lunes, 17 de junio de 2024

EL TREN DE LOS HERIDOS

EL TREN DE LOS HERIDOS

Silencio que naufraga en el silencio

de las bocas cerradas de la noche.

No cesa de callar ni atravesado.

Habla el lenguaje ahogado de los muertos.

 

Silencio.

 

Abre caminos de algodón profundo,

amordaza las ruedas, los relojes,

detén la voz del mar, de la paloma:

emociona la noche de los sueños.

 

Silencio.

 

El tren lluvioso de la sangre suelta,

el frágil tren de los que se desangran,

el silencioso, el doloroso, el pálido,

el tren callado de los sufrimientos.

 

Silencio.

 

Tren de la palidez mortal que asciende:

la palidez reviste las cabezas, el ¡ay!

la voz, el corazón de la tierra,

el corazón de los que malhirieron.

 

Silencio.

 

Van derramando piernas, brazos, ojos,

van arrojando por el tren pedazos.

Pasan dejando rastros de amargura,

otra vía láctea de estelares miembros.

 

Silencio.

 

Ronco tren desmayado, enrojecido:

agoniza el carbón, suspira el humo

y, maternal la máquina suspira,

avanza como un largo desaliento.

 

Silencio.

 

Detenerse quisiera bajo un túnel

la larga madre, sollozar tendida.

No hay estaciones donde detenerse,

si no es el hospital, si no es el pecho.

 

Para vivir, con un pedazo basta:

en un rincón de carne cabe un hombre.

Un dedo solo, un solo trozo de ala

alza el vuelo total de todo un cuerpo.

 

Silencio.

 

Detened ese tren agonizante

que nunca acaba de cruzar la noche.

 

Y se queda descalzo hasta el caballo,

y enarena los cascos y el aliento.  

 

Miguel Hernández

Cuadfro: "Llanto del fin del mundo" de Miguel Oscar Menassa

 

 


TANGO DEL VIUDO




TANGO DEL VIUDO

 

Oh maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia,

y habrás insultado el recuerdo de mi madre

llamándola perra podrida y madre de perros,

ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer

mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre

y ya no podrás recordar mis enfermedades, mis sueños nocturnos,

mis comidas,

sin maldecirme en voz ala como si estuviera allí aun

quejándome del trópico de los coolíes corringhis,

de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño

y de los espantosos ingleses que odio todavía.

 

¡Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola!

He llegado otra vez a los dormitorios solitarios,

a almorzar en los restaurantes comida fría,

y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas,

no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes.

Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte,

y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses,

y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene.

 

Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde

el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras,

y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina

acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie:

bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces,

de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre,

y la espesa tierra no comprende tu nombre

hecho de impenetrables substancias divinas.

 

Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas

recostadas como detenidas y duras aguas solares,

y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos,

y el perro de furia que asilas en el corazón,

así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora,

y respiro en el aire la ceniza y lo destruido,

el largo, solitario espacio que me rodea para siempre.

 

Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración

oída en largas noches sin mezcla de olvido,

uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo.

 

Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa,

como vertiendo una miel delgada, trémula argentina, obstinada,

cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo,

y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma,

y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente

llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos,

substancias extrañamente inseparables y perdidas.

 

Pablo Neruda

Cuadro: "Una orquesta en tu voz" de Miguel Oscar Menassa

 

 


viernes, 14 de junio de 2024

OYE A TU MASA, A TU COMETA, ESCÚCHALOS; NO GIMAS...

 


OYE A TU MASA, A TU COMETA, ESCÚCHALOS; NO GIMAS…

 

Oye a tu masa, a tu cometa, escúchalos; no gimas

de memoria, gravísimo cetáceo;

oye a la túnica en que estás dormido,

oye a tu desnudes, dueña del sueño.

 

Relátate agarrándote

de la cola del fuego y a los cuernos

en que acaba la crin su atroz carrera;

rómpete, pero en círculos;

fórmate, pero en columnas combas;

descríbete atmosférico, ser de humo,

a paso redoblado de esqueleto.

 

¿La muerte? ¡Oponle todo su vestido!

¿La vida? ¡Oponle parte de tu muerte!

Bestia dichosa, piensa;

dios desgraciado, quítate la frente.

Luego, hablaremos.

 

César Vallejo

Cuadro: "En el intento" de Miguel Oscar Menassa

jueves, 13 de junio de 2024

A MI BUITRE

 

A MI BUITRE

 

 

Este buitre voraz de ceño torvo

que me devora las entrañas fiero

y es mi único y constante compañero

labra mis penas con su pico corvo.

 

El día en que le toque el postrer sorbo

apurar de mi negra sangre, quiero

que me dejéis con él solo y señero

un momento, sin nadie como estorbo.

 

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía,

mientras él  mi último despojo traga,

sorprender en sus ojos la sombría

 

mirada al ver la suerte que le amaga

sin esta presa en que satisfacía

el hambre atroz que nunca se le apaga.

 

Miguel de Unamuno

Cuadro: "El asombro" de Miguel Oscar Menassa

 

 

miércoles, 12 de junio de 2024

BALCONES DE POESÍA Y LUNA -30


Os dejamos nuestra revista número 30 dedicada al trabajo realizado durante los 25 años de Taller de Poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares. 

martes, 11 de junio de 2024

YO ME ENCONTRÉ EL OLIVO Y EL ACANTO

 


YO ME ENCONTRÉ EL OLIVO Y EL ACANTO

 

A Nikos Kazanzaki

 

Yo me encontré el olivo y el acanto

que sin saber plantaste, hallé dormidas

las piedras de tu frente desprendidas,

y el de tu búho fiel, solemne canto.

 

El rebaño inmortal, paciendo al canto

de tus albas y siestas transcurridas,

las cuadrigas frenéticas, partidas

de tus horas amargas con quebranto.

 

La roja musa airada y violenta,

la serena deidad épica y pura

que donde tú soñabas hoy se asienta.

 

De estas piezas compongo tu escultura.

Nuestra amistad mis mismos años cuenta:

de ti hablaban mi cielo y mi llanura.

 

Rosa Chacel

domingo, 9 de junio de 2024

PRESENTACIÓN "NOMBRE DE MUJER" EN LA CASA DE LEÓN EN MADRID

 



PRESENTACIÓN DE NOMBRE DE MUJER

 

Para un gato maragato presentar este libro en la Casa de León en Madrid, es un singular desafío. Seis años después de publicado el poemario y en un nuevo escenario vuelvo a leer los poemas con los que ustedes, noveles poetas entonces, se presentaban por primera vez en público.

 

Hoy, han crecido han permanecido leyendo y escribiendo en el taller de Poesía, al que todos los domingos acuden, han publicado revistas, nuevos libros, han organizado recitales y sin embargo NOMBRE DE MUJER, sigue siendo necesario. Digo, este libro continúa sorprendiendo al lector, no cesan los poemas de conversar entre sí y con otros libros.

 

Rescato de la primera presentación algunas frases, tal vez hoy puedan escuchar sin dejar de volar.

 

jueves, 6 de junio de 2024

APAGAMOS LAS MANOS. DEJAMOS ENCIMA DEL MAR MARCHITARSE LA LUNA...

 

APAGAMOS LAS MANOS. DEJAMOS ENCIMA DEL MAR MARCHITARSE LA LUNA…

 

Apagamos las manos. Dejamos encima del mar marchitarse la luna

y nos pusimos a andar por la tierra cumplida de sombra.

Ahora ya es arde. Las albas vendrán a ofrecernos sus húmedas flores.

Ciegos iremos. Callados iremos, mirando algo nuestro que escapa

hacia su patria remota.

(Nuestro espíritu debe ser, que cabalga sobre las olas).

 

Ahora ya es tarde. Apagamos las manos felices

y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.

Hemos caído en un pozo que ahoga los sueños.

Hemos sentido la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.

 

Antes, entonces, con qué gozo ardiente,

con qué prodigioso encenderse de aurora

modelamos en nieblas efímeras, en pasto de brisas ligeras,

nuestra cálida hora.

Y cómo apretamos las ubres calientes. Y cómo era hermoso

pensar que no había ni  ayer, ni mañana, ni historia.

 

Ahora ya es tarde; apagamos las manos felices

y nos ponemos a andar por la tierra cumplida de sombra.

Cómo errar por los años, como astros gemelos, sin fuego,

como astros sin luz que se ignoran.

Como andar, sin nostalgia, el camino, soñando dos sueños distintos

mientras en torno el amor se desploma.

 

Ahora ya es tarde. Sabemos. Pensamos. (Bizcamos almas).

Ahora sabemos que el alma no es piedra ni flor que se toca.

Como astros gemelos y ajenos pasamos, sabiendo

que el alma se niega si el cuerpo se niega.

Que nunca se logra si el cuerpo se logra.

 

Dejamos encima del mar marchitarse la luna.

Cómo errar, por los años, sin gloria.

Cómo aceptar que las almas son vagos ensueños

que en sueños tan sólo se dan, y despiertos se borran.

Qué consuelo ha de haber, si lograr una gota de un alma

es pretender apresar el latir de la tierra, desnuda y redonda.

 

Estamos despiertos. Sabemos. Como astros soberbios, caídos,

sentimos la boca glacial de la muerte tocar nuestra boca.

 

José Hierro

Cuadro de Miguel Oscar Menassa

 

martes, 4 de junio de 2024

SÓLO

 

SÓLO

Como perro sin amo,

que no tiene huella ni olfato,

y yerra por los caminos…

Antonio Machado

Hiéreme. Sienta

mi carne tu caricia destructora.

Desde la entraña se eleva mi grito,

y no me respondías. Soledad

absoluta. Solo. Solo.

Sí, yo he visto estos canes errabundos,

allá en las cercas últimas,

jadeantes huir a prima noche,

y esquivar las cabañas

y el sonoro redil, donde mastines

más dichosos, no ignoran

ni el duro  pan ni el palo del pastor.

Pero ellos huyen,

hozando por las secas torrenteras,

venteando luceros, y si buscan

junto a un tocón del quejigal yacija,

pronto otra vez se yerguen:

se yerguen y avizoran la hondonada

de las sombras, y huyen

bajo la indiferencia de los astros,

entre los cierzos finos.

 

Dámaso Alonso

Cuadro: "Reencuentro" de Miguel O. Menassa

 

 

 

 

lunes, 3 de junio de 2024

SUSANA Y LOS VIEJOS

 


SUSANA Y LOS VIEJOS

 

 

Furtivos, silenciosos, tensos, avizorantes,

se deslizan, escrutan y apartando la rama

alargan sus miradas hasta el lugar del drama:

el choque de un desnudo con los sueños de antes.

 

A solas y soñando ya han sido los amantes

posibles, inminentes, en visión, de la dama.

Tal desnudez real ahora los inflama

que los viejos se asoman, tímidos estudiantes.

 

¿Son viejos? Eso cuentan. Es cómputo oficial.

En su carne se sienten, se afirman juveniles

porque lo son. Susana surge ante su deseo,

que conserva un impulso cándido de caudal.

 

Otoños hay con cimas y  ráfagas de abriles.

-Ah, Susana. -¡Qué horror! –Perdóname. ¡Te veo!

 

Jorge Guillén

Cudro: "Fiesta entre amigos" de Miguel O. Menassa