jueves, 26 de febrero de 2026

EL ALMA ERA LO MISMO QUE UNA RANITA VERDE

 


EL ALMA ERA LO MISMO QUE UNA RANITA VERDE

 

El alma era lo mismo

que una ramita verde,

largas horas sentadas sobre el borde

de un rumoroso

Misisipí.

Desea el agua, y duda. La desea

porque es el elemento para que fue criada,

pero teme

el bramador empuje del caudal,

y, allá en lo oscuro, aún ignorar querría

aquel inmenso hervor

que la puede apartar (ya sin retorno,

hacia el azar sin nombre)

de la ribera dulce, de su costumbre antigua.

Y duda y duda y duda la pobre rana verde.

 

Y hacia el atardecer,

he aquí que, de pronto,

un estruendo creciente retumba derrumbándose,

y enfurecida salta el agua

sobre sus lindes,

y sube y salta

como si todo el valle fuera

un hontanar hirviente,

y crece y salta

en rompientes enormes,

donde se desmoronan

torres nevadas contra el huracán,

o ascienden, dilatándose

como gigantes flores que se abrieran al viento,

efímeros arcángeles de espuma.

Y sube, y salta, espuma, aire, bramido,

mientras a entrambos lados rueda o huye,

oruga sigilosa o tigre elástico

(fiera, en fin, con la comba del avance)

la lámina de plomo que el ancho valle oprime.

 

Oh, si llevo las casas, si desraigó los troncos,

si casi horadó montes,

nadie pregunta por las ranas verdes…

 

…¡Ay, Dios,

cómo me has arrastrado,

cómo me has desarraigado,

cómo me llevas

en tu invencible frenesí,

cómo me arrebataste

hacia tu amor!

Yo dudaba.

No, no dudo:

dame tu incógnita aventura,

tu inundación, tu océano,

tu final,

la tromba indefinida de tu mente,

dame tu nombre,

en ti.

 

Dámaso Alonso

Cuadro: "El mar verde" de Miguel O. Menassa

martes, 24 de febrero de 2026

COSA

 


COSA

Rompes… el ondear del aire

J.R. Jiménez

 

¡Ay, terca niña!

Le dices que no al viento,

a la niebla y al agua:

rajas el viento,

partes la niebla,

hiendes el agua.

 

Te niegas a la luz profundamente:

la rechazas,

ya teñida de ti: verde, amarilla,

--vencida ya—gris, roja, plata.

 

Y celas de la noche,

la ardua

noche de horror de tus entrañas sordas.

 

Cuando la mano intenta poseerte,

siente la piel tus límites:

la muralla, la cava

de tu enemiga fe, siempre en alerta.

 

Nombre te puse, te marcó mi hierro:

“cáliz”, “brida”, “clavel”, “cenefa”,”pluma”…

(Era tu sombra lo que aprisionaba.)

 

Al interior sentido

convoqué contra ti.

                                   Y, oh burladora,

te deshiciste en forma y en color,

en peso o en fragancia.

¡Nunca tú: tú, caudal, tú, inaprensible!

 

¡Ay, niña terca,

ay, voluntad del ser, presencia hostil,

límite frío a nuestro amor!

                                                 ¡Ay turbia

bestezuela de sombra,

que palpitas ahora entre mis dedos,

que repites ahora entre mis dedos

tu dura negativa de alimaña!

 

Dámaso Alonso

Cuadro: "Aves del paraíso" de Miguel O. Menassa 

miércoles, 18 de febrero de 2026

PREDESTINADOS

 


PREDESTINADOS

 

Es el abismo el que le atrae

desde su fondo más oscuro,

para que deje esta vida tan triste

que él ve cubierta de eterno luto.

 

No bien una sombra se disipa

otras se agranda… se agranda y le envuelve

sin que adivine por qué ha venido,

por qué le busca, ni qué le quiere,

pero le aterra y le acobarda

y a donde va le sigue siempre.

 

Si algún dolor abandona su alma,

otro más vivo y más intenso,

en sus entrañas haciendo el nido

para él inventa nuevos tormentos,

mucho más hondos y más terribles

siempre los últimos que los primeros.

 

Un mal espíritu, algún demonio

de cuantos hay el más cruel

ha presidido su nacimiento

y oculto guía siempre su pie

hacia los bordes de alta sima

a ver si puede verle caer.

 

Vacila su planta ya… y sus ojos

vagos se fijan en lo infinito,

que él cree imagen de la nada;

pero le atrae… le atrae el vacío

en donde flotas, genio invisible,

siempre llamándole hacia el abismo.

 

Y cae al fin… y nadie sabe,

ni nade pregunta por qué ha caído.

 

Rosalía de Castro

Cuadro: "Punto de encuentro" de Miguel O. Menassa

martes, 17 de febrero de 2026

MENSAJE

 


MENSAJE

 

   Amigos, no preguntéis a la gozosa mañana

por qué el sol intangible da su fuerza a los hombres.

Bebed su claro don, su lucidez en la sombra,

en los brazos amantes de ese azul inspirado,

y abrid los ojos sobre la belleza del mar, como del amor,

ebrios de luz sobre la hermosa vida,

mientras cantan los pájaros su mensaje infinito

y hay un presentimiento de espuma en vuestras frentes

y un rapto de deseo en los aires dichosos,

que como labios dulces trémulamente asedian.

 

   Vosotros venís de la remota montaña,

quieta montaña de majestad velada,

pero no ignoráis la luz, porque en los ojos nace

cada mañana el mar con su azul intocable,

su inmarcesible brío luminoso y clamante,

palabra entera que un universo grita

mientras besa a la tierra con perdidas espumas.

 

   Recogiendo del aire una voz, un deseo,

un misterio que una mano quizá asiera un día entre un

          vuelo de pájaros,

contempláis el amor, cósmico afán del hombre,

y esa fragante plenitud de la tierra

donde árboles colmados de primavera urgente

dan su luz o sus poemas a unos labios sedientos.

 

   Mirad el vasto coro de las nubes,

alertas sobre el mar,

enardecidas reflejar el mensaje

de un sol de junio que abrasado convoca

a una sangre común con su luz despiadada.

Embebed en vuestra cabellera el rojo ardor de los besos

         inmensos

que se deshacen salpicados de brillos,

y destelle otra vez, y siempre, en vuestros ojos el verde

         piafador de las playas,

donde un galope oculto de mar rompe en espumas.

Besad la arena, acaso eco del sol, caliente a vino, la celeste

         mensaje,

licor de luz que en los labios chorrea

y trastorna en la ebria lucidez a las almas,

veladoras después en la noche de estrellas.

 

   ¡Ah! Amigos, arroja lejos, sin mirar, los artefactos

       tristes,

tristes ropas, palabras, palos ciegos, metales,

y desnudos de majestad y pureza frente al grito del mundo,

lanzad el cuerpo al abismo de la mar, de la luz, de la dicha

          inviolada,

mientras el universo, ascua pura y final, se consume.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Obsservando la experiencia" de Miguel O. Menassa

domingo, 15 de febrero de 2026

AMOR

 

 


AMOR

 

El amor está en las rosas,

cestas de regalo

las rosas son el amor,

cupido anda entre las cosas,

y hace de ellas una flor.

 

A veces despierta un nido,

y a veces se va a vagar,

y anda en el viento, en el ruido,

en el bosque y en el mar.

 

Hace despertar los truenos,

y hace rugir los leones,

y forma jardines buenos

dentro de los corazones.

 

Es la voz, la voz errante

que no encuentra su vocablo,

y expresa el ángel flotante

o expresa el prófugo diablo.

 

Se extenúa, se propaga,

se multiplica, se vierte,

y es profunda, triste, vaga,

toda vida o toda muerte.

 

Anda errante un silfo extraño

que llena mi alma invasora

con las perlas de la hora

y los diamantes del año.

 

Yo al silfo lo he visto. Y es

todo perlas y brillantes.

Las perlas se llaman: antes,

y los brillantes: después.

 

Rubén Darío

Cuadro: "Amantes" de Renoir

sábado, 14 de febrero de 2026

AMOR

 

 


AMOR

 

¡Primavera feroz! Va mi ternura

por las más hondas venas derramada,

fresco hontanar, y furia desvelada,

que a extenuante pasmo se apresura.

 

¡Oh qué acezar, qué hervir, oh, qué premura

de hallar, en la colina clausurada,

la llaga roja de la cueva helada,

y su cura más dulce, en la locura!

 

¡Monstruo fugaz, espanto de mi vida,

rayo sin luz, oh tú, mi primavera,

mi alimaña feroz, mi arcángel fuerte!

 

¿Hacia qué hondón sombrío me convida,

desplegada y astral, tu cabellera?

¡Amor, amor, principio de la muerte!

 

Dámaso Alonso

Cuadro de Edouard Manet

viernes, 13 de febrero de 2026

COMO SI NADA

 


COMO SI NADA

 

Perdí los cinco sentidos

y aún no he descubierto el sexto.

Te volteo, poesía.

No hay que darle tiempo al tiempo.

 

Sé que sólo de repente

diré lo que ya sabía,

recordando ese futuro

de la luz antes del prisma.

 

Me he mirado en el espejo

y ahora me vuelvo de espaldas.

Sé que el otro, también vuelto,

ve agua adentro lo que calla.

 

Si yo viera lo que él ve,

no vería lo que veo.

Mi rostro ya me lo sé.

Pero mi espalda es lo externo.

 

Dios quiere abrirme los ojos.

Las estrellas en el cielo

son su anuncio luminoso.

Mas ¡hay tantos! No lo leo.

 

En la luna hay cine mudo.

Los niños entran de balde.

Los poetas, como tontos,

lo vemos en la calle.

 

Abro y cierro los espejos.

Hay algo que no anda bien.

Nada dentro, nada fuera.

Pero hay algo. No sé qué.

 

El piano  le ha mordido

los dedos al pianista

y, enseñándole las teclas,

ríe a mandíbula viva.

 

Corazón desamparado,

pon marcha atrás tus bobinas

y recoge, vuelta a vuelta,

tu arrastrada melodía.

 

Un ángel se asoma y dice:

“¿Es que no ves lo que pasa?”

Y luego cierra la puerta

como si cerrara un ala.

 

Gabriel Celaya

miércoles, 11 de febrero de 2026

ENTREGARSE

 


ENTREGARSE

 

Cuando tu dios se presente,

escúchale, no interrogues;

él extraerá, preguntando,

las respuestas que en ti escondes.

 

¿Será en Marzo, cuando suben

los muertos hasta las flores,

o en ese Otoño que apura

en verdades los amores?

 

Escúchale en una y otra

contradicción aparente:

Al repetir sus palabras

dirás lo que ni él entiende.

 

Pues el asombro suspenso

de su noche transparente

con el ritmo de la sangre

se hace canción en los hombres.

 

Canten, y canten, y canten

lo no entendido que asombra,

cante el hombre esa alabanza

de una verdad que aún ignora.

 

Gabriel Celaya

Cuadro: "Miradas en la cumbre" de Miguel O. Menassa

martes, 10 de febrero de 2026

LA CLARA SOLEDAD



LA CLARA SOLEDAD

 

Suenan en aire y en sombra

los árboles, el mar, la tierra ciega:

suena lo no nombrado,

suena, tiembla.

 

Suena la sangre buscando

caminos hondos al cuerpo,

suena y busca una palabra

con que nombrar un deseo.

 

¡Oh, estar solo, ser por fin

la soledad que se basta,

hombre con limites fijos,

con palabras y no gritos!

 

Frente a ese mundo impalpable

de aire y luz, alzo mi cuerpo,

fenómeno que me muestra,

hecho visible, el misterio.

 

¡Oh, estar solo, solo y vivo

entre el iris de esos cambios,

la avidez del aire, el mar

y la noche de ese canto!

 

Fuera suena, suena el mundo

y es lo total indistinto,

suena como un corazón

que se ignora a sí mismo.

 

Gabriel Celaya

Cuadro: "Nunca un amor" de Miguel O Menassa


lunes, 9 de febrero de 2026

MATINAL

 

MATINAL

 

Un hombre; los caminos;

el viento sin sonido del destino;

y andar libre y ligero entre tormentas

magnéticas y secas.

 

Se multiplican, crecen,

y, sucesivos, vienen con espuma y clamores

confusiones, muchachas, reposos dulces, largas

cabelleras de llanto que le envuelven temblando.

 

Frente a un mundo en delirio, él se afirma en su paso.

No acaricia, no duda.

Su soledad heroica

no es un irse perdido por los limbos cantando.

 

Contempla las montañas en su fuerza y su calma;

contempla la mañana pausada y luminosa;

respira, y le parece

que su boca bebe de Dios directamente.

 

¡Qué cierto, en su absoluto

de gloria y resplandor, el cielo abierto!

¡Qué ciertas, en su calma,

las cosas como son, que son, y basta!

 

Gabriel Celaya

Cuadros: "Hay días" de Miguel O. Menassa

 

viernes, 6 de febrero de 2026

FIN DE SEMANA EN EL CAMPO

 

FIN DE SEMANA EN EL CAMPO

 

A los treinta y cinco años de mi vida,

tan largos, tan cargados, y a fin de cuentas vanos,

considero el empuje que llevo ya gastado,

la nada de mi vida, el asco de mi mismo

que me lleva a volcarme suciamente hacia fuera,

negociar, cotizar mi trabajo y mi rabia,

ser cosa entre las cosas que choca dura y hiere.

 

Considero mis años,

considero este mar que aquí brilla tranquilo,

los árboles que aquí dulcemente se mecen,

el aire que aquí tiembla, las flores que aquí huelen,

este “aquí” y “ahora mismo” que me dice inflexible

que yo soy un error y el mundo es siempre hermoso,

hermoso, sólo hermoso, tranquilo y bueno, hermoso.

 

Gabriel Celaya

Cuadro: "Un día de campo" de Francisco de Goya

INFORME

INFORME

 

Se han estudiado todos los datos del problema.

Se han hecho mil diez fotos. Se han tomado medidas

del lugar del suceso y cuanto le rodea.

Se han aplicado al reo las técnicas modernas,

sin peligro de vida, con médica asistencia.

Después, previo el permiso, se ha machacado el cráneo,

pues algo debe haber que sigue allí secreto.

No se ha encontrado nada que valiera la pena

para hacer racional el supuesto misterio,

aunque se ha recurrido a lo pluscuamperfecto.

Pero no hay criminal que no acabe gritando.

Vamos a examinar a su madre y sus hijos

de un modo humanitario aséptico-anestésico.

Se trata de estudiar, porque es fundamental,

cómo pueden surgir monstruos tan disconformes

como este que estudiamos, no del todo anormal.

Hay que estudiar a fondo a su madre, y salvar

si es posible a sus hijos, operando en directo

esos tiernos cerebros, quizá aún corregibles.

Es una gran empresa superoccidental

que ejercemos en nombre de la Humanidad.

 

Gabriel Celaya

Cuadro: "Letras de fuego" de Miguel O. Menassa 

 


jueves, 5 de febrero de 2026

QUIEN ME HABITA

 


QUIÉN ME HABITA

“Car je est un autre”

Rimbaud

 

¡Qué extraño es verme aquí sentado,

y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar,

y oír como una lejana catarata que la vida se derrumba,

y cerrar los ojos, y abrirlos, y mirar!

 

¡Qué extraño es verme aquí sentado!

¡Qué extraño verme como una planta que respira,

y sentir en el pecho un pájaro encerrado,

y un denso empuje que se abre paso difícilmente por mis venas!

 

¡Qué extraño es verme aquí sentado,

y agarrarme una mano con la otra,

y tocarme, y sonreír, y decir en voz alta

mi propio nombre tan falto de sentido!

 

¡Oh, qué extraño qué horriblemente extraño!

La sorpresa hace mudo mi espanto.

Hay un desconocido que me habita

y habla como si no fuera yo mismo.

 

Gabriel Celaya

Cuadro: "La luz en las entrañas" de Miguel O. Menassa

miércoles, 4 de febrero de 2026

DERIVA

 


DERIVA

 

Son poemas, poemas:

Son los entusiasmos que para bien nos mienten,

los hundimientos siempre superables,

los errores que quizás no sean errores.

 

Es el motor de explosión “hombre”,

los fácil-felizmente caprichos sucesivos,

la melancolía con demoras sensuales,

unos versos, restos de cierta hermosa anchura.

 

Son los grandes gritos por pequeñas causas,

una amada, el deseo que al fin dice su nombre,

y una fecha, un lugar, un sobresalto,

Dios fotografiado al magnesio.

 

El brillante delirio de una rosa impalpable,

el yo que ahora resulta que realmente existe,

los mil fuegos cambiantes de un anhelo sin meta:

Un ala retenida pero que palpita.

 

Son las cabezudas evidencias de un niño

hidrocéfalo y tierno que, triste sonríe,

las muchachas que muren porque son impalpables,

las balanzas nocturnas, casi musicales.

 

Aquí peticiones de principio cantan.

Días suman días; yo derivo versos,

versos engañosos que no acaban nunca,

versos que quisieran morderse la cola.

 

Resbalo en mi mismo cambiando de nombre,

cambiando de forma, cambiando el futuro.

Es el amor –se entiende- o bien – no se entiende-

la libertad abierta: Vivir de entregarse.

 

Gabriel Celaya

Cuadro: "Buscábamos el sol" de Miguel O. Menassa

 

martes, 3 de febrero de 2026

ETERNO SECRETO

 


ETERNO SECRETO

 

La celeste marca del amor en un campo desierto

donde hace unos minutos lucharon dos deseos,

donde todavía por el cielo un último pájaro se escapa,

caliente pluma que unas manos han retenido.

 

Espera, espera siempre.

Todavía llevas

el radiante temblor de una piel íntima,

de unas celestes manos mensajeras

que al cabo te enviaron para que te reflejases en el

           corazón vivo,

en ese oscuro hueco sin latido

del ciego y sordo y triste que en tierra duerme su opacidad

          sin lengua.

 

Oh tú, tristísimo minuto en que el ave misteriosa,

la que no sé, la que nadie sabrá de dónde llega,

se refugia en el pecho de ese cartón besado, 

besado por la luna que pasa sin sonido,

como un largo vestido o un perfume invisible.

 

Ay tú, corazón que no tiene forme de corazón;

caja mísera, cartón que sin destino quiere latir mientras

          duerme,

mientras el color verde de los árboles próximos

se estira como ramas enlazándose sordas.

 

¡Luna cuajante fría que a los cuerpos darías calidad de

         cristal!

Que a las almas darías apariencia de besos;

en un bosque de palmas, de palomas dobladas,

de picos que se traman como las piedras inmóviles.

 

¡Luna, luna, sonido, metal duro o temblor:

ala, pavoroso plumaje que rozas un oído,

que musitas la dura cerrazón de los cielos,

mientras mientes un agua que parece la sangre!.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Una pasión irremediable" de Miguel O. Menassa

 

 

lunes, 2 de febrero de 2026

PISADA HUMANA

 


PISADA HUMANA

 

Esa huella no es beso.

No es tampoco un gemido, un sollozo, una huida,

un testimonio vivo que alguien deja.

Es la huella de un pie: ¡pisada humana!

El pie o la flor, el pie o la espuma, el pie o la gravitación

         total que pesa y cruje.

Allí en la huella, la suavidad de la planta. Allí la finísima

         estructura calcárea,

la delicadeza del pétalo, los cinco dedos que un momento

        reunidos compusieron la flor, volaron. Ahí se miran.

Allí la rosa carne que tembló en la arena,

pulsó: vibró el mundo; alejóse.

Allí todavía el pie desnudo, impreso como un beso a la

        tierra.

Allí la forma esbelta que se levantó con raíz instantánea

y un momento se abrió en un cuerpo y dio su olor, y se

        desvaneció.

Brilló con flor arriba, con locura suave…

Allí cabeceó, criatura justa que hubo nacido, crecido,

         brillado, desaparecido,

en el momento irrepetible de la pisada.

 

Vicente Aleixandre

domingo, 1 de febrero de 2026

VISIÓN JUVENIL DESDE OTROS AÑOS

 




VISIÓN JUVENIL DESDE OTROS AÑOS

 

Al nacer se prodigan

las palabras que dicen muerte, asombro.

Como entre dos sonidos, hay un beso o un murmullo.

Conocer es reír, y el alba ríe.

 

Ríe, pues la tierra es un pecho que convulsivo late.

Carcajada total que no es son, pero vida,

pero luces que exhala

algo, un pecho: el planeta.

 

Es un cuerpo gozoso.

No importa lo que él lleva,

mas su inmenso latir por el espacio.

Como un niño flotando, como un niño en la

          dicha.

Así el joven miró y vio el mundo, libre.

 

Quizá entre dos besos,

quizá al seno de un beso:

Tal sintió entre dos labios.

Era un fresco reír, de él o del mundo.

 

Pero el mundo perdura,

no entre dos labios sólo: el beso acaba.

Pero el mundo rodando,

libre, sí, es cual un beso,

aun después que aquel muere.

 

Vicente Aleixandre

Cuadro: "Nuestra juventud" de Miguel O. Menassa