sábado, 22 de agosto de 2026

EL RELOJ CAÍDO EN EL MAR

 


EL RELOJ CAÍDO EN EL MAR

 

Hay tanta luz tan sombría en el espacio

y tantas dimensiones de súbito amarillas,

porque no cae el viento

ni respiran las hojas.

 

Es un día domingo detenido en el mar,

un día como un buque sumergido,

una gota del tiempo que asaltan las escamas

ferozmente vestidas de humedad transparente.

 

Hay meses seriamente acumulados en una vestidura

que queremos oler llorando con los ojos cerrados,

y hay años en un solo ciego signo del agua

depositada y verde,

hay la edad que los dedos ni la luz apresaron,

mucho más estimable que un abanico roto,

mucho más silenciosa que un pie desenterrado,

hay la nupcial edad de los días disueltos

en una triste tumba que los peces recorren.

 

Los pétalos del tiempo caen inmensamente

como vagos paraguas parecidos al cielo,

creciendo en torno, es apenas

una campana nunca vista,

una rosa inundada, un medusa, un largo

latido quebrantado:

pero no es eso, es algo que toca y gasta apenas,

una confusa huella sin sonido ni pájaros,

un desvanecimiento de perfumes y razas.

 

El reloj que en el campo se tendió sobre el musgo

y golpeó una cadera con su eléctrica forma

corre desvencijado y herido bajo el agua temible

que ondula palpitando de corrientes centrales.

 

Pablo Neruda

Cuadro: "El viejo y el mar" de Miguel O. Menassa

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