martes, 19 de noviembre de 2019

viernes, 15 de noviembre de 2019

LOS NIÑOS MUERTOS - Raúl González Tuñón


LOS NIÑOS MUERTOS

(“Por la Casa de Campo
y el Manzanares
quieren pasar los moros.
¡No pasa nadie!”)
               
Murieron como todos los niños sin preguntar de qué y por qué morían.
A las 10 de la noche los aviones negros arrojaron bengalas como en la verbena.
Al espía que hizo señales desde una ventana le agujerearon el cráneo.
La muerte,  con traje de luces, dio varias vueltas por la ciudad.
A las 10 y 2 minutos n estruendo redondo siguió a cada silbido.
Los tranvías se lanzaron a la carrera y un espacial azul agonizante.
El primer muerto falso fue un maniquí desvelado amarillo.
Todos los grifos de la ciudad fueron abiertos, todo los vidrios se arrugaron.
El espía apretaba en su mano un plano del Museo y un trabuco.
En las mansiones incautadas los eñores de los óleos parecía decir: “No nos dejéis!.
Los periodistas extranjeros hicieron cola para ver a la primero señorita muerta.
Los pianos cerrados de pronto con el ruido del féretro desplomado,
el olor del jardín mezclado al del humo y la carne chamuscada,
el hombre que precisamente a esa hora va en busca de la comadrona,
la estatua sin cabeza con un letrero que decía Peluquero de Señoras,
el ladrido de los perros más solo que nunca al fondo de los corredores,
todo pasó rápidamente, como en el cine, cuando aún se oía el zumbido de la avispa gigante.

Los niños muertos por juguetes, asesinados por grandes mecanos armados,
con los que ellos soñaban cada noche, fueron recogidos al alba sin mercados,
sin máscaras sueltas, sin churros, sin canciones (fue la primera vez),
sin caballos blancos, sin manicuras, sin timbres  de relojes, entre ambulancias, linternas, sábanas, delegados del gobierno, funebreros y vírgenes llorando.
La sangre de los primeros niños muertos corrió toda la noche.
Cada niño tenía un número sobre el pecho, el 7, el 9, el 104, el 1,
pero la sangre corrió y se hizo río y fue una sola entonces,
la primera que corrió por los canales del sobresalto y el rencor.
En la tierra por ella regada en la noche creció la rosa de la pólvora,
la rosa que hoy vigila las puertas de Madrid y cuando se acerca la avispa
lanza contra ella sus furiosos pétalos junto a los hombres que sonríen,
a nuestros bravos soldados que sonríen porque saben por qué pelean y mueren.

Raúl González Muñón



miércoles, 13 de noviembre de 2019

EL CONTINENTE SUMERGIDO - Olga Orozco



EL CONTINENTE SUMERGIDO


Cabeza impar,
sólo a medias visible desde donde se mire
y a medias rescatada de un exilio sin fin en la cabeza de la bruma.
Es opaca por fuera,
impermeable al bautismo de la luz,
porosa como esponja a las destilaciones de la noche insoluble.
Pero por dentro brilla;
arde en un remolino de cristales errantes,
de chispas desprendidas de la fragua del sueño,
de vértigos azules que atestiguan que es la tumba del cielo.
Se supone que alguna vez fue parte desprendida de Dios,
en forma de tiniebla,
y que rodó hacia abajo, cercenada sin duda por la condenación de la serpiente.
Se ignoran los milenios y las metamorfosis,
Las napas de estupor que debió atravesar hasta llegar aquí,
girando como sombra de topo entre raíces,
avanzando después como un planeta ciego que se condensa en humo, en vapor, en eclipse.
Fue aspirada hacia arriba,
erigida en lo alto de un tronco a la deriva que apenas la retiene,
con dos cavernas sordas para escuchar la voz aue rompe contra el muro,
con dos estrías vanas para ver desde un “claustro la caída,
con un olor de bestia acorralada debajo de la piel,
con un sabor de pan sepultado entre ayunos,
y esta lengua insaciable
que devora el idioma de la muerte en grandes llamaradas.
Cabeza borrascosa,
Cabeza indescifrable,
cabeza ensimismada;
se asemeja a un infierno circular
donde el perseguidor se convierte de pronto en perseguido,
siempre detrás de sí, o delante de mí,
que no sé desde dónde surjo a veces, aferrada a este cuello,
sin encontrar los nudos que me atan a esta extraña cabeza.

Olga Orozco

martes, 12 de noviembre de 2019

RECITAL DE POESÍA PUB PARADOR 2.0





Tenemos el placer de invitaros 
el próximo domingo 17 de noviembre de 2019 
al Recital de Poesía,  
 PUB PARADOR 2.0 
de Azuqueca de Henares (Guadalajara)

Los integrantes del Taller de Poesía Grupo Cero 
de Alcalá de Henares, 
leeremos poemas de grandes autores y propios.
 Habrá micrófono abierto al público asistente y alguna sorpresa.

domingo, 10 de noviembre de 2019

EN UN VIEJO LIBRO - Konstantinos Kavafis


EN UN VIEJO LIBRO

En un libro viejo –de unos cien años-
olvidada entre sus hojas,
encontré una acuarela sin firma.
Debe haber sido obra de un artista muye bueno.
Llevaba como título “Presentación del amor”.
Pero  más bien correspondía “-del amor de los sensuales en extremo”.
Porque era manifiesto al contemplar la obra
(fácilmente percibíase la idea del artista)
que a los que aman en cierto modo regularmente,
que permanecen dentro de lo que de todas maneras se permite,
no estaba destinado el adolescente
de la pintura –en unos ojos pardos, oscuros,
con la hermosura peregrina de su rostro,
la belleza de la atracción anómala;
con sus labios ideales que llevan
el placer a un cuerpo amado;
con sus miembros ideales creados para lechos
que la moral corriente llama vergonzosos.  

Constantin Kavafis

jueves, 7 de noviembre de 2019

A MARGARITA DEBAYLE - Rubén Darío


A MARGARITA DEBAYLE


Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: “¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te halle´;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?”.

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
“Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad”.

Y el rey clama: “¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar”.

Y ella dice: “No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté”.

Y el papá dice enojado:
“Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver”.

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: “En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí”.

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

***

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Rubén Darío





lunes, 4 de noviembre de 2019

HOGAR - Warsan Shire


HOGAR

Nadie abandona su hogar a menos que
el hogar sea la boca de un tiburón
sólo corres hacia la frontera
cuando ves a toda la ciudad corriendo también

tus vecinos corriendo más rápido que tú
aliento sanguinolento en sus gargantas
el chico con el que fuiste a la escuela
el que te besó tontamente tras la antigua fábrica de latas
está sosteniendo un arma más grande que su cuerpo
sólo abandonas tu hogar
cuando el hogar no te permite quedarte.

Nadie abandona su hogar a menos que el hogar te persiga
fuego bajo los pies
sangre caliente en tu vientre
no es algo que hayas pensado hacer
hasta que el filo gastado amenaza
tu cuello
y aún entonces cargaste el himno bajo
tu aliento
sólo rasgando tu pasaporte en unos baños de aeropuerto
sollozando con cada bocado de papel
te queda claro que no podrías regresar.

Tienes que entender,
que nadie pone a sus hijos en un barco
a menos que el agua sea más segura que la tierra
nadie quema las palmas de sus manos
bajo trenes
debajo de carrocerías
nadie pasa días y noches en el estómago de un camión
alimentándose de periódicos a menos que las millas recorridas
signifiquen algo más que el trayecto.
Nadie se arrastra bajo vallas
nadie quiere ser golpeado
escupido

nadie escoge campos de refugiados
o registros al desnudo donde tu cuerpo
se queda dolorido
o la prisión,
porque la prisión es más segura
que una ciudad de fuego
y un guarda de la prisión
en la noche
es mejor que un camión repleto
de hombres que se parecen a tu padre
nadie puede soportarlo
nadie puede digerirlo
ninguna piel sería lo suficiente dura

el
váyanse a casa negros
refugiados
sucios inmigrantes
solicitantes de asilo
dejando secos nuestros países
negratas con sus manos mendigas
huelen raro
salvajes
arruinaron sus países y ahora quieren
arruinar el nuestro
cómo hacen las palabras
las miradas sucias
ruedan sobre tus espaldas
quizás porque el golpe es más suave
que un miembro cortado

o las palabras son más tiernas
que los catorce hombres entre
tus piernas
o los insultos son más fáciles
de tragar
que el escombro
que el hueso
que el cuerpo de tu hijo
en pedazos,
quiero ir a mi hogar,
pero mi hogar es la boca de un tiburón
hogar es el cañón de la pistola
y nadie abandonaría su hogar
a menos que el hogar te persiguiese hasta la orilla
a menos que el hogar te diga
que aceleres tus piernas
dejes tu ropa atrás
te arrastres por el desierto
atravieses los océanos
te ahogues
te salves
estés hambriento
mendigues
olvida el orgullo
tu supervivencia es más importante

nadie abandona el hogar hasta que el hogar es una voz sudorosa en tu oído diciendo:
ve,
corre lejos de mí ahora
no sé en qué me he convertido
pero sé que cualquier lugar
es más seguro que aquí.

Warsan Shire  





domingo, 3 de noviembre de 2019

RIMA LXXI - Gustavo Adolfo Bécquer



RIMA LXXI


Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intervalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:

¡¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!!

De la casa, en los hombros
llevaronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé en un momento:

¡¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!!

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo:
allí la acostaron,
tapiáronle luego,
y con un saludo
despidiese el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras,
yo pensé en un momento:

¡¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!!

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son eterno:
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos!...

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es, sin espíritu,
podredumbre y cieno?
No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo

¡a dejar tan tristes,
tan solos los muertos!

Gustavo Adolfo Bécquer                          


viernes, 1 de noviembre de 2019

MUJERES DEL MERCADO - Ángela Figuera Aymerich


MUJERES DEL MERCADO

Son de cal y salmuera. Viejas ya desde siempre.
Armadura oxidada con relleno de escombros.
Tienen duros los ojos como fría cellisca.
Los cabellos marchitos como hierba pisada.
Y un vinagre maligno les recorre las venas.

Van temprano a la compra. Huronean los puestos.
Casi escarban. Eligen los tomates chafados.
Las naranjas mohosas. Maceradas verduras
que ya huelen a estiércol. Compran sangre cocida
en cilindros oscuros como quesos de lodo
y esos bofes que muestran, sonrosados y túmidos,
una obscena apariencia.

Al pagar, un suspiro les separa los labios
explorando morosas en el vientre mugriento
de un enorme raído monedero sin asas
con un miedo feroz a topar de improviso
en su fondo la última cochambrosa moneda.

Siempre llevan un hijo todo greñas y mocos,
que les cuelga ay arrastra de la falda pringosa
chupeteando una monda de manzana o de plátano.
Lo manejan a gritos, a empellones. Se alejan
maltratando el esparto de la sucia alpargata.

Van a un patio con moscas. Con chiquillos y perros.
Con vecinas que riñen. A un fogón pestilente.
A un barreño de ropa por lavar. A un marido
con olor a aguardiente y a sudor y a colilla.

Que mastican en silencio. Que blasfema y escupe.
Que tal vez por la noche, en la fétida alcoba,
sin caricias ni halagos, con brutal impaciencia
de animal instintivo, les castigue la entraña
con el peso agobiante de otro mísero fruto.
Otro largo cansancio.

Ángela Figuera Aymerich