martes, 10 de enero de 2017

EL DIAMANTE


 

EL DIAMANTE

 

El diamante de una estrella
ha rayado el hondo cielo,
pájaro de luz que quiere
escapar del universo
y huye del enorme nido
donde estaba prisionero
sin saber que lleva atada
una cadena en el cuello.

 
Cazadores extrahumanos
están cazando luceros,
cisnes de plata maciza
en el agua del silencio.

 
Los chopos niños recitan
la cartilla. Es el maestro
un chopo antiguo que mueve
tranquilo sus brazos viejos.

 
Ahora en el monte lejano
jugarán todos los muertos
a la baraja. ¡Es tan triste
la vida en el cementerio!

 
¡Rana, empieza tu cantar!
¡Grillo, sal de tu agujero!
Haced un bosque sonoro
con vuestras flautas. Yo vuelo
hacia mi casa intranquilo.

 
Se agitan en m recuerdo
dos palomas campesinas
y en el  horizonte, lejos,
se hunde el arcaduz del día.
¡Terrible noria del tiempo!

 
Federico García Lorca

 

 

 

lunes, 9 de enero de 2017

A FEDERICO GARCÍA LORCA


A FEDERICO GARCÍA LORCA

 

Sal tú, bebiendo campos y ciudades,
en largo ciervo de agua convertido,
hacia el mar de las albas claridades,
del martín-pescador mecido nido;

 
Que yo saldré a esperarte, amortecido,
hecho junco, a las altas soledades,
herido por el aire y requerido
por tu voz, sola entre las tempestades.

 
Deja que escriba, débil junco frío,
mi nombre en esas aguas corredoras,
que el viento llama, solitario, río.

 
Disuelto ya en tu nieve el nombre mío,
vuélvete a tus montañas trepadoras,
ciervo de espuma, rey del monterío.

 
Rafael Alberti.

 

sábado, 7 de enero de 2017


LA CANCIÓN DEL CAMINO

 
Era un camino negro.
La noche estaba loca de relámpagos. Yo iba
en mi potro salvaje
por la montañosa andina.
Los chasquidos alegres de los cascos
como masticaciones de monstruosas mandíbulas
destrozaban los vidrios invisibles
de las charcas dormidas.
Tres millones de insectos
formaban una como rabiosa inarmonía.

 
Súbito, allá, a los lejos,
por ente aquella mole doliente y pensativa
de la selva,
vi un puñado de luces, como un tropel de avispas.
 
¡La posada! El nervioso
látigo persignó la carne viva
de mi caballo, que rasgó los aires
con un largo relincho de alegría.

 
Y como si la selva
comprendiese todo, se quedó muda y fría.
 
Y hasta mí llegó, entonces,
una voz clara y fina
de mujer que cantaba. Cantaba.  Era su canto
una lenta… muy lenta… melodía:
algo como un suspiro que se alarga
y se alarga y se alarga… y no termina.

 
Entre el hondo silencio de la noche,
y a través del reposo de la montaña,
oíanse los acordes
de aquel canto sencillo de una música íntima,
como si fuesen voces que llegaran
desde la otra vida..

 
Sofrené el caballo;
y me puse a escuchar lo que decía:
--Todos llegan de noche,
todos se van de día…

 
Y, formándole dúo,
otra voz femenina
completó así la endecha
con ternura infinita:

 
-- El  amor es tan sólo una posada
en mitad del camino de la vida.
y las dos voces, luego,
a la vez repitieron con amargura rítmica:
 

-- Todos llegan de noche,
y todos se van de día…
entonces, yo bajé de mi caballo
y me acosté en la orilla
de una charca.

 
Y fijo en ese canto que venía
a través del misterio de la selva,
fui cerrando los ojos al sueño y la fatiga.

 
Y me dormí, arrullado; y, desde entonces,
cuando cruzo las selvas por rutas no sabidas,
jamás busco reposo en las posadas;
y duermo al aire libe mi sueño y mi fatiga,
porque recuerdo siempre
aquel canto sencillo de una música íntima:

 
-- Todos llegan de noche,
todos se van de día!
el amor es tan sólo una posada
en mitad del camino de la vida…

 
José Santos Chocano

 

 

viernes, 6 de enero de 2017

NOMBRE


NOMBRE

Mía eres. Pero otro
es aparentemente tu dueño. Por eso,
cuando digo tu nombre,
algo oculto se agita en mi alma.
Tu nombre suave, apenas pasado delicadamente por mi labio.
Pasa, se detiene, en el borde un instante se queda,
y luego vuela ligero, ¿quién lo creyera?: hecho puro
sonido.
Me duele tu nombre como tu misma dolorosa carne en mis labios.
No sé si él emerge de mi pecho. Allí estaba
dormido, celeste, acaso luminoso. Recorría mi sangre
su sabido dominio, pero llegaba un instante
en que pasaba por la secreta yema donde tú residías,
secreto nombre, nunca sabido, por nadie aprendido,
doradamente quieto, cubierto sólo, sin ruido, por mi leve sangre.
Ella luego te traía a mis labios. Mi sangre pasaba
con su luz todavía por mi boca. Y yo entonces estaba
hablando con alguien
y arribaba el momento en que tu nombre con mi sangre
pasaba por mi labio.
Un instante mi labio, por virtud de su sangre sabía
a ti, y se ponía dorado, luminoso: brillaba de tu sabor
sin que nadie lo viera.
Oh, cuán dulce era callar entonces, un momento. Tu nombre.
¿Decirlo? ¿Dejarlo que brillara, secreto, revelado a los otros?
Oh, callarlo, más secretamente que nunca, tenerlo en la
boca, sentirlo
continuo, dulce, lento, sensible sobre la lengua y luego,
cerrado los ojos,
dejarlo pasar al pecho
de nuevo, en su paz querida, en la visita callada
que se alberga, se aposenta y delicadamente se efunde.

Hoy tu nombre está aquí. No decirlo, no decirlo jamás,
como un beso
que nadie daría, como nadie daría los labios a otro amor
sino al suyo.

Vicente Aleixandre.
Poemas amorosos

viernes, 30 de diciembre de 2016

Feliz Año 2017


Los integrantes del Taller de Poesía Grupo Cero en Alcalá de Henares desean a todos los lectores que nos visitan de cualquier parte del mundo un Feliz Año 2017.

Un abrazo poético.


miércoles, 21 de diciembre de 2016

TE ESPERARÉ APOYADA EN LA CURVA DEL CIELO...


TE ESPERARÉ APOYADA EN LA CURVA DEL CIELO…

Te esperaré apoyada en la curva del cielo
y todas las estrellas abrirán para verte
sus ojos conmovidos.

Te esperaré desnuda.
Seis túnicas de luz resbalando ante ti
deshojarán el ámbar moreno de mis hombros.

Nadie podrá mirarme sin que azote sus párpados
un látigo de niebla.
Sólo tú lograrás ceñir en tus pupilas
mi sien alucinada
y mis manos que ofrecen su cáliz entreabierto
a todo lo inasible.

Te esperaré encendida.
Mi antorcha despejando la noche de tus labios
libertará por fin tu esencia creadora.
¡Ven a fundirte en mí!
El agua de mis besos, ungiéndote, dirá
tu verdadero nombre.

 

Ernestina de Champourcín

miércoles, 14 de diciembre de 2016

CONVERSACIÓN CON EL ÁNGEL


 
CONVERSACIÓN CON EL ÁNGEL

 
Contigo en aquel tiempo yo andaba siempre absorta,
siempre a tientas, a punto de caerme, pero indemne y eterna,
tomada de tu mano.
Ya casi te veía, lo mismo que al destello de un farol en la niebla,
una señal de auxilio en la tormenta.
Sí, tu, mi sombra blanca, transparencia guardiana,
mi esfinge azul hecha con el insomnio y el íntimo temblor de cada instante,
igual que una respuesta que se adelanta siempre a la pregunta.
Sin duda en algún sitio aún estarán marcados tus dos pies delante de mis pasos
porque te interponías de pronto entre mi noche y el abismo.
Sospecho que convertías en refugios dorados mis peores pesadillas,
que apartabas las setas venenosas y las piedras sangrientas
y venciste acechanzas y castigos.
tal vez hasta me contagiaras la sonrisa
y lloraras después un larguísimo tiempo con mis lágrimas, vestido con mi duelo.
Después, mucho después, en esos años en que creí perderte
en algún laberinto o en una encrucijada;
fue cuando me dejaste a solas, tan mortal, en el destierro.
Quizá te convocaron de lo alto para un duro relevo,
y acudiste como un vigía alerta sin mirar hacia atrás,
aunque a veces descubrí tu perfume de nube y de jazmín en una ráfaga
y hasta palpé la suavidad que deja la huida de una pluma debajo de la almohada.
Ahora, ya replegada toda la lejanía con un golpe ritual,
como en un abanico que se cierra,
frente al juego donde arde de una vez el lujoso inventario de todo lo imposible,
no aquel contra el que lloraríamos como estatuas de sal a la inocencia,
su mirada de huérfana perdida,
sino el otro, el incierto, el del principio y el final,
donde comienza tu oculto territorio impredecible,
donde tal vez se acabe tu pacto con el silencio y mi ceguera.

 
Olga Orozco

domingo, 11 de diciembre de 2016

EL JARDÍN DORMIDO


EL JARDÍN DORMIDO

 
Cuando el sueño la abrazó, yo robé mi mano,
cubrí sus sueños,
vi la miel ocultarse tras sus  párpados,
recé por dos piernas milagrosas,
me incliné sobre los latidos de su corazón,
 vi trigo sobre el mármol y sueño.
Una gota de mi sangre lloró,
temblé…
el jardín duerme en mi lecho.

 
Fui hacia la puerta
sin volverme hacia mi alma dormida,
oi el tintineo antiguo de sus pasos  y las campanas de mi corazón.

 
Fui hacia la puerta
- la llave está en su bolso
y ella duerme como un ángel después del amor-.
Noche sobre lluvia en la calle y ningún ruido
salvo los latidos de su corazón y la lluvia.

 
Fui hacia la puerta
se abre,
salgo.
Se cierra,
mi sombra se desliza tras de mí.
¿Por qué digo adiós?

 
Desde ahora soy extraño a los recuerdos y a mi casa.
Bajé las escaleras.
Ni un ruido,
salvo los latidos de su corazón, la lluvia
y mis pasos sobre la escalera que desciende
desde sus manos al deseo de viajar.

 
Llegué al árbol.
Allí, ella me abrazó,
allí me golpearon los rayos de plata y clavel,
allí comenzaba su universo,
allí se terminaba.
Me detuve unos instantes hechos de azucenas y de invierno,
me marché,
dudé,
luego me marché.
Recogí mis pasos y mi recuerdo salado
y me marché en mi compañía.

 
Ni despedida ni árbol.
Los deseos se  han dormido tras las ventanas,
todas las historias de amor
y todas las traiciones se han dormido tras las ventanas
y la policía secreta también…

 
Rita duerme… duerme y despierta sus sueños.
Por la mañana recogerá su beso
y sus días,
y luego preparará mi café árabe
y su café con leche.
Me preguntará, por milésima vez, por nuestro amor
y responderé:
soy el mártir de las manos que,
cada mañana, me preparan el café.

 
Rita duerme… duerme y despierta sus sueños
-¿Nos casaremos?
- Sí
- ¿Cuándo?
- Cuando crezcan violetas
en las gorras de los soldados.

 
He recorrido las calles, el edificio de correos,
los cafés de las aceras, los clubes nocturnos
y las ventanillas de venta de billetes.
Te amo, Rita. Te amo. Duerme.
Dentro de trece inviernos preguntaré:
¿Todavía duermes
o te has despertado?
¡Rita! Te amo, Rita,
te amo…

 
Mahmud Darwish
Perteneciente al libro: Bodas, 1977

 

 

miércoles, 7 de diciembre de 2016

SI HAS PERDIDO TU NOMBRE


“ SI HAS PERDIDO TU NOMBRE…”

 

Si has perdido tu nombre.
recobraremos la puntada de las calles
más solas
para llamarte sin nombrarte.

 
Si has perdido tu casa,
despistaremos a los guardianes de la
cárcel
hasta dejarlos con su sombra y sin sus muros.

 
Si has perdido el amor,
publicaremos un gran bando de palomas
desnudas
para atrasar la vida y darte tiempo.

 
Si has perdido tus límites,
recorreremos el cruento laberinto
hasta alzar otra forma desde el fondo.

 
Si has perdido tus ecos o tu origen,
los buscaremos, pero hacia delante,
en el templo final de los orígenes.

 
Solamente si has perdido tu pérdida,
cortaremos el hilo
para empezar de nuevo.

 
Roberto Juarroz

lunes, 5 de diciembre de 2016

CUANDO NACE UN HOMBRE


CUANDO NACE UN HOMBRE…

 
Cuando nace un hombre
siempre es amanecer aunque en la alcoba
la noche pinte negros cristales.

 
Cuando nace un hombre
hay un olor a pan recién cocido
por los pasillos de la casa;
en las paredes, los paisajes
huelen a mar y a hierba fresca
y los abuelos del retrato
vuelven la cara y se sonríen.

 
Cuando nace un hombre
todos los muertos de su sangre
llegan a verle y se comprueban
en el contorno de su boca.

 
Cuando nace  un hombre
hay una estrella detenida
al mismo borde del tejado
y en un lejano monte o risco
brota un hilillo de agua nueva.

 
Cuando nace un hombre
todas las madres de este mundo
siente calor en su regazo
y hasta los labios de las vírgenes
llega un sabor a miel y a beso.

 
Cuando nace un hombre
de los varones brotan chispas,
los viejos muchachos atestiguan
el fuego alegre de sus venas.

 
Cuando nace un hombre
todos tenemos un hermano

 
Ángela Figuera Aymerich