miércoles, 9 de diciembre de 2015

Poema leído en el recital "Versos y Besos de Otoño"


PADRE MÍO

Padre, hoy daría lo que fuese
porque mi mano y mi mente
sean capaces de sentir
lo que una escribe y
escribir lo que la otra siente.
Atesorar tus palabras,
tus gestos y tu amor
guardar sin desperdicios
la enseñanza recogida
tu yo, tu vida
y así padre cuando dobles
la esquina del futuro
en lugar del vacío
te encuentres a mi mano
y a mi mente pendientes.
Padre mío, mi alma quisiera
pagaros hoy lo que en mí
edad primer sufristeis
curando vuestro dolor
con el gozo de ver al hijo
convertido en mozo
las lágrimas corren
una tras otra
con noble orgullo por mi faz
pensando que hayan sido,
por fortuna, esas honradas manos
mi sustento y esos brazos mi cuna.


Yosune Castellano Alarcón
Integrante de los talleres de poesía Grupo Cero de Alcalá de Henares

martes, 8 de diciembre de 2015

Poema leído en el recital "Versos y besos de otoño"


AUSCHWITZ

A todos los judíos del mundo,
mis amigos, mis hermanos.

Esos poetas infernales,
Dante, Blake, Rimbaud…
Que hablen más bajo…
Que toquen más bajo…
¡Que se callen!
Hoy cualquier habitante de la tierra
sabe mucho más del infierno
que esos tres poetas juntos.
Ya sé que Dante toca muy bien el violín…
¡Oh, el gran virtuoso!...
Pero que no pretenda ahora
con sus tercetos maravillosos
y sus endecasílabos perfectos
asustar a ese niño judío
que está ahí, desgajado de sus padres…
y solo.
¡Solo!
aguardando su turno
en los hornos crematorios de Auschwitz.
Dante… tú bajaste a los infiernos
con Virgilio de la mano
(Virgilio, “gran cicerone”)
y aquello vuestro de la Divina Comedia
fue una aventura divertida
de música y turismo.
Esto es otra cosas… otra cosa…
¿Cómo te explicaré?
¡Si no tienes imaginación!
tú… no tienes imaginación,
acuérdate que en tu “Infierno”
no hay un niño siquiera…
y ese que ves ahí…
está solo
¡Solo!  Sin cicerone…
esperando que se abran las puertas de un infierno
que tú, ¡pobre florentino!,
no pudiste siquiera imaginar.
Esto es otra cosa… ¿cómo te diré?
¡Mira! Éste es un lugar donde no se puede tocar el violín.
Aquí se rompen las cuerdas de todos
los violines del mundo.
¿Me habéis entendido, poetas infernales?
Virgilio, Dante, Blake, Rimbaud…
¡Hablad más bajo!
¡Tocad más bajo…! ¡Chist…!
¡¡Callaos!!
Yo también soy un gran violinista…
y he tocado en el infierno muchas veces…
pero ahora, aquí…
rompo mi violín… y me callo.

León Felipe

De “Oh éste viejo y roto violín!

lunes, 7 de diciembre de 2015

Poema leído en el recital "Versos y besos de otoño"


EL BAILE DE LOS AHORCADOS

En la horca bailan, amable manco,
bailan los paladines, los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.

¡Monseñor Belzebú tira dela corbata
de sus títeres negros, que al cielo gesticulan,
y al darles en la frente un buen zapatillazo
les obliga a bailar ritmos de villancico!

Sorprendidos, los títeres, juntan sus brazos gráciles:
como un órgano negro, los pechos horadados,
que antaño damiselas gentiles abrazaban,
se rozan y entrechocan, en espantoso amor.

¡Hurra!, alegres danzantes que perdisteis la panza,
trenzad vuestras cabriolas pues el tablao es amplio,
¡Que no sepan, por Dios, si es danza o es batalla!
¡Furioso, Belzebú rasga sus violines!

¡Rudos talones: nunca su sandalia se gasta!
Todos se han despojado de su sayo de piel:
lo que queda no asusta y se ve sin escándalo.
en sus cráneos, la nieve ha puesto un blanco gorro.

El cuervo es la cimera de estas cabezas rotas;
cuelga un jirón de carne de su flaca barbilla:
parecen cuando giran en sombrías refriegas,
rígidos paladines, con bardas de cartón.

¡Hurra!, ¡que el cierzo azuza en el vals de los huesos!
¡y la horca negra muge cual órgano de hierro!
y responden los lobos desde bosques morados:
rojo, en el horizonte, el cielo es un infierno…

¡Zarandéame a estos fúnebres capitanes
que desgranan, ladinos con largos dedos rotos,
un rosario de amor por sus pálidas vértebras:
¡difuntos, que no estamos aquí en un monasterio!

Y de pronto, en el centro de esta danza macabra
brinca hacia el cielo rojo, loco, un gran esqueleto,
llevado por el ímpetu, cual corcel se encabrita
y, al sentir en el cuello la cuerda tiesa aún,

Crispa sus cortos dedos contra un fémur que cruje
con gritos que recuerdan atroces carcajadas,
y, como un saltimbanqui se agita en su caseta,
vuelve a iniciar su baile al son de la osamenta.

En la horca negra bailan, amable manco,
bailan los paladines,
los descarnados danzarines del diablo;
danzan que danzan sin fin
los esqueletos de Saladín.


Arthur Rimbaud

domingo, 6 de diciembre de 2015

Poema leido en el recital "Versos y besos de otoño"


DISCURSO DE EVA

Hoy te saludo brutalmente:
con un golpe de tos
o una patada.
¿Dónde te metes,
a dónde huyes con tu caja loca
de corazones,
con el reguero de pólvora que tienes?
¿Dónde vives:
en la fosa en que caen todos los sueños
o en esa telaraña donde cuelgan
los huérfanos de padre?

Te extraño,
¿sabes?
como a mi misma
o a los milagros que no pasan.
te extraño,
¿sabes?
quisiera persuadirte no sé de qué alegría,
de qué cosa imprudente.

¿Cuándo vas a venir?
tengo una prisa por jugar a nada,
por decirte: “mi vida”
y que los truenos nos humillen
y las naranjas palidezcan en tu mano.
Tengo unas ganas locas de mirarte al fondo
y hallar velos
y humo, que, al fin, parece en llama.

De verdad que te quiero,
pero inocentemente,
como la bruja clara donde pienso.
de verdad que no te quiero,
pero inocentemente,
como el ángel embaucado que soy.
Te quiero,
no te quiero.
Sortearemos estas palabras
y una que triunfe será la mentirosa.
Amor…
(¿Qué digo? Estoy equivocada,
aquí quise decir que ya te odio.)
¿Por qué no vienes?
¿Cómo es posible
que me dejes pasar sin compromiso con el fuego?
¿Cómo es posible que seas austral
y paranoico
y renuncies a mí?

Estarás leyendo los periódicos
o cruzando
por la muerte
y la vida.
Estarás con tus problemas de acústica y de ingle,
inerte,
desgraciado,
entreteniéndote en una aspiración del luto.
y yo que te deshielo,
que te insulto,
que te traigo un Jacinto desplomado;
yo que te apruebo la melancolía;
yo que te convoco
a las sales del cielo,
yo que te zurzo:
¿qué?
¿Cuándo vas a matarme a salivazos,
héroe?
¿Cuándo vas a molerme otra vez bajo la lluvia?
¿Cuándo?
¿Cuándo vas a llamarme pajarito
y puta?
¿Cuándo vas a maldecirme?
¿Cuándo?
mira que pasa el tiempo,
el tiempo,
el tiempo,
y ya no se me aparecen ni los duendes,
y ya no entiendo los paraguas,
y cada vez soy más sincera,
augusta…

Si te demoras,
si se te hace un nudo y no me encuentras,
vas a quedarte ciego;
si no vuelves ahora: infame, imbécil, torpe, idiota,
voy a llamarme nunca.

Ayer soñé que mientras nos besábamos
había sonado un tiro
y que ninguno de los dos soltamos la esperanza.
este es un amor
de nadie;
lo encontramos perdido,
náufrago,
en la calle.
Entre tú y yo lo recogimos para ampararlo.
por eso, cuando nos mordemos,
de noche,
tengo como un miedo de madre a quien dejaste sola.
Pero no importa,
bésame,
otra vez y otra vez
para encontrarme.
Ajústate a mi cintura,
vuelve;
sé mi animal,
muéveme destilaré la vida que me sobra,
los niños condenados.
Dormiremos como homicidas que se salvan
atados por una flor incomparable.
Y a la mañana siguiente cuando cante el gallo
seremos la naturaleza
y me pareceré a tus hijos en la cama.

Vuelve, vuelve.
Atraviésame a rayos.
Hazme otra vez una llave turca.
Pondremos el tocadiscos para siempre.
Ven con tu nuca de infiel,
con tu pedrada.
Júrame que no estoy muerta.
Te prometo, amor mío, la manzana.


Carilda Oliver Labra

sábado, 5 de diciembre de 2015

Poema leído en el recital "Versos y besos de otoño"


ELLA

Ella daba dos pasos hacia delante
daba dos pasos hacia atrás
el primer paso decía buenos días señor
el segundo paso decía buenos días señora
y los otros decían cómo está la familia
hoy es un día hermoso como una paloma en el cielo

Ella llevaba una camisa ardiente
ella tenía ojos de adormecedora de mares
ella había escondido un sueño en un armario oscuro
ella había encontrado un muerto en medio de su cabeza
cuando ella llegaba dejaba una parte más hermosa muy lejos
cuando ella se iba algo se formaba en el horizonte para esperarla
sus miradas estaban heridas y sangraban sobre la colina
tenía los senos abiertos y cantaba las tinieblas de su edad
era hermosa como un cielo bajo una paloma

Tenía una boca de acero
y una bandera mortal dibujada entre los labios
reía como el mar que siente carbones en su vientre
como el mar cuando la luna se mira ahogarse
como el mar que ha mordido todas las playas
el mar que desborda y cae en el vacío en los tiempos de abundancia
cuando las estrellas arrullan sobre nuestras cabezas
antes que el viento norte abra sus ojos
era hermosa en sus horizontes de huesos
con su camisa ardiente y sus miradas de árbol fatigado
como el cielo a caballo sobre las palomas.

Vicente Huidobro

De “Poemas giratorios”

viernes, 4 de diciembre de 2015

PARAÍSO PERDIDO


PARAÍSO PERDIDO

Fui  en esa casa el hijo bienamado.
Cuando los otros niños se alejaban
a cazar mariposas en el bosque,
yo quedaba en silencio, paralítico,
cual otra mariposa aprisionada
bajo la intimidad de una alacena.
Viví a la orilla del sepulcro, oyendo
devorarse a sí mismos los gusanos,
y adquirí desde entonces un sentido
larval de la existencia y de las cosas.
Al que la muerte besa desde niño,
será siempre un cadáver transeúnte.
Mi padre me acunaba y me decía:
¿cuándo vas a volar, hijo del aire?
y al fin abrí las alas dolorosas.
Hoy tengo setenta años. Ya no existe
mi padre; y en la casa, único huésped,
el frío lastimero la transita.
Más he vuelto y clamado: soy el águila
que retorna a morir donde naciera.
Estos muros son míos. Estas ruinas
por derecho natal me pertenecen.
Mi padre me las dio en su testamento,
y a la vez un turpial y un gallo mudo.
Yo soy el albañil de estas paredes
y el mezclador de cal y el hortelano.
Y quise entrar, sentarme en esos quicios,
comer lo que sobrara de esas frutas
y restaurar las duelas amarillas.
Más un ángel nocturno y silencioso,
bajo la faz de un perro amenazante,
desnudó las espadas de sus dientes
y me negó la entrada al paraíso.


Germán Pardo García.

jueves, 3 de diciembre de 2015

LA CASADA INFIEL


LA CASADA INFIEL

Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
le sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz  de plata en sus  copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

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Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
yo me quité la corbata.
ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.

Federico García Lorca


miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL OCASO


EL OCASO 


He aquí la deliciosa noche, amiga del criminal;
viene como un cómplice, con andares de lobo; el cielo
se cierra lentamente como una gran alcoba,
y el hombre impaciente se convierte en fiera.

Oh noche, amable noche, deseada por aquél
cuyos brazos, sin mentir, pueden decir: ¡Hoy
hemos trabajado! La noche tranquiliza
a los espíritus devorados por un dolor salvaje,
al sabio obstinado cuya frente se nubla,
y al obrero encorvado que vuelve a coger la cama.
Sin embargo, demonios malsanos en la atmósfera
se despiertan lentamente, como hombres de negocios,
y al volar golpean los postigos y el alero.
A través de los resplandores de las luces que atormenta el viento
se enciende la Prostitución en las calles;
como un hormiguero abre sus salidas;
por todas partes se hace camino a escondidas,
igual que el enemigo que trata de atacar por sorpresa;

Se mueve en el seno de la ciudad fangosa
como un gusano que hurta al Hombre lo que come.
Se oye aquí y allá silbar a las cocinas,
gritar en los teatros, retumbar las orquestas;
las redondas mesas de juego que hacen las delicias,
se llenan de rameras y de estafadores, sus cómplices,
y los ladrones, sin tregua ni descanso,
van pronto, ellos también, a empezar su trabajo,
y a forzar suavemente las puertas y las cajas fuertes
para vivir unos días y vestir a sus queridas.

Recógete, alma mía, en este grave momento,
y cierra tus oídos a todo este rugido.
¡Es la hora en que los dolores de los enfermos se hacen más agudos!
La sombría Noche los agarra del cuello; acaban
su destino y van a parar a la sima común;
se llena el hospital de sus suspiros. –Más de uno
no irá ya a buscar la sopa bienoliente,
junto al fuego, de noche, cerca de un alma amada.
¡Aunque la mayoría no ha conocido nunca
la dulzura del hogar y jamás ha vivido!



Charles Baudelaire

De “Las flores del mal – Cuadros parisienses”

martes, 1 de diciembre de 2015

ES DE NOCHE



ES DE NOCHE

Es de noche
en la ciudad todos duermen
menos el sonido palpitante
del corazón del tiempo
latiendo acompasadamente
contra mí mismo.

Ninguna sed se calmará este siglo
opaco siglo del deseo
donde el hombre fue luz
bordada a juego y, a la vez,
sueño desesperado.

La lucha es contra todos
también yo
es un soldado de la muerte.

El hombre actual
está casi muerto
delicado amante
de su propia decadencia
no tiene fuerzas
para pensar el futuro.
Todo en él
es una presencia anhelante
y carnívora
que lo devora
y lo engrandece
y, a la vez,
lo devora.

Miguel Oscar Menassa

De “La poesía y yo”

Poemas del recital "Versos y besos de otoño"


EL BARCO

Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo
por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer?
Queremos mirar las nubes,
queremos tomar el sol y oler la sal,
francamente no se trata de molestar a nadie,
es tan sencillo: somos pasajeros.

Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros:
pasa el mar, se despide la rosa,
pasa la tierra por la sombra y por la luz,
y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros.

Entonces qué les pasa?
por qué andan tan furiosos?
a quién andan buscando con revólver?

Nosotros no sabíamos
que todo lo tenían ocupado,
las copas, los espejos,
el mar, el vino, el cielo.

Ahora resulta
que no tenemos mesa.
no puede ser, pensamos.
no pueden convencernos.
estaba oscuro cuando llegamos al barco.
Estábamos desnudos.
Todos llegábamos del mismo sitio,
todos veníamos de mujer y de hombre.
Todos tuvimos hambre y pronto dientes.
a todos nos crecieron las manos y los ojos
para trabajar y desear lo que existe.

Y ahora  nos salen con que no podemos,
que no hay sitio en el barco,
no quieren saludarnos,
no quieren jugar con nosotros.

Por qué tantas ventajas para ustedes?
quién les dio la cuchara cuando no habían nacido?

Aquí no están contentos,
así no andan las cosas.

No me gusta en el viaje
hallar, en los rincones, la tristeza,
los ojos si amor o la boca con hambre.

No hay ropa para este creciente otoño
y menos, menos para el próximo invierno.
Y sin zapatos cómo vamos a dar la vuelta
al mundo, a tanta piedra en los caminos?

Sin mesa dónde vamos a comer,
dónde nos sentaremos si no tenemos silla?
Si es una broma triste, decídanse, señores,
a terminarla pronto,
a hablar en serio ahora.

Después el mar es duro.

Y llueve sangre.



Pablo Neruda