gota de asfalto en la retina… yo no soy nadie, filósofos…
Y éste es el solo parentesco que tengo con vosotros.

León Felipe

Poemas del Recital 6 de junio de 2014


UNA ESPAÑA JOVEN

   …Fue un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,
la malherida España, de Carnaval vestida
nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda,
para que no acertara la mano con la herida.
   Fue ayer, éramos casi adolescentes; era
con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios,
cuando montar quisimos en pelo una quimera,
mientras la mar dormía ahíta de naufragios.
   Dejamos en el puerto la sórdida galera,
y en una nave de oro nos plugo navegar
hacia los altos mares, sin aguardar ribera,
lanzando velas y anclas y gobernalle al mar.
   Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño –herencia
de un siglo que vencido sin gloria se alejaba—
un alba entrar quería; con nuestra turbulencia
la luz de las divinas ideas batallaba.
   Más cada cual el rumbo siguió de su locura;
agilitó su brazo, acreditó su brío;
dejó como un espejo bruñida su armadura
y dijo: “El hoy es malo, pero el mañana… es mío”.
   Y es hoy aquel mañana de ayer…y España toda,
con sucios oropeles de Carnaval vestida
aún la tenemos; pobre y escuálida y beoda;
más hoy de un vino malo: la sangre de su herida.
   Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre
la voluntad te llega, irás a tu aventura
despierta y transparente a la divina lumbre,
como el diamante clara, como el diamante pura.

1914

Antonio Machado