EL CUERPO EN EL ALBA
Ahora sí que ya os miro
cielo, tierra, sol, piedra,
como si al contemplaros
viera mi propia carne.
Ya sólo me faltabais en ella,
para verme completo
hombre entero en el mundo
y padre sin semilla
de la presencia hermosa del futuro.
Antes, el alma vi nacer
y acudí por salvarla,
fiel tutor perseguido y doloroso
pero siempre seguro
de mi mano y su aviso.
Ayudé a la hermosura
y a su felicidad,
aunque nunca dudé que traicionaba
al maestro, el discípulo,
más, si aquel daba forma
en su libertad,
al pensamiento de lo bello.
Y así vistió su ropa
mi hueso madurado,
tan lleno de dolor y de negrura,
como noche nublada
sin perfume de flor,
sin lluvia y sin silencio…
Sólo el cumplir mi paso,
aunque por suelo tan arisco,
me daba luz y fuerza en el vivir.
Mas, hoy, me abrís los brazos,
cielo, tierra, sol, piedra,
igual que presentí de niño
que iba a ser la verdad bajo lo eterno.
Hoy, siento que mi lengua
confunde su saliva
con la gota más tierna del rocío
y prolonga sus tactos
fuera de mí, en la yerba
o en la oscura raíz secreta y húmeda.
Miro mi pensamiento
llegarme lento como un agua,
no sé desde qué lluvia o lago
o profundas arenas
de fuentes que palpitan
bajo mi corazón ya sostenido
por la roca del monte.
Hoy sí, mi piel existe,
mas no ya como límite
que antes me perseguía,
sino también como vosotros mismos,
cielo hermoso y azul,
tierra tendida…
Ya soy. Todo: Unidad
de un cuerpo verdadero.
De este cuerpo que Dios llamó su cuerpo
y hoy empieza a sentirse
ya, sin muerte ni vida,
como rosa en presencia constante
de su verbo acabado y, en olvido
de lo que antes pensó aun sin llamarlo
y temió ser: Demonio de la Nada.
Emilio Prados
De: Río Natural
Cuadro: "Vendrá la mañana" de Miguel Oscar Menassa

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