SALVE II O MARIA LA HECHICERA
Cuántas veces perdido en
tus amables brazos
María la hechicera
recorrimos los caneros
donde crecía la alegría
donde el amor y los
malvones se regaban
con la misma firmeza
con que
las aguas
bajan de las montañas en
primavera
para regar los campos
araucanos.
Tú reinabas tu reino, allá
en Pompeya
tu mar y tus espumas
eran las manos del abuelo
Antonio
tocando la guitarra o
encendiendo su pipa
con el rojo carbón entre
sus dedos
y un corto silbido, para
llamar a Juana
la oveja, su inseparable
compañera.
Cuántas veces tu sol era
los ojos ciegos del abuelo.
En Mon y Tabaré te
sentabas
con un pañuelo negro en la
cabeza
y en tu falda
doce panes calientes
cocidos en el barro con
tus manos
como cuando eras niña
y a orillas del Limay
Caupolicán pasa su
belleza.
Miguel Oscar Menassa
Cuadro de Miguel Oscar Menassa
